Cosita de nada

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Esta obra de Richard Viqueira recibió mención honorífica entre los textos que se postularon para la categoría de Puesta en escena, en el DramaFest 2025, una historia sobre ambición humana en clave de humor negro y de atmósfera claustrofóbica: una pareja de dones acude a una marisquería de mala muerte y encuentra una perla dentro de su plato de ostiones. Este incidente desencadena una lucha descarnada entre ellos y la encargada del local.

Prólogo

Oscuro. Gran eructo. Luz.

Hay una ostra gigante. Se abre. Adentro del caparazón nacarado, ahora hay un hombre de pie.

Don: Yo sólo tuve antojo y decidimos… ¿A dónde vamos a comer, mujer? Total: ¡es tu día!

Se cierra la ostra. Vuelve a abrirse. Alberga otra persona: una señora que sujeta un ramillete de globos.

Doña: Yo ni hambre tuve, pero acepté. ¿Qué me quedaba? Soy su esposa. Quince años juntos y lo más increíble: él Cáncer, yo Piscis. Mi cumpleaños era ese día. Y no quise quedar mal. Ustedes saben, por eso del regalito, naturalmente.

Se cierra la ostra. Vuelve a abrirse, alberga otra persona.

Don: Antes de entrar al local, vi salir a una morra que cargaba un reproductor de casetes bajo el brazo. Corrió. Alcancé a ver que el reproductor tenía una estampa de Don Gato descarapelada. Poco después lo olvidé. No sé por qué. Tengo muchas otras cosas en qué pensar. ¿Qué les iba a decir? Ay, ya se me olvidó. Otra vez.

Se cierra la ostra. Vuelve a abrirse:

Ostra: Yo soy naturaleza. No tengo justificación. Las cosas en mí pasan porque sí, o por la providencia. Según como se quiera ver. Era mi función. No sabía que fuera especial. Nunca lo creí.

Se cierra. Vuelve a abrirse, muestra una nueva persona con una mano dentro del bolsillo.

Chalana: Para mí era normal después de tantos años en el negocio. (Saca la mano del bolsillo y trae un cangrejo prensado al meñique.) ¿Esto? (Refiriéndose al bicho.) Gajes de oficio. Si lo jalo, tal como está, ¡me lo arranca! Mejor templo agua con sal y lo sumerjo; así se siente en su medio y me suelta sin dejar ni un rasguño. No es la primera vez. Estas cosas pasan en la cocina. No son tan malos. Un bicho a veces es más humano que tú o que yo. (Guarda la mano en el bolsillo aún con el cangrejo.) Porque esto de servir a los hambreados es una labor terrible. Uno es quien lidia con su voracidad. Es el trabajo que mayor contacto guarda con la parte animal del hombre. Ni las putas están expuestas así; ellas tratan con una sola bestia, nosotros en cambio estamos expuestos a la jauría entera. El menor error o tardanza con su comida, es motivo para arrancarte la piel. “¡Joven, es usted un hijo de su reputa madre!, ¿todavía no está mi vuelve a la vida?” Quien llega a comer ya está de por sí alterado, con la pulsión carnívora. Oponerse a un comensal es oponerse a una fiera. Yo aprendí esto para sobrevivir. Entendí que estaba en un circo. Y nunca dejé que los leones se quedaran sin su bocado o me costaría el pellejo. Parece exagerado, ¿verdad? No cuando atiendes una marisquería, créeme. Aprendí a servir en putiza, porque sabía que estaban en juego mis propios ojos. Y no menos.

Escena única

Marisquería “Tiburón Trucha”. La Chalana cierra la cortina metálica del local. Alguien se le interpone.

Chalana: Lo siento, ya voy a cerrar.

Don: No seas así. Sólo un bocado. Mira que no tardamos.

Chalana: Regresen mañana.

Don: No seas así. Comemos rápido.

Chalana: De veras no se puede. Ya se fueron los demás. Trabajé toda Semana Santa y todo el santo día. Estoy solo, patrón.

Don: Mejor, así te dejo buena propina.

Chalana: De veras, no.

Don: ¡Tengo chingos de hambre!

Chalana: Ese es el problema, Don. No voy a poder atenderlo como se merece. Y no quiero broncas.

Don: ¿Bronca? Pero si soy un tipo pacífico. ¡Ni siquiera hice mi servicio militar! No te preocupes, yo aguanto “la tardanza del servicio”, como le llaman. A ver, mujer, pásame un billetín.

La Doña le extiende uno.

Don: (Lo entrega al Chalana.) Ándale.

Chalana: (Lo toma.) ¿Seguro? Soy lento.

Don: No pasa nada.

Chalana: (Se persigna con el billete.) ¿Cuántos son?

Don: Dos nada más.

Chalana: Pero, comen rebién, ¿no?

Don: ¡Qué pasó!

Chalana: Es broma, Don. No se sienta. ¡Qué bonitos sus globos, Doña!

Doña: Gracias, es mi regalo.

Chalana: ¿Un día especial?

Doña: Tú dirás: ¡soy Cerdo… en el horóscopo chino! ¡Y signo de agua!

Chalana: Ah, ya entendí, ¿su cumpleaños? Está bien, pásele. ¡Bienaventurados los hambrientos!

Doña: (Susurra al esposo.) Mira, una devota, ¡qué suerte!

Don: ¡Y tan correosa!

Doña: (Susurra al esposo.) Parece un Libra, ¿pero y su ascendente?

Chalana: (A los esposos.) Voy a cerrar la cortina, para que no vayan a entrar más.

Cierra con candado.

Chalana: Algunas cosas ya no las preparo. Tomen la carta.

Doña: ¿Dónde dejo los globos, gordo?

Don: Aquí junto, vieja. Lejos del foco, no se vayan a reventar. Hay que guardarlos aunque se desinflen, como recuerdo.

Los acomodan junto a su mesa.

Don: (Toma el menú.) ¿Todavía me puedes preparar uno de estos?

Chalana: Híjole, la vigilia dejó casi nada. Ya no tengo. Si no, sí.

Don: ¿Y esto?

Chalana: ¿Vuelve a la vida? ¿Con cilantro?

Don: ¡Échamelo! Tú, mujer, ¿qué vas a querer? Nomás no te tardes, que la joven tiene prisa.

Chalana: No es eso, sólo quiero dormir un ratito. Al rato tengo jornada de nuevo.

Doña: ¿Todavía hay ostiones en su concha?

Chalana: Deje ver.

Va a la cocina.

Doña: (Al Don.) Y tú, ¿a dónde vas?

El Don se levanta hacia la rocola del lugar.

Don: ¿Una rocola?

Oprime los botones de selección.

Don: ¿Te acuerdas de ésta?

Nada.

Don: ¿Qué pasa? (Grita rumbo a la cocina.) Oye, ¿que no funciona tu aparato?

Chalana: (Afuera.) No está conectado.

Don: ¿No lo puedes conectar a la chancla?

Chalana: (Afuera.) Tengo que desconectar el refri.

Doña: Es un ratito.

Chalana: (Afuera.) Bueno. Sale. Enchúfelo.

Se escucha la marcha del refrigerador cesar. El Don oprime de nuevo los botones. Comienza a sonar una canción de Los Bukis.

Doña: Gordo, ¿a poco es nuestra…?

Don: Por eso te traje aquí. Antes revisé si la tenían. Eso y los mariscos.

La Chalana regresa.

Chalana: ¡Música! Uta, a mí me encanta. Qué bueno que pusieron, ¿y les gustan bandas como…?

Doña: ¿Tienes ostiones?

Chalana: Ah, sí, que tenemos prisa, ¿verdad? Todavía nos quedan. ¿Un plato?

Doña: No sé. No hay lo que se me antoja. ¿Esto está bueno?

Chalana: De primera. Nomás apúrense a decidir, no sean así.

Doña: No, mejor tráeme una pescadilla.

Chalana: Hecho.

Doña: ¡No, espera! Mejor sí, un plato de ostiones. Y mucho limón.

Chalana: Deje ver si quedan.

Antes de que salga.

Doña: Oye, ¿los tienes a la Rockefeller?

