“Hablemos desde el conflicto para alterar la realidad, esa realidad que es un vidrio que debemos romper” René Lovo
Del 21 al 23 de mayo de 2024, estuvo en Morelia, Michoacán, México, el actor salvadoreño René Lovo, quien dio el taller “Autonomía actoral. Dramaturgias del cuerpo y del espacio” y tres funciones de la obra El secreto más terrible, versión autónoma de la obra maestra Potestad del argentino Eduardo Pavlovsky. Las actividades se realizaron en el Foro El Agasajo, al que asistieron actores, actrices y directores morelianos para recibir las propuestas teatrales que vienen de otras latitudes, para enriquecer el teatro local. Considerando las distancias entre los postulados de René Lovo con las formas y aproximaciones teatrales en Morelia, se desarrolló un intercambio intenso, profundo, conmovedor y revelador de nuevas posibilidades en la experimentación teatral.

Este articulo nace de una entrevista realizada a René el miércoles 22 de mayo de 2024 en un tranquilo café del Jardín de las Rosas, mientras Morelia era desquiciada con la toma simultánea de todas las entradas a la ciudad, las calles, avenidas y los principales edificios de gobierno. En la burbuja de diálogo que se instaló entre la fuente, los árboles, los cantos de ópera que salían del Conservatorio de las Rosas y los músicos urbanos, se desgranaron las memorias y las reflexiones sobre el devenir de la vida, la muerte y el teatro. Emergió el recuerdo del primer encuentro entre quien esto escribe y René, ambos jóvenes; una bailarina mexicana recién llegada a El Salvador y el otro actor exiliado que regresaba a su país, estaban en una cafetería de la Universidad Nacional antes de una función en el auditorio de la Facultad de Derecho; hablaron de arte, de las decisiones de vida, de la danza y el teatro, el vital teatro que trae estas palabras escritas que se comparten con el corazón estrujado.
Nacido en San Salvador, El Salvador, un 22 de junio de 1965, René Leonidas Lovo Rivas tenía dos animales indomables desde el nombre de pila: león y lobo.
Decide entrar a la licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Costa Rica, casi por un evento fortuito en el que vio teatro amateur como propuesta creativa de sus amigos exiliados salvadoreños y poco después se impresionó al presenciar la obra Un día en la vida de Manlio Argueta con un grupo holandés. Esos eventos definieron su rumbo.
Estaba exiliado en Costa Rica, junto con su familia, por la guerra civil salvadoreña que provocó miles de desplazamientos forzosos hacia los países de la región. René hizo sus estudios de educación media superior y superior en el país de los bosques de niebla y las ranas exuberantes; ahí afianzó sus bases teóricas, éticas y artísticas para tener la libertad de decidir soltar la academia a un año de terminar su carrera y subirse a la montaña en 1988, como guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) uno de los brazos armados del frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador. Se incorporó al ERP en Morazán, zona de enfrentamientos encarnizados entre la Guerrilla y el Ejército Salvadoreño, donde fue conocido como artillero de misiles y tuvo entrenamiento en guerra de guerrillas en Nicaragua y Cuba. Nunca sintió que su quehacer teatral le diera alguna ventaja por sobre los campesinos, obreros y estudiantes que formaban el ERP; recuerda que había compas con muchas más habilidades y resistencia física. La guerra es igual para todos, en ese contexto ser actor no era un plus ni un privilegio. Sin embargo, el teatro se mantuvo en los momentos de calma en los campamentos, para salvar la nostalgia, la muerte presente y la incertidumbre, contando cuentos y con pequeños sketches que creaban entre los compas para liberar la angustia existencial. Los temas que abordaban con desenfado y risas eran sobre la vida cotidiana en los campamentos; de forma crítica y humorística, hablaban de las relaciones, los mandos, las experiencias pequeñas y significativas que los mantenían con vida y convicción férrea. Se presentaban en los remansos entre un combate y otro, entre la movilidad por la montaña y en las asambleas clandestinas o en reuniones importantes. Varios de esos entremeses escénicos los hacían con compas de la guerrilla urbana que se interesaban en el teatro. Había más artistas en el FMLN, más músicos tradicionales de provincia que de otra disciplina; fue hacia el inicio de la Ofensiva Final “Hasta el Tope” de 1989, que se abrieron las filas y entonces se incorporaron más civiles, entre ellos artistas escénicos, escritores, poetas y músicos.
