Zoot Suit en México 

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Celebramos 60 años de El Teatro Campesino, fundado por Luis Valdez en 1965 

Hace 16 años, la revista Paso de Gato publicó en su número 41 (abril-mayo-junio 2010), un texto resultante de la charla que el fundador de Teatro Campesino y creador de Zoot Suit sostuvo en el Teatro Casa de La Paz con Luis de Tavira, en la que Luis Valdez, habla del significado y origen de su emblemática obra, escenificada en México en aquel entonces por la Compañía Nacional de Teatro.   

Me siento como un huérfano que ha llegado una vez más a casa de una familia que además conocía, pues aquí en México he tenido una familia artística, cultural y política. Fundé el Teatro Campesino en 1962, apoyado por el grupo Mascarones. Nos presentamos en la Casa del Lago, en varios sitios, también allá por 1974 en el Festival de Teatro Chicano celebrado aquí, que fue como un shock para muchos grupos que llegaron, porque veían a su modo y con distintos grados de concienti- zación el trabajo en los Estados Unidos.

Sin embargo, el proceso sigue dándose no sólo en México, sino también en los Estados Unidos. En más de treinta años hemos tratado de establecer este contacto y de hacer este intercambio. Los Estados Unidos siguen cambiando radicalmente en cuanto a la inmigración y la presencia de nuestro pueblo.

Siendo nativo de California, hijo de chicanos que nacieron en la mera frontera, entre Sonora y Arizona, y nieto de abuelos y bisnieto de bisabuelos que fueron al estado de Sonora hace más de cien años, soy todavía parte de un proceso dinámico de evolución en cuanto a nuestro entendimiento a través de la frontera, una frontera que no es sólo la línea a través del desierto de Sonora, sino realmente un territorio que se desangra a través de toda la nación estadounidense y también aquí en México. Quiere decir que, como los Estados Unidos están penetrando a México, igual México está penetrando a los Estados Unidos. En fin, es un acto de amor, ja, ja, ja.

Quiero decirles que Estados Unidos están preñados por mexicanos y no lo saben, está esperando muchos bebés que tal vez se puedan definir como chicanos, pero el proceso de ser chicano para mí ha sido una experiencia de toda la vida, y como dramaturgo he tratado de representar esta evolución y también el futuro. Me gusta ser optimista, pero —como digo a veces— soy optimista pero no pendejo, y tengo que respetar las realidades de nuestro tiempo, por eso como dramaturgo he tratado los problemas sociales y los puntos históricos de nuestra irrupción que merecen ser tratados para entender el momento en que nos encontramos ahora. 

Zoot Suit es una obra clave no sólo para mí en términos de mi vida como dramaturgo y como ser humano, sino también en lo que respecta a mis observaciones sobre el fenómeno del barrio y para un pueblo entero. El éxito que tuvo Zoot Suit en 1978 fue porque salió en un momento en que todavía existía una psicología oprimida. La memoria de los pachucos, la memoria de los motines de 1943

—los zoot suit riots— ya se había aplacado un poco, estaba escondida, estaba oculta; la gente no quería saber lo que había ocurrido y se había olvidado. Pero esta obra despertó la memoria, abrió una herida dentro de la psicología de nuestro pueblo.

Así es que por las buenas o por las malas, Zoot Suit cuando estalló en Los Ángeles, se volvió un fenómeno de concientización, fenómeno de pensamiento, de abrir ahora las ventanas y las puertas de nuestra psicología para comenzar a hablar honestamente de lo que hemos sido, lo que somos y lo que vamos a ser, en lo que nos estamos convirtiendo. Para mí, como chicano, veo que llega a muchos emigrantes, no sólo de México —aunque somos el sesenta por ciento de los emigrados de habla hispana en los Estados Unidos— sino que llega a emigrados de otros países. Sin embargo, yo digo que la experiencia chicana sirve como el modelo de la utilización del ser humano en la vida norteña, a la vida de los Estados Unidos. Es un modo de sobrevivencia, y en los pachucos, específicamente y principalmente, encontramos el modelo original de los cuarenta, de los primeros jóvenes que se encontraron no en los ranchos del norte o de Sinaloa, sino que se encontraron en la luna, en un país que no resguardaba al campo, que los echaba a los barrios más pobres, a las áreas más marginadas de las ciudades y tuvieron que crear un espacio para ellos mismos.

