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El misterio de los espacios escénicos independientes*

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Ideas que campean entre colegas artistas y funcionarios de gobierno

El Teatro El Milagro, ubicado en la calle Milán de la CDMX, referente de la autogestión escénica en México.
 

En torno a los Espacios Escénicos Independientes (o autogestivos) se tejen los más diversos misterios, mitos, prejuicios o francas falsedades. Tales asertos provienen principalmente de la ignorancia de dos lados de una rara moneda: la de las instituciones y funcionarios culturales, en una cara; y la de los colegas artistas que nunca han administrado y gestionado un espacio cultural, la otra cara. En lo que suelen coincidir ambas visiones es en una extraña percepción de que quienes llevan las riendas de un espacio escénico -gracias a unas matemáticas imposibles-, no sólo no necesitan dinero para sostenerlo en pie, sino que tampoco lo requieren para comer y que, por el contrario, obtienen pingües ganancias. Resulta sorprendente cómo las matemáticas, las sumas y restas, solamente funcionan para unos y otros cuando son a su favor, pero nunca hay la curiosidad de ver y entender por las que pasan los que a viento y marea procuran que un centro cultural palpite, sirva a la sociedad, cree comunidad y reciba en las mejores condiciones que pueda a colegas de otras agrupaciones artísticas.

Así, a nivel nacional, estatal y municipal, entre políticas culturales institucionales que no terminan por asumir que los espacios escénicos independientes son recintos de interés público y grupos artísticos que sienten que le hacen un favor al mismo al presentarse en su escenario, la incomprensión crece. Valdría la pena, por tanto, preguntarse con seriedad: ¿cuánto cuesta levantar y operar un centro cultural o espacio escénico independiente? Y en el caso de éstos últimos, para ser más puntillosos: ¿cuánto cuesta levantar telón cada día de función teatral o dancística? Haciendo un sondeo con colegas de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) de toda la República, los montos por levantar telón cada día van de los 3 a los 7 mil pesos dependiendo de la entidad y de la ciudad donde se ubica, así como el aforo del espacio. En cambio, las taquillas que producen los espacios, las más de las veces, no cubren siquiera los gastos de operación. Es decir, producir cultura escénica no es rentable; como tampoco lo es en los teatros institucionales. Si se hace un análisis de lo que cuesta a los organismos culturales gubernamentales o universitarios levantar telón veremos que es el mismo caso salvo que se cuenta con un presupuesto anual para ello. Que no sea rentable no quiere decir que no sea necesario. Sin embargo, todavía con el tufo de la ideología que hay detrás de la economía naranja, se pide a los espacios escénicos -que son de interés público– que sean autosustentables.

Hace unas semanas, un colega capitalino de un estado norteño de nuestra República, me hizo la solicitud de programarlo en el Centro Cultural Mulato Teatro en Ticumán, Tlaltizapán, Morelos, en el mes de julio aprovechando que pasará por CDMX haciendo breve gira. La conversación comenzó con el elogio desmedido al proyecto del espacio al cuestionamiento de lo poco que se le podía ofrecer en términos de taquilla (70/30), hasta llegar a su franco disgusto porque no aceptamos el favor que nos hacía a pesar de que -según se le explicó- lo más seguro es que la temporada de lluvias obligara a suspender su función en nuestro escenario al aire libre. No es la primera vez que nos pasa. Incluso remató diciendo que “él que venía por lana salió trasquilado”. A lo que yo agregué que su incomprensión de las condiciones de la contraparte nos convertía a todos en una manada pelona. Aunque ustedes no lo crean, lo único que le faltó al personaje fue cuestionar si podíamos pagarle directamente la función, porque ha habido llamadas en las que nos preguntan cuánto pagamos por función como si tuviésemos una caja fuerte con lingotes de oro esperando ser devengados o fuésemos institución pública con presupuesto anual. Lo dicho: incomprensión, desconocimiento, ignorancia.