Chalana: Se tardaría un poco y le saldrían al doble, ¿no importa?

Doña: (A su esposo.) ¿Está bien?

Don: No pasa nada.

Toma un globo y se lo entrega cual flor cortada.

Don: Total, ¡es tu cumpleaños!

Doña: (A la Chalana.) Entonces sí. Gracias.

Chalana: Pa’ servirle. (Sale.)

La rocola interrumpe la música.

Doña: (A su esposo.) ¡Ay, se cortó!

Don: ¿La vuelvo a poner?

Doña: No, al rato.

Silencio.

Doña: Oye, ¿por qué mariscos?

Don: ¿No tenías ganas?

Doña: Hubiera preferido una torta.

Don: Tú sabes cómo me pone el marisco. ¡En mi punto!

Doña: Estate quieto. Ahorita regresa el joven. Nos va a ver.

Don: Se le vaya a antojar. Aprovechemos ahora que estás antes de un año más vieja.

Doña: Que cumpla un año más no significa que sea una anciana.

Don: No te sientas. Es broma. Creí que te gustaría venir. Como cuando nos conocimos. Íbamos a comer marisco cada semana, ¿te acuerdas?

Doña: Que si no. Pero luego con la salmonela paramos. Aquí parece limpio.

Don: De lo mejor. Me lo recomendaron.

Doña: ¿Quien?

Don: Joaquín, el de la vulcanizadora.

Doña: Ah.

Don: ¿Sabes quién?

Doña: ¿El de pelo rizo?

Don: Ése.

Doña: Ah.

El Don voltea a ver.

Don: ¿Ya viste?

Señala un pez espada empotrado en la pared.

Doña: ¿Será real?

Don: Quién sabe, luego son bien hechizos.

Doña: ¡Lo que hacen para que uno se sienta como en la playa!

Don: A ver, déjame ver si es de a devis.

El Don sube a la mesa y sacude al pez; una arañita cae sobre la mesa.

Don: ¿Qué se cayó?

Doña: ¡Ay! ¡Una tarántula! ¡Písala, quítamela, mátala…! ¡Ay, Dios! ¡Haz algo! ¡Tiene mil ojos, hasta se los veo! ¡No me dejes! ¡No haces nada! ¡Me va a picar, morder, como se diga…!

La Chalana se asoma.

Chalana: ¿Qué pasa?

Don: Nada.

Chalana: ¿Necesita ayuda?

Don: Es una cosa de nada.

Chalana: ¡Ah!

Don: No te preocupes.

La Chalana vuelve a la cocina.

Don: ¡Me avergüenzas con las gentes!

Doña: ¿Por qué no dejas que me ayude? (A su esposo.) ¡Rescátame! ¿Por que no haces nada? ¡Fuiste tú! ¡Dijiste que el lugar era limpio! ¡La trajiste para matarme! ¡Haz algo de una buena vez!

El Don aplasta la araña con la palma.

Don: Ya está. Cálmate. ¿Por qué siempre has de ponerte así?

Doña: (Se recupera con dificultad.) ¡Mariano Osorio!

Don: ¿Qué?

Doña: Lo oí en su programa. Una fobia, creo. Así lo llaman. Más frecuente de lo que imaginas.

Silencio.

Don: Bueno, ya. Olvidemos el asunto.

Doña: Para ti, nada es para tanto.

Don: Si contara todas las arañas que he matado pa’ ti.

Doña: Eso sí.

Don: Nada hay peor: cuando agonizan, cada pata se mueve sola, como si ocho veces se muriera.

Doña: ¡Qué cosas dices!

Pausa.

Doña: Oye, gordo, ahora que me acuerdo, los niños no han comido.

Don: Uta, ¡primero arañas y luego tus hijos!

Doña: ¿Les llevamos algo de comer?

Don: ¿A esos güevones? ¿Qué no oyes que ya no tienen, que ya van a cerrar?

Doña: Pero no han comido. ¿Qué les llevamos?

Don: En la tienda les compramos algo. Donas Bimbo.

Doña: ¿Traes más dinero del que me diste a guardar?

Don: ¿Y por qué crees que te lo di?

Incomodidad.

Doña: Pero ni siquiera tienes para…

Don: Sí tengo. ¿Pa’ qué crees que te traje?

Doña: Tú dime.

Don: Para darte tu regalote.

Doña: ¿No son los globos?

Don: ¡Hay más!

Doña: ¡Viejo! ¿Tanto?

Don: Pero no quería que estuvieran los chamacos. ¿Te lo doy ahorita?

Doña: Como tú quieras.

La Doña con cara de “Ya no aguanto”.

Don: ¡Es una pequeñez!, pero espero te guste.

Saca de su morral lencería barata y se la muestra a la Doña, quien queda defraudada.

Don: ¿No te gustó?

Doña: Sí… Es muy… práctico. Pero… ¡guárdalo ya!… Te lo va a ver la joven.

Don: Ay, ni que ella no…

Doña: ¡Viejo!

Don: Ya, ya me callo.

La rocola repite la canción de Los Bukis. La Chalana entra con los platillos.

Chalana: ¿La puso otra vez?

Don: ¿Yo? No.

Se acerca a la rocola y deja los platillos sobre ésta.

Chalana: ¿No me digan que ya no furufa?

Doña: ¿Furufa?

Chalana: Así digo cuando se descompone.

La checa.

Chalana: Casi no la usan, a lo mejor por eso chafió. Si quieren la desconecto.

Doña: No, déjala. A nosotros no nos molesta. Es nuestra canción de amor.

Besito de pico.

Chalana: ¿Les gusta también el rock cristiano?

Doña: Ya no tenemos edad para eso.

Chalana: ¿Para el rock o pa’ Cristo? Siempre hay edad para que Él entre en uno, mientras más descarriado, ¡mejor! ¡Míreme aquí, tan tranquilita! Si me hubieran conocido antes, ¡uf!

La Chalana se les acerca con los platos: un vuelve a la vida bien rojo y el platillo de ostiones.

Chalana: ¿Qué cree, jefa? Le voy a quedar mal. Sólo me queda un limón, pero rejugoso, eh.

Se lo entrega.

Doña: Bueno, ni hablar.

Don: (A la Chalana.) Ah, se me olvidó. ¿Me puedes traer un pescadito frito? ¿Te quedan?

Chalana: Si no mal recuerdo, uno; si sí, se lo caliento.

Don: ¡Ya vas!

Chalana: Y ya es lo último, ¿verdad?

Don: ¡A mano, mana!

La Chalana sale.

Larga acción en que el Don y la Doña comen. La Doña pone salsa Búfalo a cada ostra y sorbe los ostiones. Ella se descalza y con la mano que tiene libre, el Don le soba los pies mientras comen.

Don: ¿No les vas a poner limón?

Doña: Mejor lo guardo pa’ mi tostada de pata de cangrejo. Ni me lo toques, ¡es mi joya!

Don: ¿Verde?

El Don abre las galletas saladas, las colma de camarones y se las lleva a la boca.

Doña: ¡Mira nada más! Esta ostra la gratinó cerrada y por encimita, ni siquiera la abrió tantito.

Don: La prisa. Se nota que ya se quiere ir.

Doña: ¡Está retedura!

Le extiende la ostra.

Doña: Gordo, me la abres.

Don: A ver, tráela.

Intentos.

Don: ¡Ah, cabrón, está canija! A ver, pásame el tenedor.

Doña: ¿Verdad que está apretada? Como si tuviera algo dentro.

Don: Sí, vieja, seguro una perla.

Doña: ¿Y por qué no?

Don: Pues porque las revisan antes. ¿Tú crees que alguien va a ser tan pendejo como pa’ que se le vaya una perla en el cargamento? ¡Ni madres! Esos güeyes se quedan con todo. Venden lo comestible y se quedan con las alhajas, negocio redondo. Ponen a chingarle a un resto para revisar que no se les vaya ni una, como sabuesos.

Doña: Ah… ¿Y cómo revisan las ostras sin abrirlas?

