La obra de Gerardo Mancebo del Castillo se presenta los fines de semana en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico

De muy pocos escritores mexicanos puede decirse que en realidad son unos genios, pero Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, sin lugar a duda, lo fue. Durante los últimos años del siglo XX el teatro mexicano fue sorprendido por su particular dramaturgia. A pesar de no ser un escritor formado académicamente (él se consideraba autodidacta) su prosa es culta y refinada, al mismo tiempo que incómoda y grotesca. En 1998 su obra Las tremendas aventuras de la Capitana Gazpacho fue galardonada con el Premio Óscar Liera que otorgaba la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. Posteriormente fue becario del FONCA en la categoría Jóvenes Creadores. Falleció en el año 2000 dejando suspendida una fructífera trayectoria escénica.
«El genio eleva el nivel del racionalismo humano por encima del nivel del racionalismo conocido» Afirma en una entrevista Jesús G. Maestro, profesor de la Universidad de Vigo y teórico literario. «Una obra de arte es genial porque inventa temas inéditos y crea formas nuevas»
Considero que la dramaturgia de Mancebo del Castillo es de este tipo. Sus obras se escapan por completo de la moda y del kitsch. Su dramaturgia configura un universo específico, único y atemporal: el universo calánime. Es cierto que las farsas de Mancebo del Castillo se insertan en la profunda tradición del grotesco español (Goya y Valle Inclán como principales abanderados de este estilo), pero al mismo tiempo configuran un diálogo vanguardista nunca conocido, que es el terreno de juego para temas como el dolor, la violencia y la fragilidad que hasta el día de hoy resultan difíciles de comprender en su basta dimensión.
Quienes conocieron a Gerardo Mancebo del Castillo Trejo afirman que era un ávido lector, que incluso podía perder su noción temporal, saltarse comidas o clases por estar inmerso en la lectura. Esta riqueza literaria tan barroca está presente en su dramaturgia. De pronto Cervantes irrumpe la escena como un relámpago al que hay que escuchar, pero después llega el turno de Shakespeare, ora Lewis Carol, ora Calderón de la Barca y un largo etcétera de relámpagos literarios.
La firma del dramaturgo sería razón suficiente para invitar al público a pasarse por La Gruta y ver La comedia de las acotaciones o la farsa trágica de unos ojos ajenos a Edipo. Este montaje se concibió como un homenaje que conjunta a varios creadores que ya han participado en otros montajes del universo de Mancebo del Castillo.
Sería difícil resumir la fábula de esta obra, porque su concepción no es anecdótica, ni siquiera lineal. La historia en realidad es un collage de historias con necesidades propias para ser representadas. Los personajes de la ficción traspasan los límites de la literatura para dialogar con los paratextos. La farsa desborda las fronteras del universo calánime por cada uno de sus múltiples temas: El sueño, la muerte, la violencia, el texto escrito y su representación, las dinámicas de poder, el humor y un largo etcétera. Esta farsa «anunciaba un apocalipsis, así en la ficción como en la realidad» define el director de esta puesta en escena, Alfonso Cárcamo.
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Aviso para el lector virgen de las calamidades
El universo calánime contiene hadas y fantasía pero estas criaturas no habitan un mundo idealizado, sino uno pesadillezco. Hay colores pasteles, chillantes y atractivos, pero la estética se aleja de un mundo de caramelos, antes bien luce distópico e indefinido. Aquí existen reyes, príncipes, cortes con ujieres y bufones, pero este poder no pertenece a ningún sistema político conocido. Se parece a todos y a ninguno. Advierto que en las calamidades también hay espacio para la ternura, la inocencia y la sonrisa.
El diseño espacial de esta puesta en escena prioriza la precariedad práctica. Al fondo hay tres practicables en escalinata que sirven para delimitar varios lugares, como el palacio de la Reina del reino en ruinas o el recinto de las musas. Hay cuatro líneas de cortinas transparentes (como de cuarto de baño) que delimitan y superponen los niveles de ficción con los que juega la obra. Patricia Gutierez Arriaga es la responsable del diseño de escenografía e iluminación y tiene como asistente a Claudia Aragón.
La dirección de Alfonso Cárcamo logra conjuntar sin predilecciones el protagonismo del actor sobre la escena al mismo tiempo que la riqueza literaria de la pluma de Mancebo del Castillo. Deja atadas y bien atadas las condiciones de la farsa, un género difícil de trabajar, y consolida a todos los actores sobre ese tono sostenido con gran fuerza. Cárcamo se arriesga con torería a tocar los temas más sensibles e incluso “funables” de la obra original, aquellos que harían probable que hoy Gerardo Mancebo del Castillo Trejo no se ganara el Premio Gerardo Mancebo del Castillo Trejo.
El elenco está conformado por actores experimentados y jóvenes promesas, lo que fortalece el discurso de la obra. Lo integran: Guadalupe Damián, Mónica Huarte, Nahim López Mancebo del Castillo, Alicia Martínez, Pedro Mira, Adriana Morales, Carmen Ramos, Mayra Sérbulo y Patricia Yáñez. Me resulto curioso contrastar en la misma semana dos trabajos diametrales de Mónica Huarte y ver en ambos a una actriz madura y consecuente. Patricia Yáñez y Adriana Morales generan un dinamismo hilarante en sus escenas que el público agradece con evidentes carcajadas.
La obra se presenta los fines de semana en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Revolución 1500). Los jueves y viernes a las 20:00 h y sábados y domingo a las 18:00 h. Tiene una duración de 90 minutos. Se admiten exclusivamente a adolescentes y adultos. Las entradas tienen un costo de $323 y están disponibles a través del sitio web teatrohelenico.comprarboletos.com y en la taquilla del teatro donde además pueden hacer válidos los descuentos habituales para personas de la tercera edad, maestros y estudiantes.