En el Centro Cultural Mulato Teatro hemos recibido a cerca de 60 agrupaciones teatrales de Morelos, de México y del mundo en poco más de 7 años, siempre a riesgo, siempre con pérdida, siempre pensando en que es una inversión para crear públicos para el disfrute de las artes, para mover conciencias y crear una sociedad más justa, siempre desde la izquierda que es donde la sangre roja fluye a nuestros corazones aunque otros usurpen las izquierdas, feroz y «rapazmente», desde la mayor de las imposturas, decepcionantes.

Cada vez que un o unos colegas se preguntan porqué un espacio escénico independiente, autogestivo o autónomo, por ejemplo, cobra un mínimo de renta antes del famoso porcentaje de taquilla: 30 (para el foro) y 70 % para la agrupación visitante; y la compañía se subleva, siempre echo en falta que la educación primaria no hubiese hecho una buena tarea con las matemáticas. No haber recibido clases de civismo también genera que la empatía no sea lo de hoy que, combinado con las fallas aritméticas, hace imposible un diálogo que, de ocurrir sanamente, haría que toda compañía o agrupación sin espacio se convirtiera en fiera defensora de los teatros independientes. Y es cierto, a nadie nos alcanza para financiar una temporada, aunque sea de las breves, las chiquititas. Se comprende, pero los culpables, en todo caso, no son los espacios escénicos o foros culturales. La desaparición de programas importantes como el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes del gobierno federal, por ejemplo, sólo va a acentuar la crisis y posible desaparición de más espacios escénicos independientes en el país.

Por ello la rara moneda que mencioné al principio no resulta de dos caras sino cúbica (si se me permite la imagen). Vale la pena mencionar que durante la primera redacción de esta nota, la Secretaría de Cultura de Morelos anunció la próxima aparición de la Convocatoria Tlalli Red 2025 que “tiene como objetivo fortalecer la programación , operación y sostenibilidad de espacios culturales comunitarios mediante un apoyo económico, destinado a actividades artísticas, equipamiento y fortalecimiento legal y administrativo”. Estaremos atentos a sus Reglas de Operación.

Existen excepciones admirables en donde los encargados de los despachos culturales no sólo son empáticos y solidarios, sino que procuran gestionar apoyos o acompañamiento a los espacios escénicos independientes o autogestivos. A nivel federal, a través de las becas o estímulos del SACPC (antes FONCA), los espacios escénicos o teatros independientes pueden acceder a las anheladas becas de México en Escena (también conocidas como MEGA) que apoya espacios (con o sin grupo residente) o agrupaciones sin espacio para desarrollar un proyecto artístico profesional subvencionado durante un año, prorrogable a dos.

MEGA es el sueño de todo aquel que lleva sobre sus hombros el peso de ese barril sin fondo que es un espacio independiente. Por dos años no tiene que trabajar por fuera en tareas económicas ajenas a su profesión artística para poder dedicarse en cuerpo y alma a mejorar su espacio, desarrollar espectáculos y crear -o aún mejor: criar- públicos para la atención eficaz de una comunidad, de la sociedad de su municipio o estado, que es la más alta de las finalidades del quehacer artístico, amén de la consolidación de un discurso estético. El problema con MEGA no es tenerlo, que es un privilegio y un alivio -como ya dije- no obstante, el trabajo extra que implica burocrático y de obvia rendición de cuentas, sino no tenerlo o haberlo conseguido y perderlo al fin de un periodo de dos años.