Don: ¡Yo qué sé…! Tienen máquinas de Rayos X para ver dentro. Sí, son

como aduaneros, pero de la pinche naturaleza.

Doña: Ya ábrela, viejo.

Don: ¡No puedo!

Doña: Entonces, ¡sí ha de tener algo!

Don: Pos si fuera por lo maciza, yo diría que un diamante. ¿Qué cuesta más?

Doña: No sé, viejo. Yo creo que las incrustaciones.

Don: ¿Incrustaciones de qué?

Doña: No sé, pero así dicen, ¿no?

Don: Pues está cabrón, mejor hay que tirarla.

La avienta al otro extremo del local.

Doña: Imagínate.

Siguen comiendo.

Don: Sería una locura, ¿no?

Doña: Mucha buena fortuna.

Don: De esas que no pasan.

Doña: No a nosotros.

Don: ¡Pero qué cosas te pones a pensar! Estamos condenados a la miseria, vieja, ¡ni le hagas!

Doña: ¿Y si sí?

Don: Sería lotería. Pero un sorteo natural. Justo.

Doña: Y entonces, ¿por qué no?

Don: ¡Jaladas! ¡De puras pinches jaladas vivimos!

La Doña va por la ostra y la recoge del suelo.

Doña: ¿Pero qué cosas dices, viejo? Inténtalo, para salir de la duda.

Intentos vanos.

Don: ¡No se puede!

Doña: Entonces, ¡sí ha de tener algo! Y si te cuesta tanto trabajo ha de ser una negra.

Don: ¡Seguro! Ha de estar echada a perder, para nuestra suerte.

Doña: No, viejo, las negras cuestan más.

Don: ¿Cómo crees? ¿Por qué crees entonces que los negros fueron esclavos? ¿Por chulos?

Doña: Te digo que las negras cuestan más. Son únicas.

Don: ¿Quién dice?

Doña: Lo oí en un poema. De Mariano.

Don: Como digas, pero ahora yo la abro porque la abro. ¡No va a poder más una pinche ostra que yo!

La abre.

Don: ¡No mames, vieja!

Una perla negra rueda por el local.

Don: ¿Y eso qué fue?

Doña: No sé, tal vez un chícharo.

Don: ¿Negro?

Doña: No sé cómo preparan aquí los mariscos.

Don: Seguro no con chícharos. Menos negros.

Doña: ¡Ay, no manches! ¡A poco es una…!

Don: No creo. Sería mucha causalidad.

Doña: ¿Es nuestra?

Don: Nosotros pagamos por el plato.

Doña: Todavía no. Yo traigo el dinero.

Don: Me da miedo agarrarla. Ha de ser como esa vez que vi un billete debajo del asiento del micro, pero como estaba muy lleno no quise recogerlo y que lo reclamaran, así que lo pisé disimulado y tuve que esperar a que todos bajaran… Resultó ser de juguete… ¡Me aventé todo el viaje de Chapultepec a las Bombas por un pinche billete de mentiras!

Doña: Mejor asegurémonos. Pero yo no voy. ¡Qué tal que es una canica negra y algún chamaco maldoso la metió para que nos la creyéramos!

Don: ¡Ve a ver! No se avanza en la vida sin determinación.

Doña: Espera, pues.

Cuando está a punto de recogerla, entra la Chalana.

Chalana: ¿Qué le falta?

Doña: (Disimula.) No, nada. Un popote.

Chalana: Si quiere, tómelo. Están detrás de la barra. Con confianza.

La Chalana patea sin querer la perla y la manda a un rincón.

Chalana: Ah, ¡se me olvidó el pescadito! ¡No les digo!

Regresa a la cocina.

Doña: (Al Don.) ¡Párate a ayudarme!

La Doña se agacha a intentar alcanzar la perla.

Chalana: ¿Mande? (Desde fuera.)

Doña: No, nada.

La Chalana regresa.

Chalana: ¿Qué se le cayó? ¿La ayudo?

Doña: No, no es nada.

Chalana: Si no alcanza, yo sí. Míreme los brazos. Larguirucho pero con músculo, como Cristo de póster.

Doña: De verás no se moleste. Es una cosita de nada. ¡Mi arete!

Chalana: ¿A poco?

Ve su rostro.

Chalana: Pues se le cayeron los dos, porque no trae ninguno.

Doña: ¿Ah, no?

Chalana: No.

La Chalana hace esfuerzo por alcanzar el objeto.

Doña: Déjelo, de veras no pasa nada. Total, son de fantasía.

Chalana: ¿Seguro?

Sacude palmas.

Chalana: Bueno. Si vuelven, se lo guardo. ¿Cómo es?

Doña: Pues… así, ¡como todos! Con forma de… Usted sabe. ¡Es de tianguis!

La Doña regresa a sentarse a su mesa.

Chalana: Ya no desean nada más, ¿verdad?

Don: No, así estamos bien.

Chalana: ¿Seguros?

Don: No, nada.

El Don regresa a la mesa y junto con la Doña siguen dizque comiendo.

Don: (Finge.) Está bueno, ¿no?

Para su sorpresa, la Chalana se queda sobre la barra, lee una revista de farándula y los voltea a ver de reojo.

Doña: (Finge.) ¡Sabrosísimo!

Se hace el silencio.

Chalana: Oigan, oí algo de una perla.

Doña: ¡¿QUÉ COSA?!

Chalana: ¿La han visto?

Doña: Oíste mal.

Don: Nosotros dijimos…

Doña: ¡Doña Perla!

Don: Una vecinita nuestra que es bien puta y que…

Chalana: Ah, yo creí que hablaban de otra.

Pausa.

Chalana: Luego viene a darse sus vueltas por aquí. No vean, ¡está bien chula! y creí que la conocían. Perlita, mi Perlita. ¡Soy tortilla y a mucha honra!

Los esposos sorben su comida y espían a la Chalana.

Don: (Para distraer su atención.) ¿Y si te pongo otra vez la canción, mujer?

Doña: Sí.

Don: Dame una moneda.

Cuando se acerca a la rocola.

Don: (A la Chalana, de paso.) Casi como si estuviéramos en un momento íntimo. Nomás que está aquí la joven para hacernos compañía, ¿qué no?

Vuelve a programar la canción de Los Bukis.

Don: ¿Sabes?

La Chalana ni se inmuta.

Don: Pensándolo bien, sí se me ofrece algo.

Chalana: ¿Cómo dice?

Don: Algo más. Una última cosa.

Chalana: ¿No que ya era todo?

Don: Mmm. No sé. Me quedé con un huequito.

Chalana: ¿A qué estamos jugando?

Don: Me prestas la carta.

Chalana: ¿Otra vez? Se lo voy a tener que cobrar… ¡Esta vez el triple!

Don: No importa. El dinero no es problema. ¡No desde hoy…! digo…

Pausa.

Don: Ya ves, puras tonterías digo de la maldita hambre. Deliro.

Chalana: Pero apúrese. Hay misa de media noche y soy monaguilla.

Don: ¡A poco! (Sobre el menú.) ¿Tienes esto?

Chalana: No, qué cree, se me terminó.

Don: Y esto otro.

Chalana: Tampoco.

Don: ¿Este de acá?

Chalana: ¿A la plancha? Tardaría mucho, ¿no?

Don: No te preocupes. ¡Qué más da!

Chalana: No, tampoco a la plancha. Sabe, ya corté el paso de gas.

Don: Entonces, ¿qué me puedes traer?

Chalana: ¿Cualquier cosa?

Don: Sí, es nomás el antojo. Por no dejar.

Chalana: Pues lo que recaliente en microondas. ¿Empanada de jaiba?

Don: ¿Pa’ ti está bien?

La Doña asiente.

Don: Bueno. Entonces tráeme lo que tengas.

Chalana: Ah, si es para dos, tarda un poco más.

Don: Está bien por mí. ¿Y pa’ ti, vieja?

Doña: Sí, no tenemos prisa.

Chalana: ¿No?

Asienten.

Chalana: ¿Y esto…?

Señala el plato de ostras, el más estorboso en la mesa.

Chalana: ¿Me lo llevo?

Sintiéndose delatados.

