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Tramoya: el cuaderno de Emilio Carballido, legado de un dramaturgo veracruzano

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El presente texto tiene como propósito dar a conocer la historia y los contenidos de uno de los legados más relevantes y poco conocidos en la historia de las publicaciones nacionales dedicadas a difundir las dramaturgias, tanto nacionales como internacionales; se trata de Tramoya: Cuaderno de Teatro, publicación de la Universidad Veracruzana, fundada en 1975 y concebida por el dramaturgo veracruzano Emilio Carballido, sin lugar a dudas uno de los escritores más destacados en la historia contemporánea del teatro mexicano del siglo XX.

Emilio Carballido y sus vínculos con el teatro en Veracruz

En el ámbito de la literatura, el teatro es el género literario menos leído y visitado, basta tomar como referente librerías en que en la actualidad son las más conocidas y nutridas, así como de mayor prestigio, en la Ciudad de México —tales como Gandhi, El sótano, Porrúa, El Péndulo, Fondo de Cultura Económica, entre otras—, la sección dedicada a publicaciones de teatro es siempre pequeña, pobre y hasta se le recluye en un rincón. Publicar teatro, sin embargo, sigue siendo una labor crucial para edificar la memoria escénica de una cultura y su evolución filosófica, intelectual, etcétera; es a través del estudio de los textos dramáticos que nos ha legado el tiempo que hemos podido adentrarnos en la cosmogonía de diversas épocas y la vida de sus habitantes. El teatro es un espejo que desde su fundación ha revelado el rostro de lo humano y los movimientos del espíritu. La dramaturgia mexicana contemporánea del siglo XX la integran autores de diferentes generaciones que a través de su teatro revelan un paisaje complejo y rico en cuanto a temáticas, estilos y visiones de lo humano. Sin lugar a dudas, muchos de ellos han podido ver sus obras teatrales cobrar vida en el escenario, pero el teatro precisa también ser publicado, leído y difundido por el mundo. Tramoya: Cuaderno de Teatro se erige como una publicación pionera en su género y también como la revista de teatro más importante de Latinoamérica. Como bien lo ha mencionado Francisco Beverido, subdirector de Tramoya, en una entrevista reciente que tuve con él:

A lo largo de casi cinco décadas Tramoya ha publicado más de 900 obras teatrales, además de artículos especializados y ensayos en torno al fenómeno escénico. Sin embargo, a pesar de que su publicación ha sido ininterrumpida, en la actualidad Tramoya es poco conocida por las nuevas generaciones de creadores teatrales y muchos jóvenes tampoco saben de su existencia. (F. Beverido, comunicación personal, 15 de mayo de 2022.)

¿Qué revela esta situación sobre el teatro mexicano? ¿Por qué esfuerzos editoriales tan valiosos y relevantes son ignorados por la comunidad teatral del siglo XXI? ¿Valoramos el legado de nuestros maestros? ¿Publicar teatro es una hazaña que cada día se valora menos? Intentaré contestar algunas interrogantes para invitar a la reflexión sobre el papel que ha jugado una revista que ha protagonizado la evolución de la dramaturgia mexicana y también extranjera, una revista concebida por un dramaturgo singular como lo fue Emilio Carballido y que, aún después de su muerte, constituye un legado vivo para las generaciones más jóvenes, y quizás también las venideras.

Tramoya: Cuaderno de Teatro es una publicación pionera en el territorio de las publicaciones teatrales, la historia de su fundación da inicio en el año de 1975, en la capital del estado de Veracruz, la ciudad de Xalapa. 

La relación entre Emilio Carballido, su fundador, y la Universidad Veracruzana es una pieza clave en el desarrollo de la Editorial de esta casa de estudios y también en la difusión de la dramaturgia. En el libro El teatro mexicano visto desde Europa, la doctora Elzbieta (Elka) Fediuk, investigadora del Centro de Estudios, Creación y Documentación de las Artes (CECDA), hace alusión en su texto titulado Teatro en la Universidad Veracruzana y en el Estado de Veracruz, que el periodo del rector Roberto Bravo Garzón, que va de 1973 a 1981, representa una etapa relevante en el desarrollo de la Universidad Veracruzana en el ámbito del humanismo y las artes. Es entonces cuando se crea la Unidad Interdisciplinaria de Investigaciones Estéticas y Creación Artística (UIIECA).

Los grupos artísticos fueron muy importantes durante dicho periodo, la intención era que tanto la investigación como la creación ocupasen un lugar relevante en las diferentes disciplinas artísticas. El primer director general de la UIIECA fue el pintor Fernando Vilchis, y Emilio Carballido fue designado jefe de la División Académica de Artes. Fueron años de esplendor para las artes escénicas (a pesar de que el área de investigación en teatro no funcionó), se crea la Ateneum —la que hoy se conoce como Compañía de Teatro de la UV—, dirigida por Raúl Zermeño. Montajes como ¿Alguien dijo… Dragón? del dramaturgo brasileño Carlos Lyra, dirigida por Jorge Castillo, logran las 100 representaciones; la develación de la placa se realizó en el año 1976, en la Sala Grande del Teatro del Estado (que en la actualidad lleva el nombre de Emilio Carballido), y estuvo a cargo del propio Emilio, algo inédito en aquella época.

