
En esta edición 2025, el 43 Festival de Otoño de Madrid, del 6 al 30 de noviembre, busca ser un espacio para el diálogo artístico, estético, cultural y generacional. La dirección artística la asume “con ilusión y alegría”, una mexicana, que integró la programación compuesta en su mayoría por obras y espectáculos de países latinoamericanos.
Ella es Marcela Diez-Martínez, gestora y programadora cultural, ex directora del Festival Internacional Cervantino, donde se hizo cargo de la Dirección de programación durante más de una década. Y Coordinadora de Comunidad CulturaUNAM en la UNAM.
Tuvimos una breve charla con Marcela Diez, a finales de julio, en la que nos habló de este magno festival madrileño.
¿Eres la primera mexicana en dirigir el Festival de Otoño?
MD: Sí, este y cualquier festival europeo. Estoy muy honrada en que hayan pensado en una mexicana, considero que después de estar trabajando allá en España, tenemos un gran conocimiento en hacer festivales.
Madrid debe tener un público muy exigente y las obras, una gran calidad…
MD: Sí, pero además ir al teatro en Madrid no es caro, va de los 30 a los 35 euros. Yo, cada vez que voy a cualquier función en Madrid, los encuentro llenos. Son personas que van al teatro, porque a ellos les encanta salir, y hay muchos tipos de obras, por supuesto, pero la propuesta de Condeduque, de los Teatros del Canal, de todo el circuito de este que nos es el teatro más comercial, me parece fascinante porque siempre está lleno.
De la programación del festival, Marcela destaca a Lola Arias, con su propuesta escénica documental musical: Los días afuera, que ya hemos reseñado en pasodegato.com, un estreno en la Comunidad de Madrid. “En México hemos creado proyectos similares con el teatro carcelario, sólo que el de Lola Arias está perfectamente hilvanado con diversas artes escénicas. Lola, recuerda, se había presentado ya en Aviñón. Primero en Berlín exhibió la película Reas y en España, el año pasado. Además tendremos dentro del festival el montaje de El invencible verano de Liliana, basada en la novela de Cristina Rivera Garza, adaptada como monólogo por la dramaturga Amaranta Osorio, dirigida por Juan Carlos Fischer, con Cecilia Suárez, en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque.
¿Hay más producción en Madrid o…?
MD: No lo sé si es más producción pero en Madrid la taquilla es importante. Hacen todo para que el público vaya, compre su boleto y disfrute un buen espectáculo por 30 euros, que francamente no es tanto. Trabajan mucho para que haya una muy buena propuesta y que la gente acuda al teatro y se empape de muchas propuestas muy interesantes. Los teatros del Canal las tienen, este es un festival, pero en su programación tiene propuestas realmente muy interesantes, y eso va formando al público.
¿Cómo fue que te eligieron para dirigir este festival?
MD: Los conocía desde que estuve en el Cervantino. En ese tiempo invité al que ahora es director de los teatros del Canal, Ruperto Merino, como programador, para que viniera a ver cómo funcionaba el Cervantino, y se quedó muy impresionado porque sí es un mecanismo muy impresionante. Y ya nos habíamos conocido porque los programadores viajamos mucho, y nos habíamos visto aún antes en Israel. Después me fuí a la UNAM y seguía haciendo charlas en festivales sobre temas de lo que es programar y hacer un festival. Me invitaron a Alcalá de Henares, y ahí conocí al que es hoy el secretario de Cultura de la Comunidad de Madrid, un hombre de teatro: Mariano de Paco, y siempre seguimos en contacto. Mariano me llamó, seguramente después de haber platicado con personas a cargo de los teatros del Canal, y me preguntó si me interesaría hacer esto. Me sentí honrada y pensé que sí, que había un buen trabajo. Porque como tú sabes en la Comunidad de Madrid hay ahorita una efervescencia por trabajar con toda América Latina, tienen un festival de la hispanidad.
¿Cuánto tiempo te llevó armar la programación de este festival, desde cuándo empezaste a reunir a las compañías participantes?
MD: Me avisaron a finales de octubre del 2024, y no me nombraron hasta ahora. La verdad es que después de haber hecho programación por tantos años, conoces a muchas compañías, a muchas personas. Y cuando me hablaron de que el festival tuviera este sesgo hispanoamericano, muy rápidamente tenía la idea de qué quería, a quienes quería yo llevar, que no faltaran. Y hablé con ellos, las compañías, de inmediato, todo mundo se ilusionó mucho de que una latinoamericana dirigiera el festival y todo mundo hizo el esfuerzo para que esto sucediera. Hubo mucha solidaridad, que los hubiera invitado y pudieran ir, nadie me dijo ay no, déjame ver. En España varios se han presentado, pero en el festival ninguno.
