Una joven profesora de Lengua y Literatura con una aguda sensibilidad feminista siente la necesidad de trasmitir estos valores a sus alumnos con el uso del lenguaje inclusivo y des-enmascarando actitudes hostiles y denigratorias hacia la mu-jer. Pero uno de ellos, un alumno brillante, agudo, tóxico y retorcido, va a cuestionar sus ideas y decisiones hasta un punto de no retorno y tratará de seducir a la hija de su pro-fesora para infiltrarse en su vida. En ese antagonismo aparen-temente insalvable, ambos buscarán un punto de encuentro.
PERSONAJES
Begoña, profesora, 34 años.
Yoel, alumno, 18 años.
Aula, despacho, bar de un instituto público de enseñanza media.
Época actual.
— Escena primera —
En el aula, sin alumnos. Yoel, sentado al fondo, mira impávido su móvil con la capucha del abrigo puesta. Levanta la cabeza y sonríe con displicencia. Begoña, la profesora, se muestra tensa, confundida e irritada.
Begoña: Hola. (Pausa.) ¿Me oyes? ¿Que si me oyes?
Yoel: Sí, la oigo. Tiene una voz… potente.
Begoña: ¿Te puedes quitar la capucha?
Yoel: (La mira fijo e inexpresivo.)
Begoña: ¿Te puedes quitar la capucha? ¿Por favor?
Yoel: ¿Por qué?
Begoña: Porque no está lloviendo…
Yoel: Sí, está lloviendo… ¿No lo oye? Es llovizna. Suave, pero está lloviendo.
Begoña: Está lloviendo fuera. Estamos bajo techado.
Yoel: ¿Le molesta?
Begoña: Me molesta no verte la cara, cuando hablamos…
Yoel: Pero ahora no estamos en clase.
Begoña: ¿Y dónde estamos? ¿En el parque? Mira. Haz lo que te parezca.
Yoel: Entonces, ¿me la quito o no me la quito?
Begoña: Haz lo que quieras. Casi que me da igual…
Yoel: Entonces… ¿Cómo me habla ahora?
Begoña: No te sigo…
Yoel: Si me habla como jefa de estudios, como profesora, como tutora o como amiga.
Begoña: Como lo último seguro que no. Tú y yo no somos amigos…
Yoel: Todo se andará.
Begoña: ………
Yoel: Si me habla como jefa de estudios, me bajo la capucha; si me habla como tutora, a lo mejor también; si me habla como profesora, creo que no, porque no estamos en clase y si me habla como amiga, me quito hasta el abrigo…
Pausa larga. Begoña trata de disimular mal el desconcierto que le producen esas palabras y acaso se haya ruborizado.
Begoña: ¿Por qué… por qué… te ríes cuando digo eso?
Yoel: …….
Begoña: Vamos, no te hagas el loco.
Yoel: No me hago el loco.
Begoña: ¿Me quieres mirar a la cara? Y deja de mirar el móvil.
Yoel: Estamos en el recreo. Puedo mirar el móvil si quiero. ¿O no?
Begoña: Pues vete al patio.
Yoel: Prefiero quedarme aquí, si es que no le importa.
Begoña: ¿Por qué te ríes en mi… cara con esa sonrisa de superioridad cada vez que digo “Todos y todas” o “el artista y la artista”?
Yoel: ….
Begoña: ¿No lo piensas reconocer? Siempre te ríes y me miras por encima del hombro. Y escribes una raya en tu cuaderno como si lo contaras, como si controlaras mi forma de expresarme…
Yoel: …….
Begoña: ¿No piensas responderme? ¿Te has quedado mudo?
Yoel: No sé qué quiere que le responda. Pienso que no es necesario. La profesora de Historia no lo dice. Y es bastante más joven que usted, aunque no lleve tatuajes. No dice todos y todas ni dice profesorado ni seres humanos a cada rato ni escribe en la pizarra alumnes con e o con equis como hace usted. No necesita hacerse la moderna ni la guay.
Begoña: ¿De verdad crees que lo hago para hacerme la moderna…? Se llama lenguaje inclusivo.
Yoel: Ya sé que se llama lenguaje inclusivo. Ha hecho tres debates en clase sobre el temita.
Begoña: ¿El temita? (Pausa.) En donde tú por cierto ni siquiera te has pronunciado… Tengo curiosidad en saber lo que piensas… Mira.
Yoel: No creo que tenga gran cosa que decir ni… que aportar en ese debate.
Begoña: Pues aunque no lo creas, mira, sí… aportas, aportas bastante con esa cara estirada y despreciativa que pones. No te olvides de que con el cuerpo y con la cara se habla también. Se habla mucho más que con las palabras. Lo vimos esta semana en clase. Se llama lenguaje no verbal… Y eso cuando te dignas a mirar a tus compañeros… con tu silencio hostil y prepotente.
Yoel: ¿Por qué tengo que mirar a mis compañeros?
Begoña: ¿Te crees mejor que ellos? (Pausa.) ¿Te crees mejor que yo?
Yoel: No sé. No me lo he planteado.
Begoña: Pues deberías. Deberías planteártelo. Lo que no se dice no existe. Lo que se oculta en el lenguaje, se oculta en la realidad. La mujer a lo largo de la historia ha sido tragada, devorada por el lenguaje. En la pandemia los políticos, los deportistas… sólo hablaban de médicos y enfermeras como si no hubiese mujeres médicos y hombres enfermeros… Si no se dice “todas”, nosotras, las mujeres, no existimos…
Yoel: Eso no acabo de entenderlo bien.
Begoña: El lenguaje inclusivo visibiliza a la mujer. El lenguaje común, normativo o convencional la oculta.
Yoel: Pues yo las sigo viendo igual. A todas y a cada una: con lenguaje inclusivo o sin lenguaje inclusivo. Las veo más y mejor que a los tíos.
Begoña: ¡¡¿Perdona?!!
Yoel: Yo sigo viendo a mis 17 compañeras, aunque usted no diga “todas”. Es imposible no verlas y todavía es más imposible no olerlas. Algunas se echan unas colonias que se pueden cortar en el aire con un cuchillo. La profesora de Historia nunca dice “todos y todas” y nadie se siente invisible. Además, si lo piensa es cojonudo: volverse invisible. A mí me encantaría que me dijeran una palabra que me volviera invisible.
Pausa. La profesora se le acerca. El alumno le sostiene la mirada.
Begoña: ¿Te estás riendo de mí… (pausa corta) en mi puta cara?
Yoel: No sé por qué piensa eso de mí… Y hable bien, profe, que no cuesta dinero y debe dar ejemplo.
Begoña: ¿Qué ha pasado con Paula?
Yoel: ¿Con qué Paula? Hay tres en la clase.
Begoña: Ya sabes a qué Paula me refiero…
Yoel: ¿A mi hermana?
Begoña: Ya sé que no es asunto mío, pero…
Yoel: Si lo sabe… entonces… ¿para qué me pregunta?
Begoña: Porque afecta a su rendimiento en clase…
Yoel: ……
Begoña: (Enconada.) ¿No me sigues? ¿No tienes ni la más somera idea de lo que hablo?
Yoel: No mucho.
Begoña: Paula es tu hermana. Hablé con ella el otro día. En realidad, he hablado ya varias veces con ella.
Yoel: ¿Y…?
Begoña: Está muy deprimida…
Yoel: No es la única.
Begoña: ¿Tú también estás deprimido?
Yoel: …….
Begoña: Vale… ¿Tanto te cuesta, Yoel?
Yoel: ¿Costarme el qué?
Begoña: Ser de otra forma con ella. Me dijo que la ignoras. Que ni siquiera la saludas. Que la borras con la mirada.
Yoel: ¿Que la borro con la mirada? Ella no habla así de bien.
Begoña: Antes erais uña y carne. Veníais y os ibais juntos y la ayudabas a estudiar, a hacer las tareas y preparar los exámenes. Y ahora ni siquiera la esperas para volver juntos a casa.
Yoel: Ya es mayorcita y se puede valer por sí misma.
Begoña: ¿Qué te ha hecho?
Yoel: No me ha hecho nada.
Begoña: ¿Entonces por qué te comportas con ella con tanta hostilidad?
Yoel: …….
Begoña: Vale, perdona, si me meto en donde…
Yoel: No pasa nada. (Se acerca para irse.) ¿Ya me puedo marchar?
Begoña: No he terminado. ¿Tienes prisa?
Yoel: No mucha. Se le ha caído una foto de la cartera. (La mira.) Es muy guapa.
Begoña: Es mi…. (vacila) hija.
Yoel: Pues es muy guapa. Le queda muy bien ese pelo corto a lo chico.
Begoña: ¿No te basta con decirlo una vez?
Yoel: Me resulta bastante familiar su cara.
Begoña: Entonces ¿la conoces?
Yoel: Creo que he coincidido con ella en alguna movida.
Begoña: Se llama Paula como tu hermana… ¿En qué movida?
Yoel: En alguna salida… por ahí… Todos nos conocemos. Ésta es una ciudad pequeña.
Begoña: Sí, ella… bueno… es… es muy sociable. Le gusta salir. Y tiene muchos amigos.
Yoel: Por eso.
Begoña: ¿Y tú tienes muchos amigos?
Yoel: Contando a mi gato, tengo tres.
Begoña: ¿Sólo tres?
Yoel: Y me sobran dos.
Begoña: ¿Sabes…? En realidad, no te he llamado por eso. No me importa la cara que pongas ni tu sonrisa de superioridad cuando hablemos de estos temas de lenguaje inclusivo. Te llamé por esta redacción que me entregaste. Usas tres veces la palabra “feminazi”…
Yoel: No la uso yo.
Begoña: Pues aquí está escrita tres veces… Te la subrayé…
Yoel: Sí, ya veo que se molestó en subrayarla… Pero yo no soy el que digo esa palabra.
Begoña: ¿Tú no eres el que escribe esas palabras?
