A 91 años del Teatro del Pueblo

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el recinto, adosado al Mercado Abelardo L. Rodríguez. Foto de Thelma Datter

El 24 de noviembre de 1934 se le nombró como Teatro Cívico Álvaro Obregón, cuando abrió sus puertas este recinto de arquitectura posrevolucionaria —con una mezcla de estilos que va del neocolonial al art déco-. Hoy, el Teatro del Pueblo forma parte del Sistema de Teatros de la Ciudad de México.

El recinto, distintivo de la Secretaría de Cultura capitalina y ubicado en pleno Centro Histórico, está a nueve años de cumplir su primer siglo. Se mantuvo cerrado hasta hace dos años; sin embargo, desde su reapertura ha recibido a talentos nacionales e internacionales. También el Mercado Abelardo L. Rodríguez, al que está adosado, celebra su aniversario.

El domingo 23 de noviembre, La Pícara Pandilla presentó La Nueva Revista Mexicana, un espectáculo que integra diversas disciplinas —música, cabaret burlesque, comedia, teatro y organilleros— para celebrar los 91 años del Teatro del Pueblo.

Además del espectáculo, dedicado a los organilleros de la Ciudad de México, se entregó un expediente técnico para iniciar el proceso de declaración de patrimonio cultural de ese oficio tradicional.

“El Centro Histórico es un mundo completo y un punto económico y cultural fundamental. Hay algo que siempre escuchamos al caminar: la música de los organilleros, siempre presente”, expresó Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural en la Ciudad de México, al recibir de manos de la Unión de Organilleros del Distrito Federal y la República Mexicana el expediente técnico para la declaratoria de patrimonio cultural del oficio de organillero. En la ceremonia estuvieron presentes Luis Román Dichi Lara, secretario general de la organización, y Víctor Miguel Maya, de la Corporación de Organilleros de México A.C.

El 91 aniversario del Teatro del Pueblo no fue solo una fecha relevante dentro del calendario cultural, sino una celebración viva de su historia y de la comunidad que lo sostiene. Según la Secretaría de Cultura capitalina, es un recordatorio de que este recinto sigue latiendo con la misma fuerza que cuando se inauguró y continúa uniendo a generaciones a través del arte. Su mejor acto, seguramente, aún está por venir.

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