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El ciclo de las guacamayas o el sueño de una realidad posible

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Estreno mundial en la cuidad amazónica de Tarapoto

Nuria Mayor y Daniela Ortega actúan bajo la dirección de Yasmine Incháustegui. La dramaturgia es de Percy Encinas.
por 4 funciones.

Inevitablemente, el ciclo se repite. La ola migratoria en la región latinoamericana y las políticas implementadas por el presidente Trump, que incluyen deportaciones de familias enteras, vuelven a estar en las noticias. En el Perú, durante los años 80, muchas personas se vieron obligadas a migrar huyendo del terrorismo. Este contexto es precisamente el que nos transmite la obra Guacamayas, escrita por Percy Encinas y dirigida por Yasmine Incháustegui

En la obra, ganadora de los Estímulos Económicos del Mincul 2024, el sueño de la migración lo tiene una jovencita de la selva. Su viaje es doble: del entorno rural, con una presencia mínima del Estado, a una ciudad como Lima que permite los trámites; y luego, recién, a la potencia mundial. Una doble migración que la protagonista pretende realizar a través del doctor extranjero que atiende en su pueblo amazónico. 

Esta puesta en escena no muestra al doctor; elige que la actriz, en un gran reto escénico, realice un pin pon actoral para encarnar a la joven y, además, al médico con quien alguna vez se involucró. Nuria Mayor logra envolvernos en esta dicotomía dialógica, revelando en este desdoblamiento un recuerdo atormentado, como cuando nuestras mentes repasan hasta el cansancio los diálogos interminables con aquella persona que marcó nuestra experiencia de vida. 

En la segunda parte, esta mujer ya es la madre de una adolescente, interpretada por Daniela Ortega. Ella replica la algarabía de los comienzos vitales, pero con la sombra del pasado de su madre. La historia ya está trastocada. Y otra vez, la única posibilidad de salvamiento es precisamente “salir de este lugar”, ver al mismo hombre extranjero como esa oportunidad de liberarse. 

Guacamayas nos hace reconsiderar los ciclos más allá de la individualidad. El ciclo personal se repite porque está marcado por los entornos sociales, políticos y económicos. No ha habido cambio trascendental en las guacamayas, sus hermosas alas siguen detenidas sin poder alzar vuelo, pues su paisaje paradisíaco y colorido también está lleno de carencias. Y esa es la metáfora final de la obra. Cómo sería posible no recaer en estos ciclos, que la misma historia no se repita y que las esperanzas sean otras. En un momento político tan delicado, la obra Guacamayas resuena por hacer todos estos cuestionamientos desde el punto de vista de lo femenino, de lo delicado y susceptible que es lo femenino. Por todo ello, no hay que perderse este espectáculo, que tendrá solo cuatro funciones en el Stone Wasi de Tarapoto (hermosa ciudad amazónica peruana) los días 26, 27 y 28 de febrero y el 1 de marzo. 

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