René Lovo se mantuvo vivo. Durante los cuatro años que fue guerrillero, antes de la desmovilización por la Firma de los Acuerdos de Paz de 1992, aprendió en carne propia sobre la realidad atroz, la vida cotidiana en precariedad máxima, el convivio agradecido, vivir enamorado, caminar y caminar con las convicciones que no se traicionan, los ideales, el sacrificio por el bien común, la solidaridad incondicional, la razón y el sentido profundo de dar la vida por una causa libertaria para encontrar la justicia y la equidad para todos los pueblos.
Esa experiencia cumbre construyó su visión del mundo y su postura ante la vida, el león que sobrevivió y que permea su teatro, considerando la actuación como extensión del sentido de muerte inherente debido al riesgo de morir por algo que vale la pena. La guerra como el gran acontecimiento de reflexión sobre la vida, como un contraste permanente con el presente.
“La actuación es enardecida, emocionada, con una emoción calibrada en el máximo detalle, con el cuerpo que genera un imaginario, como motor que narra con la acción dramática, con la libertad de construir metáforas en ebullición rizomática.”
René percibe y constituye el teatro como el territorio, el lugar donde encuentra el sentido de la existencia misma. La guerra fue un paréntesis deliberado. Cuando se despidió de sus ropas de guerrillero y dejó su fusil para incorporarse a la vida civil, se expresa como un hombre con suerte porque se integra casi de inmediato a Sol del Río 32, el único grupo de teatro salvadoreño que se consolidó en el exilio en Europa, para regresar en 1988 y seguir creando en aquellos últimos años de guerra y posguerra. Con ellos, René actúa en la obra Tierra de cenizas y esperanzas, de Roberto Salomón, y sale a su primera gira internacional para presentarse en el Festival de Cádiz, España, en el marco de la conmemoración de los 500 años de la llegada de los españoles a América.
Después de esa experiencia, salió el lobo estepario para comenzar un camino autodidacta desarrollando sus propios espacios y aproximaciones en la formación de actores y la dirección teatral. Ha sido testigo de los cambios del país, del Pulgarcito de América, como nombraba Roque Dalton a El Salvador. Los cambios constantes y vertiginosos lo han llevado hacia su propia teatralidad en el campo de la experimentación, la formación y el entrenamiento actoral, con cuestionamientos profundos hacia la confrontación con los modelos establecidos.
“No soy un actor extrovertido, no me considero actor modelo. No calzo en todas las teatralidades. Soy un arraigado a mis construcciones de lenguaje teórico y filosófico, que me definen al punto que tomo distancia de todo lo comercial.”
La aproximación de René al texto dramático se fundamenta en sus inicios académicos con maestros que tenían doctorados en teatro en Alemania y en la antigua Unión Soviética, quienes le enseñaron la ética que se desarrolla con la experiencia propia. A partir de sus solitarios años de constante experimentación, considera que es indispensable la lucha con la palabra necesaria, la innecesaria, la que sobra, la invisible, la palabra que hace vínculos y relaciones que nutren su postura actoral. Asimismo, concibe el texto dramático como un territorio de expansión con múltiples variables en las que se mantiene una constante discusión entre el alma de los cuerpos que ejecutan y los candados abiertos del texto; en los que ha dejado de ser “lo fundamental” para dar lugar equitativo a todos los elementos que generan el teatro. Esta discusión afortunada afecta, incomoda, asusta y al mismo tiempo es necesaria, pertinente e inevitable para abrir los horizontes del teatro actual.
“Uno no va a la escena con ideas, las ideas vienen de la escena. No es una negación del texto dramático. Lo que mantengo en el taller de entrenamiento para la autonomía actoral es la discusión sobre lo teatral y el lugar de la actuación.”
