La extinción de los insectos

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La extinción de los insectos es una de las obras que recibió mención honorífica en la categoría de lecturas dramatizadas de la 12ª edición del DramaFest 2025: una ficción distópica en la que el punto de partida es el año 2150 y una casa asediada por cucarachas.

Personajes

Ave

Insecto

Mantis

Oruga

A. R. C. A. VI

Espacio

Año 2150. Una casa asediada por cucarachas, y sus alrededores.

— Escena 1 —

Ayer.

Ave: (Arrullando un bebé.) Mantis, ésta es mi casa.

Va a ser tuya también.

No siempre fue mía… tampoco ahora, no como tal. Pero va a ser tuya. No es de ellas. Recuerda que no es de ellas.

Antes era más casa, tenía más pintura… tenía pintura. Había cortinas y olía a comida: huevoconalgo en la mañana, sopagacha en la tarde, y a bisteces en la noche. Los bisteces sí me gustaban, porque tu abuelita les ponía mucha cebolla, y nopales, y más cosas. No cocinaba así, que digas, muy bien, pero había comida. Ahora nosotros somos la comida.

Antes, afuera estaba lleno de girasoles. Tu abuelita cortaba como unos cinco, de vez en cuando, para ponerlos en un florero, como los cuadros del pintor ese que se cortó la oreja. Y por eso, a veces entraban abejas; perseguían a los girasoles y las apachurrábamos, porque nos enseñaron que estaba bien apachurrar insectos, porque eran más chiquitos que nosotros, porque te podían picar, porque daban asco, porque eran feos, porque eran menos. Antes había pocas cucarachas por aquí, es que se las comían los sapos, y había muchos sapos, y a mí me gustaba dispararles con la resortera, y había tantas abejas que matarlas no era un crimen. Antes no lo era.

Antes había pocas cucarachas. A ésas también las apachurrábamos, pero daba asco, a mí me daba asco… no, no asco, como miedo… como mitad miedo mitad asco… mitad asco mitad miedo, y una como comezón… yo las odiaba… las odio. Antes se podían aplastar. No sé cómo aprendieron a ser tan duras, y a llenar el campo como girasoles. Dicen que en Japón llegan a medir lo que un edificio, y sus ootecas son del tamaño de personas. Aquí una piedra ya no les hace nada. Si caen de espaldas, las otras cucarachas las voltean. Las odio. Pero no les digas. Ésta es tu casa, debes pelear por ella, contra cualquiera que se atreva a entrar.

Antes los niños íbamos a escuelas, yo iba a la primaria de Los Héroes. En mi grupo había un niño flacucho que me caía mal, porque era muy estudiosito, de esos que siempre llegaban temprano, y le hacían la barba a la maestra, y sacaban puro diez. Una vez llevó luciérnagas en un frasco para presumirle a la maestra. —Estúpido —le dije—, tú eres un insecto como ellas, nada más que no brillas de la cola. Mis amigos se rieron, le tumbamos el frasco y las luciérnagas volaron. Creo que fueron las últimas luciérnagas que vi en la vida. Me caía mal, por creerse mucho, por ser tan modosito, tan nenita. A partir de ahí al tonto de Tomás le empezamos a decir “Insecto”. Sí parecía, eh, con sus lentesotes como ojos de mosca, flaco como mosquito, brazos chuecos como aguijón de alacrán, pata arqueada de araña, muy mariposa, muy mariquita. De todos esos insectos que mencioné ya no queda ninguno, sólo el Insecto, a quien vi pasar hace poco corriendo con su máscara de oxígeno. Lo perseguí, pero no le hablé. Es que ahora es muy famoso; de chiquito se creía mucho y ahora supongo que logró lo que quería. Te cuento de él porque… Acá entre nos, el Insecto, no me caía tan mal, es sólo que… no sé cómo explicarlo, soy medio bruto para explicar cosas así… así como profundas. Siempre me cayó mal la gente que se cree mejor, es todo. La gente enana que se cree gigante.

Tu abuelita antes de morir, me dijo: “Si algún día me das un nieto, no lo dejes vivir. Son mentiras esas cosas que dicen del Salvador, no lo dejes vivir”. Lo dijo por amor, porque en un mundo sin esperanza de nada sirve un niño vivo. Los nuevos niños son los últimos nuevos niños, se dice. Como tú. Todo cambió muy rápido en cuanto se extinguieron las abejas. Tenía 25 años, recuerdo el número porque nunca volví a celebrar mi cumpleaños.

Te digo todo esto para que me entiendas. Voy a buscar al Insecto. Y voy a decirle que su plan también nos debe contemplar a los pobres. A los que no sabemos nada. A los que fuimos víctimas de esto, por nuestra culpa, o la de ellos. Ellos quisieron destruir a las cucarachas de una forma que sólo hizo que se reprodujeran más.

Mientras Oruga te daba a luz me dijo: “Ave, mi amor, ponle el nombre de algún insecto, uno bonito, como la mantis religiosa, creo que ése es el nombre adecuado, el nombre de Él. Puede ser el Salvador”. Lo dijo, se murió, y saliste tú. Tan hermoso. Mantis, mi bebé, perdón por no haberla ayudado. No pude. Se le acabó el oxígeno. Porque hay poquito. Ya no hay, mejor guardarlo, en lugar de andar monologando, mejor sólo pensar lo que se dice… las cucarachas quieren entrar, no las dejes. Ponte avispa.

Mantis, mi bebé, mi único bebé, ahora es imposible odiarte, sólo te veo y quiero odiarte, quiero buscar una razón, pero no puedo porque eres un bebé, un muy bonito bebé, el bebé más hermoso que haya visto en mi vida, el bebé más cachetón y más rojito, pielecita de terciopelo como la de los duraznos que ya no existen. ¿Dónde voy a encontrar valor para eso?

Hubiera sido bonito verte crecer, mi Mantis. Mecerte, oírte llorar y tratar de calmarte, subirte a mi espalda y fingir que vuelo como abejorro, y que te llevo a pasear por las nubes, y para ayudarte a dar tus primeros pasos, tomarte de esta bella manita… en lugar de arrancártela para comérmela.

Nunca tendré un hijo. No aquí, no en este mundo. Antes de que llegaras se los prometí.

— Escena 2 —

Hoy.

