La actriz y pedagoga con más de 40 años de trayectoria habla en entrevista sobre el taller El Otro Lado de la Luna

El taller de teatro para adultos mayores El Otro Lado de la Luna se inició a finales del 2022 bajo la conducción de la maestra Teresa Rábago. En este 2025 cerró un ciclo más con cinco propuestas escénicas en las que participó un grupo egresado del taller. Las obras presentadas en el Espacio Alternativo del Centro Cultural Helénico que se presentaron en enero pasado fueron:
Sobre el daño que hace el tabaco y Petición de mano, de Antón Chéjov; La más fuerte de August Strindberg.
¿Cómo nace este proyecto, de quién fue la idea, tuya o del director del Centro Cultural Helénico, Antonio Zúñiga?
TR.- “Fui a buscar a Antonio porque necesitaba trabajo, él es mi amigo de muchos años. Lo fui a ver y le dije “o me das trabajo o asaltamos un banco”. Su respuesta fue “maestra qué voy a hacer con usted, aquí los presupuestos son muy bajos”. Le dije “¿quieres que te traiga una idea y lo pensamos?” Pensé en hacer un taller –es lo que sé hacer en la vida-, debería ser un taller a propósito de mi momento de vida, atravesaba la crisis de la edad de más allá de los 70 años. Se fue dando, empezamos con un taller de dos días a la semana de cuatro horas con un grupito, que después se conformó con un grupo de 20 personas, se fue dando la historia y ahora ya cumplimos dos años. Se ha convertido en un taller sui géneris, los talleres tienen un tiempo determinado de actividad y acaban, luego viene gente nueva con otros tres meses de actividad, acaban y así sucesivamente. Viene un maestro, después otro, pasa el tiempo y no se programa nada; en los centros culturales pasa eso en general, los que están en las alcaldías así son. Los talleres son un recurso aleatorio de las actividades de un centro cultural X. En este caso yo empecé a desarrollar un proyecto donde me fui ganando mi derecho de piso, durante dos años fui diario a la misma hora y nunca falté, entonces la gente que estaba quería seguir, y los nuevos que llegaban querían seguir al otro grupo, se convirtió –no se ha anunciado así- en realidad ya en un curso. Un ejemplo son los compañeros con los que acabo de trabajar, ellos ya tomaron un curso, no un taller, llevan más de dos años, los cursos son un grupo de talleres, una suerte de talleres con diferentes temas, eso es un curso y si tantito me apuras acaba siendo un diplomado. Eso no estaba planeado en el Centro Cultural Helénico, no tenían esa perspectiva, ni tenían espacio. Yo tampoco tenía esa perspectiva, no llegué diciendo “de aquí voy a hacer un diplomado o me voy a quedar con el Centro”, no, yo llegué a mi trabajo. El teatro es un tema infinito. Llegar dos veces a la semana cuatro horas, hablar de teatro con un grupo de personas que te escuchan con toda atención, cuidado, sorpresa, va alimentando un proceso, entonces dije, mi taller será pedagógico; la pedagogía de mi taller será progresivo. La gente que quiera seguir conmigo necesita tener otros temas. Quiero decirte entre paréntesis que la primera vez con mi primer grupo, Antonio Zúñiga y Graciela Cásares (sub directora del Helénico) tuvieron la idea que yo presentara lo que estaba haciendo, en el Foro La Gruta. Para mí en términos castizos se me cayeron los… pantalones. Nunca pensé que el proyecto de taller fuera a un escenario, si acaso pensaba hacer una clase abierta la final de la jornada, una jornada que fue de tres meses, cuatro o cinco. Cuando te dicen te vas a presentar en escenario –como coordinador, ya déjate de los integrantes-, se te va la cabeza a otro lado, porque como quiera tienes que presentarlo en público”.
Háblame de ese reto cuando te dicen, “ahora lo vas a culminar en un escenario”. ¿Cómo fue?