Don: ¿Cómo? (A la Chalana.) Si tú… quieres…

Doña: Claro… Si no te estorba…

Don: Porque ya no vas a querer el resto, ¿verdad, vieja? Como pedimos algo más, pues…

Doña: Sí, por mí está bien. Yo no dije nada. Es pura basura.

Chalana: Correcto. (Lo toma.) ¿También los cubiertos?

Doña: Sí. ¿Nos traes otros limpios?

Chalana: Oigan, como que amanecieron muy mandoncitos, ¿no?

Doña: No es eso, es que…

Chalana: ¡Miren nomás cómo dejaron el plato! Lleno de salsa Búfalo, ya se secó; esa cochambre es dura de quitar. ¿A qué hora me voy a ir si siguen así? Claro, ¡cómo ustedes no lavan!

Doña: Yo sí, pero en casa. ¡Además hoy es mi santo!

Chalana: Una vez me encontré sobre un plato la figura de la virgen de Fátima en una mancha de salsa Valentina. Por supuesto que no la lavé. ¡Ella hasta salvó a Juan Pablo II! ¡Imaginen como la tendría en mi contra si la borro! ¡Pero esta mancha suya es sólo por el gusto de empuercar!

Doña: Nosotros…

Chalana: Ya, ya, me urge terminar. Si me pongo a seguir discutiendo… Ahora vuelvo.

Cuando sale, la Doña se abalanza al rincón y estira su brazo para alcanzar la perla.

Doña: ¡Rápido, antes que vuelva!

Se esfuerza en vano.

Doña: ¡Empújame por las nalgas, viejo! ¡Pa’ que alcance!

El siguiente diálogo se da entre la distancia que marca el rostro de la Doña y su cabús, sobre el cual está aplastado el rostro del Don.

Don: ¿Ya pudiste?

Doña: ¡Un poco más!

Don: ¿Ya?

Doña: No.

La rocola repite Los Bukis a mayor volumen. Sobresalto.

Doña: ¡PINCHE MÁQUINA! Me espantó.

Don: A mí igual, ¡pero tú sigue! ¡No tarda!

Regresan a la labor.

Don: ¿No la sientes? ¿Dónde está?

Doña: ¡Ay, Dios! ¡Virgen Santísima! ¡Jesús de Mil Amores!: ¡Una telaraña!

Don: ¡Sigue, vieja, sigue!

Doña: ¿Pero si está la dueña?

Don: ¿Cuál dueña?

Doña: La araña. La fobia, Mariano.

Don: ¡No pasa nada! ¡No está!

Doña: ¿Pero si está?

Don: No debe ser venenosa.

Doña: ¿Y si sí?

Don: ¡Que no!, te digo. Yo te curo. No es venenosa. No estamos en el Amazonas, es sólo una marisquería.

Doña: Para el caso da igual. Infestada de plagas.

Don: ¡Que lo alcances, te digo! ¡Esfuérzate!

Doña: ¿Por qué no lo intentas tú?

Don: A mí no me cabe la mano. La tengo más ancha.

Doña: Creo que está en la telaraña.

Don: Pues quítala.

Doña: De veras no puedo.

Don: Imagina que es otra cosa.

Doña: ¿Como qué?

Don: Como… algodón. Sí, ¡dulce de algodón! Imagina que al centro se te atoró algo y que tienes que sacarlo o tu papá te cuerea.

Doña: Está bien.

Don: ¿Ya la tienes?

Doña: Ya casi. ¡Qué horror! Empújame un poco más.

Don: Así.

Extrae la mano.

Doña: ¡La tengo!

Don: ¡Déjame verla!

Al abrir la mano, la Doña encuentra un arácnido sobre su palma.

Doña: (Paralizada.) ¡Te dije, cabrón! Una tarántula. Me muero.

Don: ¡Cállate ya! ¡Dámela!

Se la come.

Don: ¿Ya estás contenta?

La Doña asiente.

Chalana: (Se asoma.) ¿Qué pasó? ¿Por qué tanto grito?

Don: Porque…

Voltea a ver a su esposa.

Don: (Finge alegría.) ¡Celebramos!

Chalana: ¡Ah!

Don: (A la Doña.) ¡… y que te canta el rey David…!

La abraza.

Don: (A la Doña.) ¡… a las muchachas bonitas…!

La Chalana vuelve a la cocina.

Don: Ya pasó.

La empuja.

Don: Ahora alcanza la perla.

Doña: ¿Y si hay otra?

Don: Ay, ¡no mames! ¿Pos qué no viste que era una viuda negra? Esas se tragan a su marido. Es de cultura general, vieja. Ya no hay peligro. ¡Alcánzala!

La Doña reanuda el intento y consigue alcanzarla.

Doña: ¡Es mía! ¡Estaba en mi plato!

Don: ¡Pero yo te invité!

Doña: ¡Pero tú no pediste ostiones, ni a la Rockefeller! ¡A ti te dan diarrea!

Don: Sólo dije que me dejaras verla.

Doña: ¡Primero yo!

Se acercan al objeto.

Doña: ¡Es un regalo! ¡Por mi cumpleaños! ¡Me lo manda Dios! ¡Su estornudo llena de polvo la ostra y crea la perla! ¡El milagro!

Don: Préstala.

Doña: Con cuidado.

Don: ¿A poco esto cuesta tanto? Pero si es una chingaderita. Casi desaparece al mirarla.

Doña: A ver, pásamela.

Instante para admirarla.

Doña: Es una nube negra, chiquita. Seguro contiene una tormenta miniatura en su interior.

Asomándose a ella.

Don: Un mundo de bolsillo con todo lo que cabe en él. En su corteza se alcanza a ver mil desiertos de marfil. Por eso se ve así. Tan tersa.

Doña: Duelen los dedos de tan compacta.

Don: ¡Aguas! ¡Agárrala bien porque se te puede resbalar!

Doña: No se te resbala aquello por lo que dependes toda.

Don: ¿Y ahora por qué hablas así?

Doña: Tú también hablas raro. Ha de ser la sensación de ser aristócratas.

Don: Sí, como que da poder, ¿no?

Doña: ¡La bomba más compacta en tu mano! ¡La que destruye al mundo!

Don: ¿Otra vez? Mira cómo hablas. Ni se te entiende. Ese maldito Osorio te está afectando. ¡Deja de oír a ese joto que te hace daño!

Enajenados.

Don: Oye, ¿será tan cara como dices?

Doña: ¿No lo sentiste? Yo sé lo que te digo. Esta nos saca del estercolero. Nos salva.

Don: Dámela a mí.

Se la arrebata.

Doña: ¿Dónde la vas a poner?

Don: En mi mano.

Doña: ¿No que tu mano no servía?

Don: No para labores delicadas, ¿pero dónde hay lugar más seguro?

Doña: Mi boca.

Don: No, vieja. Estoy fuerte. ¡Viejo pero fuerte!

Doña: ¡Te detectaron anemia!

Don: ¿Con esta panza? ¡Cómo crees! Acuérdate que jugué frontón de mano durante diez años. Por eso estas manotas que tanto te gustan. Son la mejor caja fuerte con que podamos contar.

Doña: No estoy segura, viejo. ¡Mejor mi boca! Se te puede perder.

Don: ¡Cómo crees! Además tú te la puedes tragar. Y no te pongas, así. ¡Ni que te la fuera a robar! Te la estoy cuidando. ¡Vigilando!

Doña: Vámonos de aquí.

Don: ¿No será sospechoso?

Doña: Somos clientes. ¿Qué puede tener de malo?

Don: Hay que abrir la cortina.

Doña: Pues vámonos ya.

Don: ¡Está cerrada!

Doña: ¡Ábrela!

Don: ¡Tiene candado!

Doña: ¿Y la llave?

Don: La ha de tener él. ¿Quién más?

Doña: Pídesela.

Don: ¿Y qué le digo?

Doña: Que ya nos queremos ir.

Don: ¿Así como así?

Doña: ¿Cómo más?

Don: Con tacto.

La Chalana entra.