Ave: ¡Insecto! ¡Insecto! ¡Tomás! ¿Te acuerdas de mí?

Insecto:

Ave: Íbamos juntos en la escuela. En la primaria. Con la maestra Raquel en tercero y con la maestra Paty en cuarto. Y en la secundaria, en primero. Tú sacabas puros dieces… yo era bien burro.

Insecto:

Ave: Te puedes quitar la máscara. Aquí hay aire. Se siente. Yo puedo respirar. No me tengas miedo… es que… hace mucho no lavo ropa. Por la prohibición. Y por el campo de cucarachas, es que vivo junto a un campo de cucarachas. Nos huelen si estamos limpios.

Insecto: No puedo hablar.

Ave: ¿Perdón?

Insecto: No quiero hablar.

Ave: Quítate la máscara, no te entiendo… eso, aunque sea poquito.

Insecto: Debo irme.

Ave:¿Podrías escucharme un momento?

Insecto: Sé quién eres.

Ave: Ah, ¿te acuerdas de mí?

Insecto: Sé quién eres.

Ave: Hace mucho que no veo a nadie de la escuela.

Insecto: Todos están muertos.

Ave: Supongo.

Insecto: No sólo los de la escuela. Todos.

Ave: Sí, supongo.

Insecto: Tú no te moriste.

Ave: ¿Me preguntas?

Insecto: Lo dije con displicencia.

Ave: ¿Qué?

Insecto: Seguro no sabes el significado.

Ave: ¿Qué?

Insecto: De “displicencia”.

Ave: Algo así como verte desde la altura, ¿no?

Insecto: Matabas abejas.

Ave: No era ilegal.

Insecto: Me la pasaba diciéndote que no era correcto, que estaban en extinción… y me decías estúpido.

Ave: Era un niño, no lo hacía adrede.

Insecto: Se anunciaba en todas partes, y aún así la gente seguía haciéndolo.

Ave: Pero yo era un niño.

Insecto: Los niños no son idiotas. Bueno, en tu caso quizá sí.

Ave: Los niños tuvimos la culpa, entonces.

Insecto: Los niños como tú, la gente como tú.

Ave: ¿Cómo soy yo?

Insecto: Gente sin conciencia. Nacieron así y se morirán así. Y sus familias se morirán sin conciencia y sin causas. Así eres tú y así fueron muchos. Desde tiempos inmemoriales. Así eran. Disculpa, Bab… Avelino, no voy a gastar mi aire contigo.

Ave: ¿Cómo me ibas a llamar?

Insecto: Avelino.

Ave: Antes.

Insecto: Así es como te decían.

Ave: El Babosa.

Insecto: Sí.

Ave: No me molesta.

Insecto: Sí, ya sé. A los que son como tú nada les molesta, nada les afecta. A todo son indiferentes.

Ave: ¿Por eso no nos integraron al programa?

Insecto: Tengo prisa. Debo… tengo prisa, Avelino. Que la muerte no sea tan terrible contigo. Y si lo es, quizá lo merezcas. Adiós.

Ave: Insecto, espera…

Insecto: No me digas así. Los insectos eran hermosos, deja de usarlo de esa forma tan peyorativa. Los nombres definen.

Ave: Te escogieron para el Arca.

Insecto: ¿Lo preguntas?

Ave: Eres parte del Arca.

Insecto: ¿Lo preguntas?

Ave: Lo sé.

Insecto: ¿Qué insinúas?

Ave: Eres el Arca.

Insecto: Detesto haberle nombrado con semejante referente. Pero bueno, se necesitaba un signo importante. La humanidad nunca se pudo quitar ese enorme nivel de ignorancia llamado religión.

Ave: Tengo un hijo, y una esposa. Déjanos subir.

Insecto: Tengo sólo un boleto. Tenía dos, pero el segundo… murió.

Ave: Por favor.

Insecto: No. No puedes entrar sin el boleto. Y si estás pensando en robarlo, tampoco puedes.

Ave: Ya sé. Yo sé qué es el boleto.

Insecto: ¿Cómo lo sabes?

Ave: Puedes llevar a alguien, ¿no?

Insecto: ¿Qué?

Ave: Si el portador del boleto decide que alguien es de importancia vital para el Renacimiento, puede subirlo al Arca.

Insecto: Mira, te lo aprendiste de memoria. Antes ni las tablas de multiplicar.

Ave: Si el portador del boleto decide que alguien posee algo de importancia vital para el Renacimiento, puede subirlo al Arca.

Insecto: ¿Qué te hace pensar que te voy a llevar a ti?

Ave: Tengo una abeja.

Insecto: ¿Qué?

Ave: En casa. La tengo. La última abeja del mundo.

— Escena 3 —

Cinco días antes.

Oruga: Sácalo de mi vientre cuando me muera.

Ave: No, no puede nacer así.

Oruga: Y reza conmigo.

Ave: Debes descansar, estás muy agitada.

Oruga: “Bendito, bendito Salvador, que tendrás el nombre de la bestia y el nombre de dios, los dos al mismo tiempo…”

Ave: “Bendito, bendito Salvador que tendrás el nombre de la bestia y el nombre de…” Oruga, mi amor, ya sabes que no creo en eso.

Oruga: Es tiempo de que creas.

Ave: Jamás creí en dios.

Oruga: Tú hijo puede ser Él.

Ave: No hay dios, mi amor. No hay dioses que nos salven. Es sólo la tierra moviéndose.

Oruga: ¿Crees en esas cosas? Esos fanáticos de la ciencia nos llevaron al fin, es su culpa.

Ave: En algo deben tener razón. Nos lo advirtieron, y no hicimos caso.

Oruga: Ave, no quiero irme así. Promete que lo llamarás Mantis. Ése es el nombre. El nombre de Él.

Ave: La otra parte de esa profecía no me gusta.

Oruga: La debes cumplir. Sólo así volverá.

Ave: Es una forma de acabar más rápido con el mundo, no sé a quién se le ocurrió.

Oruga: ¡A nadie se le ocurrió! Eso es herejía. Fue el Profeta quien lo soñó, y nos lo dijo.

Ave: Todos los padres lo han hecho y hasta ahora ningún niño ha vuelto.

Oruga: ¡Deja de ser un maldito ateo!