Qué criterio seguiste para esta programación con esta experiencia que tienes…
MD: Quería algunas compañías que han cambiado la forma de hacer teatro, que no fueran sólo mexicanas. A quien quise llevar a Madrid de México no pude por problemas de carga y de costo, que no era posible asumir. Por supuesto la primera persona en la que pensé no pudo. De México elegí en teatro a David (se refiere a David Gaytán quien presentará en el festival Edipo: nadie es ateo), quien está teniendo impacto en su país, es un buen dramaturgo, un buen director y un buen actor. Y la otra compañía grande que te digo, el primero en el que pensé fue Claudio Valdés Kuri, su obra de los pianos que es la que quería yo llevar, esa que hizo en la UNAM, no se pudo porque son pianos muy pesados. Claudio ha sido una persona muy relevante en teatro y no quise llevar otra obra suya que tiene de naipes, porque pensé que para el público español no era una obra fácil de captar, de aceptar. Y es que hay que considerar aquellos temas que no son fáciles para que los digieran. Nosotros, mexicanos, tenemos una apertura hacia lo irreal, pero para ellos es a veces incomprensible. Ya ves que estoy llevando a Lukas Avendaño con los muxes, que no es algo nuevo, pero que en la prensa española apareció como «el transgénero» en España.
Me acordé de un Quijote hindú de Nacho García que presentaste en un Cervantino
En Madrid siento que todavía hay una línea en la que ciertos puntos no se discuten, que no son aceptables, ese Quijote lo hubieran aceptado porque no hay una cuestión de cómo vemos el mundo sino que es la versión de un Quijote. Hay maneras de ver el mundo en nuestro país y en América Latina, el mundo mágico; digamos que allá en Madrid es difícil de captar y de que se sientan involucrados con eso. Tú sabes que en esa obra de Valdés Kuri interpelan al público y pensaba si fuera buena idea o no, porque también quería que vieran en Madrid, el valor que tienen estos directores a nivel internacional, no nada más local.
Ese fue uno de tus retos…
MD: Lo que llevamos de Latinoamérica, de lo nuestro, tiene que ser tan atractivo y con lo que se puedan vincular, que después quieran seguir viendo y que digan “es ése que estuvo en el festival”…
¿Hubo alguna asociación, colaboración con el Cervantino o la UNAM?
MD: Me pareció muy importante llevar algo de la UNAM porque es un motor cultural y que fuera patente que además la producción general siempre tiene que ver con una reflexión social.
Sobre la diferencia de realidades entre Madrid y nosotros
MD: Aunque hablamos español, nos preocupan diferentes temas, es importante que sepan cuáles son nuestras preocupaciones en esta parte del mundo. La falta de poder adquisitivo es menos importante que la falta de seguridad que nos preocupa en México. Son nuestros grandes temas, en Colombia qué les preocupa: lo político, el narco. Fabio (se refiere a Labio de liebre, obra icónica del grupo colombiano Teatro Petra, escrita y dirigida por Fabio Rubiano, cuyos temas son la venganza y el perdón.) ha hecho una gran labor con gracia y este sentido del humor, quise llevar Labio de liebre porque es con lo que el empezó a abrirse a esa forma de presentar y de analizar los problemas sociales de Colombia, que nos tocan a todos. El asunto es que no necesariamente en España se tiene claro que no solo somos una nota en el noticiero que sale de vez en cuando. Nosotros vivimos un día a día, no cada once días que ellos ven algo de o sobre nosotros.
Tu equipo es mexicano o español…
MD: Todos son españoles y viven en Madrid, me hubiera gustado ir con personas en las que confío ciegamente, pero no es fácil contratar a un mexicano para la comunidad de Madrid…
¿Qué te gusta más?
MD: Teatro y danza me gustan mucho, la reflexión automática y el sentimiento automático de la danza. He estado más cerca del teatro, que es la palabra, porque es más fácil acercarse al público y uno de nuestro grandísimos deberes es acercarnos al público.
Los madrileños hoy…
MD: Viven una realidad muy gozosa.Se nota que hay mucho dinero. Andan caminando a las 12 o una de la mañana porque se fueron de tapas, es gente feliz. Nosotros nos cuidamos más y quizá tendrían ellos que aprender que están en un lugar privilegiado ahorita. Ojalá reflexionen “qué afortunados somos que nosotros no tenemos que pasar por ahí”. Ojalá los podamos provocar…
Estarás en la apertura y en el cierre del festival?
MD: Voy a estar desde octubre en Madrid revisando habitaciones y todo lo que implica un festival, y ya el 6 de noviembre inauguramos y abriremos con alegría y creo que será un festival interesante para los madrileños. La selección europea además de la de América Latina, es un mix muy bueno.
En danza van los más jóvenes..
MD: Sí, hay hip-hop, bogling, algo con mucho ritmo, mucha música, muy alegre, deseando que sientan que ir a los teatros implica también que se diviertan. Ya el ojo que ve danza, muchos de ellos empiezan con el hip-hop. Creo que es muy importante para cualquier programador darse cuenta de que hay géneros nuevos que nosotros, por nuestra edad, no haríamos. Pero lo disfruto y me gustan esos ritmos porque siento que hay este contagio muy peculiar de la percusión. Y creo que aceptar que esos ritmos son buenos, no sólo tolerarlos sino reconocer eso que tú bailas y cómo lo bailas. Pienso en los congoleños, y esta mezcla que vemos en toda Europa permeada por la sensibilidad africana en las expresiones artísticas. Es Europa con África, vecina de al lado.