Eventos como éste son hechos significativos que dotan el panorama teatral de la década de los 70 de un matiz único y perdurable para los anales del teatro veracruzano. La intención de Emilio Carballido por aquella época se centró en dar difusión a las actividades culturales, sobre todo teatrales. En lo que se refiere a la labor editorial de la Universidad Veracruzana, la colección Ficcionesera el referente de los años 50 y 60, como evoca en una entrevista personal el doctor Francisco Beverido. En ella se publicaron obras de dramaturgos mexicanos de la generación del 54, como el propio Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández, Osvaldo Dragún, Elena Garro y Alberto Dallal, entre otros; novelistas veracruzanos como Juan Vicente Melo, de la llamada Generación de los Años Cincuenta o Generación del Medio Siglo; Sergio Galindo, novelista y cuentista xalapeño, fundador y director editorial de la Universidad Veracruzana y de la colección literaria Ficciónasí como de la revista La Palabra y El Hombre; el veracruzano José Mancisidor, promotor de la llamada “novela proletaria”, y el poeta cordobés Ramón Rodríguez, también fundador de La Palabra y El Hombre.

En la colección Ficciones se publicaron los primeros cuentos de Gabriel García Márquez, así como textos de poesía, ensayo y narrativa de la chiapaneca Rosario Castellanos, entre muchos otros autores. El interés de Emilio por dar a conocer la dramaturgia mexicana era apremiante, lo que influyó en Sergio Galindo, director de la Editorial de la UV, entre 1957 y 1964,  para publicar obras como Un hogar sólido de Elena Garro, La calle de la gran ocasión de Luisa Josefina Hernández, El hombre debajo del agua de Alberto Dallal, La voz adolorida de Vicente Leñero y La casa sin reloj: comedia antipoética en dos absurdos y un final razonable de René Marqués, por ejemplo.

Durante la década de los 70 Emilio se presentó en el Instituto Politécnico Nacional para ofrecer su primer taller de dramaturgia, los resultados de dicha iniciativa fueron memorables, ya que de ahí surgió una camada de dramaturgos sobresaliente:

En su tarea magisterial ha logrado sus propósitos, pues muchos de sus discípulos comenzaron a escribir desde muy jóvenes, en los años setenta, y ahora son escritores formados, como Juan Tovar, Hugo Salcedo, Gerardo Velázquez, Miguel Ángel Tenorio, Óscar Villegas, Silvia Zaide Gutiérrez, Guillermo Hagg, Casto Eugenio Cruz, y muchos otros. Los participantes en el primer taller de Carballido en el Instituto Politécnico Nacional hicieron carrera; algunos fueron los primeros puntales del movimiento que se llamó “La nueva dramaturgia”. Víctor Hugo Rascón Banda anota que es difícil que existan dramaturgos que no hayan llevado sus primeros textos a la casa de Carballido para que les dé su opinión.[1]

Uno de sus alumnos de aquella época fue Sergio Peregrina, estudiante de la carrera de Química en el Instituto Politécnico Nacional. Animado por Emilio, llegó a Xalapa durante el periodo del rector Roberto Bravo Garzón para trabajar como jefe de foro de la Compañía de Danza de la Universidad Veracruzana. En ese tiempo los Talleres Libres de Actuación en el foro La Caja, ya estaban en funcionamiento. Peregrina participa en éstos y posteriormente cambia de residencia y se muda al Puerto de Veracruz para continuar con los Talleres Libres de Actuación hasta su fallecimiento. Es en Veracruz donde desarrolla su vocación como titiritero. 

Carballido siempre mantuvo un vínculo vivo y dinámico con el estado de Veracruz. La ciudad de Xalapa se convirtió también en su lugar de residencia, en el que alternaba por periodos con su casa en la Ciudad de México y los viajes perpetuos que realizó a lo largo de su vida. Siempre colaborando en diversos cargos oficiales y como consejero en diversas actividades culturales de la Universidad Veracruzana, se expresó con orgullo en incontables ocasiones en entrevistas sobre las labores de la universidad:

El autor de las novelas La veleta oxidada, El Norte, Las visitaciones del diablo, El sol y El tren que corría, entre otras, considera que nuestra máxima casa de estudios es “una universidad notable, que llama la atención y que se coloca sola en primer término como dirigente; llama la atención en todos sus aspectos: su organización en cuatro vicerrectorías, la Rectoría aquí en Xalapa, todo es una organización coherente, que sigue creciendo. No encuentra usted otras universidades que sean tan claras de sí mismas, que se eduquen y que bullan intelectualmente con tanta fuerza.[2]

Esa relación de Carballido con la Universidad Veracruzana a lo largo de toda su vida tuvo como presencia protagónica y constante la vida editorial y teatral de Tramoya: Cuaderno de Teatro, que hoy día continúa.

Emilio Carballido promotor del teatro en Xalapa, Veracruz

La ciudad de Xalapa es un referente en cuanto a la vida y actividades artísticas, y en lo que respecta a las artes escénicas, el desarrollo del teatro ha ocupado un lugar importante. Podemos mencionar como punto de partida en los albores del siglo XX, la Escuela de Artes y Oficios,fundada en 1922, donde se realizaban montajes de obras teatrales como una parte formativa que proporcionara una experiencia teatral.  Posteriormente, en 1944, al fundarse la Universidad Veracruzana (en cuyo emblema se lee: Lis de Veracruz–Arte, Ciencia, Luz), la vida cultural adquiere nuevas perspectivas, ya que ese mismo año nace la Facultad de Bellas Artes. La vida teatral de los escenarios xalapeños se ha enriquecido a lo largo de muchas décadas, con particular esplendor en la segunda mitad del siglo XX. En términos protocolarios, se ha establecido que es con el estreno de la obra Moctezuma II de Sergio Magaña, bajo la dirección de Dagoberto Guillaumín —en el hoy desaparecido Teatro Lerdo—, que en 1953 da inicio la historia teatral de la Universidad Veracruzana.

