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La última sesión de Freud, en casa del Indio Fernádez

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Teatrikando

Varias veces he escrito sobre esta obra, con los diversos elencos que se ha presentado, la última «columna» Teatrikando es del 2013; vuelvo a ver este trabajo preciosista con gran placer.

Texto de Mark St Germain, donde habla del amor (o sea de alguna manera del sexo), la familia (sin sexo, claro); la guerra, como demostración del gran ego humano; los extraños vericuetos de la mente para intentar justificar las deidades del pasado; los pequeños placeres y claro, el tema de temas: la existencia de Dios. Todo esto armado a través de una charla que confronta aspectos ideológicos, teológicos, con una dialéctica sutil, que en ocasiones provoca una carcajada.   

La obra transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, 1939, hay amenaza de un bombardeo, acude C.S. Lewis a la casa del famoso psicoanalista, estamos en Inglaterra, faltan veinte días para que fallezca el creador del psicoanálisis.

Confrontan las ideas de cada uno, tratan de entender la mente de las personas: ¿el sexo es bueno, malo, neutro? ¿Dios existe? ¿El ego de cada uno lo ciega para creer o no en su existencia? ¿El miedo al más allá? ¿Su infinita vanidad lo obliga a creer que hay una trascendencia eterna?

Lograr una sonrisa comprensiva o una carcajada desenfadada es la labor de un gran director, que se ha unido a dos excelentes actores.  

El espacio físico es la biblioteca que hay en la casa del Indio Fernández de Coyoacán, un gran hallazgo. Es un lugar adecuadísimo para que convivan con estos seres que parecen venir de ultratumba a conversar en todos los tonos, brotan palabras amables de sus bocas, lo mismo que afilados argumentos con deseo de herir el yo del otro e irlo atrayendo hacia su pensamiento.  

Los actores son Roger Allan como C.S. Lewis, Dr Freud es Jaime de la Torre, la limpia dirección es de Alejandro Elizondo.

El trabajo es calificable de gran calidad, por el trazo y la sinceridad de las actuaciones, manejan todos los tonos, ritmos y sentimientos. Nos hacen sentir que la escasa música es adecuada, en mayor cantidad vendría quizá a distraernos de las disquisiciones filosóficas de los personajes.

La biblioteca de la mansión de Coyoacán para veinte posibles espectadores es un sitio que hace recordable esta escenificación. Tiene los requisitos para iniciar una gira por varios teatros de esta enorme ciudad, para que dure muchos años su temporada. 

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