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Egregor: despiporre barroco entre paredes góticas

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Se presenta en La Capilla Gótica del Helénico con funciones de jueves a domingo hasta el 19 de octubre

Egregor
Es danza, teatro, clown, performance, ópera barroca, videomapping, rayos láser y un lenguaje escénico inmersivo en fábula distópica mexicana. Foto: Cortesía de la producción.

Hay espectáculos que se ven, otros que se escuchan, algunos que se sienten… y luego está Egregor, un despiporre multidisciplinario que se vive como quien entra a una parroquia en llamas mientras suena una pieza barroca remixada. Se estrenó el 25 de septiembre en la Capilla Gótica del Instituto Cultural Helénico, este montaje es dirigido por Santiago Cumplido (Creaturas Anónimas). Egregor no es una obra de teatro en el sentido tradicional: es una experiencia escénica que se te mete por los poros, te sacude el sistema nervioso y te deja preguntándote si lo que viste fue teatro, ritual o un rave barroco.

Intentar definir Egregor es una tarea tan imposible como baladí. Es danza, teatro, clown, performance, ópera barroca, videomapping, rayos láser y un lenguaje escénico inmersivo en fábula distópica mexicana.  Todo eso y más, ensamblado con una destreza artística que no se anda con medias tintas. Aquí no hay guiños tímidos a la interdisciplinariedad: hay una orgía escénica donde cada lenguaje se entrega con convicción y potencia. El resultado es alucinante, en el sentido más literal del término.

La función arranca con un diálogo corporal entre entidades que parecen humanas, femeninas y otra cosa que no tiene nombre pero sí presencia. La palabra es escasa, pero comunica el gesto, la mirada y el pulso teatral. Lo que sigue es una explosión de luces, colores, atmósferas y música barroca que se retuerce y se expande como si Händel hubiera tomado ácido en una fiesta de techno. Es el barroco llevado al extremo posmoderno, no como decoración sino como discurso: exuberancia, exceso, pliegue, ornamento… pero con conciencia crítica.

La Capilla Gótica no es solo el espacio donde ocurre la obra: es parte del ditirambo. Sus muros, sus cuadros, su acústica, todo conspira para que lo escénico se vuelva inmersivo. Aquí no hay cuarta pared: hay una arquitectura que respira, que amplifica, que se deja poseer por el espectáculo.

En palabras del propio Cumplido: “EGREGOR es un grito poético y sensorial, un manifiesto. Una invocación que nos confronta con lo que estamos creando a través de nuestra dependencia tecnológica. Nuestro olvido No es solo una obra: es un ritual del porvenir, una ceremonia donde el espectador no observa… descubre que es él, el protagonista. Cada función es un acto de resistencia frente a la deshumanización normalizada. Aquí, lo efímero y lo sagrado se entrelazan.”

La narrativa distópica que atraviesa el montaje dialoga con referentes literarios mexicanos que van desde la ciencia ficción hasta el simbolismo. Hay ecos de La última guerra de Amado Nervo, ese cuento olvidado donde la humanidad se enfrenta a su propia extinción. La voz que acompaña la escena es, más que un narrador, otro agitador del delirio escénico; como la historia de Juan Rulfo, que en La fórmula secreta (Gámez 1964) se suma al perturbador popurrí de imágenes transgresoras sin buscarse protagonismo.  También hay guiños a la tradición barroca novohispana, al clown, al cabaret político y al happening contemporáneo.

Todo cabe dentro de Egregor, pero el Egregor no es para todos. Es para quienes se atreven a cruzar el umbral aristotélico sin saber qué hay del otro lado. Es para quienes entienden que el arte no siempre explica, pero siempre se revela. Es para quienes buscan en el teatro algo más que entretenimiento: una experiencia que los descoloque, los sacuda y los transforme.

El equipo que integra esta producción aglutina a grandes creadores de varios rincones de la hispanidad. Cantante de ópera y actriz, María Andrea Araujo; Acrobacia de manos, Caterina Albani (Guatemala); Acro clown, Raúl Zamora; Danza Butoh, Yaroslav Villafuerte; Danza neoclásica, Fana Muñoz; Danza neoclásica, Lorena Magaña; Danza neo-acro-urbana, Yan Carlos Ungaav (Cuba); Músico barroco, Mario Salinas; Músico electrónico, Yunue Itsi;

Su corta  temporada concluye el 19 de octubre, con funciones los jueves a las 20:00 h, viernes a las 20:30 h, y sábados y domingos en doble tanda: 18:00 y 19:30 h. Los boletos van de los $650 a los $2,500, y se consiguen en Ticketmaster o directamente en la taquilla del Helénico (Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn).

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