Se presenta viernes, sábados y domingos en el Teatro Jorge Negrete

En muchas ocasiones el teatro sucumbe ante las cosquillas por hablar de sí mismo. Abunda la dramatúrgica endogámica que pone sobre el escenario asuntos teatrales, desde Molière hasta Ingmar Bergman son bastantes los escritores que han hecho del teatro un tema teatral. Hay quienes pueden mirar en estas obras un acto onanista, por contarse a sí mismos, aunque también existe un fuerte público que se deleita por conocer más del teatro desde el propio teatro. El teatro que habla de sí mismo es lo más aburrido, pero el teatro que pretexta de sus condiciones para manifestar los mecanismos de la condición humana puede ser lo más provocador, sensible y desternillante.
¡Qué desastre de función! (Noises off ) es una excelente comedia que nos cuenta la historia de una convulsa compañía de teatro y los berenjenales que deben capotear para poder representar, con mínima dignidad, el vodevil Al desnudo que tienen en cartelera. La obra está divida en dos actos (tres en realidad) que alternan el punto de vista desde el que se cuenta la historia: El ensayo, tras bambalinas y la función. Los momentos de comedia disparatada van in crescendo conforme evoluciona la trama, que se enreda más minuto a minuto.
El primer acto supone el último ensayo que tiene la compañía durante la madrugada, a unas cuantas horas de su estreno. Ahí el director de escena (Pedro de Tavira) se tira de los cabellos para conseguir que las escenas fluyan con precisión e intenciones coherentes. La víspera nocturna devela las relaciones, íntimas y trémulas, que existen entre los miembros de la compañía, además de los roles que cada uno de los actores desempeñan en el equipo. Sergio (Marco Antonio García) es un actor veterano, alcohólico y sordo, que está en el montaje por el respeto que tienen sus compañeros a sus mocedades. Félix (Roberto Duarte) es un actor emocional y vivencial que con impertinencia se esfuerza por comprender cada coma de su libreto. Al término del primer acto también se descubre un triángulo amoroso que desequilibra el ya tambaleante ambiente del teatro. Esta sorpresa suspende a los espectadores en una incómoda carcajada que predispone lo que se avecina al levantar el telón nuevamente.
La fábula del segundo acto ocurre algunas semanas después de la escena que le antecede. La acción comienza con la asistente de dirección (Ximena Romo) indicando a los tramoyistas la rotación suficiente del escenario giratorio. La escena gira 180º para presentar lo que ocurre tras bambalinas en una función de Al desnudo en su gira por el interior de la República. Es hilarante ver cómo los actores resuelven entre bastidores los imprevistos de la función para que los errores pasen “inadvertidos” frente al públicos. Para el último tercio de la obra, nuevamente el escenario se gira en disposición frontal al público, quienes somos testigos del cumplimiento de la promesa que nos anunciaron desde el título.
Cristian Magaloni (el director de la obra) consigue con gran acierto entonar a todo el elenco en la ligereza de la comedia anglosajona. La obra fluye con gran destreza por los cuatro costados del escenario e incluso al momento de desbordarse, al romper la cuarta pared, se realiza con puntualidad humorística. Hay que subrayar el cuidado de la dirección escénica para lustrar todos los elementos teatrales. La temeridad de Magaloni es evidente desde los primeros minutos de la obra, cuando las convenciones dramáticas se firman implícitamente con el espectador.
El elenco de esta obra navega las aguas de la comedia como el marinero más diestro del Atlántico. Fernando Córdova (interpreta a Paco, el regidor de escena) es un experimentado maestro del clown, y en cada una de sus intervenciones brilla la sencillez del timing que sabe interpretar. Ximena Romo impregna a su personaje de tantos matices que hacen de Mina una mujer entrañable. Aunque Pedro de Tavira se instala por largo tiempo en la histeria del director, al final de la obra consigue que la comedia le atraviese a partir de vulnerar a su personaje. Roberto Duarte y Marco Antonio García juegan con destreza la comedia física y arriesgan a sus personajes al ridículo. Anahí Allué, Mario Alberto Monroy, Pamela Almanza y Mariana Gajá también integran la tripulación de esta comedia con uniformidad y destreza.
La escenografía destacada por su grandilocuencia. Se trata de una cabaña recargada de puertas por donde entran y salen los absurdos enredos de esta comedia que dialoga entre distintos planos de ficción. El diseño escenográfico tiene la rúbrica de Emilio Zurita e Ingrid SAC en colaboración con Mariana González Guadarrama. El espacio juega un papel protagónico para contar esta historia, pues sin sus elementos, niveles y texturas, la comedia no encontraría los resonadores necesarios para liberarse.
¡Qué desastre de función! Es una obra absolutamente recomendable para toda la familia. Esta producción confirma el éxito que ha tenido Noises off desde su estreno, hace ya varias décadas, que sentó un precedente para la comedia de asuntos teatrales. La dramaturgia de Michael Frayn ha sido traducida a 28 idiomas y representada en más de cincuenta países.
Esta obra se presenta los viernes (20:00) , sábados (17:00 y 20:30) y domingos (17:30) en el Teatro Jorge Negrete (Ignacio Manuel Altamirano 128, col. San Rafael). Los boletos están disponibles en Ticket master y en las taquillas del lugar.