Ave:

Oruga: Perdón, perdón, no debí golpearte, perdón…

Ave: Oruga, no te mueras por favor, no te vayas, no sé qué voy a hacer en este mundo sin ti. No sé cómo seguir. Sólo tú me mantienes aquí.

Oruga: Ahora tienes una misión. Debes vivir para Mantis.

Ave: ¿Mantis?

Oruga: Quiero que se llame Mantis.

Ave: ¿Te voy a perder?

Oruga: Mantis vivirá para que no te pierdas tú.

Ave: ¿Cómo voy a criarlo en este mundo sin ti?

Oruga: El mundo siempre está por terminar.

Ave: ¿De esta manera?

Oruga: Todos los días es el fin del mundo.

Ave: ¿No llegaremos a viejos?

Oruga: Mantis te cuidará.

Ave: No voy a lograrlo.

Oruga: Mantis te dará nietos.

Ave: ¿Con qué mujer?

Oruga: Mantis la encontrará.

Ave: ¿Y después?

Oruga: Mantis repoblará al mundo

Ave: ¿Qué comerá?

Oruga: Mantis lo averiguará.

Ave: ¿Qué beberá?

Oruga: Mantis traerá la lluvia otra vez.

Ave: Debes quedarte conmigo.

Oruga: Mantis te acompañará.

Ave: Si las cucarachas cantaran.

Oruga: Mantis les enseñará.

Ave: ¿Dónde voy a encontrar valor para eso?

Oruga: Mantis te lo dará cuando veas su carita tierna.

Ave: ¿Cómo va a vivir después de que yo me lo…? No puedo ni decirlo.

Oruga: Así lo dijo el Profeta.

Ave: Es mi bebé.

Oruga: Toda salvación requiere sacrificio.

Ave: ¿Cómo me lo voy a comer?

Oruga: De esa forma volverá.

— Escena 4 —

Hoy.

Ave: Pasa, pasa. Cierra la puerta rápido porque se mete el enjambre.

Insecto: Nunca había visto uno.

Ave: Debes hablar bajito.

Insecto: ¿Por qué?

Ave: Para que no nos escuchen.

Insecto: Por favor, vámonos.

Ave: ¿Qué te habían contado?

Insecto: La forma en que invaden.

Ave: Habla bajito… ¿Qué te dijeron?

Insecto: Que se meten rápido y van acaparando las paredes de la casa. Y en cuestión de segundos la gente sólo siente cómo se inunda de cucarachas.

Ave: ¿Qué más?

Insecto: Qué es imposible salir. Que entran por todos los orificios del cuerpo. Y desde adentro, te acaban.

Ave: A éstas todavía les falta mucho para que puedan entrar.

Insecto: ¿Cómo lo sabes?

Ave: Yo he estado ahí y pude salir.

Insecto: ¿Cómo saliste?

Ave: A golpes, a patadas, a cabezazos.

Insecto: No te creo, nadie puede escapar. Es una forma que se inventó la tierra para sacarnos de aquí, para repoblar de otra manera. Es la sexta extinción masiva. La plaga somos nosotros…

Ave: Habla bajito… Yo escapé de un enjambre, y por eso mi esposa cree que soy el padre del Salvador.

Insecto: Puf, esas supersticiones nos llevaron al fin.

No vamos a poder salir, Avelino. ¿Por qué me trajiste aquí?

Ave: Puedes llamarme Ave, como mi esposa. ¿Qué te sirvo, un whisky, una cerveza? En un rato sale el pollo, se está marinando.

Insecto: Muy gracioso.

Insecto: ¿Por qué me trajiste?

Ave: Querías a la abeja.

Insecto: ¿Por qué vine aquí?

Ave: Somos de los últimos.

Insecto: Si tienes una abeja puedes pasar directamente.

Ave: ¿Al Arca?

Insecto: Adonde sea.

Ave: Si me acerco me matan. Si me acerco contigo, será distinto.

Insecto: Lo que importa es la abeja, no tú.

Ave: Por eso. Hace poco un hombre me dijo que tenía una abeja reina. Le conté que no la podía relacionar con la mía, porque quizá se aniquilarían.

Insecto: ¿Es un obrero?

Ave: Yo también lo era. Una vez te vi con uno.

Insecto: ¿Un qué?

Ave: Un obrero.

Insecto: Yo nunca he tenido una abeja.

Ave: No. Una noche hace 10 años, cuando todavía era un poco normal la cosa; 10 o 15 años, ya no me acuerdo. En uno de los pocos bares que existían aún. Uno de mis compañeros me llevó ahí, me dijo que no me espantara, que había de todo. Yo no me espanto, le dije, ellos se espantan de mí. Esos lugares se extrañan; se hacía de todo, se tocaba de todo. Lo que te gustara. Con mascara de oxígeno, pero se podía. Te vi con un obrero. En una esquina, encimados como se enciman las moscas. Se besaban muy duro, como se besan ustedes. Él te tocaba las nalgas. Estaban desnudos. Él era obrero, usaba un casco… y tú no tenías nada. Te penetraba duro. ¿Te gusta que te penetren duro?

Insecto: ¿Qué hay en ese cuarto?

Ave: Mi esposa y…

Insecto:

Ave: … y Mantis.

Insecto: ¿También tienes una mantis?

Ave: Mantis es nuestro bebé… lo está amamantando.

Insecto: Es muy poético para alguien tan zafio como tú haberle puesto “Mantis” a su bebé.

Ave: Soy el Babosa, pero no tanto.

Insecto: ¿Y por qué huele así?

Ave: ¿Cómo así? ¿A cucaracha?

Insecto: Hay otro olor.

Ave: ¿Te has dado cuenta de que ya nada en el mundo huele rico?

Insecto: Pero ese olor es otro.

Ave: No te entiendo.

Insecto: Es otro olor.

Ave: Los bebés huelen chistoso. Es una mezcla de popó con ternura.

Insecto: ¿Qué estás planeando?

Ave: ¿Con qué?

Insecto: ¿Cuáles son tus intenciones?

Ave: Te invité porque somos de los últimos. Te invité para mostrarte la abeja. Te invité porque quedan pocos seres humanos. Y a ti te gustan los obreros.

Insecto: Estás jugando conmigo.

Ave: ¿Eso quieres?

Insecto: ¿Dónde está la abeja?