Zoot Suit comienza con un lema del pachuco, que dice: “Era la fantasía secreta de cada vato [dentro o fuera de la chicanada], ponerse el zoot suit y jugar el mito. Más chucote que la chingada. ¡Órale!”.

Cuando se hizo el anuncio de la película, imaginen que Hollywood tenía la expectativa de representar la realidad gloriosa, fantástica del pachuco, como si fuera realmente creación de ese mundo de oro de Hollywood, pero en realidad las raíces verdaderas del pachuquismo están en el barrio de entonces.

Uno de los barrios más famosos de Los Ángeles de los años cuarenta era el Barrio de Chávez Ravine. Nuestros pachucos vivían en zonas marginadas, en barrios muy pobres, con caminos de tierra. Chávez Ravine estaba muy pegado al centro de la ciudad, ahí acudían familias trabajadoras y de ahí bajaban a las calles centrales de Los Ángeles, a sólo unas cuantas cuadras, podían ir a pie, se bajaban con sus trajes y se iban andando, pues realmente muy pocos tenían automóviles, iban y gozaban los tiempos de la gran ciudad, creciente. Pero sus casas y el modo de vivir eran muy humildes.

En los años cincuenta Los Dodgers, el equipo de beisbol de Brooklyn, en Nueva York, quiso venir a Los Ángeles. No podían hacerlo si no tenían estadio, eso era parte del acuerdo, así es que la ciudad les prometió construirles un nuevo estadio. Así llegaron a Chávez Ravine a principios de los cincuenta y echaron a las familias de sus casas, a la fuerza realmente, tumbaron las casas y escarbaron, abrieron un foso muy grande y construyeron el Dodgers Stadium donde está actualmente.

Aunque a muchos mexicanos les gusta el beisbol, y está Fernando Valenzuela, ésa es una herida que jamás se olvidó. Y esa memoria de lo que había sido ese barrio, esa herida fue una de las que pude abrir con Zoot Suit.

En el mero centro de la ciudad vivían los chicanos en apartamentos de madera, apilados, no era nada glorioso, la humanidad era la de la pobreza. Allí cerca, en el crucero de la main estaban los clubes de jazz, adonde iban los pachucos a tomarse su vinito y a escuchar jazz. En el jazz se acostumbraba a cantar y a hacer lo que se llama scratching, es una invención en la que los artistas de jazz inventan lenguaje. Los chicanos comenzaron a cantar scratch pero en español, lo que era muy interesante, pues los pachucos iban a oír y a disfrutar esta nueva expresión.

El fenómeno del jazz tuvo mucha fuerza en los Estados Unidos y hay algo curioso: entre los pachucos se dio una fusión de valores entre lo latino y lo afroamericano, no sólo en el estilo musical sino también en el estilo de los trajes: el traje del pachuco, el zoot suit, provino originalmente de la comunidad afroamericana, comenzó en Nueva York en la calle de Home y se vino por todo el país, hacia al oeste, pasando por el pueblo de El

Paso del Norte, así se les pegó el nombre de pachucos a los chicanos que usaban el zoot suite, el traje, los tacuches, y llegó hasta la ciudad de Los Ángeles. Cuando los pachucos que vivían en estas pobres casas se iban a los grandes salones para lucirse, ya empiezan a insertarse dentro del modo urbano. Eran hijos de rancheritos del norte de México, que venían de familias que jamás habían conocido la Ciudad de México, que está muy al sur, y al llegar a Los Ángeles conocieron por primera vez lo que es la urbanidad. Los pachucos tomaron el nombre de shacky (chozas en inglés), lo hicieron el nombre de sus casas y lo transformaron en espanglish.

