Una obra de Ambar Teatro que se presenta a las 19:30 horas los viernes de octubre hasta el 13 de noviembre en el Foro Coyoacanense Hugo Argüelles

Los movimientos por momentos son sutiles; en otros, violentos y dramáticos. De existir diálogos, los personajes explicarían la razón de sus gritos, llantos y reproches, aunque también de su felicidad y anhelos. Pero en lugar de eso hay un silencio que dice mucho más durante los noventa minutos que dura la obra Sandra y Julia (o lo que queda de ti).
Cuando el príncipe Hamlet en la tragedia homónima de Shakespeare dice antes de morir: El resto es silencio, el dramaturgo marca un cierre que permite una interpretación poética: a partir de entonces queda un vacío. ¿Pero realmente hay silencio? O pasa como con 4′33″, de John Cage, esa pieza silente en la que parece que no hay sonido. Y sin embargo, lo hay: voces sigilosas en el público, la tos de algún enfermo o la sola existencia de los asistentes o los intérpretes.
Pareciera que algo existe, algo que suena dentro del espectador. La apuesta de la dramaturga Karla Gordillo para contar la historia de Sandra y Julia es de ese tipo de silencios. Ningún personaje tiene diálogos; sí hay música que ayuda a poner en contexto la intensidad de las escenas y que por momentos es muy acertada, aunque en otros, me parece, algo cursi y de la cual se pudiera prescindir. Tras su muerte, Sandra vuelve a la casa de su abuela Julia en busca de una herencia que no es material, sino de la memoria. Entre recuerdos que salen de un baúl se va trasladando a una historia de vida llena de vicisitudes que ignoraba.
La obra cuenta con varios recursos interesantes además de la carencia de diálogos: hay, sustituyendo a lo primero, un trabajo corporal fundamental por parte de las actrices y los actores. Aunque en escena nunca vemos a más de dos personajes, son alrededor de ocho personas quienes dan vida a las diferentes versiones de Julia y otros personajes secundarios, que no son menores. Sus movimientos, sin histrionismos y con la naturalidad justa para evocar palabras y sentimientos, son el vínculo comunicante con el espectador. Pocos fragmentos no se entienden en las escenas, pues el ejercicio actoral es sólido. Otro recurso es el uso de máscaras que me parece que fueron creadas con papel maché, con expresiones entre lastimosas y neutras, lo que suma complejidad a la narrativa.
Sandra y Julia (o lo que queda de ti) es una obra dura; confronta las verdades familiares que no descubrimos porque no queremos hacerlo salvo que se nos pongan enfrente; es una invitación a repensar las relaciones personales y familiares, así como a ver con otros ojos a quienes, por la cotidianidad, pensamos que siempre se han encontrado en el tiempo presente y de pronto se van.
Durante la función no fueron pocos los llantos que se escucharon entre el público; estoy seguro de que las escenas fueron estímulos, mas no el principal motivo de ese llanto, como diría el dramaturgo Juan Meliá: el teatro es “un vehículo poderoso que nos confronta con nuestras propias realidades… El teatro nos invita a explorar los rincones más profundos de nuestra psique…”. Esta obra cumple con tal sentencia.
Sandra y Julia, propuesta del grupo Ambar Teatro, se presenta a las 19:30 h los viernes de octubre hasta el 13 de noviembre en el Foro Coyoacanense Hugo Argüelles.