Don: Oye, no sé si quisieses, si pudieses, si no estorbase, si te gustase, pero… ¿nos podrías abrir?

Chalana: ¿Creen que soy su esclavo? ¿Y lo que estoy preparando? Venía a preguntarles si las querían con mayonesa.

Doña: ¿Nos las pones para llevar?

Don: Sí.

Doña: (A la Chalana.) Pero ábrenos ya, ¿no?

Chalana: ¿Y no me piensan pagar?

Cayendo en cuenta hasta entonces.

Don: Sí, perdón. ¿Cuánto es?

Chalana: ¿Qué pidieron?

Don: Déjame ver… Fue un vuelve a la vida y un plato…

Chalana: ¿De qué?

Don: Rockefeller´s.

Chalana: ¿Ostiones?

Don: Sí.

Chalana: Las cosas por su nombre, Don. ¿Y qué más…? Solamente, ¿verdad?

Don: Sí.

Chalana: Y lo que se llevan, ¿no?

Al unísono.

Don: No, no, no.

Doña: Sí, sí, sí.

La Chalana sin saber qué responder:

Chalana: Ahora vuelvo, las voy a envolver en aluminio.

Doña: Mejor en estas servilletas, no importa. Así más rápido. ¿Cuánto te debemos?

Chalana: ¿En total?

Intenta hacer mentalmente la cuenta.

Chalana: Ahora verá…

Ve la mesa.

Chalana: ¿Pues no que mucha hambre? Miren nomás. ¡Dejaron todo! ¿Qué no les gustó?

Don: Sí, mi buen. Lo que pasa es que se nos quitó. Ya quedamos llenos.

Doña: No se dice así, la gente de alcurnia sabe conjugar el bien verbo satisfacer. A ver, inténtalo…

Don: Yo satisfago, él satisface… satisfizo, ya quedé satis-fuchi.

Chalana: ¿Pos no que no? ¿De plano estuvo tan mal? Díganme la verdad. ¿Soy tan peor cocinero?

Don: No es eso.

Chalana: ¿Es la sazón?

Doña: Ta un poquito salado.

Chalana: Saben…

Ve la mesa de nuevo.

Chalana: Ésa sí no me la creo.

Revisa entre los restos de comida.

Chalana: Conozco bien a mis clientes. El hambre no se va con tres cucharadas. Usted hasta suplicó, me entiende. Sólo se le suplica a la madrecita de Dios. Pero a mí, me suplicó. ¡Yo era su maná en el desierto! Y ahora, ¿se me quieren ir? Eso está sospechoso.

Doña: En realidad… Lo que ocurre es que mi marido y yo tenemos un compromiso.

Chalana: ¿Cuál?

Don: ¡Ése es nuestro asunto!

Chalana: ¡No me grite, Don! Yo pregunto. Se me hace raro. A ver, permítame tantito.

Revisa entre las cosas detrás de la barra.

Chalana: ¡Ah, no manches! ¡Ya decía yo!

Doña: ¿Qué buscas?

La Chalana busca con compulsión.

Chalana: Claro… ¡Aquí falta mi reproductor de casetes! ¡Se lo chingaron ustedes!

Don: Cómo crees, compa. ¡Yo respeto la propiedad de los privados!

Chalana: Estaba aquí, yo lo dejé antes de irme a preparar su comida. Y usted estuvo tras la barra, ñora.

Don: Búsquelo bien. A lo mejor está allá dentro.

La Chalana sale a buscar.

Doña: ¡Nos la va a encontrar!

Don: ¿Por qué?

Doña: ¡Las joyas brillan! No se puede ocultar su luz. Como el eclipse.

Don: ¿A poco? No sabía. Entonces tenemos que salir de aquí. ¡Ayúdame a forzar el candado!

El Don y la Doña aprovechan para tomar un utensilio de cocina e intentar forzar el candado.

Doña: Apúrate.

Don: ¡Con una mano no puedo!

Doña: ¡Pues suelta la perla!

Don: ¡No!, mejor ahorita me las ingenio.

Chalana: (Desde la cocina.) ¡Ya ven!

Ruido de búsqueda feroz.

Chalana: ¡No está, ya busqué bien! (Entra.)

El Don esconde el instrumento tras la espalda.

Chalana: Ya decía yo que no tenía que abrirles. No daban buena espina.

Doña: No fuimos nosotros. ¡Lo juramos!

Chalana: ¿Qué escondes tras la espalda, pinche viejo?

Don: ¿Yo…? Nada.

Chalana: ¡Déjame ver!

Forcejean.

Chalana: ¡Suéltalo!

Don: No, ¡por favor!

Chalana: ¡Dame la mano!

Forcejean más.

Chalana: ¿Conque mis pinzas para partir cangrejo? ¿También esto? Bueno, ¡creo que ustedes quieren pasarse de vergas!, ¿verdad?

Don: (A la Chalana.) ¡Espérate!

Doña: No, no, no.

Don: (A la Chalana.) ¡Me la estás torciendo! Estás confundido. ¡No hagas algo que después te arrepientas!

La Chalana toma la mano de Don.

Chalana: ¿Sabes lo que le hacen en mi barrio a los ladrones?

Mete los dedos del Don en las pinzas para partir cangrejo.

Chalana: ¿Para que aprendan?

Le tritura los huesos.

Doña: ¡Déjalo, cabrón! ¡Ya me lo madreaste!

Se acerca a su esposo.

Doña: ¿Estás bien, viejo?

Don: ¡Aaay! ¡ME LOS DESTROZÓ! ¡ESTA HIJA DE PUTA ME PARTIÓ!

Chalana: Créame, me lo agradecerá. ¿Cómo cree que evité ser un malandrín viviendo donde vivo? Pero luego se lo agradecí a mi viejo. No fui un malviviente. Pero ustedes… Parece que ya están muy canosos como para mejorar. Como los perros… si están viejos ya no aprenden nuevos trucos… Pero yo tengo fe en que usted escarmiente. Si Cristo sangró, ¡fue para darnos una lección! No sólo piense en usted, ¡viejo egoísta! Su dolor nos salva a todos, cada día, un poquito más.

Doña: ¡Tengo que sacarlo de aquí!

Chalana: ¡Hasta que me lo devuelvan!

Doña: ¡No lo tenemos!

Chalana: Estaba allí, ¡tras la barra!

Doña: Si lo tuviéramos se lo daríamos. Además, dónde podríamos esconderlo, no se puede salir.

Chalana: Déjenme revisar.

Despeja sillas y las apila en una esquina.

Chalana: ¡Dónde está!

Apila más sillas. Espacio casi vacío.

Chalana: Se los voy a encontrar. ¿Dónde lo ocultaron?

La Chalana despeja una zona más: el vacío al fin, y deja al descubierto una pequeña ventana en lo alto del local.

Chalana: Ah, ¿por la ventana?

Don: Ni siquiera la habíamos visto, no alcanzamos. Tamos bien sotacos.

Chalana: ¿Qué tal que tienen cómplices y se lo pasaron?

Doña: Nosotros venimos…

Chalana: ¿Ustedes? ¿Conque un crimen organizado?

Doña: Nosotros: ¡somos dos! Estamos solos. Si quieres, sal a ver.

Chalana: ¿Y los dejo solos para que se lleven todo? Ni madres, ¡hijos de Barrabás! ¡Ustedes me lo devuelven o me cobro a lo chino!

La rocola repite la canción de Los Bukis.

Chalana: ¡Ah, ya entiendo! La pusieron para que no oyera mientras saqueaban, como un crimen perfecto de película, ¿no?

La Doña se acerca a su esposo.

Doña: ¡Mira nomás cómo dejaste a mi viejito! ¡Te dobla la edad, podría ser tu padre!

Chalana: ¡Mi padre no es un vulgar caco!

Doña: Ten piedad. ¡No se me vaya a descuadrar!

Chalana: No le pasa nada, ¡hombres de poca fe!

Doña: Por favor, llama una ambulancia.

Chalana: ¿Y que me lleven a mí a los separos o a la granja? ¡Ni madres! Yo mismo recuperaré mi reproductor. Ojo por ojo, como en la Biblia. ¡Como en la Santa pinche Biblia!