Ave: Está en el cuarto de mi esposa.

Insecto: ¿Puedo pasar?

Ave: Por favor.

Insecto: ¿Pero ella no se molesta?

Ave: No.

Insecto: Pero está con el bebé. ¿No se va a sentir invadida? Tal vez esté intentando producir leche. Ya ninguna mujer la produce. No creo que sea prudente.

Ave: Pasa.

Insecto: ¿En serio?

Ave: Pasa.

Insecto: Bueno. Con permiso, Avelino.

Ave: Puedes llamarme Ave.

Ave: ¿Ves a la abeja?

Insecto: ¡Puffff!

¡Puffff!

Tu esposa… tu esposa está… Tu bebé… no tiene un brazo… ¿Te lo comiste? ¿Te lo comiste por la profecía? ¿Por qué me trajiste aquí?

— Escena 5 —

Hoy, hace una hora.

Insecto: Espera, no camines tan rápido. No puedo respirar bien.

Siempre he tenido asma, alergias, y ahora con esto… respiro menos. Tengo un problema con el aire. El aire y yo nunca nos llevamos bien, como si el aire supiera que llegaría el día sin aire, como si el mundo me hubiera preparado de nacimiento para el futuro del mundo.

Ave: Aquí hay poco.

Insecto: El primer día que pasó, que se acabó, que el mundo se quedó sin suficiente oxígeno, muchos se desmayaron y otros se murieron. Y eso que bajó sólo un veinte por ciento. Yo seguí caminando como si nada, porque siempre había vivido así. ¿Cómo sobreviviste tú?

Ave: Es una pregunta difícil.

Insecto: Lo difícil es dar la respuesta.

Ave: Todavía te haces el listo.

Insecto: No, no me hago. Lo soy.

Ave: ¿Cómo sobreviví al primer día que nos quedamos sin oxígeno?

Insecto: El primer día, sí, a ése me refiero.

Ave: Mi abuelita vivía ya con un tanque. Estaba muriéndose, pero me vio entrar a la casa, arrastrándome, con un montón de cucarachas tratando de jalarme de las piernas…

Insecto: ¿Tu abuela te dio su tanque de oxígeno?

Ave: Gracias al tanque de oxígeno de mi abuela, viví…

Insecto: ¿Ella…?

Ave: Al levantarme, las cucarachas me soltaron y se fueron contra ella, y entraron por su boca abierta.

Insecto:

Ave: Traté de quemarlas, pero los cerillos no se encendían.

Insecto: La combustión necesita oxígeno.

Ave: Después de varios intentos, un cerillo encendió y quemé a las cucarachas. Pero ya estaban comiéndose a mi abuela por dentro. Las de afuera eran pequeños fueguitos caminando. Pero unas se encimaron en otras y los fueguitos se apagaron. Y siguieron caminando. Como si nada les hubiera pasado. Voltearon a verme y se rieron. Las cucarachas se ríen, lo he podido comprobar. Tú que sabes de evolución y esas cosas me podrás explicar por qué se ríen y cómo aprendieron a controlar el fuego.

Insecto: ¿Ella te dio el tanque?

Ave: Enterré lo que quedó de mi abuela en su campo de flores.

Insecto: ¿Ella te dio el tanque?

Ave: Gracias a su tanque de oxígeno, viví.

Insecto: No estás respondiendo mi pregunta.

Ave: Gracias a su tanque, viví…

Insecto: No voy a ir contigo.

Ave: ¿Qué?

Insecto: No confío en ti, nunca confié en ti.

Ave: Tengo una abeja.

Insecto: Eso mismo hiciste el último día de escuela. Lo mismo. Yo estaba muy contento, vestido de vaquerito para el baile de graduación. Tú también. Ya eras muy alto en ese entonces. Y le pediste a alguien que me llamara para ir al baño, no me acuerdo si le dijiste al Greñas, al Spider, o al Mosco. Fue al Mosco. El Mosco llegó y me dijo: “Dice el Babosa que quiere que vayas al baño, que te quiere ver sin pantalones, le gustas”. Eso me dijo el Mosco. Me convenció de muchas formas, me dijo que me hacías bullying porque te gustaba, porque querías verme desnudo. Y yo… le creí. No sé por qué, las hormonas empezaban a trazar ese juego que nos hace caer en trampas idiotas. Las hormonas últimamente juegan tanto a la supervivencia; hasta parece un chiste del mundo, dejar hombres que no tengan gusto alguno por las mujeres. ¿Para qué sirvo en un mundo que no tiene futuro, si ni siquiera puedo repoblarlo? Bueno, sí podría, pero… no importa. Por las hormonas le creí al Mosco. Por las hormonas te creí a ti, y por ellas entré a ese baño, y sentí cómo te acercabas a mí. Y miré tu erección, estoy seguro de que tenías una. Y me dijiste “Quítate el pantalón”. Me lo quité, nervioso. Y me dijiste “Quiero olerlo a solas”. Por las hormonas te creí. Esperé mientras entrabas a un cubículo, y no sé si oliste mi pantalón, pero llegó la hora de nuestro baile tanto tiempo ensayado, y me dijiste “Ponte rápido el pantalón, ya nos toca, al rato seguimos”. Y me lo puse. Y mientras bailábamos sentí los piquetes en mis piernas flacas. Piquetes de hormigas que metiste al pantalón, y mientras bailaba a destiempo e impreciso, y la escuela entera se reía de mí, con grandes golpes yo masacraba a las hormigas interminables de mi pantalón. Interminables. Me despedí de esa escuela, siendo burlado como cada día que estuve ahí. El terror que sentiste cuando las cucarachas se reían de ti, es el mismo terror que yo sentí entonces. No volveré a confiar en ti. Nunca confiaré en ti. No sé por qué estoy confiando en ti.

Ave: Ya estamos grandes para esos traumas, Insecto.

Insecto: ¡No me digas así!

Ave: Tomás es un nombre muy feo. Nunca me gustó llamarte así, pero si quieres te digo Tomás. Tomás, cuando lleguemos a mi casa vas a saber por qué es importante esta abeja. Y cuando tú llegues allá arriba, al otro planeta donde van todos, los puntos que tengas por llevar una abeja van a ser muchos. Yo te conozco, te vi en videos, hablando del futuro allá arriba, hablando de lo que le espera a la gente como tú. A los inteligentes. A los de mentes avanzadas. A los cerebritos. A todos los Tomases de este mundo. A todos los insectos de este mundo. Tus puntos van a crecer en cuanto puedas sembrar abejas. Pero no te la voy a dar si no voy yo con ella.

