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El dramaturgo debe escribir para estrenar obras en lugar de acumularlas en el cajón

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A Jaime Chabaud, el Premio Miguel Herrera de Dramaturgia 2025 por su obra Mas si osare

Jaime Chabaud. Foto-facebook del dramaturgo, septiembre de 2022.

El Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia 2025, otorgado por el estado de Querétaro a través de su Secretaría de Cultura, fue concedido a Jaime Eduardo Chabaud Magnus por su obra Mas si osare, presentada bajo el seudónimo Constantino Plá.

El jurado —Brisa Rosell, Erika Koré Acuña y Omar Medina García— consideró que fue “el mejor trabajo por tratarse de una obra actual que aborda una temática necesaria, retratando una población que requiere atención. Como tragedia contemporánea, resulta contundente y universal”.

Amigos, familiares y conocedores del teatro en México e Hispanoamérica celebramos este reconocimiento al maestro Jaime Chabaud, director de este portal, figura emblemática del teatro mexicano, que ha sostenido su trayectoria a pesar de las incertidumbres que enfrenta el gremio en nuestro desafiante país.

Con numerosos premios en su haber y más de 130 obras escritas —algunas traducidas, montadas y publicadas internacionalmente—, este reconocimiento llega al cofundador de la revista, editorial y portal Paso de Gato. Jaime Chabaud, con 59 años, suma dos décadas al frente de la compañía Mulato Teatro, además de ser padre de dos hijos.

Hace mucho que no enviaba obras a una convocatoria, porque mi trabajo ha estado centrado en Mulato Teatro y los tiempos, cuando eres autor de una compañía, no coinciden, siempre hay desfases: por ejemplo, una convocatoria cierra el 15 de julio, pero los resultados salen en septiembre. Para entonces, la obra ya se estrenó o está por estrenarse. Así ya no puedes inscribirla”, expone el autor de Lágrimas de agua dulce y Niños chocolate.

¿Fue ese el caso con Mas si osare?

J.CH: No, esta obra fue una provocación de mi esposa, Marisol Castillo. Me insistía en que los temas afrodescendientes no eran sólo históricos, y que pensara en algo sobre la afromexicanidad actual. Investigando, encontré noticias de personas afrodescendientes de la Costa Chica de Guerrero, Oaxaca y otros estados, que el Instituto Nacional de Migración ha deportado a Honduras, como si en México no hubiera personas negras. Eso me impulsó a escribirla.

La obra no es sobre la migración, habla de cómo una persona afrodescendiente es deportada de su propio país a otro, por un racismo sistémico en México. La escribí entre Morelos y Colombia, mientras daba cursos allá. La terminé en Valledupar, en la sede del grupo Maderos Teatro, con Dailer Zuloaga. La dejé guardada porque, generalmente, escribo obras directamente para Mulato Teatro, ya sea para el proyecto profesional, comunitario o mixto, y todo está pensado para estrenarse, y con los concursos, siempre hay desfases.

Chabaud ha escrito una veintena de obras específicamente para Mulato Teatro. “Nunca las he enviado a concursos porque no cuadran con las fechas. Es diferente cuando no tienes una compañía. Si no estás vinculado a un grupo artístico, puedes guardar obras en un cajón y decidir cuál mandar a concurso. Pero quienes trabajamos dentro de una agrupación, estamos sujetos a ‘vamos a estrenar’, a adaptar el texto a los actores que tenemos disponibles, al día escénico”.

¿Por qué Mas si osare?

J.CH: El tilde va de más, es un error ortográfico. Sin tilde, es parte del himno nacional. Esto porque a personas afrodescendientes de Chiapas, Quintana Roo, Campeche, Veracruz, Oaxaca y Guerrero, cuando las detiene el Instituto Nacional de Migración, les piden cantar el himno nacional. Si titubean o no se lo saben, los encierran. Esa es una realidad negada. No se habla de eso en los medios.

Mi hermano, Federico Chabaud, poeta y narrador que fue cónsul en Honduras, me platicaba de personas mexicanas que han sido ‘repatriadas allá’ siendo mexicanos.

Has escrito más de cien obras ¿Qué clase de dramaturgo eres? ¿Qué te falta por escribir?

JCH: Novela. Durante la pandemia escribí una, que será publicada por una editorial importante. He tenido la fortuna de escribir lo que he querido, muchas veces a contracorriente de lo que se considera prestigioso en términos culturales.

Me ha tocado ser un hombre de teatro, lo que implica tener varios frentes abiertos. Enfrentas batallas mixtas: desde políticas culturales, que en los últimos ocho años han sido desastrosas, hasta la precariedad diaria. Al contrario de lo que decían el sexenio pasado, que nos llamaban “fifís” o “burgueses” y la chingada, nadie vive de la cultura. Los que trabajamos en territorios y no nos dedicamos al comercio cultural, no vivimos de esto.