Don: Muchacho, ten compasión. El porvenir te depara bonanza. ¡No eres de la simple plebe!

Doña: (Al Don.) ¡Ya cállate!

A la Chalana.

Doña: ¡Por favor, ayúdalo! ¿No tienes botiquín?

Chalana: Deje de llorar así, Doña. ¡Así no se puede! ¡Verla así me recuerda a la Piedad! Lo más que puedo hacer es darles merthiolate.

Doña: Está bien con eso, ¡pero haz algo pronto!

La Chalana sale hacia la cocina.

Doña: ¿Por qué hablaste con esas palabrotas frente a él?

Don: La perla.

Doña: ¿Qué?

Don: Me hace hablar así. Como rico. No lo puedo evitar. Me enferma de aristocracia.

Doña: Entonces dámela. ¡La va a descubrir!

Don: No.

Doña: ¡Pues para de hablar así!

En murmullo.

Doña: Pero la tienes, ¿no? ¿No la soltaste?

El Don se recarga sobre la rocola.

Doña: Abre la mano, viejo.

El dolor hace que el Don golpee con la otra mano la rocola. Cesa la canción de Los Bukis.

Don: ¡POR FIN!

Doña: ¡Enséñamela!

Abre la mano herida.

Doña: No, ésa no. ¡La otra! ¡Abre!

Don: No.

Doña: ¿Por qué no?

Don: A ti te la puede quitar. No eres suficientemente fuerte.

Doña: ¡Que la abras, te digo! Te va a venir a revisar.

Don: Sí, pero la otra mano.

Doña: Pero puede abrirte ésta.

Don: No lo permitiré. Primero me la arranca.

Doña: ¡Yo la guardo!

Don: ¡Ni madres!

Doña: En lo que te revisa.

Entra la Chalana.

Chalana: ¿De qué están hablando? ¿Qué conspiran, pinches rucos?

Doña: Tenemos que llevarlo a que le tomen radiografías. Aquí cerca hay un hospital.

Chalana: Ustedes señoras siempre arman escándalo cuando ven sangre. No se espante. Nosotros los marimachos estamos más acostumbrados. ¿A poco no, mi Don?

La Chalana voltea a ver una imagen de la Guadalupana sobre la rocola.

Chalana: (Susurra a la imagen.) Sí, ya sé, se me pasó la mano, madrecita. Tú no te fijes. Es por su bien.

Don: ¿A quién hablas?

Al Don.

Chalana: Pero también fue su culpa, mi Don. La cosa está muy cabrona con la inseguridad. Uno nomás se defiende como puede. Él dijo: ¡Arrepentíos! (Pausa.) Regrésenmelo y quedamos en santa paz.

Prepara el merthiolate.

Chalana: A ver, muéstremela.

El Don abre la mano aplastada entre gritos.

Chalana: No exagere, mi Don. Nomás fue un machucón. ¡Imagine el dolor en la cruz, ese sí! ¿Duele?

Don: ¿Tú qué crees, pendejo? ¿Que grito para suplir tu radio?

Chalana: No está hinchada.

Don: ¡Cómo no!

Chalana: No, no lo está. A ver… ¡Enséñeme la otra!

Don: ¿Cómo?

Chalana: ¡La otra!

Don: No, no es necesario. Seguro que no lo está.

Chalana: ¿Pos no que sí?

Doña: Sí, seguro no. Mi marido siempre hace mitotes.

Chalana: Ahora no van a ser ustedes quienes me digan cómo curar a alguien. ¡Enséñemela, le digo!

Don: ¡Que no!

Chalana: ¿A poco me va a obligar a abrírsela, Don?

Don: No es necesario. Ya estoy bien.

Chalana: ¡Le digo que sí! Tengo que comparar. ¿O usted cómo cree que hacen los doctores para saber si hay fractura? Tuve un amigo que era huesero. ¿Por qué cree que sé?

Don: ¡Ya te dije que no! Ya no quiero que me cures.

Chalana: ¡Pues aunque no quiera! Ya me hizo sentir mal.

Lo fuerza a abrir la mano.

Chalana: Una ayuda por otra: dígame, ¿dónde me lo dejaron?

Don: ¿Qué cosa?

Chalana: ¡Pues mi reproductor!

Don: ¡Pero si es una nadería!

Antes de que le abra la mano por completo.

Don: Espera. Te doy dinero, pero abre la cortina.

Le suelta la mano.

Chalana: ¿Y por qué tiene tanta urgencia por salir?

Don: ¡Soy diabético! ¿Sabes lo que significa?

Doña: Si no le atienden esa herida pronto podría complicarse y perder hasta el brazo. ¡Tú vas a ser el responsable!

Chalana: ¿Qué podemos hacer?

Doña: ¡Hielo!, por lo pronto. ¡Eso! ¿Tienes en la cocina?

Chalana: Seguro.

Doña: ¡Trae un poco!

Chalana: Me traen a pura vuelta. No se quieran pasar de buzos. Soy misericordioso, más no pendejo. ¡No se muevan de aquí!

Cuando la Chalana sale.

Doña: Viejo, ¡dámela, ahora que no nos ve! Él te lleva al hospital y nos reencontramos en casa.

Don: ¿Crees que te dejaré llevártela, pendeja?

Doña: Somos marido y mujer, una cosa así no va a separarnos. Tenemos hijos juntos.

Don: ¡Mejor la guardo yo! Tú encárgate de que abra y yo corro. Él no le va a hacer nada a una mujer, mucho menos a una ñora. Luego regreso por ti, cuando la perla esté segura.

Doña: ¡Ábrela, te digo! Yo me la guardo en el sostén. ¡Ahí nunca va a revisar!

Don: ¡Que no!

Entra la Chalana.

Don: (A la Doña.) ¡Ya te dije que estoy bien! No es necesario que te lo demuestre.

El Don propina a la Doña un puñetazo en la nariz.

Chalana: ¿Pero qué le pasa, Don? ¿Está usted loco? ¡Golpear a una mujer! ¡Eso sí que no!

Se le acerca a la Doña.

Chalana: A ver, madrecita, déjeme ver cómo está.

Al Don.

Chalana: ¡Le rompió el tabique, viejo idiota!

Doña: No se preocupe por mí. ¡Ayúdele con esa mano!

Don: Mi mano está bien, ¡es su nariz lo importante! Para una mujer es más peligroso perder sangre, por la menstruación.

Doña: ¡Cuál menstruación, pendejo! ¡Ya pasé la menopausia! ¡Su mano es lo importante! Abrásela.

Chalana: Mejor la auxilió a usted, madrecita.

Al Don.

Chalana: Cuando acabe con esto, le voy a enseñar a usted, viejo pendejo, lo que es respetar a una damita.

Doña: Por mí no se preocupe. Hágame caso, si no lo revisan pronto, le puede dar gangrena. Una vez casi perdió la pierna por una uña enterrada, ¡imagine por esto!

Chalana: ¿Seguro que usted está bien?

Doña: No te preocupes. Él es el importante. Más de lo que imaginas y más de lo que él mismo quisiera, ¡créeme!

Don: Si me la encuentra… sabes que lo perdemos todo.

Chalana: ¿Qué demonios le susurra, viejo? ¡Abra la pinche mano!

Doña: ¡Hielo! Sí, yo también necesito. Creí que no era tan grave, pero si no me pongo en la nariz, no creo que puedan arreglarla.

Chalana: En verdad, no entiendo… uno me dice que el otro y el otro que

éste, ¿a quién le hago caso? ¿Por qué lo hacen?

Don: Se llama devoción, amor. ¿Ustedes jóvenes qué saben de eso? ¡Puro perreo y reguetón ortodoxo! Mi mujer necesita hielo, pronto.

Chalana: Sosténgale la nariz, me da miedo que se le caiga en pedazos. ¡Hágale un torniquete por lo menos! Ahora vuelvo, no tardo.

La Chalana sale.

Don: Hiciste bien, vieja. Nos salvaste.

Doña: ¡Gggrrrggr!

Don: ¿Qué dices?