Luego de la Gran Depresión en los años treinta, los muchachos de los barrios iban a bailar en los grandes salones de Los Ángeles y querían verse al estilo de la moda de esos tiempos, el propio zoot suit era un desafío a la pobreza de esos años. Más allá, no había aún un perfil para el mexicano, existía el sombrero campesino, el pantalón y la camisa de mezclilla era la ropa de trabajo, pero realmente vestirse con traje y corbata al estilo italiano, no cabía. Lo que cupo muy suave fue el estilo del zoot suit, con la chaqueta grande, que llegaba hasta la punta de los dedos; los tramos, que son los pantalones; las chicas patas, porque si no, no te entran los pantalones, además los gringos son patones, y las chicas patas son lo opuesto; la lisa, que es la camisa; el sombrero con la greña, con culo de pato acá atrás, y los calcos, los zapatos con varias suelas, no sólo para darse más altura sino para usarlos como armas en el pleito. El estereotipo dice que el pachuco pelea con filero, pero no todos. Más bien peleaban a modo de utilizar los puños de las dos manos y los pies, sí hacen boxeo de patadas, al estilo de la calle, y los calcos, los zapatos de varias suelas, ayudaban en ese pleito.

Cuando me convertí en en estudiante universitario descubrí algo importante del teatro clásico, de los griegos —finalmente actuamos en esos grandes anfiteatros—, me llamó la atención que la bota del actor clásico griego también se llamaba calcus y se me ocurrió que el calco del pachuco tiene que ver con el calcus del actor griego, y eso corresponde muy bien a mi idea, el pachuco era actor en vida, actor en la calle y traía su personalidad y su identidad mientras que se iba.

Las raíces del pachuco están en el fenómeno que salió de la fusión racial que se da en los Estados Unidos, en la música jazz, en la música swing, del modo urbano de Lexington, también de Nueva York, junto con las orquestas grandes.

No sólo los afroamericanos, los angloamericanos también se vestían así pero a ellos no los atacaban, no los echaban a la prisión, porque no eran peligrosos, esos eran american y no se les veía como criminales.

A los pachucos la sociedad los consideraba criminales. A los de la pandilla de la calle 38, los mandaron a la prisión de San Quintín.

Son los muchachos que yo alcancé a dramatizar, conocí a casi todos los verdaderos, menos a Henry Leyva que se convierte en Henry Reina en mi obra. Conocí a Ismael Parra, que se hizo Smiley, Tommy Roberts, que era el único anglo, el único gabacho en la banda, había vivido en el Este de Los Ángeles, a Chepper Ruiz, el Chouy en mi obra. Cuando me comisionaron en el centro de performance de Los Ángeles para escribir un drama sobre la historia de esa ciudad, me dijeron que tenía un límite de sólo doce personas y tuve que

concentrar los personajes y escogí a los que consideraba más dramáticos de la pandillas.

Los conocí ya viejos y ya pasaron al otro mundo. De Henry conocí a su familia, a su mamá y sus hermanas. Pero me pasó una cosa asombrosa: la noche que estábamos por estrenar en Broadway —fue algo tremendo ser el primer latino en estrenar allí y es una presión tremenda con esa locura de Nueva York—, yo estaba sin poder dormir. La noche antes de alguna manera me dormí, en el apartamento donde estábamos, y tuve un sueño.

Soñé que me conducían a una prisión y sabía que en la sección donde estaban los visitantes, todos estaban vivos, y todos los prisioneros, al otro lado de las rejas y de las ventanas, eran los muertos, y yo fui a ese lugar entre la vida y la muerte, me senté en un asiento y había una puerta, por la que salió Henry Reyna escoltado por un guardia y se sentó directamente enfrente de mí, le vi la cara y se me quedó mirando con unos ojos de fuego, me dio un poquito de miedo porque yo no sabía qué iba a decir, de repente sonrío y me dijo: “I like that you did with my play” (“Me gusta lo que hiciste con mi obra”), no era mi obra, era la de él, y esa fue la única respuesta que tuve, y me gustó mucho, ya que los críticos no fueron tan buenos.