Mantiene un respeto absoluto al texto, como en el caso de su obra El secreto más terrible, versión autónoma de Potestad, que considera una obra maestra de Pavlovsky, quien era actor, dramaturgo y psiquiatra; no era un hombre que creara sus obras desde el escritorio, era un hombre de escena, conocedor del rito, el convivio del cuerpo en el tiempo y el espacio. A partir de ahí, René asume la actuación con la responsabilidad de ejecutarla con libertad, creatividad, deseo, voluntad y decisión para hacer buen equipo entre el texto, la dirección y la actuación; porque considera que la dramaturgia no es un fenómeno literario, es lo que sucede en escena, en los cuerpos, en el sonido, la luz y todos los elementos que llevan hacia lo poético. Esto quedó más que manifiesto en las funciones que dio en Morelia, donde el público quedó azorado por su actuación potente, corporal hasta el más pequeño espacio que llenaba con intención definida y contundente para articular palabras precisas que viajaban de una emoción intensa a otra sin dar tregua al espectador, que en palabras de René es el verdadero intérprete que absorbe el teatro y lo hace suyo desde su propio contexto. Las expresiones de las personas al terminar la obra eran de asombro y agradecimiento por haber presenciado una actuación excepcionalmente apasionada, que descolocaba de cualquier confort o condescendencia ante la contundencia de la historia que se narraba, con todos los elementos, en confidencia y complicidad.
“El lenguaje del teatro se sostiene y alcanza su nivel más elevado en lo inefable, que no resta mérito a la palabra, sino en colocarla en un lugar y contexto más potente. El teatro está pasando una etapa revolucionaria y requiere la colaboración consciente, ardua y total de sus colaboradores.”
En ese sentido, René se enciende y sostiene que la actuación es el cuerpo que pone la carne en un lugar excepcional del teatro; para encontrar campos asociativos y destruir la realidad, para reorganizarla de otra forma que ponga en discusión las herencias, dando valor político al teatro, a la altura de la poesía que genera, como un acto de fe y un rito contemporáneo.
Dando espacio para mantener viva la discusión, Lovo respira y suspira al hablar sobre la travesía de hacer teatro en su país, donde no existe una escuela nacional de teatro y a lo más que se llega es al bachillerato en artes, por eso él mantiene la apuesta de su taller permanente de entrenamiento actoral dentro de su Foro La Galera, que recientemente cumplió nueve años y fue el primer foro independiente en El Salvador, donde también organiza el Festival Internacional de Teatro Alternativo con apoyo de Iberescena. Él dice que hacer teatro en su país es complejo, razón por la que considera que en Morelia es un privilegio trabajar con personas que tienen bases académicas y una formación de estudios superiores en teatro y artes escénicas, lo que lleva a otros niveles la experimentación hacia una autonomía de la actuación, en la que se derivan ejercicios libres que, en palabras de la actriz Daniella, “me reconcilian con mi cuerpo en la actuación, me quedo con la premisa del desequilibrio como el lugar de la actuación”. Y Uran Victoria sostiene que los postulados de René son preguntas sin respuestas que ya se había hecho antes y que atisba posibilidades para transitar en sus propias exploraciones escénicas como actante, dramaturga y directora de escena.

Franco, estudiante recién egresado como licenciado en artes escénicas y producción, expresa que el encuentro con René Lovo lo tiene revolucionado, porque se da cuenta de que todavía falta muchísimo por explorar, se queda más conectado con su cuerpo actoral, inspirado y encendido para continuar en el teatro.
Para cerrar, René pone el calendario sobre la mesa para sembrar las fechas de su próxima visita a Morelia, pues del 1 al 8 de agosto de 2024 dará la segunda parte del taller de Autonomía actoral con una muestra final, y el 9 y 10 de agosto nuevamente dará dos funciones del monólogo El secreto más terrible.
Con la certeza del impacto de su paso por las indómitas tierras michoacanas, René Lovo se sabe bienvenido ahora y siempre.

Cardiela Amézcua Luna. Artista multidisciplinaria, docente de artes escénicas y producción, gestión cultural, educación ambiental, experta en educación para el desarrollo sostenible. Empresaria cultural. Sus textos de opinión y artículos especializados se han publicado en revistas y compilaciones en México, Argentina, España, Inglaterra y Japón.