TR.- “Porque vieron lo que estaba haciendo y pensaron que era bueno para los adultos que recibieran el estímulo del escenario y del público. Yo nunca pensé en eso, porque entiendo que es una confrontación muy fuerte, no todo mundo está preparado para una disciplina escénica donde ya se tendrá que aprender un texto, subir a un escenario y presentarse ante un público. Yo me negué, como perra me defendí. Un día un compañero dijo que tenía Covid, entonces dije “no hago nada, el compañero tiene Covid y todos se van a enfermar y no lo quiero hacer”. Antonio y Graciela no cedieron y me dijeron que lo hiciera; eso ya se quedó como una tradición. Poco a poco –tú me vas a comprender muy bien- el taller de teatro se fue convirtiendo aleatoriamente no de entrenamiento o preparación de actores, sino el taller lúdico donde les hablas del teatro y te saltas a hablarles como actores. Ya no fue exactamente un taller lúdico donde juegas a “la matatena” en el escenario”.
Eso implica un gran desafío, cuando un joven se inscribe en un taller de teatro, toma el curso, pasa por el proceso de aprendizaje y termina su preparación. Acá no eran actores, ni jóvenes, son adultos mayores con una vida ya hecha que para no morirse de aburrimiento en su casa van y toman el taller. Exploras y trabajas con ellos ¿Qué te encuentras en esas personas?
TR.- “Encontré algo importante, en la gente que llegó había algo dentro de sí mismos que no habían explorado aún, ni a los 60, 70 o 80 años. Lo digo de broma, y no lo digo yo, lo dijo García Lorca: “existe el duende en el artista”. Lo que fuimos haciendo fue despertar al duende, todo mundo tiene en su interno un espacio para el proceso creativo, lo alimenta o no en su vida pero lo tiene. Tengo una tesis: el teatro te transforma, como si fuera una fe profunda en una religión, eso también te transforma por tu fe. Yo fui buscando que los integrantes que ya pasaron más de la mitad de su vida, no dieran pasos atrás como el cangrejo, sino parar, contemplar que ya llegaron a un llano, un campo abierto en donde ya no tienen nada que demostrarle al mundo, que ya pueden caminar por los lados del valle sin llegar a ningún lado, pero libres, en días de sol, hierba y felicidad, entonces dije “ya llegamos ahora vamos a darle”. Y así saber cuánto más podremos saber de nosotros para acompañarnos, para no sentirnos solos frente a la realidad; para sentirnos útiles, apasionados, guapos, sanos y salir del esquema social de una edad determinada que te impide sentirte un ser humano con todo lo que un ser humano puede sentir ante la vida”.
Los que participamos en el taller, anoche llegamos a un proceso que no lo habíamos vivido como tal. Yo estuve desde el primer taller, y lo que encontré fueron ejercicios que no ayudaban mucho a sacar eso que uno tiene dentro; tuvimos presentaciones, pero lo de ayer fue muy distinto. Desde tu experiencia ¿Qué viste anoche con este grupo que ya viene trabajando contigo desde hace un par de años?