Yoel: Yo soy el que las escribo, pero no soy el que las digo. Nos pidió que escribiéramos un relato. En mi relato dialogan dos personajes…
Begoña: Ya lo sé… Pero es que la palabra feminazi la usa el narrador. Dice: Paula, conocida como la maruja feminazi, le dijo al camarero que por qué cojones le ponía la Coca-Cola a ella y el whisky a su novio cuando la que había pedido el whisky era ella, y que estaba hasta los ovarios de los putos camareros machistas que piensan con la bragueta. La usa siempre el narrador, no se lo podemos adjudicar a uno de los personajes… Y por cierto ser maruja y feminazi ¿no te parece una contradicción en los términos?
Yoel: Mi narrador es también un personaje. Usted lo dijo en clase…
Begoña: El narrador aporta el punto de vista y tu punto de vista es llamar a Paula… Por cierto podías ser más original a la hora de bautizar a tus personajes… Qué casualidad que se llame Paula.
Yoel: ¿También le molesta que se llame Paula?
Begoña: No, no me molesta. Perdona. Retiro lo dicho.
Yoel: No hace falta que lo retire. No es lo que usted piensa. No estoy hablando de mi hermana. Ni tampoco de su hija. O a lo mejor, sí.
Begoña: ¿Qué estás diciendo? (Pausa.) ¿Lo puedes repetir? (Pausa.) ¿Te atreves a repetirlo?
Yoel: ……
Begoña: Sabes… eres el único alumno que me trata de usted. No me trataba nadie de usted desde hacía veinte años o así… ¿No te parece un poco rancio, Yoel?
Yoel: Puedo tutearla. Si quiere. Si eso le hace sentirse más joven… y más moderna. Lo que pasa es que si me habla como jefa de Estudios o profesora, no me queda otro remedio y me resulta un poco difícil. Otra cosa es si me hablas como tutora… y todavía sería más fácil si me hablaras como amiga… pero como no me has dicho cómo me estás hablando… pues no tengo muy claro que te pueda tutear… Ya sé que lo de amiga está descartado de momento… pero todo se andará…
Begoña: ¿Por qué te lías tanto? Soy la única que tratas de usted. A todo el mundo le tuteas menos a mí, y eso que soy la más joven de tus profesoras.
Yoel: La más joven es la profesora de Historia. Sólo me lleva siete años. Insisto puedo tutearla. En cuanto me aclare cómo…
Begoña: ¿Sabes que se puede tratar de usted a alguien de forma muy ofensiva? “Usted no sabe con quién está hablando”. No, mira, no me lo pongas tan fácil. Déjame que me lo gane y que me lo merezca, aún hablándote como jefa de estudios o profesora. Es indignante que alguien en el siglo xxi pueda usar la palabra feminazi en una redacción escolar. Por ese motivo el curso pasado echamos a un alumno un mes de clase. Por llamar feminazi a una compañera. Y yo fui la que hizo que eso se convirtiera en una amonestación grave, en una injuria inadmisible y aberrante. ¿No te das cuenta de que no se puede poner en el mismo plano el genocidio nazi y…?
Yoel: Yo no lo pongo en el mismo plano. Tengo origen judío. ¿Cómo lo iba a poner en el mismo plano? Yo no he llamado feminazi a ninguna compañera. Yo sólo he escrito en una redacción en boca de un narrador observador esa palabra.
Begoña: Tu narrador no es observador. Tu narrador es un energúmeno indeseable.
Yoel: ¿Le ocurre a menudo?
Begoña: ¿El qué me ocurre a menudo?
Yoel: Enfadarse con lo que no existe.
Begoña: ¿No existen los imbéciles que llaman feminazis a las mujeres sin ninguna razón, banalizando el holocausto y aplastando y escupiendo sobre las aspiraciones de igualdad de…?
Yoel: Puede que existan, pero el que no existe es el narrador de mi cuento.
Begoña: Está escrito en este papel.
Yoel: El año pasado nos llevaron a Verona. Y el guía se tiró una hora hablando de Julieta. Y al final uno de nosotros le preguntó al guía cómo podía estar hablando una hora de un personaje de ficción como si fuera un personaje real… contando tantos detalles…
Begoña: ¿Fuiste tú seguro quien hizo esa pregunta?
Yoel: No, no fui yo. Fue mi profesor de Literatura. Él sí sabía distinguir entre la realidad y la ficción.
Begoña: Gracias por lo que me toca. Pero por si no lo sabes… ya que sabes tantas cosas… Unamuno decía que hoy es más real Don Quijote que Cervantes y seguramente para muchos Julieta sea mucho más real que Shakespeare.
Yoel: Me encanta esa frase. ¿Puedo apuntarla en mi cuaderno? Usted sí que tiene la virtud de saber argumentar con reflejos. No como el profe de Filo. Se queda pasmado.
Begoña: Gracias. Pero toda virtud en una mujer resulta sospechosa. ¿Sabes quién dijo esa frase?
Yoel: Pues la acaba de decir… usted misma, ¿no?
Begoña: La primera feminista del mundo. ¿Sabes quién es?
Yoel: Ni siquiera sé quién es la última.
Begoña: Santa Teresa de Jesús…
Yoel: Andaaa… Por eso vivía sin vivir en ella…
Begoña: (Ríe forzada.) ¿Te sientes orgulloso de tu relato? ¿Te sientes orgulloso de que tu narrador observador, que dudo que observe nada, llame tres veces feminazi a tu personaje? Porque los narradores observadores sólo observan desde fuera, pero no juzgan. Para que lo entiendas. ¿Te parece una forma afortunada de describir a un personaje? ¿Te parece una forma adecuada para singularizarlo? Mira, tengo curiosidad. ¿Qué es una feminazi para ti?
Yoel: Usted es la profesora. Es la que sabe definir los conceptos…
Begoña: Eres tú quien ha empleado esa palabra…
Yoel: No he sido yo….
Begoña: Ya sé que ha sido tu maldito narrador… Ya lo sé y no hace falta que me lo restriegues más.
Yoel: No acabo de entender que se enfade con mi narrador observador… Tendría que hacérselo mirar.
Begoña: ¿Cómo dices? ¿Eres gilipollas o qué?
Yoel: No entiendo por qué me insulta. Y ya van dos veces.
Begoña: Pues yo sí entiendo por qué te insulto. Y cualquiera que nos mirara por esa ventana lo entendería también. ¿Qué mierda es una feminazi para ti?
Yoel: ¿Y cómo me insulta? ¿Cómo jefa de estudios, como tutora o como profesora…? Porque de lo otro, mejor no hablar… No está el horno para bollos.
Begoña: Empiezo a estar muy harta de tus burlas.
Yoel: Me gusta su tatuaje, profe. Son letras griegas, ¿no? ¿Qué significan?
Begoña: No te salgas por la tangente… Ni siquiera eres capaz de decir nada. Lo dices y te quedas en blanco. Sinceramente, esperaba más de tu gran ingenio y tu bagaje lector…
Yoel: Tengo muy claro lo que es una feminazi para mi narrador observador. Pero no creo que usted lo comparta mientras no aterrice y plante bien los pies en el suelo.
Begoña: Muy bien, pues aquí me tienes con los pies bien plantados en el suelo. Te escucho. ¿Qué es una feminazi para ti?
Yoel: Usted también acaba de utilizar esa palabra: feminazi. Ha salido directamente por su boca. Ha salido de su boca real y verdadera. Y sin usar ningún narrador entre medias. La ha dicho cinco veces como mínimo. Dos más que mi narrador observador. Parece que le gusta decirla y llenarse la boca con esa palabra. (Pausa. Inicia la salida.) Jugar con ventaja. Alguien que juega con ventaja. Eso es para mí una feminazi en el fondo. ¿Ya me puedo marchar?
— Escena segunda —
En el aula, al final de las clases. Begoña sale y entra del aula nerviosa y se despide de alguna de sus alumnas. Yoel está guardando las cosas en su mochila. Saca una manzana y empieza a comerla. Ofrece un mordisco a su profesora. Ante la mirada dura de ésta, le da dos mordiscos y la guarda. Dos semanas después.
Begoña: ¿Tienes prisa, Yoel?
Yoel: Un poco.
Begoña: Trataré de no entretenerte entonces.
Yoel: ……
Begoña: ¿Puedes acercarte?
Yoel: Estoy bien aquí.
Begoña: No muerdo. Y tampoco quiero levantar la voz. (Pausa.) Vale me acercaré yo.
Pausa. Yoel se pone a escribir concentrado.
¿Qué haces?
Yoel: Estoy escribiendo algo o mejor estoy describiendo algo.
Begoña: Preferiría que me escucharas.
Yoel: Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo. No sólo las mujeres podéis.
Begoña: Para escribir se necesita silencio y concentración. Y no me vengas con tópicos rancios.
Yoel: Yo puedo escribir en un campo de fútbol con todo el mundo gritando o en mitad de una manifestación del día de la mujer.
Begoña: ¿Qué le ha pasado a Paula?
Yoel: ¿A cuál de las tres Paulas? ¿O mejor a cuál de las cuatro contando con su hija?
Begoña: ¿Por qué te gusta tanto meter en nuestras conversaciones a mi hija o lo que quiera que…? Lo haces por provocarme, ¿verdad?
Yoel: Lo más mínimo, profesora.
Begoña: ¿Ahora me llamas profesora? ¿Tanto te cuesta llamarme por mi nombre? Begoña.
Yoel: Se podía intentar. Si le hace sentirse mejor.
Begoña: Haz lo que quieras. Me da igual.
Yoel: A mí no me parece que le dé igual.
Begoña: Paula, tu hermana, apareció hoy con la muñeca vendada y no podía hacer el examen. No me quiso contar lo que le había pasado.
Yoel: Sí se lo contó. Lo pude oír. Lo oímos todos. Un accidente le dijo.
Begoña: Pero no me dio ningún detalle.
Yoel: ¿Para qué necesita los detalles?
Begoña: Paula siempre cuenta las cosas…
Yoel: Cuenta lo que le interesa para manipular a los demás.
Begoña: Quería que me contaras tú cómo fue ese accidente…
Yoel: Si ella no se lo ha querido contar, yo no me voy a meter en eso. No soy un chivato.