Emilio Carballido, en su calidad de dramaturgo oriundo de Córdoba, Veracruz (como siempre dijo ser aunque hay fuentes que declaran Orizaba como la cuna de su nacimiento), ha sido una presencia crucial en la creación teatral y en la difusión de la dramaturgia, tanto local como extranjera.

La labor de Emilio como promotor del teatro en Xalapa fue constante e ininterrumpida. En el terreno educativo fue subdirector de la Escuela de Teatro de la Universidad Veracruzana; y esencialmente destaca su labor como impulsor del desarrollo del teatro y la dramaturgia a través de los talleres que impartió a lo largo de su vida. Su papel vinculado a la Editorial de la Universidad Veracruzana es crucial para la difusión de la dramaturgia y la promoción del teatro y también lo será posteriormente, en cuanto al origen de Tramoya.

Escribe Emilio en el Editorial del primer número de Tramoya: Cuaderno de Teatro:

¿Por qué la Universidad Veracruzana? ¿Por qué Xalapa? Porque esta Universidad lleva más de 20 años de auspiciar el teatro, de publicarlo en su revista La Palabra y el Hombre, y en bellas ediciones, de tener compañías profesionales y estudiantiles. Digamos de una vez que una intención primordial de Tramoya es publicar los textos de obras dramáticas. Un intento para remediar la carencia de textos circulantes, textos que siguen siendo, a pesar de todo, el termómetro principal de la salud de un teatro.

Los jóvenes autores no estrenan porque sus textos no se conocen. No publican porque no han estrenado y nadie los conoce, nadie los conoce porque no publican, no estrenan. Vale cualquier intento para romper el círculo.[3]

Tramoya sin lugar a dudas jugó un papel relevante dado el panorama editorial dedicado a la publicación y difusión de la dramaturgia en aquellos años y durante varias décadas. Sin duda es la revista pionera y la más longeva en su tipo, pero ¿qué papel tiene en el presente? ¿Responde aún a las intenciones primigenias que Emilio planteaba con clara elocuencia en su texto editorial del primer número? En opinión del actual subdirector de Tramoya, Francisco Beverido Duhalt, si antes los jóvenes autores no publicaban porque, como dice Carballido, eran desconocidos y sus obras no se estrenaban, hoy encontrar obras para publicar no es tan fácil ya que los jóvenes autores tienen muchas posibilidades de ser publicados a diferencia de antaño. Muchas de sus obras se pueden descargar en internet —sitios como Dramaturgia Mexicanason una opción muy socorrida— y también muchos dramaturgos en la actualidad prefieren ser estrenados a ser publicados. A todo lo anterior hay que añadir que en la actualidad la competencia entre editoriales que publican teatro es mayor y eso hace que la recepción de textos a veces sea complicada.

La necesidad de difundir la dramaturgia mexicana desde una perspectiva literaria resulta poco atractiva en la actualidad en el ámbito teatral, ya que para las nuevas generaciones de dramaturgos resulta más atractivo estrenar una obra propia que editar un libro. Para Tramoya el paso del papel al escenario era una posibilidad, pero no se le daba más relevancia a obras que ya se hubiesen estrenado que a las que no. En una entrevista, realizada pocos años antes de su muerte, Emilio declaraba que algunas de las obras publicadas en Tramoya a veces llegaban a representarse en escena y otras no. También hacía una observación muy puntual refiriendo cómo, con frecuencia, hay obras que llegan a ser producidas y se omite el nombre del dramaturgo. Lo mismo pasaba cuando las obras habían sido publicadas en Tramoya y no se mencionaba su publicación, algo que es muy común especialmente en provincia. Sólo ponen las obras en escena, pero no dan valor al dramaturgo y mucho menos se menciona si la obra ha sido publicada (Carballido, en Dirven et al., 2004).

A pesar de todo, Emilio siempre mantuvo una visión llena de optimismo cada vez que un nuevo número de Tramoya salía de la imprenta:

La revista se vende bastante, la lee mucha gente que lee teatro, porque es un gusto leer teatro para quienes nos gusta el teatro, y yo creo que ponen muchas obras de las que se publican aquí; es más, he visto en Centroamérica lugares con el repertorio completo y nunca nos avisaron o veo de repente un programa viejo y resulta que una colección de las obras cortas que sacamos aquí o es una obra larga y nadie dice de dónde salió, de dónde la tomaron, pero así son.[4]

Emilio resaltaba también, en el año de la fundación de Tramoya, que en nuestro país existía una actividad teatral en provincia que iba en aumento. La publicación de la revista buscaba entonces abrir la brecha fuera de la estridente capital y ofrecer destellos de lo que ocurría en otras ciudades, no sólo en la Ciudad de México, para favorecer de este modo las conexiones en la vida del teatro nacional y, sumado a lo anterior, generar raíces en la inmediatez del momento que vivía el teatro de aquella época. Carballido definía la identidad primigenia de Tramoya como un camino dispuesto a sortear los imprevistos y que de igual modo resultara transitable, fuera por rumbos diversos y de esto modo resultara una publicación útil, dado que en el arte, al no existir un rumbo fijo, hay una diversidad amplia y muchos puntos de vista que, si se dan a conocer, ofrecen la posibilidad de elegir el propio (Dirven et al., 1975).