Insecto: Se dice hacer cultivos de abejas, no sembrarlas.

Ave: Gracias, Tomás, por tu sabiduría.

Insecto: Siempre has sido un interesado, por gente como tú llegamos a esto.

Ave: ¿Por gente como yo?

Insecto: Sí.

Ave: Y por gente como tú la repartición de oxígeno no fue equitativa.

Insecto: Por gente como yo la humanidad sobrevivirá.

Ave: Por gente como yo, que pudo robar una abeja, sin escrúpulos, a un señor como tú, es que tú ahora serás un éxito allá arriba.

Insecto: Y gente como tú, que aplastó insectos sin conciencia, merece que ahora la aplasten a ella.

— Escena 6 —

Siete años después.

Mantis: Papá, tengo un campo de cucas. Cucarachas, pues…

Es como un mar que se mueve hacia delante y hacia atrás. Hacia adelan- y hacia atrás.

De pronto todas vuelan al mismo tiempo y se forma una nube negra en el cielo. Una nube negra bajo la nube negra. A veces alguna se distrae, camina solita, yo abro la reja que impide su paso por el hoyito de la puerta.

La cuca pasa.

La agarro.

La parto a la mitad y la succiono.

Las demás se enojan. El enojo les dura un buen rato. Y golpean la puerta. A veces pienso que pueden derribarla. ¡Que entren! A mí nadie me puede derribar.

Hacia adelan- y hacia atrás.

A veces arrastran cuerpos, sobre todo de seres humanos. Cuerpos podridos. Mientras avanzan los cuerpos se deshacen porque ellas se lo van comiendo. Se ve bien bonito. Con los huesos hacen pirámides, pirámides de hueso. Cuando empieza a llover, la mayor parte de ellas se mete bajo sus pirámides y las demás empiezan a gritar de dolor. Sólo la lluvia ácida puede matarlas… y mi boca. Pero, aunque se mueran, en un rato vuelven a salir más. ¿Así éramos nosotros, papá, cuando dominábamos este lugar? ¿Nos moríamos y volvíamos a salir de todos lados?

Luego se me quedan viendo. Yo también las miro, bien feo. A ver quién gana. Yo les lanzo un rugido, se espantan y me río mucho. Estúpidas. Yo les digo que no soy como los anteriores, que las apachurraban por asco. A mí no me dan asco, saben sabroso. Las admiro y quiero ser como ellas. Y les grito: “¡Órale, métanse a sus pirámides!”. Y me obedecen. Soy su rey.

Mamá me puso Mantis porque las mantis (abre un libro): “e-ran in-sec-tos muy in-tré-pi-dos y her-mo-sos. E-ran as-tu-tas al ca-zar y des-pe-lle-ja-ban a sus pre-pre-pre-sas me-do-ti…” No. “Me-tó-di-ca-mente”. Estoy igual de flaco que la mantis del dibujito.

Hacia adelan- y hacia atrás.

A veces pienso que no soy real, papá. Que sólo soy una ilusión que tú soñaste de un mundo futuro donde yo sobreviviría como el último ser humano. ¿Las cucarachas repoblarán el mundo? ¿O será el rey Mantis?

A veces oigo ruidos. Me asomo a ver. Allá lejos veo un gran hongo de humo. “Una bomba de los últimos sobrevivientes trató de matarnos”, me dice una de las cucas. Le digo que se ande con cuidadito. Nunca aprenderán. ¿Qué ganan con matarlas? Ellas están tratando de resembrar la tierra; ellas están tratando de revivir a los insectos muertos. Están tratando.

Cuando salgo, mato personas. Las engaño diciéndoles que soy el Salvador y que por eso no tengo brazo. Cuando se acercan, las golpeo con una piedra. Sangran. Me tomo su sangre y poquita carne. Las cucas hacen el resto.

(Abre otro libro.) “To-do hom-bre que pro… pro-cree de-be co-mer-se a su primo… primo-gé-ni-to. Y de las en-tra-ñas del pa-dre re-su-ci-ta-rá el nue-vo rey de los hom-bres.” ¿Por eso te comiste mi brazo, papá? ¿Por creer en esto? ¿Por qué no te comiste lo demás? ¿No pudiste? ¿Entonces cómo resucité? ¿O nunca me morí? La voz de la nave no pudo decirme mucho antes de apagarse.

Hacia adelan- y hacia atrás.

Nunca debieron haber vivido, los humanos, lo sé; lo sé, porque tú, papá, fuiste el peor de ellos.

— Escena 7 —

Hoy.

Insecto: ¡Puffff!

¡Puffff!

Tu esposa… tu esposa está… Tu bebé… no tiene un brazo… ¿Te lo comiste? ¿Te lo comiste por la profecía? ¿Por qué me trajiste aquí?

Ave: No salgas, Insecto. Las cucarachas se amontonan a esta hora en la entrada. Si sales, ellas entran.

Insecto: Tengo que irme, Avelino.

Ave: Y si entran, tú no sales. Tú eres muy inútil, Insectito, siempre lo fuiste. Gente como tú se muere rápido, les da tanto terror y asco, que, con el solo contacto, caen. Y ellas se los empiezan a comer. Lo he visto. Empiezan con los ojos. Lo he visto.

Insecto: ¿Tú los mataste?

Ave: Gente como tú se deja engañar con cualquier cosa, tú mismo lo dijiste, la hormona te engañó aquella vez en el baño. ¿Estás seguro de que tenía una erección? Me puse un muñeco aquí, para que lo pensaras. Sabía que eso te iba a convencer. ¿De veras pensaste que era maricón como tú? Las hormonas te vencen, señor cerebrito, así te vencieron ahora. Pensaste que como soy de los últimos supervivientes, me sentiría muy solo y pues así, solo, con la carne débil, pues cualquiera cae. Ya te ha pasado, ¿no? Que caigan los débiles. Afortunadamente, mi hormona está muy clara, Tomás. No me gustas y nunca me has gustado.

Insecto: ¿Mataste a tu esposa?