Begoña: ¿Y no te preocupa que tu hermana se haya torcido la muñeca y no pueda hacer los exámenes, ni siquiera concentrarse porque siente mucho dolor? Además, ese vendaje lo tenía mal puesto. ¿Fuisteis al médico?
Yoel: (Se encoge de hombros.)
Begoña: ¿Eso es lo único que sabes hacer? ¿Encogerte de hombros?
Yoel: Es que hace frío en la clase.
Begoña: Ponte el abrigo.
Yoel: No hace falta. ¿Ya hemos terminado?
Begoña: No, no hemos terminado.
Yoel: ¿Y esa fecha que tiene tatuada en el brazo, profesora?
Begoña: ¿Te interesa mucho?
Yoel: Bueno. Lo justo.
Begoña: Es un tatuaje.
Yoel: Hasta ahí llego. Pero veo que se trata de una fecha. ¿Es la fecha de su nacimiento o de alguien muy querido para usted?
Pausa.
¿Por qué me mira así?
Begoña: No sé qué pensar de ti, Yoel. Y prefiero no pensar lo que estoy pensando.
Yoel: Los pensamientos no hacen daño a nadie. Lo dijo el otro día el cura de religión. Y eso que no es tan moderno como usted. No lleva tatuajes. Ni tampoco escribe alumnos con x.
Begoña: ¿Por qué no me entregaste el trabajo sobre la lectura obligatoria?
Yoel: No me gustaba el libro. Sinceramente.
Begoña: Eso a mí no me importa. Mira, tus gustos me dan igual.
Yoel: ¿Sólo vamos a leer a escritoras en este curso? Rosalía de Castro y Pardo Bazán tienen un pase, pero a la escritora esta moderna que nos mandó… Es un puto bodrio. Y no sólo lo pienso yo. No le gustó a nadie.
Begoña: No es ésa mi impresión.
Yoel: Pues pregunte a la gente. Casi nadie se leyó el libro de la tipa esa. ¿Cómo se llamaba…? Por si no lo sabe la mayoría de los alumnos, le copiaron el trabajo a Paula.
Begoña: ¿Ahora sí te chivas de tu propia hermana?
Yoel: No, el tema lo sacó usted. Y no me chivo. Sólo le informo y le doy un argumento para que entienda que ese libro de esa supuesta escritora no gustó a nadie, que nadie se lo terminó. Dudo que mi hermana Paula se lo terminara, porque ella últimamente sólo lee cosas de autoayuda… ¿No es un poco patético que sólo tengamos que leer escritoras este año? ¿Lo hace por vengarse? ¿Lo hace por vengarse de Quevedo, de Cervantes, de Lope de Vega, que se pasó por la piedra a no sé cuántas tías o por vengarse de Zorrilla?
Begoña: Te crees muy ingenioso, ¿verdad? Disfrazas tu repugnante machismo de diletante de tercera división…
Yoel: Si quiere insultarme, por lo menos que entienda sus insultos. Ni zorra idea de lo que es diletante, amiga.
Begoña: ¿Ahora me llamas amiga? (De brazos cruzados.) Si quieres a partir de ahora, nos saludamos con el puño y nos decimos bro, chaval, qué te pica.
Yoel: Perdón por lo de amiga. No se lo volveré a llamar… Ha sido exceso de confianza. Y de momento ya sabemos que queda descartado, pero todo se andará.
Begoña: ¿Por qué no mandaste tu cuento corregido para la revista del centro?
Yoel: No me interesa que aparezca en la revista del centro. No creo que le interese a nadie.
Begoña: Es un buen cuento.
Yoel: Sí, es un buen cuento.
Begoña: ¿Entonces por qué no lo mandas?
Yoel: Lo sabe de sobra. ¿O no se lo imagina?
Begoña: Estás rabioso, ¿verdad? Estás rabioso por haber quedado en tercer lugar…
Yoel: No estoy rabioso por eso. Estoy rabioso porque….
Begoña: El concurso lo ganara tu hermana Paula. Y tú te llevaras el tercer premio, que por cierto no te has dignado a recoger.
Yoel: Se lo pueden quedar y comprar diez ensayos sobre feminismo en el lenguaje.
Begoña: ¿Crees que merecías el primer premio?
Yoel: No sólo lo creo yo, lo creen todos. También lo crees tú.
Begoña: Gracias.
Yoel: De nada.
Begoña: Por tutearme. A lo mejor es que ahora te hablaba como tutora o como amiga.
Yoel: El cuento de mi hermana no merecía nada. Usted sabe, todos saben, por qué ganó, por qué se llevó el primer premio… Es una mierda de cuento.
Begoña: Al jurado le gustó.
Yoel: ¿Usted estaba en el jurado?
Begoña: Sí y era un cuento muy… muy…
Yoel: ¿Muy qué? ¿Muy feminista?
Begoña: Entre otras virtudes. Aunque resulten sospechosas…
Yoel: Era un cuento totalmente inverosímil. ¡¡¡Qué narrador emplearía esas palabras como visibilizar, empoderamiento, patriarcal…!!! Y que ni siquiera sabe escribirlas bien, y padres con equis… Siguiendo la puta moda de…
Begoña: ¿Las escritoras feminazis?
Yoel: Parece que a usted le tira mucho más esa palabra que a mí. No deja de decirla siempre que me llama a su despacho.
Begoña: Ahora no estamos en mi despacho. ¿Tienes envidia de tu hermana? ¿Es eso?
Yoel: No puedo tener envidia de una pobre idiota y de una escritora mediocre como mi hermana. Sólo que me parece patético que le hayan dado el primer premio por escribir un cuento con mensajito feminista que a algunas les hace correrse de gusto en las bragas.
Begoña: ¿No te parece un poco vulgar eso que acabas de decir?
Yoel: Estamos en confianza, cara a cara, ¿O no? ¿No me dijo que la tuteara?
Begoña: Podías volver a leer el cuento de tu hermana. Igual te cambiaría el chip.
Yoel: Me lo he leído varias veces. Me lo sé de memoria. En realidad, se basó en un cuento mío…
Begoña: ¿Así que te plagió?
Yoel: Lo mejor del cuento, lo único que se puede salvar… la historia de la mujer que se pierde en el espejo y aparece en un mundo en donde los hombres son muebles y utensilios domésticos, es mía. Las palabritas que tanto os gustan: patriarcado, ecofeminista, empoderarse… son de ella, o mejor dicho de usted. O sea que ese cuento al final, lo escribimos a medias, profesora.
Begoña: Muy bien, pues hablaré con Paula y si reconoce que plagió tu cuento anularemos el fallo. Eso es lo que quieres, ¿no?
Yoel: Me da exactamente igual. Lo único que quiero es que usted lo reconozca…
Begoña: ¿Que reconozca qué?
Yoel: Que se atreva a decírmelo a la cara…
Begoña: ¿Que tu cuento es el mejor?
Yoel: Sí, que mi cuento es el mejor. Lo sabe de sobra.
Begoña: Escribes muy bien… Sí, te reconozco que escribes muy bien, pero tu cuento no es el mejor.
Yoel: ¿Por qué? ¿Por qué no es el mejor? ¿Porque aparece la palabra feminazi cinco veces en boca de una profesora?
Begoña: No tiene gracia. No tiene ninguna gracia que utilices nuestras conversaciones ni anécdotas que cuento en las clases en tus putos relatos. No tiene ninguna gracia.
Yoel: No se haga ilusiones. Usted no es la protagonista de mis relatos. Más quisiera.
Begoña: Pues me temo que tengo varias coincidencias con esa profesora… ¿Cómo sabes que soy madre soltera, que el padre de mi hija era músico callejero, que soy vegana, que me gusta coleccionar entradas de teatro, que odio los gatos y que mi hija es transgénero? Jamás he hablado de nada de eso en mis clases.
— Escena tercera —
En el bar del centro. Encuentro casual o acaso buscado. Yoel se aproxima dubitativo y acechante por la espalda hasta su profesora. Muy incómodos al principio. La profesora sentada. Yoel de pie con la capucha puesta. Se la pone y se la quita dos veces.
Yoel: Muy buenas, profesora de Lengua y Literatura castellana.
Begoña: (Dando un respingo.) Hola, Yoel. No te conocía sin la capucha puesta.
Yoel: ¿Tomándose un café, eh, profe? No quería asustarla.
Begoña: No me asustaste… tranquilo.
Yoel: Entonces, mejor… ¿Está bueno?
Begoña: No está mal… ¿quieres uno?
Yoel: No, gracias. El café me sienta fatal. Me saca lo peor de mí mismo.
Begoña: ¿Quieres tomar otra cosa…? ¿Que te saque algo bueno…?
Yoel: Nunca tomo nada al mediodía y tampoco me gusta que me invite un profesor.
Begoña: ¿Una profesora, mejor, en este caso? ¿Entonces…?
Yoel: ¿Sí?
Begoña: ¿Para qué entraste en el bar? ¿Si es que se te puede preguntar?
Yoel: ¿No se lo imagina?
Begoña: No me gusta jugar a las adivinanzas a las 12 de la mañana.
Yoel: Entré a escribir. A escribir algo relacionado con…
Begoña: ¿No debías estar en clase de inglés?
Yoel: No me interesa nada esa asignatura.
Begoña: Claro. Seguro que sabes más que la profesora.
Yoel: Seguro que no. Pero no me interesa la asignatura ni cómo la explica. No se pone nunca en nuestro lugar. Habla con un acento que da grima y a veces suelta perdigonazos.
Begoña: ¿Y tú sí sabes ponerte en el lugar de los otros? ¿Y sobre qué estás escribiendo?
Yoel: ¿De verdad quiere saberlo?
Begoña: Si tú quieres contármelo. ¿O te debería tratar de usted, aunque estemos en el bar?
Yoel: Usted dijo que el usted puede ser más ofensivo que el tú.
Begoña: ¿Te he dicho eso alguna vez?
Yoel: Hace seis semanas exactamente. Lo tengo anotado en mi cuaderno.
Begoña: ¿Anotas nuestras conversaciones?
Yoel: Sólo las frases que me interesan.