TR.- “Lo que te enseña este proceso, cómo yo lo he llevado, porque soy la única responsable de los contenidos, el continente me lo da el Centro Cultural Helénico y me apoya en todo, pero el contenido es mío, y si se me sale la cerveza del tarro es cosa mía. El trabajo artístico si requiere de una preparación, disciplina, de un cierto tiempo de práctica, de conocer el oficio del actor; como el oficio del carpintero, del herrero, necesitas que te expliquen un poco como se maneja la materia y luego ya haces tú oficio. Llegamos a un punto que a mí me parece climático, sorprendente, enriquecedor y de una dimensión teatral muy poderosa desde el perfil de la gente que lo está haciendo, porque si eso que hicimos anoche, que compartimos, lo hubiese hecho un actor profesional, no se queda. Daniel Oropeza (actor y compañero del elenco) hay uno, otros no se quedan, porque es demasiado poquito, sencillo, demasiado escolar. Sin embargo para quienes lo hicieron y como lo escuchamos al final cuando se fueron presentando y dijeron sus profesiones, había contadores, maestros, gente de oficina e ingenieros jubilados -entre otros-, fue algo muy especial, ya que son personas con un perfil general y para ellos la exigencia fue mayor porque no tienen el basamento del oficio conocido. Lo que logré sin falsa modestia -porque soy muy capaz para estas cosas, tengo mucho conocimiento de la condición del actor, claro que lo tengo- lo que logré es que ellos sacaran desde dentro lo que son, no que actuaran, porque actuar es crear un personaje, jamás pedí que crearan un personaje, pedí que cada uno fuera quien es, siendo allá arriba otra cosa. Porque se disfraza y dice un texto que no es de su vocabulario cotidiano, y ya, en un sentido elemental eso es actuar. ¿Qué vi?, algo que me propuse crear con ustedes y lo puedo decir, me gustó mucho, me pareció un trabajo muy digno, muy limpio, organizado, lógico, suficiente para la gente, con música en vivo; la producción patito lucía maravillosa con las luces. Rebasó las expectativas no de un teatro amateur, porque en el teatro amateur se supone hay una cierta experiencia que apenas se va a experimentar, acá no, este es un teatro antes de lo amateur pero con gente que no se ve amateur”.
¿Esto es posible solo en adultos mayores?
TR.- “No necesariamente, aquí yo encontré una veta y lo dije públicamente: quién ha aprendido soy yo, he aprendido con ellos de mí, tampoco es que yo sea tan humilde, no lo digo por humildad, lo digo objetivamente porque así es el proceso artístico. Al hablar con ustedes, hablo conmigo, al pedirles a ustedes me pido a mí; al ver para donde puede ir una persona en este momento de vida, veo a dónde puedo ir yo. Cuándo les hablo me escucho, comparto mi experiencia y aprendo de mí. ¿Qué más puedo pedir cómo gente de teatro? Para gente de 40 años para abajo, de 30 o 20, quizá haya que tratarlos de otro modo, decirles las cosas de otra manera. No obstante la condición humana es condición humana desde que naces hasta que mueres, y el teatro es el espacio de la condición humana; solo hay que saber –también lo puedo decir con toda fraternidad contigo- lo que hago lo pueden hacer todos mis compañeros de la comunidad teatral ¡todos…! Pero se necesita vocación e interesarse por hacer esto y no creerse que “porque yo sé desde hace 50 años que es el tiatro, voy hacerles el favor a los compas”. El teatro se hace en donde te pares”.
Has hecho mucho teatro y haz recorrido muchos escenarios, yo también he visto mucho teatro, lo vemos desde un punto de vista distinto. Tú arriba del escenario y yo siempre desde una butaca. Hoy se cambiaron un poco los papeles, tú me veías y yo allá arriba.
TR.- “Entonces yo tendría que entrevistarte a ti para preguntarte cómo te fue…jeje”
Sería muy bueno. A partir de esta experiencia, de este recorrido y vagar por los escenarios, hoy te encuentras con grupos que ya pasaron un proceso de dos años y otros que quieren entrar al taller porque ya sonó y ha hecho mucho ruido.
TR.- “Ya hay lista de espera”.
La demanda es grande. He visto compañeros en el taller con personalidades muy distintas, formas distintas de ver la vida, lógico por los años ya vividos ¿Alguna experiencia con alguien en particular que te haya movido, que te hizo sentir algo, hombre o mujer?
TR.- “En ese sentido te podría hablar de alguna experiencia particular e importante de cada uno de los integrantes, no es que alguien de pronto me haya conmovido más que otro. Lo que pasa es que el perfil de un adulto que va a buscar está dimensión del arte, lo digo así, trae adentro un niño que no acabó de vivir un juego, así te lo digo; un niño al que nunca llegó Santa Claus para traerle el carrito de lámina que le pidió o los patines, o sea le faltó un regalo que no le trajo Santa Claus de niño. Después se fue haciendo otras cosas en su personalidad; fue creciendo, hizo su vida, su trabajo, hijos y mujer, toda su vida. De repente regresan como tú dices, “no tengo nada mejor que hacer porque ya no trabajo, estoy jubilado”, vienen y de pronto sin querer les sucede lo que a “Alicia en el país de las maravillas”, abren una puerta y ¡vámonos…!! a encontrarse con el conejo blanco. No soy yo, la exploración es de ellos”.