Sin duda alguna, la presencia de Tramoya en la vida teatral de Xalapa era importante y cada nuevo número que salía era celebrado con notas en los periódicos locales, que destacaban el contenido temático del nuevo ejemplar, animando a la comunidad a adquirirlo. La regularidad con que la revista era editada y los diversos contenidos temáticos de Tramoya jugaron un papel sumamente importante en la vida teatral de la entidad.

El vínculo de Carballido con sus orígenes era importante y se tomaba muy en serio su labor como promotor el teatro en el estado de Veracruz, lo que benefició durante muchos años a la comunidad teatral de la entidad y muy especialmente a la xalapeña.

La labor de Carballido en los talleres de dramaturgia del IPN y la UAM

Durante la década de los 70 Emilio ofreció talleres de escritura dramática en el Instituto Politécnico Nacional, en la UNAM y en la Universidad Autónoma Metropolitana. Dos antologías destacan como fruto de las obras creadas en dichos talleres: Carpintería dramática: antología de un taller, editada por la UAM, y Teatro joven de México, publicada por Editores Mexicanos Unidos.

Su labor como editor en la Universidad Veracruzana y en otras empresas editoriales le ha permitido difundir el texto dramático de gente consagrada y de otros que, con el paso del tiempo, han sabido ganarse el reconocimiento dentro de lo que se llegó a conocer como nueva dramaturgia mexicana. Pero también autores de otras latitudes que de otra forma serían desconocidos en nuestro país. Carballido ha sabido relacionar teoría y práctica. Carballido reconoce que no es suficiente la creación dramática, su publicación y puesta en escena; es necesaria la correspondiente crítica, no sólo las palabras de aliento, el aplauso o la recomendación del público como promotor auténtico del espectáculo. De igual manera, la gente de teatro requiere la crítica fundamentada, la retroalimentación del experto para superar su trabajo. Por esta razón, Carballido, además de publicar textos dramáticos, ha procurado la difusión de textos teóricos, de críticas, de reseñas, de reportajes donde se deje constancia de todo lo que conlleva la tarea escénica. Toda esa generosa participación y entrega, nos bastaría para describirlo como una persona solidaria, filantrópica, optimista, enriquecedora, con altos valores humanos y sociales y con un fuerte compromiso con la sociedad en la que le ha tocado vivir.[5]

El entusiasmo de Emilio Carballido por escribir teatro fue contagioso desde su juventud. Emilio animó a sus contemporáneos a adentrarse en el lenguaje de la literatura dramática, Luisa Josefina Hernández y Sergio Magaña son ejemplo de ello. Quería que más gente escribiera teatro porque no le gustaba ver que los teatros estaban muy vacíos. Quería que los jóvenes dramaturgos no fuesen considerados —como le ocurrió a él cuando Luis G. Basurto le dirigió una felicitación por escrito elogiando una de sus primeras obras— una especie extraña, sino algo normal y no fuera de lo común. Del mismo modo su generosidad fue más allá de sus afinidades electivas y de su personalísima percepción acerca del teatro escrito por otros, incluyendo alumnos de otros talleres de dramaturgia también muy concurridos, como lo fue el de Hugo Argüellles. Un testimonio alusivo a lo anterior nos lo ofrece la dramaturga Sabina Berman en su texto escrito como un homenaje póstumo a la muerte de Emilio:

Viajaba yo en tren a Monterrey, a una Muestra Nacional de Teatro, cruzaba los vagones en camino a mi asiento, cuando lo reconocí sentado en el vagón comedor y me acerqué. “Hola, Carballido —le dije, con la insolencia que me daban mis veinte años—, en serio te pareces a las fotos de tus contraportadas. Me sorprendió que supiera quién diablos era yo. Dijo: “Hola, Berman, siéntate. Te voy a publicar en una antología. Unos textos tuyos que me hicieron llegar. Ah, qué feos son los condenados”. Lo dijo y achicó los ojos, el muy ladino. “Oye, Carballido —seguí yo prolongando el tono irónico—, ¿serán minutos o serán días en los que me cobres el pecado de ser alumna de Argüelles?”. (Me refería a mi maestro Hugo Argüelles, su archirrival desde la juventud.) Se rio y dimos por zanjado el pago del pecado. Me puse a alabarle su Rosa de dos aromas, que había visto ya dos veces en el teatro, y le solté la pregunta que me importaba: “Oye, Carballido, ¿cómo logras que cada oración provoque en el público una risa o un miedo?; ¿cómo logras que no se te cuele un minuto sin emoción?; ¿tachas los textos opacos?; ¿qué haces?”[6]

El propio Carballido celebró siempre con entusiasmo las obras de los dramaturgos en cada nuevo número de Tramoya que salía al público, y dejó muy claro que apreciaba el valor literario de cada autor:

Asegura el maestro Carballido que con cada número de Tramoya se queda muy contento. “Con éste estoy feliz —el escritor veracruzano hace una breve pausa mientras se coloca unos lentes de montura negra, para apreciar mejor el contenido del número 81 de su Cuaderno de Teatro— porque viene La hojarasca de Gabriel García Márquez, que no es fácil que haya una edición de él para teatro, y que la permita, es muy bonita; luego está María o la sumisión, que es muy triste, de Tomás Espinosa, ese muchacho que era tan buen autor y de repente murió del corazón, muy pobre; estaba colocándose, pero no tuvo suerte con los montajes y ahora no tiene suerte con la memoria, yo creo que debía ponérsele más. Esta obra bien podría adaptarse.