Ave: Y sabes qué es peor, que nunca me has caído bien. Siempre te has creído mucho. La gente como tú, que se cree mucho, siempre me ha caído mal. Siempre sintiéndote superior. “No me gusta hacerme el listo, lo soy.” “Gente como tú debería ser aplastada.” “Seguro no sabes el significado de displicencia.” Cada vez que dices cosas así me dan ganas de soltarte un golpe en la cara. Desde pequeño eres así, y siempre me he preguntado qué te hizo así. Y luego fue peor cuando te vi por primera vez en las redes, anunciando el fin del mundo, diciéndonos a todos que se acercaba, que ya venía, que fuéramos más listos, que dependía de todos. Yo creo que ésa fue muy mala táctica, ponerte a ti como la voz de la salvación. No caes bien, a nadie le caes bien, inmediatamente se siente esa energía de cerebrito, de ostentación, de dis-pli-cen-cia… ¿La usé bien?

Insecto: ¿Mataste a tu hijo?

Ave: Ostentación. Y luego esto, dudas de todos. Menos de ti. Te sientes tan dueño del mundo que tú te crees solamente a ti. Ostentación, pura ostentación. Creo que aplasté más abejas después de haberte visto anunciando el fin del mundo, después de verte ofreciendo soluciones, sólo por el gusto de llevarte la contraria. Y años después, cuando dijiste que era el día cero, que ya las abejas se habían terminado, y que se habían detectado especies nuevas de cucarachas, hasta ese día supe que había sido tu culpa. Fue mala estrategia ofrecernos esta basura como salvador.

Insecto: ¿Así te alimentas? ¿Eso vas a hacer conmigo?

Ave: ¡Que no salgas, no seas estúpido! Aquí hay oxígeno suficiente para dos. Ya sólo somos dos. Así que no te preocupes de quedarte un rato más; mientras mantengamos cerradas las puertas y las ventanas, mientras no dejemos que entren, tendremos un poco de oxígeno.

Insecto: ¿A qué me trajiste? No tienes ninguna abeja.

Ave: Y ahí va otra vez don desconfianzas. Muy bien, no tengo a la abeja, tienes toda la razón, te traje porque me gusta la carne humana. Soy caníbal como muchos se volvieron ante la escasez. Así que relájate antes de que te corte tu rica nalguita y me la coma, como siempre lo soñaste. ¿Te ofrezco un whisky? Para que te relajes, te veo muy tenso.

Insecto: Eso es lo que huele.

Ave: La muerte, sí, no entiendo cómo no la detectaste.

Insecto: ¿Es tu esposa?

Ave:

Insecto: ¿Es tu hijo?

Ave: Sí.

Insecto: ¿La mataste?

Ave: No.

Insecto: ¿Lo mataste?

Ave: Sí.

Insecto: ¿Por qué?

Ave: Oruga me lo ordenó.

Insecto: ¿Qué?

Ave: Todos tenemos nuestras historias familiares.

Insecto: ¿El brazo que le falta…?

Ave: Me lo comí.

Insecto: ¿Por qué?

Ave: Oruga me lo ordenó.

Insecto: ¿Y el futuro?

Ave: No hay.

Insecto: Pero…

Ave: No hay esperanza, Insecto

Insecto: Tu hijo podría serlo.

Ave: ¿La esperanza?

Insecto: La naturaleza se abre puertas.

Ave: No hay esperanza.

Insecto: Si la raza humana sigue, será gracias a uno que sobreviva a la extinción masiva.

Ave: ¿Qué?

Insecto: Fue idiota comerte a tu hijo por una profecía.

Ave: ¿Debía esperar a que la naturaleza lo matara?

Insecto: O a que lo hiciera sobrevivir.

Ave: Si es tan sabia, entonces lo hará, ¿no?

Insecto: No fue sabia al hacerte a ti.

Ave: Dejémonos de idioteces. También te voy a cortar el brazo izquierdo.

Insecto: No… no…

Ave: ¿No quieres que te corte ese brazo?

Insecto: ¿Cómo lo sabes?

Ave: Lo sé.

Insecto: A mí me lo pusieron en otro lado.

Ave: No te creo.

Insecto: Crees que voy a revelar dónde le injertaron el boleto al creador del Renacimiento.

Ave: Yo creo que me estás mintiendo.

Insecto: Es verdad.

Ave: Igual te lo voy a cortar.

Insecto: El injerto está en otro lado. Y aunque me lo quitaras, ellos llevan un registro.

Ave: Dame tu boleto.

Insecto: Llevan un registro, no me estás oyendo.

Ave: Insecto, dame tu boleto. Híncate. Ésta es mi casa. Híncate.

Insecto: Por favor.

Ave: ¿Sabes qué atrae a las cucarachas? La sangre. Huelen inmediatamente la muerte. Yo me puedo cortar tantito, untarte de mi sangre, y al salir, ellas te perseguirán y no vas a llegar nunca al Arca.

Insecto: ¿Por qué siempre has sido así?

Ave: ¿Tú me preguntas a mí por qué siempre he sido así?

Insecto: Cuando estábamos en la escuela, no parabas de insultarme, de hacerme menos, de menospreciarme. Cada cosa que hacía era motivo de burla. Cada momento feliz de mi vida lo arruinabas con algo: con golpes, con amenazas, con insultos que me lastimaban…

Ave: Ya te dije por qué, y aún así estás aquí. Tú eres quien se debería preguntar por qué eres así. ¿Por qué viniste si no confías en mí?

Insecto: La bondad nos vuelve mejores seres humanos.

Ave: Tienes razón. Sé bondadoso conmigo y dame el boleto. Ayúdame a vivir.

Insecto: El Arca está hecha para elegidos que van a hacer de este un mejor mundo.

Ave: ¿Elegidos? ¿Quién los eligió?

Insecto: Gente inteligente, gente bondadosa, gente que ha hecho bien al mundo.

Ave: ¿Como quién? Yo recuerdo que en el equipo hay un cura pederasta.

Insecto: Quizá, pero salvó a muchos niños del ataque de los osos en Rusia.

Ave: ¿Y cómo los salvó si no matando osos?

Insecto: Hay actos que reivindican.

Ave: ¿Qué puede reivindicar a un violador de niños? ¿Qué puede reivindicar a un asesino de animales en extinción? No hay buenas personas en este mundo, Insecto.

