

Murió Uriel Bravo, director de escena radicado en Querétaro, nacido en Michoacán en 1963, maestro y actor egresado del INBA del Núcleo de Estudios Teatrales y de Casa del Teatro.
Sin que se hayan dado a conocer las causas de su muerte, diversas fueron las reacciones en redes del gremio por su deceso.
En una entrevista de Carlos Rojas al maestro Bravo, para mipuntodevistacritico.blogspot.com/, el actor y director escénico responde a las preguntas: ¿Quién es usted? ¿De dónde salió?
A lo que el maestro Bravo respondió: De la provincia mexicana. Quizá de una de las zonas del país más abandonadas, más asoladas por el narcotráfico, la violencia, la corrupción, pero también heredera de una de las más ricas tradiciones culturales, subversivas y revolucionarias en la historia de México. Me refiero al estado de Michoacán, en el occidente del país.
Uriel Bravo, participó en cinco Programas Nacionales de Teatro Escolar, así como en diferentes Muestras Estatales, Nacionales e Internacionales. Y colaboró como director de escena, en el Encuentro Nacional de la Joven Dramaturgia desde su primera edición.
Fue alumno y colaborador del maestro Ludwik Margules y Fundador de Teatro-asociación, en el Programa Nacional de Teatros para la Comunidad Teatral, Teatro del IMSS-Querétaro. Colaboró como director de escena en el Encuentro Nacional de la Joven Dramaturgia, desde su primera edición. Trabajó con tres obras de Edeberto Pilo Galindo: El diputado, Bubble Gum y Río ánimas. En septiembre de 2019, además de presentar en Venezuela y Colombia el unipersonal de Cheilor Mun, protagonizado por Ernesto Galán, el Bravo dirigió el montaje de Río ánimas en Colombia, en el marco de la Fiesta del Teatro de Cúcuta, ciudad colombiana situada en la frontera con Venezuela.
Luis Alberto Bravo Mora, director de escena, escribió en su cuenta de Facebook:
Hoy me llega la noticia de tu partida, mi querido y admirado amigo, mi “abuelo” como solía llamarte con cariño. Descansa en paz, y que el tiempo nos conceda el reencuentro prometido, con un mezcal en la mano, esta vez sí bebido en tu honor.
Te conocí en aquellos años inciertos, 2001 o 2002, en el experimento teatral de San Cayetano, Santiago Tianguistenco. Desde el primer instante hicimos click: yo, el más joven director, y te convertiste en mi mentor. En los recesos nos encontrábamos en el jardín de los cerezos —así lo llamabas tú—, entre olivos hermosos que parecían custodiar nuestras charlas de teatro, de lecturas, de vida. Allí me regalabas consejos, siempre envueltos en tu humor peculiar, siempre con la chispa de quien sabe vivir el arte con plenitud.
Recuerdo tu alegría en aquella noche de evaluación, tu generosidad al obsequiarme “Aura” de Carlos Fuentes, libro que aún guardo como un talismán. Con los años volvimos a cruzarnos: en Pátzcuaro, en un diplomado de pedagogía teatral; en un taller de Platón; en plenarias de teatro escolar. Siempre me recibías con felicidad, y después venía la regañada por mi ímpetu desbordado. Así eras tú: maestro, amigo, abuelo, espejo de rigor y ternura. Y Luis Alberto Bravo Mora, agrega que
Tus anécdotas son muchas, y poco a poco las iré contando, porque mereces ser conocido como el ser humano que fuiste. Te perdonaba incluso tu afición al Cruz Azul, ese “pecado banal” que no empañaba la grandeza de tu mente. Hace apenas unos días hablamos de Querétaro, de la muestra nacional de teatro, de planes que hoy se quedan suspendidos en el aire.
Hoy me siento extraño, vacío, sin palabras. Se fue un amigo, un compañero, un maestro. Se fue mi abuelo del alma. Descansa en paz, Uriel Bravo, y que tu memoria siga iluminando los escenarios y los corazones de quienes tuvimos la dicha de caminar contigo.
Pronta recuperación a su familia.