Viene también Aurora de Roberto Benítez, que le encargué especialmente que la terminara para este número; está Sin título, de Yolanda Guillaumín, la única obra que escribió, y está bonita. Sigue, de Benito Fentanes, La madrecita del rorro, que es muy chistosa, tiene el detalle, el lenguaje de la época, y después Apaches, una obra buena de Rascón Banda. Todas son muy de codeárselas con otras.[7]

La generosidad de Emilio permitió que Tramoya creciera y poco a poco se convirtiera en referente para la dramaturgia no sólo nacional sino internacional. Considero que hay pocos casos como éste ya que generalmente los creadores viven obcecados en su labor y son indiferentes a lo que ocurre con sus congéneres. Esta actitud narcisista es muy frecuente y trae como consecuencia que, al morir el artista —dramaturgo en este caso concreto—, su legado consista únicamente en las obras de su autoría que han quedado editadas y las reseñas y críticas sobre los montajes de sus obras y glorias pasadas. El caso de Carballido es particular porque Tramoya nunca fue “su revista”, era un espacio que desde el primer número tenía como misión promover a la comunidad y no a un grupo en particular o al propio Emilio. Esta virtud hace que Tramoya seaun legado vivo que no busca comprar la trascendencia de Carballido, como si se tratara de un monumento protocolario y egocéntrico; al contrario, es como si Tramoya fuera una casa que Emilio deja con la puerta abierta para que otros la habiten y de ese modo la vida creativa se extienda ininterrumpidamente generación tras generación. Tramoya es un cuaderno de teatro que vive y vivirá más allá de la muerte de su creador y fundador: Emilio Carballido. 

El (des)interés de los productores por la obra local

México no ha dado a la dramaturgia un lugar relevante en el teatro, esto se ha evidenciado a lo largo de muchas décadas, en las cuales se ha ponderado mucho más las producciones teatrales que la presencia de autores nacionales. Este hecho se puede constatar en diferentes ámbitos: a nivel editorial con la reducida distribución de libros de dramaturgos mexicanos a nivel nacional; a nivel educativo con la absoluta ausencia de materias teóricas enfocadas en promover la historia de la dramaturgia mexicana en las escuelas de artes escénicas y de actuación de nuestro país; a nivel creativo con la ausencia de un organismo dedicado a promover y difundir la dramaturgia nacional no sólo en México sino también en el mundo. Debido a lo anterior, no es de extrañar que las generaciones de jóvenes actores profesionales o en formación no tengan referentes en torno a la dramaturgia nacional y mucho menos sepan quiénes son los autores que han transformado la escena del siglo XX, por ejemplo. La experiencia que como docente he desarrollado a lo largo de veinte años me permite aseverar lo anterior. Además, también el hábito de la lectura decrece a pasos agigantados (en nuestro país es bien sabido que en promedio se lee un libro al año), y la presencia del internet ha influido de manera determinante en propiciar un desinterés absoluto por la literatura dramática en las nuevas generaciones de creadores teatrales.

Sin embargo, también hay excepciones, en el año 2001, gracias a la iniciativa de Boris Schoemann de replicar en la Ciudad de México un evento con larga tradición en Montreal, Québec, la Semaine de la Dramaturgie, su entusiasmo rindió buenos frutos y considero que también influyó el que en aquella época fuese precisamente un dramaturgo, Luis Mario Moncada, el director del Centro Cultural Helénico, quien apoyó la propuesta de Schoemann para que se realizara a partir de aquel año la Semana de la Dramaturgiaen México. Boris y yo habíamos sido invitados a participar en aquel año por iniciativa del Cead (Centro de Autores Dramáticos) de Québec, en la Semaine de la Dramaturgie. Fui testigo de la sorpresa que Boris y yo nos llevamos al ver cómo en una ciudad relativamente pequeña, Montreal, en comparación con la desmesurada Ciudad de México, la dramaturgia tanto local como nacional era considerada un patrimonio cultural relevante que jugaba un papel esencial en la transformación social y en la evolución de un país y de sus habitantes.

Regresando al territorio mexicano, a pesar de la riqueza dramatúrgica que hay en nuestro país, no se cuenta con un organismo que haga la labor de apoyar, promover y difundir la dramaturgia mexicana. Ésa es una labor que generalmente el dramaturgo tiene que emprender en solitario, lo que limita seriamente los alcances de que su obra se dé a conocer tanto en el país como en el mundo.

Otro emprendimiento valioso reciente, también a inicios del siglo XXI, ha sido el surgimiento del Dramafest, un festival independiente dedicado exclusivamente a promover las dramaturgias contemporáneas del mundo y de México. Esta iniciativa surgió gracias al genuino interés de la actriz y directora escénica: Aurora Cano, (recientemente nombrada directora de la Compañía Nacional de Teatro del INBAL, la primera mujer que ejerce dicho cargo, por cierto), y de Nicolás Alvarado, escritor, comunicador y promotor cultural. Ambos —en un esfuerzo mancomunado e independiente de las instituciones públicas— concibieron y crearon el Dramafest, festival bianual que desde sus inicios ha ido adquiriendo mayor presencia y participación de dramaturgos de diversas generaciones, procedencias y geografías, involucrando también a los autores radicados en el interior de la provincia.