Insecto: ¿Cómo puedes decir eso?

Ave: No puedes definir a alguien como bueno o malo. Tú mismo haz hecho cosas terribles. El mero hecho de elegir quien merece una vida es un acto fascista.

Insecto: Sólo finges ser idiota.

Ave: Soy un idiota y eso me hace mejor persona. Y por eso me odias.

Insecto: No te odio.

Ave: Me desprecias, no soportas verme, odias a la gente como yo… dilo como quieras, esa parte de odio ya te hace una mala persona. Por eso te pregunto, ¿quién eligió a los que se suben al Arca? Ninguno de ellos es perfecto y en cualquier momento volverán a ser humanos. Cuando el curita, que está ya en el Arca bien cómodo, de pronto tenga ganas de un culito de preescolar, agradecerá a su dios el gran Renacimiento. Y cuando en el planeta al que vayan puedan volver a reproducir un mosquito in vitro porque son científicos maravillosos, cuando ese mosquito perturbe su sueño, el creador volverá a matarlo porque el zumbido es molesto.

Insecto: Pero podremos seguir creando más.

Ave: Y volverán a matarlos.

Insecto: ¿Qué estás diciendo?

Ave: Me echas la culpa de que matara bichos de pequeño, pero ¿no es peor tu soberbia al pensar que puedes volver a crear lo que los demás humanos han destruido? A nosotros nos gusta matar, Insecto. Nos gusta matar.

Insecto: No es soberbia, es amor, es amor al mundo. Amo el mundo. Amo cada cosa que había. Las plantas que me daban aire, el agua que caía en mi cuerpo, el fuego que cocinaba mi comida, las flores que polinizaban las abejas y hasta a la abeja que me picó una tarde tratando de tomarse mi malteada, y se murió al picarme, hasta por esa abeja lloré. Si les gusta matar, maten, yo prefiero dar vida.

Ave: Bueno. Pues ahora mira a las cucarachas que están afuera. Ahora a ellas les pertenece el mundo.

Insecto: ¿Si no crees en la humanidad para qué quieres ir adonde va a continuar la humanidad?

Ave: Yo nunca dije que no creyera. Sólo dije que la humanidad no es tan humana como parece. Yo quiero sobrevivir. Por lo menos yo sé que mi interés es egoísta y que a nadie ayuda más que a mí. ¿Eso me hace menos humano?

Insecto: Te hace un…

Ave: ¿Un qué?

Insecto:

Ave: ¿Un insecto? ¿Un animal? ¿No tengo cerebro? Entonces quieres regresar a los animales para poder esclavizarlos todavía… para sentirte superior. Tú eres el insecto, Insecto. Dame el boleto.

Insecto: ¡No, no me golpees!

Ave: Dámelo

Insecto: Mátame, pero no te lo voy a dar…

Ave: No te voy a matar. Te voy a abrir la puerta y te serviré a las cucarachas.

Insecto: Avelino, no tengo ningún boleto… no existe ningún arca… todo es una mentira.

Ave: ¿Qué?

Insecto: El Arca… no puedo decírtelo… no puedo decírtelo… no puedo decírtelo… Tienes razón… todo lo que dijiste, tienes razón… el Arca no lleva a ninguna salvación… Tienes razón, las cucarachas repoblarán… El mundo se construye solo… no hay un planeta ni estación espacial donde podamos sobrevivir y repetir el mundo… Yo iba a vivir solo mis últimos años en una estación espacial con tres personas más… las demás… las demás…

Ave: Estás mintiendo.

Insecto: No tiene sentido seguir viviendo. Para sobrevivir, hace poco Manuel y yo matamos a Katy. Katy era mi San Bernardo. Katy era hermosa. Era nuestra hija. Y la matamos porque teníamos hambre. Después, una noche, Manuel, con todo el amor que me tenía, me dijo que lo matara y me lo comiera. Que yo debía sobrevivir. Sólo me suplicó que lo hiciera mientras dormía, para que no se enterara. Y cada noche me repetía lo mismo. Y dormíamos abrazados llorando. Y cada noche se me quedaba su súplica caníbal. “Mátame esta noche. Sobrevive.” Yo no puedo vivir sin él. Sin embargo, soy un cobarde para morir. Soy un insecto. Los insectos estamos a punto de la extinción, pero nos sobrevivirán las cucarachas. Discriminamos a los insectos al llamar insecto a los más viles, a los más ínfimos, a los insignificantes. Si eran tan insignificantes, ¿por qué su muerte provocó la muerte de todo lo demás? Nada que sea pequeño carece de grandeza.

Ave: Quiero el boleto. Quiero subirme al Arca. Quiero ocupar tu lugar. Quiero seguir con vida. Quizá yo sea ese humano que sobreviva y repueble la tierra. A ti ni te gustan las mujeres; de nada sirves, ya lo dijiste. Y en este mundo vienen cosas que no quiero conocer.

Insecto: Ellos me esperan a mí. Soy uno de los fundadores. Soy uno de los creadores. Soy uno de los elegidos, Avelino. Y obviamente no te elegimos a ti. ¿Sabes cuántas personas hay alrededor? Ninguna. Sólo pueden sobrevivir dos personas por 50 kilómetros cuadrados. ¿Sabes cómo vamos a generar el estallido de la nave? Con el oxígeno de los últimos 100 árboles que encontramos y a los que les extirparemos el oxígeno de una forma inhumana, con un método que tardaría siglos en hacerte entender. Así produciremos el estallido. La salvación viene después de la muerte. Ellos me esperan a mí. Yo lo ideé todo. Me humillabas, era un insecto. Pero ese insecto ahora volará lejos.

Ave: Científico, poeta y asesino de árboles. Eres pura contradicción, y no hay nada más humano.

Insecto: Debo irme.

Ave: Me vas a llevar. Vas a decir que tengo una abeja.

Insecto: Pero no la tienes.

Ave: ¿Y esto qué es?

Insecto:

Ave:

Insecto:

Ave:

Insecto: Y vuela.

Y se ve vital.

La alimentaste.

Ave: Oruga y yo guardábamos leche y azúcar. Poca. La alimenté con leche y azúcar. No soy tan mala persona, ¿no crees?