Begoña: ¿Qué otras frases has anotado?
Yoel: Cuando me dijo que era un machista repulsivo que lo disfrazaba de diletante de tercera división. Lo miré en el diccionario, ¿sabe? Me gusta la palabra “diletante”. Y creo que me va al pelo.
Begoña: Pues entonces, si te gusta… no tengo muy claro que hayas entendido bien la palabra.
Yoel: (Mira en el diccionario de su móvil y se lo muestra.) Conocedor de las artes o aficionado a ellas.
Begoña: Parece que no has leído la tercera acepción. Que cultiva una actividad de manera superficial o esporádica.
Yoel: Mejor cultivar el arte de forma superficial que no cultivarlo nunca.
Begoña: ¿Es otra de tus indirectas?
Yoel: No, hablaba en general. También en particular.
Begoña: ¿En qué quedamos?
Yoel: ¿Por qué cambiaron el otro día el nombre del Instituto? ¿Por qué le pusieron ese nombre? ¿Elisa de la Torre?
Begoña: Es una escritora, por si no lo sabes. Una escritora muy importante, vamos.
Yoel: ¿Una escritora importante? Es más una poetisa que una escritora.
Begoña: Bueno… es lo mismo poeta que escritora…
Yoel: ¿La ha leído?
Begoña: ……
Yoel: ¿Si ha leído algún libro o algún poema de ella?
Begoña: …………….
Yoel: Yo sí he leído sus poemas. Tengo aquí un libro suyo. Si quiere se lo presto. También lo puedo donar al centro. A la biblioteca.
Begoña: Gracias, ya tenemos dinero para eso.
Yoel: Lo que no entiendo muy bien… es si no han leído sus poemas… cómo han decidido…
Begoña: (Brusca.) Por qué cojones das por hecho que no hemos leídos sus poemas. Por supuesto que la he leído. Que la hemos leído. ¿Por quién nos tomas?
Yoel: No hace falta que se enfade conmigo. Nadie ha leído a esa señora. Salvo usted, pero ningún otro profesor. Bueno, ni profesora o profesorado… Les pregunté a todos… Y lo que no entiendo es que si este centro se llama, bueno se ha llamado Pablo Neruda durante veinte años, ahora quieran cambiarle el nombre. ¿Cuál es la razón?
Begoña: Ya os lo expliqué en clase, pero parece que ese día estabas durmiendo.
Yoel: Escucho y asimilo mejor con los ojos cerrados. Así no me distraigo con los piercings, tatuajes y postureos de los profesores. La de Ciencias Naturales nos habla encantada de conocerse como si se mirara en un espejo. Un día Paula comentó algo un poco obsceno sobre ella. ¿Lo quieres saber?
Begoña: Casi prefiero que no.
Yoel: Sí mejor que no lo sepas. Es un poco fuerte.
Begoña: ¿Qué dijo?
Yoel: Mejor se lo preguntas a ella… si es que se atreve a repetirlo en tu cara. No te preocupes. Nos los explicó mejor y con más detalles el profesor de religión. Él estaba totalmente en contra.
Begoña: ¿De qué hablas ahora?
Yoel: De por qué decidisteis borrar a Pablo Neruda de este centro. Y cambiar su nombre por el de una poetisa que no la conocen ni en su casa. Nos dijo que usted fue la que tomó la iniciativa, cuando se enteró por Facebook que Neruda en su libro de memorias reconoce haberse acostado con una empleada tamil cuando estuvo de cónsul en Sri Lanka.
Begoña: No se acostó. La violó.
Yoel: Bueno, eso. La violó… el profesor de religión nos leyó el pasaje en clase de Confieso que he vivido.
Begoña: Confieso que he violado, mejor. ¿No te parece?
Yoel: Bueno, es un pasaje oscuro… pero… creo que no hay que confundir las cosas.
Begoña: ¿Y a ti te parece bien que un violador confeso, que violó a una empleada pobre y racializada, que limpiaba las letrinas a la que describe como una estatua cosificándola… y que le estuvo violando tres horas… tratándola como la mierda que limpiaba… crees, tío, que merece llevar el nombre de un centro educativo?
Yoel: Creo que fue mucho peor lo que hizo con su hija hidrocéfala y su primera mujer al abandonarla… Tuvimos un debate interesante con Matías.
Begoña: ¿Matías?
Yoel: El profesor de religión. ¿No conoce el nombre de sus compañeros de docencia?
Begoña: ¿Y a qué interesante conclusión llegasteis?
Yoel: A la del sentido común. Nadie en este centro conocimos a Neruda. No es nuestro amigo ni familia. Neruda nos interesa como poeta y su poesía es maravillosa. Yo ahora estoy leyendo Odas elementales y tiene un talento increíble para describir las cosas más sencillas. Un pájaro, la primavera, la poesía, la pobreza, el fuego, el mar, el viento. Hace visible lo invisible, como su lenguaje inclusivo. Y desde luego no tiene sentido unir el talento con la bondad ni la santidad. Ni es necesario que un artista que nos llena de felicidad y belleza con su arte lo tengamos que subir a un altar. ¿Hubiera preferido que Neruda fuera un mal poeta, o un poeta mediocre como Elisa de la Torre, y un marido fiel y bonachón hasta la muerte?
Begoña: ¿Sabes…? Estoy un poco cansada de… estas pullitas… venenosas… que te traes… conmigo.
Yoel: ¿Quiere conocer mi opinión sobre esta poetisa? ¿Elisa de la Torre?
Begoña: Me la puedo imaginar perfectamente. De verdad que no vas a sorprenderme con tus descalificaciones y tu desdén cultivado hacia ella. Tengo una clase ahora… en 10 minutos contigo y tus compañeros.
Yoel: Por cierto, mi hermana Paula no irá hoy a clase.
Begoña: Lleva faltando una semana. ¿Está enferma?
Yoel: Digamos que no se siente del todo bien…
Begoña: ¿Qué le pasa?
Yoel: Está de bajón.
Begoña: ¿De bajón? ¿Está deprimida?
Yoel: ¿Por qué se interesa tanto por mi hermana?
Begoña: Me intereso por todos mis alumnos por igual.
Yoel: Yo no lo veo así.
Begoña: Cada uno es diferente y necesita diferente trato.
Yoel: Mi hermana es menos débil de lo que parece. Le encanta hacerse la víctima. No hace falta que en sus ejercicios le ponga tantas anotaciones, mientras a mí y a otros no nos pone nada.
Begoña: No creo que se haga la víctima. Me dijo algo de ti que no te dejaba en un buen lugar. Este verano la dejaste colgada en la verbena a las tres de la madrugada. Tuvo que andar más de cinco kilómetros por una carretera solitaria para llegar a vuestra casa. ¿Te parece normal?
Yoel: Me parece que es una forma de empoderamiento para ella. ¿No somos iguales para todo? Pues también somos iguales para lo bueno y para lo malo. Si yo soy capaz de caminar 5 kilómetros por una carretera solitaria a las tres de la madrugada… ¿Por qué no ella?
Begoña: ¿Hablas en serio? ¿De verdad que no ves la diferencia?
Yoel: ……
Begoña: ¿Qué hubiera pasado si hubieran atacado o violado a tu hermana? ¿Cómo te sentirías?
Yoel: ¿Y a mí no me podrían haber violado también? Si cada vez hay más maricones sueltos…
Begoña: ¿A qué juegas, Yoel? ¿A qué juego siniestro estás jugando? Una chica de 17 años, tan joven y bonita como tu hermana, es una presa fácil para un hombre. No te hagas el idiota.
Yoel: ¿Y usted cree que el mundo está lleno de violadores? ¿Que todos los hombres somos violadores en potencia? ¿Es que cree eso de verdad?
Begoña: ¿Por quién me tomas? Por supuesto que no creo eso.
Yoel: Pues no es eso lo que dice cuando se expresa en las redes sociales.
Begoña: Que yo sepa no te tengo agregado en ninguna red social.
Yoel: Eché un vistazo a su muro de Facebook. Cada vez que aparece muerta una mujer que ha sido secuestrada y violada, siempre pone lo mismo. Marta del Castillo somos todas. Diana Kerr somos todas. Laura Luengo somos todas. Fulanita somos todas. Menganita somos todas. ¿Se da cuenta de lo que dice?
Begoña: Perfectamente.
Yoel: Me parece ya no una exageración, sino una falta absoluta de sensibilidad y de respeto hacia la víctima y hacia la familia…
Begoña: (Casi en un aparte.) Encima tengo que aguantar sus lecciones…
Yoel: (Elevando el tono de voz.) ¿Es que a usted la raptaron, le dieron una patada en la boca, la violaron, le rompieron los huesos, la descuartizaron o la tiraron a un vertedero, a un pozo, a un río contaminado o a una cuneta? ¿Cómo puede ser tan vanidosa para decir que es igual que una mujer que ha sufrido todo eso? ¿Cómo se atreve?
Begoña: No hace falta que grites. Y más en el bar del centro. ¿Has terminado ya?
Yoel: No, no he terminado. Hay mucho más donde rascar.
Begoña: ¡¡¿¿Perdóname??!! ¿Quién te ha dado permiso para hociquear en mi muro? ¿Has usado una identidad falsa verdad? ¿Me pediste amistad con una identidad falsa?
Yoel: Hay algo que me llamó todavía más la atención. Ponía como imagen el cuadro de Saturno devorando a su hijo… ¿Sabe a qué me refiero? ¿Se acuerda…?
Begoña: ¿Cómo te atreves a…?
Yoel: Me llamó la atención que usara ese cuadro. Me encanta: es uno de mis preferidos. Lo tengo colgado en mi cuarto junto a un póster de… bueno, no importa…
Begoña: ¿De Trump, Bolsonaro o de Berlusconi…?