Tramoya: Cuaderno de Teatro y los dramaturgos mexicanos

El legado de Tramoya está a la vista: con cerca de 700 textos teatrales, 60 producciones especiales y más de 150 números editados, sin duda es relevante la presencia del Cuaderno de Teatro en la vida escénica y cultural de México. A catorce años de la muerte de Emilio Carballido, su legado con Tramoya permanece vivo y sigue beneficiando a nuevas generaciones de creadores escénicos y especialmente a los dramaturgos mexicanos. El repertorio de Tramoya incluye también publicaciones de autores de todo el mundo, especialmente de países como Rusia, Grecia, Serbia, Alemania, Japón, Bélgica, Bulgaria, entre otros. A Emilio le interesó siempre rescatar materiales desconocidos en México y procuraba prescindir de Estados Unidos, Francia o Inglaterra, cuya difusión ha sido más socorrida. También se preserva la presencia de los clásicos, como Shakespeare, Molière, Tolstoi, Maeterlinck, y autores del siglo XX relevantes, como el griego Yannis Ritsos perteneciente a la Generación del 30 y considerado uno de los tres poetas griegos más importantes del siglo XX; Gerhart Hauptman, dramaturgo alemán ganador del premio Nobel de literatura en 1912, y García Márquez, también premio Nobel de literatura en 1982, por citar sólo algunos. A nivel nacional están presentes dramaturgias de autores de todo el interior de la República mexicana. También Sudamérica, Cuba y Costa Rica están presentes. Tramoya ha editado en años recientes números temáticos sobre el teatro queer, teatro para niños, sobre la violencia, la pastorela, etcétera. Es importante destacar las traducciones realizadas por el mismo Emilio Carballido, Selma Ancira, José Luis Rivas y Francisco Beverido.  

En la cubierta del número 95 (abril-junio de 2008) de la nueva época de Tramoya: Cuaderno de Teatro —coeditado por la Universidad Veracruzana, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Colegio de Bachilleres de Veracruz—, aparece el rostro joven de Emilio Carballido, pensativo y tranquilo, con ese característico brillo inquisitivo en su mirada. El texto editorial escrito por él mismo dice lo siguiente:

¿Qué hemos hecho en 32 años? Calculo, a ojo de buen cubero, cerca de 600 obras desconocidas en México. Del mundo rescatamos material procurando no usar países conocidos como Estados Unidos, Francia o Inglaterra. Hemos descubierto autores magníficos y desconocidos. Podría seguir enumerando cosas, pero siempre se piensa en lo que viene, se buscan obras, se leen, se consideran.[8]

Lo que vino antes de la publicación del número 32 de Tramoya fue la muerte del dramaturgo que la trajo al mundo. El 11 de febrero muere Emilio Carballido en la ciudad de Xalapa. Esa revista, que nació en 1975 y se debió, como lo describió el mismo Emilio, “a un reflejo con capricho de este escritor”: “Pensé: hay miles de revistas de teatro y ninguna trae textos, ninguna trae obras. Sabemos todo acerca de ellas, menos a qué pertenece, su país, su incógnito». Mi idea fue, ¿por qué no publicar obras?

Y esa idea editorial de Carballido funcionó y sigue funcionando luego de su muerte. El número 32 de Tramoya queda como una edición significativa en la que 32 autores rinden homenaje a su creador, desde diversas latitudes y sensibilidades emotivas sobre Emilio, todos ellos dramaturgos, traductores, investigadores y críticos de diferentes épocas, tendencias y visiones, reunidos a través de las páginas de la hija predilecta de Emilio, su “cuaderno” como se suele nombrar a los amigos entrañables, Tramoya: Cuaderno de Teatro.

Desafíos editoriales de Tramoya: Cuaderno de Teatro en el siglo XXI

Mientras Emilio Carballido vivía, Tramoya se manejaba de forma independiente. Con la muerte de Emilio en 2008 se dan ajustes, quizás el más significativo fue que se retomara la idea de que la publicación dependiera en su totalidad de la Editorial de la Universidad Veracruzana, como ha ocurrido hasta la fecha.

Hasta el 2021 Tramoya salía puntualmente cada trimestre. Sin embargo, 2022 ha sido un año lleno de incertidumbre ya que, hasta principios del mes de junio, la Editorial de la Universidad Veracruzana no había autorizado todavía el gasto de publicaciones, incluido el de Tramoya. Por lo tanto, el número 150, hasta el mes de julio, llegó con retraso a la imprenta.

No podemos ser ajenos a lo que sucede en el mundo, la pandemia nos ha llevado a presentar la revista de otras maneras. Estamos tratando de regresar a la nueva realidad, Tramoya está al corriente, apareciendo con regularidad y distribuyéndose. En estos últimos años he estado de manera virtual y presencial en ciudades como Monterrey, Mérida, León, Veracruz, Córdoba, São Paulo y próximamente iré a Costa Rica y Ecuador.[9]

Uno de los mayores desafíos en la actualidad es, por un lado, que Tramoya se siga publicando con regularidad y también la competencia con otras editoriales ante la oferta de revistas y publicaciones de teatro, como Paso de Gato, Libros de Godot, El Milagro, Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mortiz, ediciones de los institutos estatales y también de universidades como la UAM y la UNAM. A todo lo anterior también habría que añadir las publicaciones en internet.

¿Qué futuro le depara a Tramoya: Cuaderno de Teatro en esta era digital? Sin lugar a dudas, es ésta una pregunta pertinente y más aún a partir de la pandemia del 2020, que revolucionó la presencia de los medios digitales en el ámbito de las artes escénicas.

Tramoya: Cuaderno de Teatro y la comunidad teatral en la era digital

Edgar García Valencia, quien fuera director de la Editorial Universidad Veracruzana hasta el 2021, insistía en convertir a Tramoya en una revista digital. Es digna de reflexión que esta propuesta surgiese justo en el momento en el que la humanidad atravesaba por un confinamiento forzado debido a la pandemia mundial.  Sin embargo, la visión del subdirector de Tramoya, Francisco Beverido, no coincide con la de García Valencia. Los argumentos que sostienen su postura se fundamentan en dos aspectos fundamentales: primero: los derechos de autor, ya que muchos autores optan por no publicar su obra en revistas en línea ya que exponerse a una circulación de sus obras en la red puede fácilmente socavar sus derechos autorales; segundo: la demanda de los suscriptores fieles y de antigüedad por tener un ejemplar en sus manos de Tramoya.

