spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Hazama, el Butoh como grieta entre lo visible y lo etéreo

Date:

Quinta colaboración de estudiantes del DESAEP de la UV. 

José-Luis-González_191/ El Butoh es un arte que busca entender la naturaleza humana por medio de la contemplación. Foto/ José Luis González_

Existe un término japonés que nombra el umbral estrecho entre dos mundos: “hazama”. Es como un suspiro suspendido entre montañas, donde una se alza como la vida y la otra desciende como la muerte. En ese valle silencioso todo es tránsito, todo es devenir. Un pasaje efímero entre el ser y el no ser.

Hazama, el espacio entre dos estadios es también el nombre del espectáculo escénico de danza Butoh, dirigido por la coreógrafa y bailarina japonesa Yumiko Yoshioka, con la dirección residente de Liliana Hernández y la participación de actores de la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana, en Xalapa, Veracruz. 

La puesta en escena es fruto de meses de entrenamiento en la técnica Butoh. Tiene una narrativa no lineal donde se combinan influencias tradicionales japonesas con imágenes metafóricas en el espacio escénico.

El montaje explora contrastes tanto corporales como discursivos mostrando una dinámica que transita entre desear la comida, competir por ella, compartirla y devorarla de manera feroz. Estas acciones se contraponen a otras corporalidades que, con gestos precisos, se encargan de limpiar los residuos dejados por aquellos que consumieron con avidez. 

Aunque las escenas con expresión verbal son escasas, hay una que destaca porque se ofrecen datos sobre la higiene, su relevancia y su estrecha relación con la cultura japonesa.

Hazama… explora temas como lo voraz, lo sutil y lo sensible hacia un estado de ensoñación poética. Desafía las nociones tradicionales de belleza escénica y narrativa teatral exponiendo las profundidades del sentir humano, donde el Butoh demanda apertura a otras formas de entender lo desconocido por medio de la contemplación. 

Desde antes de iniciar el espectáculo, una imagen provocadora recibe a los espectadores mientras se acomodan en sus lugares para dar inicio a la función: un gran manto blanco de papel cubre a quienes están en escena. Poco a poco, estos comienzan a moverse de manera sutil, creando un paisaje de montañas o mareas. Gradualmente, se revelan fragmentos de extremidades: una mano, un pie, y finalmente aparece un rostro. 

Vemos, entonces, movimientos que apenas rozan el tiempo. Cada detalle atrapa, desde la textura de la iluminación que ondula como agua, hasta las expresiones pintadas en rostros que parecen fragmentos de otro mundo. La atmósfera se llena de un silencio denso, casi táctil. De pronto, todo se evapora.

Los maquillajes blancos destacan, mientras el manto va develando poco a poco a cada persona y, en plena exaltación, evidencia prácticas de entrenamiento poco convencionales que profundizan en el gesto y la expresión corporal. Los movimientos hipnóticos desdibujan lo humano y nos envuelven en un espacio para expresar la crudeza, el dolor y la fragilidad humana. Toda la escena da un giro, transformándose por completo. Los intérpretes transitan por varias fisicalidades, desde representar moscas a sumergirse bajo el agua y respirar fuera de ella.

Posteriormente, aparecen en escena personajes alegóricos que representan figuras de autoridad. Con un bastón tocan a los intérpretes, y cada contacto desencadena un efecto corporal colectivo con secuencias físicas, abruptas y espasmódicas. Finalmente, el ciclo se cierra, regresando a la escena inicial acompañada por la resonancia de la canción medieval española ¡Ay, de mí!

La iluminación y la sonorización son coherentes entre sí y danzan en armonía con los cuerpos en escena. Este diálogo visual y auditivo amplifica los afectos y las emociones intrínsecas al lenguaje del Butoh. Además, potencia la experiencia sensorial del espectador.

Este montaje de naturaleza abstracta y profundamente emocional busca exponer estados internos. Tal como la vida misma, el Butoh se erige como un espejo que refleja las profundidades del comportamiento humano, exponiendo lo que muchas veces preferimos ocultar: la ternura y lo absurdo de la existencia humana. 

Los cuerpos pintados de blanco, cual esculturas vivientes, evocan un sentido de lo sagrado y lo profano. Esta capacidad de trascender lo físico es un logro que se explica sin palabras, solo con el lenguaje de los sueños y del cuerpo. 

Hazama… es reflejo de este viaje breve y estrecho al que llamamos vida. Y, como el Butoh mismo, cada movimiento, torpe o sublime, sutil o abrupto, débil o potente, narra distintos afectos. Es una danza donde el tiempo se rompe, y quien observa lo que sucede en escena puede atisbar, aunque sea por un instante, el vacío que nos sostiene.

En definitiva, transitar momentos de ensoñación donde lo sensible se despliega en su más pura intensidad invita a un espacio en el que conviven la ternura y la repulsión, el vértigo de la alerta y la calma de la entrega. Así, el temor a sumergirse en lo oscuro para encontrar la luz se disipa por completo. En este viaje, el umbral estrecho se convierte en un abismo que conecta el nacimiento y la muerte, la luz y la sombra, el amor que abraza y la agonía que desgarra. Todo, sin duda, se teje en un solo hilo que entrelaza el frenético caos y la quietud serena del existir. Al final, eso es la vida misma: un mosaico de contrastes que coexisten. 

Hazama, el espacio entre dos estadios. Dirección: Yumiko Yoshioka. Dirección residente:Liliana Hernández. Diseño de iluminación: Abraham Oceransky. Música original: Zang Johnson.

Producción: Yoruba Romero. Elenco: Alba Domínguez, Carlos Ortega César Croda, Freddy Palomec,

Gema Muñoz, Gretel Ortiz, José María Medina, José Palacios, Juana María Garza, Karina Meneses, Katia Lagunes, Luisa Garza, Marco Rojas, Maximiliano Madrigal, Miriam Cházaro, Raúl Pozos, Raúl Santamaría, Rosalinda Ulloa, Ruth Vargas, Selena Arizmendi, Tania Hernández, Víctor M. Robles.

Asistente de producción: Karla Piedra. Diseño de imagen gráfica:José Luis González. Promoción y relaciones públicas: Laura Andrade. Apoyo logístico: José Luis González. Servicio social:Augusto Rodríguez, Alejandra Velázquez, Sinaí Medina Báez, Laura de Elías. Responsable técnico Florentino Santiago Córdova. Departamento de vestuario:Leobarda Rodríguez, Enriqueta Gutiérrez, Andrea Gutiérrez. Duración: 60 minutos. Dirigida a adolescentes y adultos. 

Comparte este post:

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Popular

Artículo anterior
Artículo siguiente

Más como esto
Descubre

Misantropías (Un homenaje a Héctor Mendoza a mondo y lirondo)

Un espejo nos confronta, nos busca para revelarnos un...

El amor brujo/La vida breve, malhaya quien se pierda esta ópera

Se presenta en el Palacio de Bellas Artes, 30...