Uno como dramaturgo trabaja esos materiales y son cosas que le pertenecen al pueblo, y uno lo toca pero se puede quemar, y gracias al permiso de Henry Leyva, no me quemé.

De no haber sido un organizador, un activista con el Teatro Campesino, nunca hubiera llegado a Zoot Suit, los modos de teatralizar esta historia salen del trabajo humilde del Teatro Campesino: el espacio vacío, el estilo brechtiano, el estilo épico de cómo enseñar la historia. Es una continuación natural, una progresión de los puntos estéticos del trabajo con el Teatro Campesino.

Cuando estrenamos Zoot Suit, Eddy Olmos no era estrella, se hizo famoso gracias a su talento y a su participación en nuestra obra. La filmación de Zoot Suit en el Teatro Acuario tuvimos que hacerla en trece días, los estudios Universal nos dieron un millón de dólares, usualmente daban de veinte a cincuenta millones, a mí me ofrecieron un millón, ya era un desafío. Era como decirme “a ver si puedes, ¿llegas o no llegas?”, yo no tenía otra, y dije: “Sí, llego”. Y así me convertí en director de Hollywood, con tres cámaras de 35 milímetros.

Utilizamos estética de cine. Yo me había hecho cineasta también en los campos de batalla porque César me dijo que me ocupara de todos los equipos de documentación que venían de diferentes ciudades. La primera

vez que me eché encima una cámara de 35 milímetros fue en Delano y comencé a estudiar. Y ya en 1969 había hecho nuestro primer trabajo de cine con el Teatro Campesino, que salió en el 70: una película de veinte minutos que era un show de transparencias, basada en el poema épico de Coqui González, y todavía la vendemos, fue un exitazo y algo que formó la identidad mexicana y chicana en los Estados Unidos. Fue una película pequeña, que salió de nuestras bolsas y que tuvo éxito.

Si tú tomas control de tu destino, de tu conciencia y tu identidad, tú puedes llegar a donde quieras y yo no me perdí, todavía estoy en la lucha.

Luis Valdez, uno de los dramaturgos estadounidenses más importantes e influyentes de la actualidad. Foto tomada del sitio: https://elteatrocampesino.com

Cuando estaba escribiendo la obra, mi esposa estaba encinta de nuestro hijo Joaquín, yo me había pasado dos semanas y me estaban demandando en Los Ángeles por el guión y mi esposa también porque iba a nacer el niño. Para terminarla trabajé treintidós horas sin dormir, me subí al avión a Los Ángeles a llevar el guión y apenas me había sentado, me entra una llamada de mi esposa que me dice: “Se me quebró el agua”, de nuevo al aeropuerto y para atrás, para San José. Nació Joaquín y sus primeras palabras fueron Zoot Suit. Él es actor, director y dramaturgo y tiene una obra original sobre Víctor Jara, con la que trata de concientizar a otra generación, también está en la lucha.

En Broadway estuvimos cinco semanas.

Antes que nosotros habían estado obras grandes: West Side Story, My Fair Lady, y después de nosotros una “pequeña obra de gatos” que estuvo dieciocho años. Pero abrimos brecha en Nueva York, donde me di cuenta que el idioma ya no es el inglés sino el español, ya desde aquellos tiempos, y salimos y regresamos a la lucha.

Zoot Suit se presenta hoy en inglés en las escuelas secundarias. Para mí es un regocijo enorme ver a chicanos y chicanas representándose.

Venir ahora a México y estrenar esta obra aquí es tan y más importante que estrenar en Broadway, lo digo con cariño y con confianza.

El final de Zoot Suit es épico, como Brecht lo diseña, no tiene final feliz, porque no lo permite esta realidad. La obra contiene tres niveles: el nivel épico, el que tiene que ver con la sicología del hombre, y el mito del

pachuco. Como citó antes Luis de Tavira que escribió el crítico alemán Botho Strauss, algo que realmente se me había olvidado, somos el futuro de los Estados Unidos. Finalizo entonces con un dicho que reservo a los jóvenes: “El futuro le pertenece a quien lo puede imaginar”.

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