Yoel: No precisamente. No soy un facha. Me llamó la atención que aprovechara esa imagen para poner a parir a su padre y llamarle monstruo y decir… que cuando tenía 20 años… tú, bueno usted… le escupió a la cara el día que la llamó “puta” por salir con una falda muy corta… y que eso le dejó huella. Había como 120 likes o más y todavía más comentarios. Todos de mujeres… que le apoyaban contando anécdotas crueles e íntimas sobre sus padres… Eso de poner a parir en las redes sociales a lo putos padres patriarcales sin que ellos puedan defenderse (porque muchos están muertos) ni entender bien esa palabra que no se decía en su época… da mucho… buen rollo entre vosotras… Eso se llama sororidad, ¿no?
Begoña: Esa palabra suena repulsiva en tu boca. Te la puedes ahorrar.
Yoel: Pues la aprendí de usted.
Pausa. Begoña se siente sobrepasada. Quiere decir algo, pero se reprime. Le tiemblan las manos y la voz. Se siente observada por algún alumno o profesor que pasa cerca.
Begoña: Creo que lo mejor es finalizar esta conversación y en adelante evitar ningún tipo de…
Yoel: ¿Le molesta que discrepe de usted? Usted dijo en una de sus clases que una sociedad que discrepa es una sociedad sana, porque no está sometida a un pensamiento único.
Begoña: Me da igual lo que diga en clase si alguien tan indeseable como tú lo va a usar en su propio beneficio y especialmente… para denigrar a las mujeres.
Yoel: Entonces a partir de ahora dudaré de todo lo que diga en clase, si dicho aquí en el bar deja de tener valor… y sentido.
Begoña: ¿Qué es lo que quieres de mí, Yoel?
Yoel: Sólo una conversación inteligente. Usted es una mujer inteligente.
Begoña: No me gusta que…
Yoel: ¿Sí?
Begoña: Esa fijación que has cogido conmigo… El otro día te vi rondando por mi casa…
Yoel: Estaba paseando a mi perro…
Begoña: Que yo sepa tú vives a de 6 kilómetros de mi casa…
Yoel: ¿Cómo lo sabe? ¿Lo ha comprobado? ¿Lo ha medido? ¿Lo ha caminado paso a paso? ¿Por qué está tan bien informada? Son 6 kilómetros justos.
Begoña: Y no es la primera vez que ocurre. Te he visto otras veces ya.
Yoel: ¿No le ha dicho nada su hija?
Begoña: Mi hija ya no es mi hija. Es mi hijo.
Yoel: No crea. No lo tiene tan claro.
Begoña: ¿Qué tienes que ver tú con ella?
Yoel: Y por lo que se ve usted tampoco lo tiene tan claro.
Begoña: Vete a la mierda.
Yoel: ¿No se lo ha dicho? Nos hemos hecho muy amigos.
Begoña: ¿Muy amigos?
Yoel: Uña y carne.
Begoña: ¿No la estarás lavando el cerebro?
Yoel: Paula piensa lo mismo que yo sobre Elisa de la Torre.
Begoña: Déjala en paz… A ella no le interesa la literatura.
Yoel: Qué raro, teniendo una madre profesora de Lengua castellana y Literatura.
Begoña: Pues ya ves.
Yoel: Me cae muy bien Paula.
Begoña: Ya no se llama Paula. ¿No te lo ha dicho?
Yoel: A ella no le importa que le llame Paula.
Begoña: Serás el único.
Yoel: No creo. Somos muchos. Ella es muy sociable. Creo que hasta se ha enamorado un poco de mí.
Begoña: Te lo voy a decir sólo una vez. No te acerques a mi hija.
Yoel: ¿A su hija o a su hijo? ¿En qué quedamos? ¿Ve cómo usted tampoco acepta su transformación en un hombre?
Begoña: Yoel, si te vuelvo a ver con mi hija, te aseguro que te va a costar muy caro.
Yoel: ¿Me piensa suspender, me va a denunciar a la policía o qué piensa hacer…?
Begoña: Sabes que es la primera vez que me pasa. Te reconozco que en mis diez años de docente he tenido manía y fobia a muchos de mis alumnos, aunque no lo digamos, aunque nos lo callemos casi siempre… pero esto ya me supera. Nunca me he encontrado a nadie tan… tan…
Yoel: ¿Tan hijo de puta como yo?
Begoña: No. Es otra cosa. Es mucho más que eso. Creo que sobran las palabras. O mejor que faltan las palabras para definirte. Sinceramente.
Yoel: ¿En qué sentido? El odio y el amor tienen límites muy borrosos. Yo sin embargo le tengo un gran aprecio y cariño, amiga profesora. Tiene muchas virtudes. Y ninguna me resulta sospechosa, cuidado. Es usted… incluso hasta la admiro y me leo todos los libros que recomienda, aunque hayan sido escritos por mujeres. No todos son buenos, eh.
Begoña: También tenemos derecho a ser mediocres… ¿No te parece?
Yoel: La mediocridad es mucho más visible y frecuente en los hombres. Pero no entiendo que a las mujeres mediocres se les ponga en un pedestal.
Begoña: También tenemos derecho a tener pedestales, ¿no te parece?
Yoel: ¿Podemos volver al tema de Elisa de la Torre? No entiendo muy bien por qué le cambiaron el nombre al centro. Si no la han leído, no pierdan el tiempo. Es una poetisa del montón. O mejor es una poeta algunas veces correcta con poemas mediocres. No creo que nadie así merezca que se le cambie el nombre a un Instituto, sólo porque el anterior era el de un hombre con un talento infinito. ¿O me va a decir que Elisa de la Torre es mejor escritora que Pablo Neruda?
Begoña se acerca a él y le arrea un bofetón en la boca. Acaso sea una reacción tardía. Algo que ha deseado hacer desde el principio de la escena. Le hace sangre. Luego no sabe cómo reaccionar y le abraza con violencia exasperada. Él se deja abrazar y la besa en el cuello y en la nuca y finalmente en los labios en un beso turbio, torpe, brusco e inesperado. Ella se separa alertada de ese beso imprudente que acaso haya sido registrado por algún alumno o por algún colega, o por nadie.
Oscuro.
— Escena cuarta —
En el despacho. Cerca de la Navidad. Algunos adornos navideños.
Yoel: Gracias por aceptarme en tu muro de Facebook como amigo.
Begoña: (Ambigua.) ¿Te acepté? ¿Seguro? No lo recuerdo.
Yoel: Claro que me aceptaste. Me llamó la atención esa foto en donde te cortas un mechoncito de cabello por las mujeres iraníes.
Begoña: Es un gesto simbólico.
Yoel: Ya sé que es un gesto simbólico, pero es que las mujeres iraníes se cortan todo el pelo o una buena parte y tú te cortaste sólo cinco pelitos… como hacen las actrices famosas.
Begoña: ¿A dónde quieres ir a parar…? Es un gesto simbólico, te dije.
Yoel: Más simbólico será cuanto más pelo se corte uno. ¿O no?
Begoña: Yo no recuerdo haberte aceptado como amigo en mi muro de Facebook.
Yoel: Pues aquí lo tienes. Hace dos semanas que me aceptaste… como amigo. Con mi nombre y apellidos. Sin trampa ni cartón.
Begoña: Una última pregunta.
Yoel: Puede ser la penúltima. No tengo prisa.
Begoña: ¿Por qué has faltado estas dos semanas?
Yoel: Tuvimos un viaje de familia.
Begoña: ¿Con Paula?
Yoel: Más o menos.
Begoña: Ninguno de los dos me habéis presentado el trabajo del libro ni la justificación.
Yoel: Bueno…
Begoña: ¿Bueno qué?
Yoel: El libro de ese escritor o lo que quiera que sea nos aburre hasta enfermar. ¿Es otro amigo tuyo? ¿Va a venir a darnos la charla sobre su libro? ¿Le van a regalar una pluma al final para que siga escribiendo a mano? ¿Tendremos que aplaudir?
Begoña: Me alegra que también descalifiques a los escritores… No me importa que te aburras.
Yoel: Sólo se aburren los burros, solía decir mi abuelo. Y de indispensables están los cementerios llenos, solía decir mi abuela. Y éste es el mejor… te va a encantar. ¿Sabes que un hombre cuando se casa, se acuesta con Julieta, pero… se levanta con Lady Macbeth? El otro día se lo conté a Paula, a nuestra Paula, pero no lo pilló. Así que se lo puedes explicar…
Begoña: ¿Te gustan los dicharachos? Me recuerdas a mi madre. Y no le voy a explicar a mi hija nada de esas frasecillas ingeniosas… ¿Así que os seguís viendo?
Yoel: Casi todos los días. Ayer fuimos al cine a ver una peli muy buena de un chico trans. Paula lloró y me mojó con sus lágrimas mi cuaderno de frases.
Begoña: ¿Y a ti te gusta?
Yoel: Claro.
Begoña: ¿Cómo te gusta?
Yoel: Me gusta como es.
Begoña: ¿Te gusta como chico o te gusta como chica?
Yoel: Me gusta como los dos… pero si tengo que elegir prefiero su parte femenina. Su parte masculina me resulta ficticia y poco natural. Abre mucho las piernas en el metro y en el cine y levanta los hombros. No acaba de ser muy convincente. Puro teatro. Y se va a ahogar de tanto aplastarse las tetas.
Begoña: Pero es que ella prefiere su parte masculina… y yo y los psicólogos también la preferimos… igualmente…
Yoel: ¿Estás segura?
Begoña: Completamente segura.
Yoel: ¿Estás segura de que estás completamente segura?
Begoña: ……
Yoel: Entonces… estoy en minoría. No siempre se puede ganar.
Begoña: Ella me dice que la sigues llamando Paula.
Yoel: A ella no le molesta.
Begoña: ¿Se lo has preguntado?
Yoel: ¿Y ese libro tan tocho?
Begoña: Es una tesis sobre Literatura de género.
Yoel: ¿De qué género?
Begoña: Déjalo. No lo entenderías ni aunque nacieras cien veces.
Yoel: ¿Me tomas por gilipollas? Quiero saber qué es eso de la literatura de género…
Begoña: ¿Quieres que te lo preste?
Yoel: Sí, por supuesto.
Begoña: Sólo habla de escritoras. O mejor dicho de su ninguneo como escritoras mujeres.
Yoel: ¿Eso es una redundancia… no? Me interesan bastante las escritoras.