Insistimos, levantar telón cuesta a los espacios o foros independientes entre 3 y 7 mil pesos cada día de función. Los gastos son de perifoneo, limpieza, difusión en redes, diseño, técnicos, luz, agua, papel sanitario, taquilla, etcétera. Puede haber variables aún mayores dependiendo de si los artistas que han levantado el proyecto son dueños o rentan el predio donde se encuentra el espacio, de las licencias o permisos municipales y no pocos detalles más. Y los ingresos de taquilla en esos teatros, cuyo aforo va de 50 a 199 butacas, oscila entre los $1,500 y $10,000 (máximo). No alcanza, pues, para pagar sueldos más allá de intendencia, taquilla y técnica, con lo cual se condena a las cabezas que idean, planean, gestionan y articulan el proyecto artístico y la operación del espacio a vivir de “otra cosa” y no del trabajo que les ocupa la mayor parte de su tiempo y para el que se educaron en universidades públicas subvencionadas por un Estado incapaz de darles un trabajo para ejercer su profesión. Nos hallamos, pues, ante la evidencia de que los espacios escénicos no sólo no son rentables, sino que representan pérdida. Quizá vale la pena subrayar algo que se pierde de vista: los espacios escénicos no son rentables en cualquier parte del mundo, no sólo en México. Y en el subrayado no agregué los adjetivos de “independiente” o “autogestivo”. Levantar telón en un teatro como el Ocampo o el Teopanzolco no debe de bajar de los 10 a 25 mil pesos al día, o 10 a 15 mil en el más modesto Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico en Ciudad de México. Y eso sin contar los gastos de mantenimiento de los mismos o de un aparato burocrático que también consume recursos.

El punto es, para no ser redundantes, que a los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos se les cuestiona constantemente sobre el por qué no han llegado a un equilibrio financiero, a la utópica autosostenibilidad (idea que proviene de las teorías de la economía naranja capitalista), cuando la propia labor de los recintos culturales del Estado sería imposible sin recursos mucho más cuantiosos de los que consumen los modestos pero vitales centros culturales que son iniciativas civiles. Incluso, no pocas veces, he escuchado que se les llama “privados” como si los hubiera levantado y gestionado el señor Carlos Slim porque “hasta te cobran”. No se equivoquen (aunque a veces se equivocan con dolo); los Teatros o Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos (así como todo centro cultural o casa de cultura civil) son de interés público. El cobro de cuotas de recuperación o entradas no cubre la simple operación de los eventos o acciones culturales, ya no digamos salarios de maestros o artistas.

Durante la pandemia, el Gobierno Federal instaló un programa fundamental para acompañar a los foros. Mismo que ahora, inexplicablemente, ha abandonado, borrándolo de un plumazo: el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes del Proyecto Chapultepec. Incluso se hizo un circuito específico para títeres y otro para música. En la Experiencia de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) que reúne a casi cuarenta espacios en todo el país, el programa de los Circuitos funcionó no sólo porque le daba un tanque de oxígeno a la economía de los recintos sino también porque ayudó a dinamizar a los públicos en su regreso postpandémico e incluso, con el impulso mediático y de publicidad, acercó a nuevos espectadores. Uno de los mitos que circularon y al parecer se instalaron como cáncer maligno en el cerebro de algunos funcionarios, es que de tal programa sólo se beneficiaban los foros independientes. Espero que con los números acá expuestos les permita hacer las matemáticas correctas. En todo caso, el fallo en el diseño de los Circuitos se hallaba más bien en lo que recibían las compañías que viajaban pues los viáticos estaban mal calculados. Pero, bueno, para desaparecer el programa fue más fácil rodearlo de misterios, mitos e infundios que realizar un análisis de los beneficios del mismo en las comunidades a las que atendió. Me parece que hace falta, más que nunca, abrir el diálogo entre autoridades culturales en los tres niveles de gobierno y quienes llevan los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos simplemente para derrumbar mitos, leyendas e inventos que son estupendos sobre un escenario -en la ficción- pero no en la operación de políticas públicas.

Falta a estas notas sobre los Espacios Escénicos Independientes o Autogestivos añadir el tema de la infraestructura que atañe a otro programa federal venido no a menos sino a casi nada durante el sexenio pasado: el PAICE, Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados. También seguiremos pendientes de la nueva iniciativa anunciada por Secretaría de Cultura de Morelos: la Convocatoria Tlalli Red 2025, que busca justo apoyar a los centros culturales independientes de la entidad.

* Texto originalmente publicado en La Jornada Morelos, en dos entregas, el 15 y el 29 de julio de 2025.

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