Y ¿qué opinaría al respecto Emilio Carballido si estuviera vivo?

“Carballido era un ‘fuera de serie’, un auténtico cronopio que, según la clasificación cortazariana, es alguien no sólo ajeno a convencionalismos y conformismos, sino que además se opone a ellos…”, Francisco Beverido Duhalt.

“Uno de los espíritus más vitales, admirables y rebeldes que haya conocido…”, Rafael Toriz.

“Polémico, beligerante, generoso, lúcido, guerrero de muchas batallas…”, Víctor Hugo Rascón Banda.

“Siempre interesado en el trabajo de los otros…”, Juan Villoro.[10]

Con base en la descripción que hacen de él sus amigos, colegas y allegados que tuvieron la oportunidad de conocerlo de cerca, me atrevo a vaticinar que Emilio Carballido no habría descartado la idea de que Tramoya pudiera pasar a la era digital y de este modo seguir beneficiando al mundo con su labor. Como bien describe Juan Villoro en una analogía literaria perfecta:

“Como el Gato de Cheshire, uno de sus personajes favoritos, Carballido encontró un modo único de salir de escena. No lo vemos en la oscuridad del foro, pero en el aire flota su sonrisa”.[11]

Conclusiones

A casi cinco décadas de la edición del primer número de la revista Tramoya: Cuaderno de Teatro, es evidente que detrás de este hecho se refleja ladigna y elocuente labor del director editorial, Héctor Herrera, y del subdirector, Francisco Beverido Duhalt, por continuar con la labor de su creador y fundador Emilio Carballido, así como de la Universidad Veracruzana como la institución que ha respaldado este proyecto editorial desde su fundación.

De este modo, Tramoya se ha preservado como el legado vivo del dramaturgo veracruzano Emilio Carballido, no sólo para difundir la dramaturgia mexicana, sino también la universal. Tramoya, en este sentido, ha sido un instrumento editorial de promoción e investigación fundamental en la dramaturgia nacional de los siglos XX y XXI. Sin embargo, es relevante hacer énfasis en cuanto al papel que dicha publicación juega en la actualidad en la escena teatral, así como en las dramaturgias contemporáneas de futuras generaciones. Hay un abismo que ha desvinculado a la comunidad teatral de documentos pertinentes y necesarios como lo es Tramoya. Las generaciones de creadores teatrales nacidos a partir de las década de los ochenta, identificados con el término de milenials, no conocen la revista. La era digital ha influido de modo determinante en los hábitos de lectura y en la difusión de la dramaturgia. Sumado a lo anterior, la distribución de Tramoya es limitada y se ha mantenido sin cambios a lo largo de muchos años, lo que ha propiciado una difusión limitada y un canal de suscriptores muy acotado.

En este sentido, es importante reconocer la urgencia de vincular a Tramoya con las nuevas generaciones de creadores teatrales y posesionarla en el ámbito teatral de las escuelas de actuación, tanto públicas como privadas, para otorgarle nuevas posibilidades de difusión y por lo tanto de suscriptores potenciales. Es imprescindible que dicha publicación priorice su distribución si se quiere mantener viva y no termine almacenando sus ediciones en una bodega de la Universidad Veracruzana.

Quizá Tramoya ha permanecido muchos años sumida en cierta inercia de índole académico y no se ha actualizado en términos de marketing y difusión para propiciar una interacción más dinámica y rica con el entorno teatral actual tanto de México como del mundo. También habrá que considerar que en un futuro no muy lejano Tramoya podríaevolucionar como una revista digital a pesar de las resistencias que hoy pudieran tener los directivos editoriales de la revista. En ese sentido, no sería mala idea considerar como un primer paso la posibilidad de tener una revista tanto en formato físico como virtual y de este modo identificar los alcances tanto de la edición física como de la virtual.

Tal vez una edición física funcione como un documento memorable, pero la era digital también obliga a una actualización que permita a Tramoya evolucionar a través del tiempo y quizás de este modo evitar que desaparezca del cada vez más acotado mercado editorial dedicado al teatro.

Fuentes consultadas:

Acervo de Tramoya: Cuaderno de Teatro, primera época (1975-1982) y segunda época (1984 hasta nuestros días).

Beverido, F. (octubre-diciembre de 2015), “40 años de Tramoya”, en Tramoya, núm. 125, pp. 3-4.

Beverido, F. (enero-marzo 2016), Editorial, en Tramoya, núm. 126, p. 3.

Carballido, E. (octubre-diciembre de 1975), “¿Por qué Tramoya?”, en Tramoya, núm.1, pp. 2-3.

Carballido, E. (2013), D. F. 52 obras en un acto, México,Fondo de Cultura Económica.

Chabaud, J. (10 de agosto de 2008), “La UAM y la dramaturgia por Venir”, Casa del Tiempo [en línea].Disponible en: <http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/10_iv_ago_2008/casa_del_tiempo_eIV_num10_25.pdf>.

Escalón, E. (2005), Tramoya, 30 años de poner el teatro en letra impresa, México, Universidad Veracruzana.