He tenido que multiplicarme en 5, 10, 15 actividades. Por eso también he sido periodista cultural. Este año cumplo 40 años en esa labor. Empecé en el suplemento del extinto periódico El Nacional, con México en la Cultura, dirigido por Salvador Reyes Nevares. También en Unomásuno, en las páginas del diario y después en Sábado con Huberto Batis. Luego en El Día, con Miguel Ángel Pineda. Vi extinguirse tres periódicos bajo mi pluma —no por mi culpa—. Después colaboré en La Jornada, Proceso y Reforma.

Fui coordinador de Dramaturgia en la revista Repertorio, dirigida por Rodolfo Obregón. Participé en Tramoya, de Emilio Carballido, y en Escénica. Desde los años 80, con Armando Partida, se me quedó la espina de hacer una revista, y en el año 2000 nació Paso de Gato.

“Nos ignoran con eficacia”

Y luego convertirte en editor de libros de teatro

JCH: Sí, una cosa es editar una revista y otra ser dirigente de una editorial como ha sido Paso de Gato, que no es relevante solamente para México, donde se le menosprecia, se le desprecia; vas con el señor del Fondo de Cultura Económica, que era el paladín del libro y que resultó ser su sepulturero, y el teatro le vale madres. Y lo triste es que la editorial Paso de Gato ha hecho un millón de ejemplares de libros de teatro en el país, en 15 años. Si sumas todo lo que han publicado universidades e instituciones en todos los estados, nadie en Iberoamérica ha editado tanto teatro como nosotros. Pero eso no lo reconocen ni el gobierno, ni los colegas que hoy son funcionarios, ni siquiera el gremio cultural. Hacen invisible ese esfuerzo. Parece que no existe, logran hacerlo invisible. No les pasa por la cabeza que hay que reconocer este trabajo.

¿Pero no crees que hay futuro con quienes han llegado al poder y tienen formación artística?

JCH: Claudia Curiel de Icaza cambió mucho la situación de los espacios escénicos independientes en la Ciudad de México. Espero que abra interlocución también con editoriales, agrupaciones, y no sólo con los teatros independientes. Que se entienda que las asociaciones civiles y agrupaciones artísticas somos parte fundamental del ecosistema cultural. El Estado es el tronco, pero nosotros somos las ramas y las hojas que nutren donde ellos no llegan. La presidenta Sheinbaum y la secretaria de Cultura tienen que ‘replantear’ un diálogo con los agentes culturales de México.

¿Qué esperas del futuro, cómo te ves?

JCH: Ay ¡Dios mío! Me encantaría estar jubilado, pero tampoco va a suceder, no hay forma de pagar las cuentas. Me gustaría verme jubilado escribiendo y leyendo, no tener que correr tras la chuleta. Quisiera pensar en que este país reconociera la chamba que se ha hecho en favor de la cultura y que uno fuera digno de un trato humano.

Pero eso está muy lejos para todos: quienes nos ayudan en casa, quienes trabajan el campo, los que ofrecen servicios diversos… todos están igual o peor. Necesitamos un diálogo superior, no si somos fifís o chairos.

Pagamos por hacer teatro

Hay muchísimas compañías de teatro, pero ¿a qué mercado van?

JCH: ¡Exacto! Según la Constitución, todos tenemos derecho al trabajo digno y bien remunerado. Pero eso no aplica para los artistas, estamos marginados de los derechos constitucionales. Cuando montamos una obra en una institución, ésta se cuelga la medalla, pero el que está subvencionando el boleto del espectador es el artista. En vez de ganar dos o tres mil pesos por función cada director, cada actor o cada artista, a veces nos llevamos cien o doscientos pesos. No alcanza para comer, ni para el camión. Los artistas estamos subvencionando la cultura.

Y eso genera una contradicción grave: los que lideran proyectos, autores o directores que asumen: ‘yo voy a sacar adelante esta obra’, terminan siendo culpados por los actores, cuando en realidad el problema está en las instituciones que no pagan ni respetan el trabajo, ponen precios bajos al boleto. A veces te dan un porcentaje de taquilla que no alcanza ni para pagar el transporte. La paradoja es que todos queremos hacer teatro, pero es más la calentura y la urgencia de estar sobre escena, que la inteligencia de decir ‘las condiciones son pésimas y no quiero participar de este esquema de cultura propuesto por el Estado mexicano.

Hace 10 o 15 años, teníamos muy claro que no debíamos trabajar gratis, las instituciones tenían que pagar además la producción, que no tenía que costarle al artista estar en escena, y que debía recibir una retribución por su trabajo. Hoy, quienes salen de las escuelas de teatro ven como normal regalar su trabajo a las instituciones. Eso está pésimo y hay que revertirlo.

Aunque cuando eres joven, no te importa…

JCH: Claro. También hay quienes salen creyendo que les van a pagar 2 o 3 mil por función y están locos porque no es ese el mercado, porque ese no es el tabulador INBAL, porque nadie paga eso y se ha perdido, pero tú tienes que construir una carrera, demostrar un potencial, administrar tu talento y crearte una ética y una figura dentro del teatro, que no por haber salido de cierta escuela, ya eres muy chula y ya eres digna de que se te pague quién sabe cuánto, eso no es cierto. Lamentablemente las artes no son reparto agrario.

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