Max Frisch: Biografía

El suizo Max Frisch es uno de los escritores en lengua alemana más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Novelista y dramaturgo, además de arquitecto, fue decisiva en su literatura la influencia del teatro épico de Bertolt Brecht. Más conocido seguramente por sus novelas No soy Stiller u Homo Faber y por piezas de teatro como La muralla china, Biedermann y los incendiarios o Andorra, elijo la obra que tratar menos por razones de jerarquía artística que por el interés de un recurso dramatúrgico esencial, la repetición; lo que no impide que la obra en cuestión sea también muy representativa del autor, tanto por el tema, central, de la identidad, como por sus efectos de extrañamiento, más o menos brechtianos.
Se trata de Biografía y en ella la repetición ocupa, en efecto, el centro mismo de la estructura. Se justifica en el juego entre dos niveles dramáticos distintos, pero en continua interferencia. El personaje del Registrador define el nivel primario y es el único que pertenece exclusivamente a él. Se trata de un verdadero meneur du jeu que organiza toda la representación (metadramática) del nivel secundario, el de la biografía de Kürmann. Éste y su última esposa, Antoinette, lo mismo que el conjunto de personajes secundarios que aparecen fugazmente en la reconstrucción de su vida, son personajes desdoblados, con capacidad de actuar en uno y otro plano, de situarse dentro y fuera de la biografía del protagonista (a diferencia de lo que ocurre en Our Town de Thornton Wilder, en que es el Traspunte quien entra ocasionalmente en la ficción de segundo grado asumiendo un papel en ella).
La solución rigurosamente metateatral consistiría en el desdoblamiento actor/personaje. La obra, sin embargo, propone unas fronteras más ambiguas. Los personajes pasan de uno a otro nivel sin cambiar de identidad (ficticia): son Kürmann y Antoinette tanto cuando representan su vida como cuando la comentan. Abundan los elementos antiilusionistas que sugieren el carácter teatral de la representación segunda: el espacio escénico, las mutaciones a la vista del público o la relación misma entre los personajes y el Registrador, que responde así cuando Kürmann le pregunta quién es: «Yo…, registro. Registro lo que usted hace, dándole al mismo tiempo una oportunidad maravillosa: la de establecer cambios en su vida. Nada más. Lo que la realidad no permite, lo permite el teatro: cambiar, volver a empezar, ensayar…, ensayar otra biografía.»
Y en eso consiste el drama, en una repetición de la vida de Kürmann con la posibilidad de rectificarla. Todos los hechos han ocurrido ya (la biografía está escrita, en manos del Registrador) cuando comienza la representación, que no hace más que repetirlos. Pero la repetición que nos interesa es la de un mismo suceso en el transcurso del espectáculo. Y la obra nos la ofrece nada más comenzar. Se trata del momento decisivo en que se centra la revisión biográfica: el primer encuentro de Kürmann y Antoinette. La escena se repite una y otra vez, con la pretensión, frustrada, de cambiar su desenlace. Kürmann solicita volver a un momento anterior de su vida. En una especie de apretado resumen temporal, se nos proporcionan los principales hechos anteriores a su encuentro con Antoinette, pero inevitablemente se llega de nuevo a él. Y termina el primer acto.
El segundo acto pasa revista a los acontecimientos posteriores a la noche del encuentro. Las repeticiones se suceden también en él. Me limitaré a señalar una nueva ocurrencia de la escena decisiva. Kürmann ha revivido, sin cambios sustanciales, su vida hasta el umbral mismo de la muerte. El Registrador ofrece entonces a Antoinette la posibilidad de rectificar su propia biografía. Y la escena de su encuentro con Kürmann vuelve a repetirse hasta unos segundos antes de que baje el telón… El ejemplo servirá para comprender que también el tiempo está sometido a la ley de la relatividad de la repetición: «lo mismo y a la vez no lo mismo». Cada uno de los primeros encuentros de la pareja transcurre en el mismo y en distinto tiempo.
Frisch, que abandonó la arquitectura porque, según dijo, en ella el resultado final no admite rectificaciones, es en realidad un arquitecto de identidades, de proyectos de vida en constante modificación (de ahí la importancia de sus Diarios): «Yo pienso —afirma— que la persona es una suma de diversas posibilidades, una suma no limitada, pero suma al fin y al cabo que va más allá de su propia biografía».
José-Luis García Barrientos, doctor en Filología (UCM), Profesor de Investigación del CSIC, profesor de posgrado en la UC3M, es autor de libros, traducidos algunos al árabe y el francés, como Principios de dramatología, Cómo se analiza una obra de teatro, Teatro y ficción, La razón pertinaz, Drama y narración, Anatomía del drama o Siete dramaturgos, tres de ellos publicados por Paso de Gato. www.joseluisgarciabarrientos.com