Pero tú les abres esa puerta.
TR.- “Si, yo abriré la puerta y los empujo, pero ya dentro ellos se fuman su mota solitos. Con Remedios Varo (el título de una obra) acabó de terminar un proceso que fue maravilloso, porque eran como quince personas y se hizo un grupo homogéneo casualmente -que es muy difícil- en energías, no en mentalidades, ni criterios, con energía, fue como hacer un equipo de fútbol muy rápido. Pienso en Remedios Varo que fue una pintora teatral hasta la médula, los que estuvieron allí descubrieron y empezaron a trabajar, a ver imágenes, hacerse vestuarios, y…hasta que les dije “saben qué, no los puedo alcanzar, despertaron al niño que traen dentro, jueguen ustedes y yo los acompaño”. Eso es el taller, hasta donde llegue. Lo que hice fue una clase abierta muy, muy enriquecedora, enternecedora, conmovedora. Cómo ellos ligaron su vida con la pintura, se pusieron sus ropas, cómo hicieron sus relojes, cómo plasmaron desde su visión infantil en el adulto la estética de Remedios Varo”.

A dos años de iniciar el taller has tenido experiencias buenas y malas. ¿Hoy qué piensas, sigues adelante, hay algo que te sigue motivando…?
TR.- “He trabajado mucho, no creo que sea un trabajo que se deja de la noche a la mañana, no me lo merezco, no sé qué suceda pero no me lo merezco; es una plantita que ha crecido porque la he regado todos los días. Hoy tengo un contrato firmado con el Centro Cultural Helénico por un años más, están programados dos talleres. En ese tiempo iré viendo si al final ya es suficiente, sigo o que hago. Lo voy a seguir dando por un tiempo porque he trabajado mucho y no puedo dejar ese jardín abandonado. Un año es suficiente para ver si se acomodaron cosas, algo que reconsiderar. Siento que el Centro Cultural Helénico es un lugar muy apropiado para hacer un trabajo como este”.
¿Piensas volver al teatro como actriz?
TR.- “No lo sé, porque el teatro te llama, de pronto un director, algún proyecto y ocurre, “llamen a esta actriz”. Generalmente no ando buscando trabajo por decirlo así, toda mi vida me he dedicado al teatro, mis compañeros sabían que a mí no me interesaba la televisión, lo digo con todo convencimiento, no me interesaba, me aburría hacer eso; es trabajo, muy digno, hay que hacerlo, porque el actor come, tiene derecho a trabajar en todas las fuentes. No sé por qué el mundo me conoce si he hecho solo diez obras en mi vida…jeje. Lo que descubrí con el taller, me preguntaba, Roberto es ¿qué diablos, a qué vengo? Hablar de teatro y más teatro; luego una voz me dijo “es tu producción, es tú oficio y estás hablando de tu oficio todos los días, estás haciendo tu trabajo. El señor zapatero se levanta todos los días a hacer su trabajo y la señora que hace quesadillas se levanta todos los días a vender sus quesadillas; tú párate y ve hablar de lo que sabes todos los días, y haces tu trabajo”. Si además hay público, si aparte me llaman y hago teatro de todas formas, yo actúo todos los días frente a las pobres personas que están delante de mí”.
Algo que quieras agregar.
TR.- “Te agradezco esta conversación, jamás había tenido la oportunidad que alguien se sentará hablar conmigo de esto. Te comparto mi experiencia que es tratar de encontrar la mayor vida sana, humana y limpia; el teatro limpia espíritus, y cuando no sucede yo ya no entiendo nada, me vuelvo loca, porque no comprendo que la disciplina escénica no cambie el carácter y la condición de la gente”. Concluyó.



