La reactivación de la infraestructura teatral bajo custodia del IMSS y el Programa Artes en las Escuelas

En muy pocas semanas, la Secretaría de Cultura (SC) del gobierno de México, encabezada por la nueva titular Claudia Curiel de Icaza, ha hecho dos anuncios sustantivos que atañen a las artes escénicas del país. Por un lado, la reactivación de la infraestructura teatral más grande del país bajo custodia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que se construyera entre los años cincuenta y sesenta del siglo XX con más de 100 espacios escénicos (entre teatros a la italiana y foros al aire libre). Y por otro lado, el Programa Artes en las Escuelas que implica tanto la visita de espectáculos de creadores de la danza y el teatro a los planteles escolares de educación básica, así como la asistencia de escolares a edificios teatrales en las 32 entidades de la República Mexicana.
De las escasas iniciativas del gobierno anterior en materia cultural, la única que permeó de manera profunda el devenir las artes escénicas autogestivas, fue el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes que dependía del faraónico proyecto Chapultepec. Un programa joven que tuvo solamente tres emisiones como para resultar perfecto, pero que dio un tanque de oxígeno a foros que difícilmente pueden sostenerse con recursos autogenerados (el eterno mito de las políticas naranja de la autosostenibilidad) y que atienden por lo general a una población que no suele asistir a los grandes centros de prestigio cultural institucional y mucho menos al teatro comercial. Es decir, los teatros independientes suelen llegar ahí donde las políticas de estado no pueden y facilitan el derecho de acceso a la cultura a poblaciones vulnerables o bien a aquellas con magra costumbre en el consumo cultural. Por ello, los teatros independientes, así como otros centros culturales gestionados desde iniciativas civiles, son focos imprescindibles de creación de públicos. Nos parece que, ante los anuncios positivos y largamente anhelados, bien valdría plantearse la continuidad de los Circuitos que además beneficiaban a muchas compañías escénicas como buscan las nuevas iniciativas en espacios estrictamente oficiales.
El pasado Día Mundial del Teatro, IMSS, Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL) y la SC federal firmaron un acuerdo macro para reactivar al menos 25 edificios teatrales de la gran infraestructural escénica que construyó el primer organismo durante los años 50 y 60s del siglo pasado. Esta es una noticia acariciada por los gremios artísticos por 20 años en que reclamaron el abandono absoluto en el que tenía a sus teatros el IMSS. Representa una sorpresa gratísima en un panorama todavía no muy claro en las políticas públicas de cultura. Es, pues, una noticia estupenda que también promete nuevos aires en la Secretaría de Cultura federal ahora en manos de Claudia Curiel de Icaza que legisló en su gestión en la CDMX a favor de los foros escénicos independientes con lo cual se reconoció al fin su importancia en la vida capitalina.
Zoe Robledo, titular del IMSS esgrimió en la conferencia de prensa un entusiasmante discurso sobre los orígenes de esta infraestructura y los porqués de una política pública que contempló en su momento el disfrute del arte (y el deporte) como parte de la salud mental de los mexicanos. Esta visión integral le valió al IMSS un reconocimiento mundial por parte de la UNESCO y resulta coherente retomarlo de la mano de INBAL y de SC para su efectivo funcionamiento. El presupuesto que se le destinará este año es de 30 millones de pesos que, si bien no es exorbitante, permitirá retomar esos teatros al servicio de la sociedad en un trabajo conjunto con artistas escénicos independientes de toda la República.
Los gobiernos panistas y priístas no sólo ignoraron las súplicas y protestas por la parálisis de la infraestructura teatral del IMSS luego de que éste se deslindara de la responsabilidad que asumió para su construcción. Incluso, en su momento, se pensó en privatizar los teatros o en tirarlos para hacer estacionamientos. Su recuperación es una de las mejores noticias del nuevo sexenio.
Apenas unos días después se hizo pública, desde el INBAL, la convocatoria Artes Escénicas en la Escuela que rescata, bajo este nombre, el Programa Nacional de Teatro Escolar que por más de 50 años ha sido el pilar para acercar las artes escénicas a los niños de preescolar, primaria e, incluso, secundaria. La nueva convocatoria incluye por vez primera a la danza y contempla la selección de hasta 60 proyectos para toda la República con un monto de $250,000 por proyecto para 15 funciones. Esto implicará la realización de 900 funciones que pueden atender anualmente entre un cuarto y medio millón de niños por una inversión mínima ($15,000,000).
En muy pocas semanas se han producido estos dos anuncios (rescate de Teatros del IMSS y esta nueva versión del programa de Teatro Escolar), con lo cual la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, da pasos importantes no sólo en políticas públicas de cultura que tienen por objeto mayor el acceso de nuestros conciudadanos a su derecho constitucional a la cultura, sino que planea -o al menos eso se avizora- una nueva relación con los artistas que ven al fin la apertura de nuevas posibilidades laborales que les fueron negadas durante todo el sexenio pasado.
Artes Escénicas en la Escuela se realizará de la mano de los organismos de cultura de los Estados aunque, esperemos, bajo la rectoría del INBAL y sus Coordinaciones de Danza y Teatro para evitar el carranceo (verbo en honor a Carranza) de los funcionarios menores que a veces hacen opacos los procesos.
Otro paso que los gremios artísticos esperan con ansias es el relativo a los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos. El Circuito Nacional de Artes Escénicas del gobierno pasado fue uno de sus escasos aciertos. Sea en ese esquema o uno nuevo, es fundamental trabajar con estos espacios que cumplen, como ya dijimos, una función vital en el ecosistema cultural de cualquier país.



