Vélez de Guevara: Reinar después de morir

Vélez de Guevara gozó de una gran popularidad como dramaturgo entre sus contemporáneos, tanto en el ambiente comercial de los corrales como en el cortesano. «Compitió con todos los ingenios de España, y con Lope de Vega, los dos solos mucho tiempo», según su hijo Juan, y fue de los que mayor éxito obtuvo. Encuadrado en la escuela del Fénix, es de los más cercanos a él en espíritu poético y dramático. Fue elogiado por autores de la talla de Cervantes, Quevedo o el mismo Lope. Perjudica su estimación teatral que sea conocido sobre todo por su única obra en prosa, El Diablo Cojuelo, la fantasía satírica más importante del siglo, después de las de Quevedo.
Fue un poeta dramático fecundísimo. De las cuatrocientas comedias que dijo haber escrito se conserva una cuarta parte. Se advierte en ellas la preferencia por temas históricos y heroicos, procedentes del romancero y de la tradición nacional, a menudo tratados en clave satírica; también un tipo de dramatismo particularmente intenso, con una vigorosa utilización del melodrama, de la atrocidad y de la violencia (llama la atención su predilección por representar ejecuciones); pero unido a un melancólico y suave lirismo, con la frecuente inserción de canciones y música como auténtico sello distintivo.
Resulta magistral la creación de personajes femeninos, como Gila, La serrana de la Vera, o Pelaya, La montañesa de Asturias, la discreta Esperanza de El diablo está en Cantillana o la encantadora Inés de Reinar después de morir. Son singulares también las figuras del donaire. Y los héroes, de fuerte carácter, no carecen tanto como se ha dicho de hondura psicológica. En cuanto al estilo, Vélez introdujo el gongorismo en la comedia nueva, con un lenguaje a veces más culto, refinado y artificioso que el de Lope, repleto de agudezas rebuscadas y metáforas brillantes. Su versificación es siempre fácil y rotunda. Cervantes alabó su «verso numeroso» y Lope «sus versos de oro».
Destacó en la literatura burlesca, participó en la creación de las comedias llamadas «de repente», cargadas de chistes y juegos de ingenio, y es notable su dominio de los recursos escénicos, por lo que se le asocia al género de las «comedias de ruido», de aparatosa tramoya y gran impacto visual, como en la escena final de El primer conde de Orgaz, que visualiza su entierro tal como aparece en el cuadro de El Greco, o en la recurrente representación de hechos bélicos.
Dos tragedias que rebosan tensión dramática e intensidad lírica son las obras más conocidas del dramaturgo. La serrana de la Vera, escrita en 1613 para la famosa actriz Jusepa Vaca, destaca por la audacia del planteamiento y por la creación de la protagonista, Gila, ejemplo extremo del tipo de mujer varonil. Esta campesina de fuerza extraordinaria, feminista adelantada en la que se han querido ver trazas de homosexualidad, por el deseo de encumbrarse se deja seducir por un capitán; sintiéndose burlada, jura venganza, y la toma haciéndose bandolera y matando a dos mil hombres antes de acabar, despeñándolo, con el seductor; es condenada y ejecutada.
Reinar después de morir, representada en Valencia en 1635 y publicada en Lisboa en 1652, es sin duda la obra maestra de Vélez y la versión más interesante de las muchas que, antes y después, se han hecho de los trágicos amores del príncipe don Pedro de Portugal y doña Inés de Castro. Los terribles sucesos aparecen envueltos en un clima de leyenda. En pocos dramas del repertorio el componente lírico se funde con la acción dramática de forma tan armoniosa. Los personajes rebosan emoción y verdad. La estructura raya en la perfección. Nada sobra ni falta en una trama tensa y bien acompasada, compuesta con estricta economía y soberana libertad. Sus versos son, en efecto, de oro. Pero también lo es su dramaturgia, tan conmovedora como nítida, tan clásica de la mejor ley como romántica avant la lettre.
Tales logros acreditan como dramaturgo de primer orden a Luis Vélez de Guevara, quien encarna a la perfección el tránsito entre una y otra cumbre del teatro aurisecular: procede de Lope y anuncia a Calderón.
José-Luis García Barrientos, doctor en Filología (UCM), Profesor de Investigación del CSIC, profesor de posgrado en la UC3M, es autor de libros, traducidos algunos al árabe y el francés, como Principios de dramatología, Cómo se analiza una obra de teatro, Teatro y ficción, La razón pertinaz, Drama y narración, Anatomía del drama o Siete dramaturgos, tres de ellos publicados por Paso de Gato. www.joseluisgarciabarrientos.com