Doña: ¡Gggrrrrrrggr!

Don: Habla bien, no te entiendo.

Doña: No puedo, la sangre se me mete a la boca.

Don: ¡Pues articula mejor!

Doña: ¡Sí me la fracturaste!

Don: Te pegué con la izquierda, esa no tiene fuerza.

Doña: ¡Porque con la otra no puedes! ¡Te duele nomás de abrir! ¡También me diste en la quijada!

Don: A ver, abre la boca.

Saca algo de su bolsillo y se lo mete.

Doña: ¿Qué es?

Don: Mastica.

Doña: ¿Qué?

Don: ¡Mastica! Es chicle. No se te vaya a trabar la quijada como a mi perro El Mechas, el pobre ya nomás pudo tragar con popote el resto de su vida.

Doña: (Sobándose.) ¡Ahora sí me desgraciaste toda!

Don: ¿Crees que fue por ganas? No tuve otra opción. Tuve que distraerlo, se me acercaba. ¿Y quién tiene la perla?

Doña: ¿Por eso me golpeaste?

Don: ¡Estaba sobre mí! Me la iba a encontrar. Y quién la tenga es quien importa. Si no, no podremos repartirla cuando salgamos.

Doña: Pues dámela a mí, ¡para que no corra riesgos!

Don: Conmigo no los corre. ¡La estoy apretando fuerte!

Doña: ¡Para que no corra riesgos yo, animal!

La Chalana regresa.

Chalana: Aquí tiene, madre.

Doña: Gracias. Pero creo que ya me paró la hemorragia.

Chalana: ¿Tan rápido?

La revisa.

Chalana: Pues sí, así parece. ¡Cómo es de escandalosa la sangre!

Pausa.

Chalana: Bueno, ¿y qué pasó?

Don: Con qué

Chalana: Ya saben.

Don: ¿Sigues con eso?

Chalana: No volvamos a lo mismo. Ya todos nos llevamos una parte. Quiero mi reproductor de vuelta, es la última vez que lo pido de manera cristiana y civilitrónica, ¿eh?

Don: ¡Pero si allí tienes una rocola!

Chalana: ¿Y le voy a poner una moneda cada que quiera una canción?

Tumba la rocola.

Chalana: ¿Sabes cuánto gano al día? Tres cuartas partes del salario mínimo, no el de ‘orita, sino el anterior.

La rocola, ante el golpe, emite la música de Los Bukis con distorsión. La imagen de la Guadalupana cae de la pared.

Chalana: (Susurra.) Ah, ya entendí, madrecita: estoy aquí para darles una lección, ¡no soy un simple mesero, soy tu Ángel del Juicio Final! ¡El Corrector de Pecados que tiene que rehabilitarlos! Y hacerlos purgar.

Doña: ¿A quién le hablas?

Chalana: ¡A TI Y A DIOS! ¡Dios está en todas partes, hasta en las mariquerías! Y como te decía: mi reproductor tiene para CD, casetes y USB. Ya no hay de esos. Como ustedes no tienen que estar más de ocho horas cocinando sin compañía. Uno mismo con sus pensamientos. Eso y lavar los platos. ¡Es un infierno estar tanto tiempo con uno solo!

Doña: Te entiendo. Por eso: Hoy con Mariano.

Chalana: ¿Qué?

Doña: Osorio.

Chalana: ¿Y qué tiene que ver ese puñal con todo esto? ¡Lo mío es la música! Y los horóscopos.

Doña: ¿Cuál es tu signo?

Chalana: ¡No me salgan con eso!

Doña: No, en verdad.

Chalana: ¿Este es el precio para recuperar mi reproductor?

Doña: Dínoslo.

Chalana: Escorpio.

Doña: ¡Ya ves! Yo soy Piscis y él Cáncer. No podríamos robarnos. ¡Es cosa de vibra! Ahora que si fueras Capricornio…

Chalana: ¡Ya me están encabronando! Hay algo raro en esto, llámelo una facultad o experiencia si quieren, pero llevo tanto en esto que soy como un detective de comida. Puedo ver los restos que dejan sobre la mesa y sacar más conclusiones de las que imaginan: si dejan la mitad de galleta salada, restos de camarones, si les arrancan o no la cabeza; hasta en la manera de comer mojarra se detecta el carácter del tragón.

Suena una tonada que parece provenir de la cocina.

Chalana: ¿Y eso?

Don: Tu reproductor, seguro…

Doña: Lo dejaste en la cocina, ¡te dije!

Chalana: No puede ser… yo siempre lo dejo sobre… ¿O lo movió el Veloz?

Doña: ¿Quién?

Chalana: El nuevo chalán.

Doña: Seguro está dentro. ¡Ya ves! Todo lo que has causado…

Don: ¡Me rompiste mi mano!

Doña: Y por tu culpa, ¡me rompieron la nariz!

Chalana: ¿Mi culpa?

Doña: ¿Quién nos tiene secuestrados?

Chalana: No diga eso, Doña… Suena mal. ¡Pero si hasta Cristo fue perseguido…! ¡Qué pena! Déjenme ver.

Se asoma a la cocina.

Chalana: ¿De dónde viene el sonido? Creo que debajo del cargamento.

La Chalana empieza a despejar el rincón donde proviene el presunto sonido.

Chalana: (Mientras lo hace.) A lo mejor ese pendejo descargó sobre mi reproductor sin darse cuenta, ¡el muy güey!

La Doña ve la ventana.

Chalana: Puta, pero de aquí a que quito todo esto… Voy a necesitar una mano.

Doña: Si quieres, ayuda al joven a encontrarlo, viejo.

Don: ¿Yo?

Doña: ¡Qué no oyes que necesita una mano! Mira cómo está ya. Tú eres el de la fuerza.

Don: Pero… ¡La tengo rota!

Doña: ¿Y la otra?

Don: Con una no puedo.

Chalana: Más vale una que ninguna, ¿no, mi buen? ¡Lo que haga la siniestra que no lo sepa la diestra! Híjole, qué pena. Si está allá, prometo que todo corre por mi cuenta, hasta las servilletas.

Voltea a ver el sitio.

Chalana: ¡Y la jericalla! A lo mejor exageré. ¡Qué vergüenza! Chale, soy tan impulsivo. Por eso acudo a un grupo cristiano de violentos anónimos. Misa de media noche aquí juntito al Reclu Sur.

La rocola reinicia la canción de Los Bukis.

Chalana: ¡Carajo! ¡ESA MALDITA CANCIÓN SUYA ME VA A VOLVER LOCO!

Patea la rocola hasta lastimarse el pie.

Chalana: ¡PUTA MADRE, MI DEDO GORDO!

Se arrincona.

Chalana: “Dios dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar las que puedo y sabiduría para ver la diferencia”.

Reza un poco más y se controla.

Chalana: Pero vamos ya, ayúdame de una buena vez.

Cojea.

Chalana: Vamos…

Al Don.

Chalana: ¡Sea buen samaritano!

Doña: No tardes, viejo, aquí te espero.

La Doña le extiende la mano y al Don no le queda sino entregar con discreción la perla.

Doña: Nomás no tardes.

Chalana: Sí, Don. Ayúdeme a cargar, lo hacemos en chinga. Tal vez todo esto no fue sino una lamentable confusión.

Doña: Vamos, ¿cuánto puedes tardar? Tú siempre encuentras las cosas a la primera. Seguro está abajo. Sin duda.

Don: Pero no te vayas a mover de aquí.

Doña: ¿Y adónde iría? Ni modo que me salte por la ventana.

Le guiña el ojo a su esposo sin que la Chalana se percate.

Doña: Ni quepo. Veinte años atrás, tal vez…

La Chalana ríe.

Don: (A la Doña.) No quiero dejarte sola.

El Don se le acerca con sigilo.

Don: Estás malita.

Le tienta la nariz.

Don: ¿Cómo sigue? ¿Todavía te molesta?

En un descuido de la Chalana, el Don desvía el tabique nasal a su esposa.

Doña: (Contiene el grito) ¡Aaay!

La nariz de la Doña vuelve a sangrar.