Fediuk, Elka (1994), “Teatro en la Universidad Veracruzana y en el estado de Veracruz”, en D. Meyran y A. Ortiz, coords., El teatro mexicano visto desde Europa, Francia, Presses Universitaires de Perpignan.

Instituto Veracruzano de Cultura, “Entrevista a Héctor Herrera, director editorial de Tramoya: Cuaderno de Teatro”. Disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=ZMZPOK_zYek>.

Martínez, D. y C. Córdova, “Tramoya. Cuaderno de Teatro. Primera época”, en Enciclopedia de la literatura en México. Disponible en: <http://www.elem.mx/institucion/datos/2948>.

Merlín, S. y H. Herrera (2018), Emilio Carballido, México, Instituto Veracruzano de la Cultura.

Meyran, D. y A. Ortiz (1994), coords., El teatro mexicano visto desde Europa, Francia, Presses Universitaires de Perpignan.

Nuñez, E. (septiembre de 2003), “Emilio Carballido: una visión del teatro, una revisión de la realidad”, en Ensayistas.org. Disponible en: <https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/mexico/carballido.htm>. Consultado el 3 de julio de 2022.

Ortiz, A. (julio-diciembre, 2020), “Grandeza y presencia de Emilio Carballido: el narrador, el dramaturgo”, en Tema y Variaciones de Literatura, núm. 55, pp. 10-12, UAM-Azcapotzalco.

Rodríguez, A. (s. f.). “Indecentes y disidentes obras queer de teatro latinoamericano”, en Tramoya, núm. 120, pp. 5-6.

Torroella, M. (s. f.). “La profesionalización de la dramaturgia mexicana actual. Una muestra” [en línea], en Cambios paradigmáticos del teatro mexicano s. XX y XXI, CITRU. Disponible en: <https://citru.inba.gob.mx/publicaciones/libros/electronicos/ebook3/21.html>.

Bibliotecas:

Biblioteca virtual de la Universidad Veracruzana

https://www.uv.mx/bvirtual

Ofrece servicios en sus distintas modalidades, útiles para la investigación de proyectos relativos a la realización de programas tanto de docencia, como de investigación y difusión de la cultura.

Biblioteca digital UNAM

https://bidi.unam.mx

“Acervo bibliográfico de manejo de información de 450,733 libros y 21,967 revistas, compuesta por un equipo multidisciplinario de profesionales de bibliotecología.”

Biblioteca del Centro de Documentación Teatral Candileja, A. C.

https://es-la.facebook.com/Centro-De-Documentaci%C3%B3n-Teatral-Candileja-420779861460672

candilbever@yahoo.com.mx

Biblioteca especializada en teatro, con un acervo especializado de más de 9 mil libros, colecciones de revistas nacionales e internacionales.

Hemerotecas:

Hemeroteca digital nacional UNAM

https://www.unamenlinea.unam.mx/recurso/hemeroteca-nacional-digital-de-mexico

“Acervo digital de las publicaciones periódicas impresas del patrimonio hemerográfico de México desde el año 1722 y 2010. La HNDM se trata de un proyecto en permanente desarrollo tecnológico y con crecimiento continuo.”

Hemeroteca digital Universidad Veracruzana

Una publicación digital relativa a la vida de la comunidad universitaria de la Universidad Veracruzana. Posee un acervo periodístico.

Elena Guiochins es dramaturga, directora, traductora y docente. Es maestra en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Internacional de la Rioja, España, con mención honorífica, y licenciada en Educación Artística con perfil en Teatro por la Universidad Veracruzana. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2015. Ha sido acreedora, en dos ocasiones, al Premio Óscar Liera y también al Premio Nacional de Dramaturgia para niños, entre otros. Ha participado en diversos Festivales Internacionales del mundo: el NeueDramatik de la Schaubühne en Berlín, Alemani,a y la Semaine de la Dramaturgie de Montreal, Québec, entre otros. Becaria del Fonca en varias ocasiones y de programas de residencia artística en Canadá y Estados Unidos. En su trabajo docente se desempeña como maestra en CasAzul Artes Escénicas y Audiovisuales-Argos, donde ha colaborado desde su fundación.


[1] CITRU (s. f.), “Quién es Emilio Carballido” [en línea]. Disponible en: <https://citru.inba.gob.mx/proyectos/investigacion/carballido/html/02.htm>. Consultado el 1 de julio de 2022.

[2] C. Álvarez (septiembre de 2004), “Tramoya encumbra al teatro local y nacional en muchos países: Emilio Carballido”. Diario de Xalapa, 8/E Secc. Cultura.

[3] Emilio Carballido (1975), Tramoya: Cuaderno de Teatro, núm. 1, p. 5.

[4] C. Álvarez, op. cit.

[5] Eugenio Núñez Ang (septiembre de 2006), “Emilio Carballido: una visión del teatro, una revisión de la realidad”, en Ensayistas.org. Disponible en: <https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/mexico/carballido.htm>. Consultado el 3 de julio de 2022.

[6] Sabina Berman (30 de abril de 2008), “Emilio Carballido”, en Letras Libres [en línea]. Disponible en: <https://letraslibres.com/revista-mexico/emilio-carballido/>.

[7] C. Álvarez, op. cit.

[8] Redacción AZ (junio de 2008), “Publica Tramoya número dedicado a Emilio Carballido”. AZ Xalapa. 7/E. Cultura.

[9] H. Herrera, comunicación personal, 7 de julio de 2022.

[10] C. Álvarez (julio de 2008), “Carballido habita las páginas de Tramoya, su fábrica de proezas”, en Milenio, secc.Cultura, p. 38.

[11] Ibid.

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