Begoña: ¿Desde cuándo?
Yoel: Me he vuelto a leer los poemas de Elisa de la Torre. Y no sé… diría…
Begoña: Que te han fascinado…
Yoel: No tanto como para ponerle su nombre a un Instituto y mandar a Neruda a la mierda, pero tienen un pase.
Begoña: ¿Te has vuelto feminista?
Yoel: Siempre he sido feminista. Más que tú. Sólo que me gusta provocarte. Me encanta cómo frunces el ceño y tus morritos de indignación.
Begoña: ¿Estás ligoteando conmigo, amigo?
Yoel: Bueno… en parte… sí y en parte no.
Begoña: Ya empiezas con tus ambigüedades de Tenorio de rebajas.
Yoel: ¿Me gustaría invitarte a cenar?
Begoña: ¿Al Burguer King?
Yoel: A un restaurante francés. Hay muchos libros de escritoras malditas. Si no nos gusta el suflé, nos podemos meter un libro de la última premio Nobel entre pecho y espalda. Me encanta tu sonrisa.
Begoña: A veces reconozco que me haces hasta gracia. (Pausa.) ¿Y ese moratón que tienes en la frente?
Yoel: Ya ve, los hombres también somos coquetos. Y nos gusta maquillarnos.
Begoña: Gracias.
Yoel: ¿Por qué…?
Begoña: Mi hijo me lo contó…
Yoel: Y dale…
Begoña: Cuando la… lo insultaron y le llamaron marimacho, y le trataron de empujar por las escaleras del metro y la defendiste. Ella me lo contó. Lo valiente que fuiste. Te golpearon y te patearon la cabeza tres veces. Me siento muy orgullosa de ti. De verdad, gracias.
Yoel: (Artificioso.) Las que tú tienes, como decía mi abuelo cuando no estaban mal vistos los piropos. No era entonces un micromachismo, como dijiste en clase en ese debate tan interesante. El otro día fui a abrirte la puerta… Y me quedé pensando… ¿habré sido un puto micromachista de los cojones por abrir y ceder el paso a mi profesora y amiga Begoña? Es que como me miraste así como… tensa y con mala hostia.
Begoña: Yoel, Yoel, Yoel. ¿Qué voy a hacer contigo? Tus palabras son de miel y también son de hiel.
Yoel: Y es que te gusta hablar conmigo. Reconócelo… Reconoce que soy como tu ángel malo… Y seguro que no te has dado cuenta de una cosa… Ya eres como la profesora de Historia.
Begoña: ¿Por qué te gusta tanto compararme con ella?
Yoel: ¿No te cae bien o qué?
Begoña: No sé. No tenemos demasiadas cosas en común. Me es… digamos…
Yoel: Pues dilo.
Begoña: Indiferente. Cuando habla, sólo habla de ella. Me resulta… Nada. Déjalo.
Yoel: No te cortes. Te pareces más de lo que piensas. Por lo menos ahora. Ya no dices todos y todas ni alumnado, y en todo este trimestre apenas has usado la palabra patriarcado ni empoderamiento ni has escrito en la pizarra alumnes ni alumnos con x. Te cansaste de las palabras largas y pesadas… y hasta me corregiste algo en un examen…
Begoña: ¿Crees que me has cambiado, eh? Simplemente me he relajado. (Ante su mirada expectante.) Cuando escribiste cerdos con x en una prueba escrita. No quise seguirte el juego.
Yoel: Y me encanta tu comentario. Escribes muy bien, Yoel. ¡¡¡Ánimo!!! Con tres signos de exclamación delante y detrás, y este corazoncito que pones aquí.
Begoña: Siento defraudarte, pero ahí no hay ningún corazoncito. Es la B de Begoña, mi firma.
Yoel: Pero ¿te hizo gracia?
Begoña: ¿Sinceramente? (Pausa larga. Muy seria.) No. No me hizo gracia.
Yoel: A principio de curso me hubieras llamado a tu despacho.
Begoña: A principio de curso era a principio de curso. Ahora me pillas con la guarda baja. Y ya no sé si te hablo como jefa de estudios, como profesora, tutora, suegra, amiga o su puta madre.
Yoel: Yo sí lo sé. No hace falta que te estreses. ¿Ya te acabaste el libro de Elisa de la Torre?
Begoña: Sí.
Yoel: ¿Y qué te pareció?
Begoña: ¿Crees que te voy a dar mi opinión?
Yoel: Ponle sólo una nota. De cero a diez, como haces con nosotros.
Begoña: No voy a caer en tu juego perverso.
Yoel: ¿Piensas que juego con ventaja?
Begoña: ¿Ya te has decidido a tutearme de seguido, amigo Yoel, o lo que quiera que seas?
Yoel: Sí, desde que…
Begoña: ¿Te puse un ocho en el último examen?
Yoel: Creo que no fuiste objetiva. No me merecía un ocho. Ese examen no merecía ni un puto seis. Era un zurullo de examen.
Begoña: ¿Quieres que te baje la nota?
Yoel: Me da igual. Pero no dejo de preguntarme… por qué me pones un ocho en un examen mediocre para el que no estudié ni media hora. Dejé dos preguntas en blanco.
Begoña: Me fijé esta vez más en la redacción…
Yoel: No es bueno dejarse fascinar tan fácilmente.
Begoña: ¿Cómo dices?
Yoel: Por mi forma de escribir.
Begoña: ¿Siempre fuiste tan creído?
Yoel: Todo lo contrario. Me pasa lo mismo que a Machado. Siento aversión por todo lo que escribo. Lo único que vale algo la pena es algo que he escrito sobre ti…
Begoña: ¿Sobre mí?
Yoel: No contestaste antes a mi pregunta. ¿Qué nota le pondrías a los poemas de Elisa de la Torre? Seguro que no les pondría un ocho.
Begoña: ¿Por qué te gusta tanto descalificar a las mujeres escritoras?
Yoel: No descalifico a las mujeres escritoras, repito, sino a los malos escritores. No me importa lo que tengan entre las piernas.
Begoña: ¿Y quieres que no te llame pedante y machista diletante, tío?
Yoel: Depende. Si me lo dices con esa voz así tan suave, tan tierna y tan macarra… hasta me puede gustar…
Begoña: ¿Estás otra vez ligoteando conmigo? Es el colmo.
Ella no puede contener la risa.
Yoel: Me encanta tu risa. ¿Conoces el poema de Neruda de Los versos del capitán? ¿Sobre la risa?
Begoña: (Se ríe mientras amaga una falsa arcada.) Puaag. Ni se te ocurra recitármelo.
Yoel: (Lo recita moviendo los labios cada vez más cerca de su cuello, nuca, oreja.)
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
Begoña: (Sin controlar la risa, tapándose los oídos hasta que reacciona con repentina seriedad y se aleja de él.) Déjalo ya por favor. Y quédate en tu sitio.
Yoel: Contesta a mi pregunta. (Remedándola.) Por favor…
Begoña: No me mires así. Y no te acerques tanto.
Yoel: No me la puedo quitar de la cabeza.
Begoña: ¿Me tratas otra vez de usted para lanzarme los trastos, gilipollas?
Yoel: Hasta cuando me llama gilipollas… lo hace con una dulzura especial.
Begoña: Por favor, Yoel.
Yoel: Begoña…
Begoña: Por favor, Yoel.
Yoel: Begoña…
Begoña: ¿Ahora te gusta mi nombre?
Yoel: ……
Begoña: ¿Por qué no dices nada?
Yoel: ……
Begoña: ¿No te basta ya con mi hijo? ¿Es a él a quien no te puedes quitar de la cabeza, verdad?
Yoel: ¿De quién habla?
Begoña: ¿De la persona a quien tú llamas Paula?
Yoel: …….
Begoña: ¿Estás enamorado de mi hija… también…?
Yoel: …….
Begoña: (Al borde del sollozo.) Un tres. Un puto tres. Eso es lo que le pondría a Elisa de la Torre.
Ambos se miran y Begoña se derrite cuando Yoel se acerca y le entrega un sobre morado y se acerca para susurrarle algo inaudible.
— Escena quinta —
En el despacho. Febrero. Begoña se ha cortado su melena y luce varios trasquilones.
Begoña: ¿Y ahora es que me lo dices…?
Yoel: Hasta ahora no me había preguntado. (Pausa. La mira con sorna.) Me gusta su nuevo look. ¿Por qué se rapó el pelo? ¿No habrá sido por…?
Begoña: Llevo todo el curso preguntándote por tu hermana Paula.
Yoel: Siempre que me preguntó le respondí.
Begoña: ¿Se le puede visitar?
Yoel: No, las visitas están estrictamente prohibidas. Los manicomios son así.
Begoña: ¿Manicomio? Y sueltas esa palabra tan alegremente…
Yoel: A eso nos animaba en clase: a llamar a las cosas por su nombre. A los negros, negros, a las cárceles, cárceles y a la muerte, muerte, y a la tortura, tortura, y a los cerdos… cerdos sin x… Usted dijo que odiaba los eufemismos.
Begoña: Ya nadie usa esa palabra: manicomio.
Yoel: No sé decirlo de otra forma.
Begoña: Sí lo sabes. No te hagas el loco.
Yoel: ¿Cree que me hago el loco? ¿Sinceramente? Para locos los del manicomio…
Begoña: ¿Cuándo sale Paula del centro de salud y por qué está allí?
Yoel: Le dio un ataque psicótico en la biblioteca y empezó a gritar, tirar libros y a desnudarse, mostrar el pecho… y decir guarradas… a todos, que mejor no repito. Un amigo lo grabó en video. Lo tengo por si le interesa verlo.
Begoña: No gracias… No tengo el menor interés… ¿Cuándo está previsto que…?
Yoel: En esos sitios se sabe cuándo se entra pero no cuándo se sale. ¿No vio la peli Alguien voló sobre el nido del cuco?
Begoña: Ese video me está recordando a otro… Cuando en la fiesta de fin de año grabaste a tu hermana borracha mientras orinaba en la fachada de la Real Academia de la Lengua y gritaba que los académicos eran unos putos machistas… Y luego lo llenó todo de grafitis…
Yoel: Ésa fue su mejor frase. Cuando escribió Académicos con equis: AcadémicXs machirulos meteros el diccionario por el culo.