Insecto: No, Avelino, no lo eres, hiciste sobrevivir a una abeja, tú también eres pura contradicción… quizá es la última. Brilla en el frasco. Es hermosa. Pero tenemos poco tiempo. No puedo resistir el llanto, discúlpame, no puedo, Avelino.

Ave: Puedes llamarme Ave.

Avelino golpea en seco a Insecto con el frasco.

El frasco no se rompe.

Sale sangre de la cabeza de Insecto, quien queda desorientado.

Avelino lo acerca a él y le corta el dedo índice.

Insecto, ante el contacto, le da un beso.

Avelino lo carga con fuerza, abre la puerta y lo saca.

Afuera escuchamos al enjambre azotarse contra las paredes de la casa.

Ave: (A la abeja.) No me gusta hacerme el listo… lo soy.

— Escena 8 —

Hace poco.

Insecto: Manuel, amor, ésta es mi casa.

Es tuya también.

No siempre fue mía, tampoco ahora, no como tal, pero es tuya. Es nuestra.

Manuel, de todo esto, sólo me va a gustar que ya nunca me vas a pedir que te coma.

Manuel, la sabiduría del humano era una ilusión. A veces sueño que las cucarachas me dicen que ellas ganaron, aunque a veces creo que no es un sueño. En el mundo gana la bestia.

Nunca te lo conté, pero estuve enamorado en la primaria de un tipo que me hacía bullying. Le decían “el Babosa”. Y a mí, él me decía “Insecto”. El día que me inventó ese apodo, me enojé mucho, pero llegué a mi casa a llorar y al mismo tiempo imaginaba que me besaba. ¿Por qué nos gusta lo que nos destruye? Estuve enamorado de él mucho tiempo. Ahora que lo recuerdo pienso que, en estos momentos, seguramente es muy feliz. La gente así no es capaz de percibir el fin. ¿Y por qué me acuerdo de él?, te preguntarás. Porque te acabo de decir que en el mundo gana la bestia.

Pero en el mundo de allá arriba, no. Manuel, vayamos juntos, allá arriba. Subamos al Arca. No es cierto que las cucarachas llegaron a la estación espacial. Fue sólo un rumor. No se subió ningún polizón. Todo se cuidó a la perfección porque yo lo cuidé. Todo salió bien porque yo lo hice. Todo va a salir bien porque yo lo diseñé. Por ti.

Y mientras yo siga vivo haré lo que sea para que tú seas feliz. Y si mueres, no sé si quiera llegar. Porque nada tendrá sentido.

Hubiera sido bello ver crecer nuestro amor en las estrellas, en lugar de cargar para siempre conmigo esta carta que nunca leerás.

Porque estoy a sólo unos minutos de que me empiece a comer tu cuerpo por hambre. Qué final tan infame para una carta de amor. Al final gana la bestia.

Con amor, tu Tomás, un insecto más a punto de la extinción.

— Escena 9 —

Cinco días después.

Ave: ¡Por favor, abran!

Llevo caminando 5 días y 5 noches.

No he comido… Apenas pude llegar aquí… estuve tratando de sortear el campo de cucarachas… ¿aquí es el Arca? Por favor, tengan compasión… Por favor, sólo quiero entrar y viajar con ustedes.

A. R. C. A.: Eligió idioma español. Si esto es correcto, diga 1. Si desea cambiar el idioma, diga 2.

Ave: Uno.

A. R. C. A.: Buenas tardes. Intenta ingresar a A.R.C.A. VI, la liberación de la sexta extinción masiva. Elija una de las tres opciones. Si usted tiene un injerto de Elegido, diga 1. Si usted tiene un injerto de Fundador, diga 2. Si usted tiene injerto de Científico, diga 3. Si usted tiene un injerto de Representante Religioso, diga 4.

Ave: Dos.

A. R. C. A.: Eligió dos. Ingrese contraseña.

Avelino muestra el dedo índice de Insecto.

A. R. C. A.: Contraseña… correcta. Bienvenido, señor Tomás Plaga. Espere un momento mientras hacemos un reconocimiento de huellas y pupilas.

Avelino espera.

Espera.

Espera.

Una alarma ruidosa llena el lugar.

A. R. C. A.: ¡Alarma! ¡Alerta! Código carcoma. Contacto denegado.

¡Alarma! ¡Alerta! Código carcoma. Contacto denegado.

Ave: Por favor, déjenme entrar. Traigo una abeja.

La alarma cesa

A. R. C. A.: Por favor, acerque el espécimen al lector.

Analizando espécimen.

Detectando Apis mellifera o abeja melífera. Casta: obrero. Número de especímenes en el Arca: 1. Diga su nombre real.

Ave: Avelino Esperanza.

Voz: Buscando identificación.

Acerque su ojo derecho al lector.

Avelino empieza a sufrir una especie de dolor en el ojo.

A. R. C. A.: Disculpe las molestias. Hemos hecho un rápido escaneo para comprobar su estado de salud.

Hemos detectado algo sumamente inusual. Una especie de vida no identificada está gestándose adentro de usted. Nuestro médico ha sido informado para una pronta revisión. Pronto tendremos un diagnóstico para su tranquilidad.

Mientras tanto, bienvenido, Avelino Esperanza. Bienvenida Apis mellifera, casta obrero. Ésta es mi casa, y va a ser suya también.

Larga vida al nuevo mundo. Larga vida al Renacimiento.

Avelino mira cómo se abren las puertas.

Abre el frasco.

Saca a la abeja y… la deja volar.

Luego entra corriendo al A. R. C. A.

Ginés Cruz es actor, dramaturgo y director teatral, egresado del Centro Universitario de Teatro de la UNAM. Beneficiario del Programa Jóvenes Creadores-Fonca 2013-2014. Finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2015, con su obra Los remedios de la sed. Mención honorífica en el Festival DramaFest 2025 con su obra La extinción de los insectos. Ha dirigido más de treinta puestas en escena con producciones institucionales e independientes. Ha actuado en más de veinte puestas en escena, con compañías como el Carro de Comedias de la UNAM. Fue jurado del FITU-UNAM, del Festival de Teatro de La Paz, Baja California, del Sistema Nacional de Creadores SACPC 2021, y de la Muestra Estatal de Chihuahua 2022.
Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autor en la siguiente dirección electrónica: cardumenteatro@gmail.com

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