Begoña: ¿Por qué me miras así?
Yoel: Porque a lo mejor se inspiró en sus debates de clase para escribir eso y que le pusieran una multa de seis mil euros.
Begoña: ¿Me echas a mí la culpa? Cuando fuiste tú el que la grabaste meando y lo difundiste en el WhatsApp de la clase… hasta hacerla enloquecer. Cuando no fuiste capaz de pararla.
Pausa. Begoña sale un momento conteniendo el sollozo. Yoel se queda desconcertado durante un minuto. Mira algo que le interesa en la mesa del despacho. Begoña vuelve a entrar. Con el rostro serio y duro.
Yoel: ¿Está bien? ¿Puedo hacer algo por usted? (Pausa.) Lo digo en serio.
Begoña: (Apretando los dientes.) Mejor que no hagas nada por mí. Y mejor que no hagas nada por nadie. Y mejor que no hagas nada por tu hermana ni por…
Yoel: Veo que tiene mi poema en la mesa. El que le escribí. Nunca me comentó nada de él. Ya sé que no puede competir con los de Elisa de la Torre…
Begoña: ¿Quieres saber de verdad lo que pienso de tu poema?
Yoel: Bueno sí, si es una crítica constructiva… y si…
Begoña: ¿Desde cuándo tú haces crítica constructiva? Desprecias a todas las mujeres escritoras. Llamas manicomio al centro donde está tu hermana, y la grabas orinando en la fachada de la rae para denigrarla en las redes sociales. O la dejas sola y desamparada una noche de verbena en una cuneta a las tres de la madrugada. Y te excusas echándome a mí la culpa de todo.
Yoel: Estábamos hablando de mi poema o mejor de su poema.
Begoña: No hay nada mío en este poema, salvo un delirio patético de un adolescente pedante y retórico hasta la náusea. No hay un verso que valga la pena, que suene bien. Rimas bombilla con cerilla como en la canción de Mecano. No hay una sola imagen que tenga un poco de… fuerza… de poder evocador… Son palabras viejas, metáforas trilladas… Decir que un vendaval de besos te arrastra… es no decir nada. Ya lo dijeron mejor otros veinte mil veces antes que tú. Todo es hueco, impostado y florido. El mundo está lleno de malos poetas. Sobran los malos poetas. Dedícate a otra cosa… a ser abogado y salvar a una pandilla de malnacidos de una violación múltiple. Seguro que eso se te va a dar mucho mejor…
Pausa larga.
Yoel: (Anulado y totalmente abatido.) Gracias por su crítica… Tan… tan… cons-truc-tiva. Nunca pensé en ser abogado. Odio esa profesión… Y no soporto que nadie levante la mano a una mujer. Y menos que… que puedan aprovecharse de ellas cuando están borrachas… ¿Puedo marcharme ya?
Begoña: No. Todavía no.
Yoel: Está bien. ¿Qué más necesita de mí?
Begoña: Me gusta ese tono de voz. Por primera vez te comportas conmigo con amabilidad y cortesía.
Yoel: No creo que sea muy diferente ahora.
Begoña: Sí lo es. Parece que se ha dormido el cínico chulo aburrido pedante que llevas dentro.
Yoel: Dígame lo que quiera… Como si me quiere llamar…
Begoña: ¿Llamar qué…?
Yoel: Ya sé que usted piensa que yo soy… un… una mala persona.
Begoña: Si sólo fuera eso…
Yoel: ¿Un hijo de puta? Puede que sea un hijo de puta, profesora. Pero soy su hijo de puta y me necesita. Como dijo nuestra profesora de Historia que decía Roosevelt de Somoza. Ella sí que nos cuenta cosas interesantes en su clase y no divaga tanto como usted.
Begoña: No estaría tan segura.
Yoel: Somos como el cielo y el infierno. Nos necesitamos.
Begoña: Creo que lo que necesitamos es perdernos de vista. He pedido que te cambien de grupo.
Yoel: ¿Por qué?
Begoña: No tiene discusión.
Yoel: Después de todo lo que ha habido entre nosotros.
Begoña: Me tienes un poco perdida. (Se miran en silencio.) ¿Qué ha habido entre nosotros?
Yoel: Usted me besó. Me besó durante tres minutos.
Begoña: ¿Lo cronometraste o lo grabaste en tu móvil? Ese beso tan torpe duró tres segundos. Y yo no tomé la iniciativa. Te abalanzaste sobre mí. Me pilló por sorpresa.
Yoel: Si lo hubiera sabido… a lo mejor…
Begoña: ¿Lo hubieras grabado y lo hubieras colgado en las redes sociales?
Yoel: A lo mejor estoy grabando esta conversación ahora.
Begoña: No, no lo estás haciendo. Te quité el móvil de la mochila cuando fuiste al baño. Aquí lo tengo. Mi hija o mi hijo, o lo que quiera que sea, ha decidido no seguir adelante con su cambio de identidad sexual… ¿Estabas al tanto?
Yoel: …….
Begoña: Quiero saber qué papel has jugado tú en todo esto.
Yoel: Fue ella quien decidió no hacerlo.
Begoña: ¿Sin que tú le lavaras el cerebro?
Yoel: Estamos enamorados. Y ella sabe que yo sólo estoy enamorado de su parte femenina.
Begoña: ¿Estás enamorado de su parte femenina?
Yoel: Por supuesto. ¡¡No soy un puto maricón de mierda!!
Begoña: Qué poco te duró la actitud cortés y deferente.
Yoel: No sé lo que significa deferente. Debía hablar más sencillo para que se le entendiera bien. Le gustan las palabras raras y cultas. ¿Y yo soy el pedante?
Begoña: A ella le gustas tú como hombre, pero desde su parte masculina. ¿Lo sabes? (Pausa.) Así que, puesto que eso es incompatible, deja de jugar con mi hija. Deja de jugar con ventaja y de lavarle el cerebro. Y no la vuelvas a llevar a un centro de terapia católica para reconvertirla. Y que sepas que ya no la vas a ver ni en pintura.
Yoel: No es justo.
Begoña: Me da igual. El mundo está lleno de injusticias.
Yoel: Tengo que ir a visitar a mi hermana…
Begoña: Dijiste antes que nadie la podía visitar.
Yoel: Yo sí. Pensaba pedirle prestado algún libro para ella, pero ya… los saco yo de la biblioteca…
Begoña: Dale un abrazo de mi parte. O mejor no se lo des. Díselo tan solo. Dile que yo le mando un abrazo y que la echo de menos en mis clases. Y que me escriba.
Yoel: Le voy a llevar el cuento ese corto de El drama del desencantado que el otro día comentamos en clase.
Begoña: ……
Yoel: Para que no se suicide ni se abra las venas.
Begoña: En el cuento se tiraba desde un décimo piso y luego se arrepentía al ver lo felices que eran los vecinos.
Yoel: Es que ahí no puede. Sólo hay dos plantas y las ventanas del segundo piso tienen reja.
Begoña: ¿Tú crees que un cuento de cinco líneas puede salvar a alguien del suicidio?
Yoel: Ese cuento sí. Es un cuento mágico. Lo llevo siempre conmigo.
Begoña: (Encandilada.) No sé qué tienes, Yoel. Tendría mil motivos para odiarte… pero no sé qué tienes… Eres de la piel del diablo…
Yoel: Soy su hijo de puta… (Pausa.) No lo olvide. Como Somoza de Roosevelt.
Begoña: Tienes salida para todo y hasta…
Yoel: ¿Hasta…? ¿Se pensará lo de dejarme en su clase? Eres la mejor profesora del centro.
Begoña: No lo sé… No creo… ¿No te gustaba tanto tu profesora de Historia?
Yoel: ¿Puedo darle un abrazo? (Pausa. Yoel se acerca y ella se resguarda tras su mesa.) Y ya que no le gusta casi nada, me llevo mi poema y se lo regalo a Paul,a que a ella sí le gustaba bastante.
Begoña: ¿A qué Paula?
Yoel: A las dos.
Begoña: Yoel si te digo… que te odio y te detesto tanto como…
Yoel: Estamos en tablas, amiga Begoña. A mí me pasa lo mismo contigo. Me pasa lo mismo con usted. Bueno mejor contigo. Suena mejor, ¿no? Me han gustado mucho sus puntos suspensivos…
Yoel se levanta con idea de abrazarla y besarla. Begoña le mira con una mirada violenta y tierna al mismo tiempo, pero no sabemos si aceptará su abrazo.
— Escena final —
En el aula. Han pasado ocho larguísimos años. Begoña está corrigiendo exámenes con aire fatigado. Tose poseída de un pertinaz catarro otoñal. Tiene el pelo corto y luce alguna que otra cana. Viste con más informalidad como una hippie trasnochada. Y usa gafas. Estos ocho años se ve que no le han sentado bien y acaso ha envejecido prematuramente. Entra por detrás Yoel vestido con chaqueta y corbata. Lleva una cartera flamante de abogado o catedrático. Begoña no lo reconoce, aunque apenas esté cambiado.
Begoña: Hola. ¿Buscaba a alguien? El despacho de la jefa de estudios está saliendo a la derecha, tres puertas más adelante.
Yoel: Hola, Begoña…
Begoña: ………….
Yoel: Hola, Begoña. ¿De verdad que no me conoces?
Begoña: (No muy expresiva.) Yoel. ¿Eres Yoel, no? Qué sorpresa.
Yoel: Pues ya ves… Pasaba por aquí…
Begoña: ¿Pasabas por aquí?
Yoel: Más o menos. Pasaba por aquí… a cien kilómetros… (No cuaja el chiste ni la broma.)
Begoña: Veo que no te va mal. Vienes muy elegante.
Yoel: No, no soy abogado (casi arrepintiéndose de lo que va a decir.) ni defiendo a violadores en grupo… como me…
Begoña: Me alegro por ti. ¿Yo te dije esa burrada?
Yoel: Sí, y fue la última vez que nos vimos. Y como la despedida no te quedó muy bien… Vengo de clase… directamente. Quería devolverte unos libros que me prestaste…
Begoña: ¿Eres profesor?
Yoel: Sí, trabajo en la universidad. Acabo de sacar la plaza de profesor titular en Literatura de género.
Begoña: ¿En serio?
Yoel: (Se mete dos dedos en la boca en amago de arcada.) No, en serio no. Doy Literatura comparada o lo que quiera que sea eso. En realidad, me dan lo que nadie quiere.
Begoña: Pronto serás catedrático y podrás impartir Literatura de género.
Yoel: Ojalá no. No me veo preparado. Creo que me superaría.
Begoña: ¿Y qué más me cuentas de ti?
Yoel: Pues todo muy convencional. Me casé hace dos años de penalti.
Begoña: ¿De penalti? Ya nadie usa esa expresión. Sigues siendo un antiguo.
Yoel: Y acabo de tener gemelos. Todo muy entretenido como ves. ¿Y tu hijo?
Begoña: Pablo, tu Paula o nuestra Paula, hace tiempo que terminó de estudiar. Vive en Suiza y trabaja allí en un hospital. De enfermero. No sé mucho de él. Nos enfadamos. Nos reconciliamos. Nos volvimos a enfadar. Y ahora no estamos ni enfadados ni reconciliados. Lo que creo que es mucho peor.
Yoel: Me alegro mucho de que le vayan bien las cosas. Cuando toque reconciliarse, dale un abrazo muy fuerte de mi parte. Fue muy… bueno… especial para mí su amistad.
Begoña: ¿Y tu hermana? ¿Y Paula?
Yoel: (Saca los libros de su cartera evasivo.) Antes de que se me olvide, quería devolverte los libros de estas poetas…
Begoña: ¿Te gustaron?
Yoel: No sólo me gustaron, sino que hice una tesis doctoral sobre ellas.
Ahora es Begoña la que se mete los dedos en la boca.
Begoña: ¿Te estás quedando conmigo? No te aproveches de que tu profesora está más mayor.
Yoel: Ahora usas gafas. Te quedan muy bien. En serio. Y también ese pelo corto cortado a conciencia con una trasquiladora. Eso es para no tener que solidarizarte más con las mujeres iraníes, ¿no?
Begoña: Gracias por tus piropos tan simpáticos. Es para disimular un poco las canas.
Yoel: Estás muy pero que muy guapa, Begoña. Y te lo digo aún a riesgo de ser un puto micromachista.
Begoña: ¿Has venido otra vez a lanzarme los trastos acompañada de esas poetastras?
Yoel: Salvo ésta, que es un verdadero desastre, las demás…
Begoña: Tienen un pase.
Yoel: No, me han gustado mucho. En serio. De verdad. Hice un trabajo sobre ellas para terminar los cursos de posgrado. Si quieres te lo mando… ¿Quieres?
Begoña: ¿Has dejado de escribir?
Yoel: Sí, me di cuenta de que no era lo mío. Es peor que un sacerdocio.
Begoña: Escribías muy bien. Eras el mejor de todos… Nunca te lo dije para que no te lo creyeras.
Yoel: En tierra de ciegos el tuerto es el rey.
Begoña: ¿Y qué tal Paula entonces?
Yoel: Este libro, si no te importa, me gustaría quedármelo. Me encanta esta poeta.
Begoña: Te puedes quedar todos…
Yoel: No, la poeta desastre, prefiero devolvértela.
Begoña: No hay libro tan malo que no tenga algo bueno. Lo decía Cervantes citando a no sé quién.
Yoel: Plinio el Joven.
Begoña: Te has vuelto un erudito veo.
Yoel: No, sigo siendo un puto diletante. Cuando hablo de Literatura a mis alumnos siempre me invade una sensación de impostor, de que no acabo de conocer bien de lo que estoy hablando.
Begoña: Eso es un buen síntoma. En cuanto te deje de pasar serás un mal profesor y un imbécil.
Yoel: Fuiste la mejor profesora que tuve y la mejor persona que he conocido.
Begoña: ¿Por qué me viniste a ver? ¿Por qué ahora que han pasado casi diez años, Yoel?
Yoel: Soñé contigo esta noche. Bueno he tenido ya varios sueños. Pero el de esta noche me dejó muy inquieto. Soñé que tenías cáncer y que te estabas muriendo.
Begoña: Ya ves que no. Lo siento, si te sientes frustrado.
Yoel: Estás más delgada. O a lo mejor es ese vestido de hippie trasnochada.
Begoña: Te he preguntado ya por tu hermana Paula tres veces… ¿Cómo está?
Pausa larga.
Yoel: Prefiero casi no hablar de ella. No te va a gustar…
Begoña: ¿Cómo? ¿Qué le ha pasado?
Yoel: Se cortó las venas.
Pausa.
Begoña: ¿Hace cuánto de eso?
Yoel: No, tranquila. No se cortó las venas. Está bien. No nos vemos mucho…
Begoña: ¿Por qué… me haces ese tipo de bromas?
Yoel: Lo siento. Siento si no… fue de buen gusto. Cuando salió del centro de salud…
Begoña: (Muy bajo. Con la voz perdida.) Al menos te has refinado… Ya no lo llamas manicomio…
Yoel: Le va muy bien. Se casó con un embajador. Vive en Canadá. Y se dedica a escribir libros de autoayuda con unas pocas dosis de feminismo light. Yo le pongo los títulos… El último se llama Las máscaras del consentimiento. Un best seller. Se ha traducido a cuatro idiomas.
Begoña: No te preguntaba eso… te preguntaba… te preguntaba… No sé lo que te estaba preguntando… A veces me falla la memoria de forma terrible. El otro día fui a besar a mi prima de la infancia y no me acordaba de su nombre. Y de niñas estábamos siempre juntas. Fui a darle el móvil a una compañera y no me acordé de mi propio número. ¿Qué te estaba preguntando?
Yoel: Por la vida y milagros de mi hermana Paula.
Begoña: Sí, ya me acuerdo… aunque ahora ya no tiene sentido preguntarlo…
Yoel: Por favor. Pregunta lo que quieras o lo que necesites saber.
Begoña: Es que creo que es mejor no preguntar ni necesitar saber.
Yoel: Siento que esperaras algo diferente de Paula. De nuestra Paula. Pero nunca la conociste bien. Siempre fue una trepa, una manipuladora y una interesada. Y ha conseguido lo que quería. Ser una mujer…
Begoña: Para. Para. ¡¡¡¡Para!!!!! Por favor. ¡¡¡¡Para!!! Te dije que no necesito saber y te recreas en contarme cada detalle. Para, por favor.
Yoel: Lo siento. Pensé que querías conocer más detalles sobre ella.
Begoña: (Gritando.) No, no me cuentes más. No quiero saber nada más. Está todo dicho.
Yoel: Yo traté de no contarte nada, de no hablar de ella, pero tú insististe en preguntar.
Begoña: ¿Yo o usted?
Yoel: ¿Cómo?
Begoña: ¿Por qué me tuteas? ¿Por qué tuteas a tu vieja profesora?
Yoel: (Confundido.) Ya no eres mi profesora.
Begoña: ¿Y usted, señor profesor de Literatura de género, cómo trata a sus alumnos?
Yoel: Los trato de… tú. Y ellos a mí también. ¿Puedo invitarte a un café, Begoña?
Begoña: Tengo muchos exámenes que corregir…
Yoel: ¿Pues… podemos quedar algún día para comer juntos?
Begoña: ¿En un Burguer?
Yoel: No estaría mal, así me voy entrenando para cuando mis hijos crezcan.
Begoña: No sé si sería buena idea, mi viejo amigo Yoel.
Yoel: ¿Por qué razón, amiga Begoña?
Begoña: Porque ya tenemos la vida demasiado hecha en tu caso y demasiado deshecha en el mía. Y haríamos una pareja más tóxica que beberse un frasco de lejía a lingotazos.
Yoel: Ya no llevas el tatuaje con la fecha de nacimiento de tu hija.
Begoña: Me he borrado todos los tatuajes. Y he dejado de leer libros. Ya no me gusta leer. Soy una profesora de literatura a la que no le gusta leer. Como un cura en activo que dejara de creer en Dios. O un médico que cuando opera no sabe dónde meter el bisturí.
Yoel: No te creo. ¿Ni siquiera escritoras?
Begoña: Sólo leo las ofertas del supermercado.
Yoel: Nunca me olvidaré de ti.
Begoña: …………….
Yoel: Mis hijos se llaman Begoña y Yoel. Como tú y como yo.
Begoña: Pues mucho me temo que sus hijos de usted, caballero, se van a acabar sacando los ojos.
Yoel: ¿Por qué dices eso, Begoña? No sé si te reconozco. No sé si te conozco. ¿Por qué me dices eso? ¿Por qué me tratas de usted?
Se miran fijamente con una distancia insalvable, más profunda que la tristeza más honda. Oscuro lentísimo.
Alberto de Casso (Madrid, 1963). Dramaturgo español que ha vivido en Ghana y Cuba. Sus obras, como Harmattan (Hiru, 2001), Tres mujeres en África (Ediciones Antígona, 2015) o Los viernes del Hotel Luna Caribe están relacionadas con estos países. En 1999 gana el premio Calderón de la Barca con Los viernes del Hotel Luna Caribe; el Premio Lope de Vega en 2008 con Y mi voz quemadura. En 2014 estrena Grisaldi o el novio eterno con la dirección de Lidio Sánchez en el Teatro Fernán Gómez.En la Habana ha estrenado La lengua muerta, Viaje a la ceniza (Premio AAT 2014) y La seducción del eunuco en 2018. En diciembre de 2018 ganó el premio Buero Vallejo de Guadalajara con su obra Vorágine 123 321. En 2024 estrena en Buenos Aires y España Las patrias ilusorias. Sus obras se han representado en España, Chile, Argentina y Cuba, y ha sido traducido al catalán, gallego, portugués, inglés y polaco. Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autor en la siguiente dirección electrónica: alberto_casso@yahoo.es