Don: Mujer, ya ves… No bajes la cara… ¡Estás sangrando de nuevo! Cuántas veces te he dicho que cuando tengas una hemorragia no bajes la jeta, porque te puedes morir toda desangradota… Súbela bien… más… mantente así… Bájala poquito… No puedo dejarte así… Sostén la cabeza arriba…

Chalana: Apúrese, Don. Nomás lo encontramos se van a su casa y se siguen apapachando.

Don: No puedo dejar a mi mujer así. ¿No tienes un mecate?

Chalana: ¿Para qué?

Don: Mi mujer es muy obstinada. Va estar bajando la cabeza y nos va a dar otro susto, yo sé lo que le digo, es necia como el herpes… Préstamelo…

Chalana: No tengo.

El Don ve la lencería que regaló a la Doña.

Don: ¡Con esto tengo!

Doña: Deja ese liguero. Es para la intimidad.

Don: ¡Nos sirve!

Troza una parte.

Don: Te voy a tener que dejar amarrada la cabeza, amor, así viendo para arriba, hasta que pare, es por tu propio bien…

Doña: No es necesario… Ya mero se me pasa, ¡aggggg! No aprietes tanto el nudo, ¡no puedo respirar!

Don: Tú no te preocupes, no tardamos. Quédate quieta, bien quietecita…

El Don y la Chalana desaparecen en la cocina, comienzan a echar el cargamento afuera.

La Doña intenta liberarse.

Don: (Desde afuera.) Allí debe estar. Todavía suena.

Chalana: (Desde afuera.) Ya quitamos casi todo. No es aquí. ¡Ya ve! Debe venir del otro local, de afuera.

Don: (Desde afuera.) A ver, quita ese guacal. No, el otro. Tal vez esté abajo. ¡Pero agáchate bien! ¡Más!

Suena un golpe.

Cesan de caer bultos en escena.

El Don regresa con un coco ensangrentado en su mano.

Don: La perla, ¿está bien?

Doña: ¿Y él?

Don: Está inconsciente. Es nuestro chance.

El Don avienta el coco a algún rincón y libera a su mujer.

Don: Las llaves… Ve por ellas, ¡sácaselas!

Doña: ¿Yo?

Don: Tengo la mano que ya no puedo moverla. ¡Se me está poniendo como tamal! Menos la voy a poder meter en sus bolsillos tan chiquitos.

Doña: ¿Y si se levanta?

Don: ¿No oyes? Perdió el conocimiento.

La mujer se mete a la cocina.

Doña: ¿Las tendrá en este bolsillo?

La rocola repite la canción de Los Bukis acelerada.

Don: Búscale rápido.

Doña: No están aquí.

Don: ¡En el otro!

Doña: ¡No me cabe!

Don: ¡Pinche mano gorda!

Doña: Mis principios de artritis reumática, gordo.

Don: ¡Inténtale!

Doña: Oye, ¿cuánto tarda en volver en sí?

Don: Yo que sé. Una vez se cayó mi cuñada y tardó como…

Doña: ¿Qué hacías tú con mi hermana ese día? ¿Y solos?

Don: ¡No empieces! Lo importante es que tardó como dos minutos en despertar.

Doña: ¡No chingues! ¿Tan poco? Cuánto tardará éste.

Don: Depende del golpe.

Doña: ¿Qué tan fuerte le diste?

Don: Con la izquierda.

Doña: ¿Sin huevos?

Don: Con huevos, pero con la izquierda. ¿No ves cómo estoy?

Enseña su diestra destrozada.

Doña: ¿Y cómo cuánto dura tu trancazo?

Don: No sé, vieja.

Doña: ¡Calcúlale! Yo soy quien lo tiene cerca.

Don: ¡Mejor apúrate! ¡Parece que te lo estás fajando!

Doña: ¡Creo que ya!

Entra a escena con un aro lleno de llaves.

Doña: Toma.

Don: ¿Pero cuál es?

Doña: ¡Prueba!

Don: No puedo… Mi mano.

Doña: ¡Que la chingada! A ver.

Intenta embonar llave y candado.

Don: ¡No seas bruta! Esa es de una motoneta, la del servicio a domicilio. Guarda esa, ¡pa’ escapar!

Doña: Ninguna otra sirve, ya intenté… Nos vamos a tardar horas.

Voltea a ver la ventana.

Doña: ¡Por allí!

Se acomodan al pie.

Don: Yo te ayudo a subir. Pero me quedo mientras tanto con ella. Ya que estés del otro lado, me lanzas una cuerda o algo así.

Doña: No, yo me la llevo y regreso por ti. Puedo cruzar con ella sin problemas.

Don: No, es la única manera en que te ayudaré a salir.

Doña: Es la única manera en que saldré.

Don: ¡No estamos para esas cosas! Hay que hacer equipo, ¡como siempre!

Doña: Ahora sí, ¿no cabrón? Si hasta me ibas a dejar para irte a vivir con esa chamaca.

Don: ¿Cuál?

Doña: ¡Con la que te fuiste a Acapulco, no te hagas!

Don: Pero regresé, ¿no?

Doña: ¡Porque te mandó a la…! Nomás quería conocer el mar ya que nunca en su perrita vida lo había visto, ¡y hasta la llevaste en Flecha Roja Primera Clase! ¡Te vio la cara, ruquito!

Don: No es el momento, vieja… Hagamos algo. Deja la perla a la mitad, en el filo de la ventana. Así ni tú ni yo podemos agarrarla hasta que regreses por mí y yo salga.

Doña: Bueno. Es lo justo.

Don: Pero no te voy a pasar hasta que vea que la dejas sobre el filo.

Doña: ¿Cuántas veces tienes que repetirlo? ¡Ya te dije que sí!

El Don se pone como peldaño para que la Doña alcance la ventana.

Doña: Un poco. ¡Álzate un poco más!

Don: ¡Quiero ver cómo pones la joya!

Doña: ¡Ya está!

Don: A ver… Abre bien la mano. ¿La otra?

Doña: ¡Me voy a dar en la madre si me suelto!

Don: No mientas. Enséñame. ¿No tienes nada?

Doña: ¡Te digo que ya está en el filo!

Don: ¡Que no se vaya a caer!

La Doña se saca algo de la boca, lo amasa y lo pone en el marco.

Doña: La pegué al chicle que me diste.

Don: Buena idea. Ahora, apúrate a pasar. ¡Tas bien pesada!

Doña: ¡Ya casi!

La Chalana entra con la cabeza herida y cojea del pie.

Chalana: ¿Que hacen?

La Doña, que no alcanza a cruzar, baja de súbito.

Doña: Tú, hija, ¿qué haces?

La Chalana trae un machete.

Doña: ¿Y ese cuchillote?

Chalana: No se espante, madrecita. Es pa’ partir cocos. ¡PERO EL ÚLTIMO LO USÓ SU ESPOSO CONTRA MI CABEZA!

Doña: (Susurra al Don.) ¡Pégame otra vez y le pido hielo!

Chalana: ¡Ya la escuché! Ni se apure. Por mí, ¡puede molerla a golpes! Además ya se derritieron todos los hielos. ¿No me hicieron desconectar el refri para poner su maldita rocola? ¡Se les acabó el show!

Se acerca amenazante.

Chalana: Qué bonitos globos.

Se guarda el machete tras del cinto del pantalón.

Chalana: ¿Puedo tomar uno?

La rocola repite la canción de Los Bukis más acelerada.

Chalana: Nuestros mejores clientes piden mercancía bien fresca, todos tienen ganas de comerse lo que todavía respira, está en nuestra naturaleza.

La Chalana acerca una cubeta llena de mojarras vivas.

Chalana: ¿Por qué me engañaron?

Toma un globo y ata la cuerda a la cola de un pez.

Don: ¿De qué hablas?

Cuando el globo asciende, el pescado queda suspendido y se sacude ante la asfixia.

Don: ¿Qué haces?

Chalana: ¿Cuánto tiempo más podían ocultarlo?

Don: Perdón, tuve que golpearte. Estabas muy necia. Ya te dijimos que no tenemos tu… Además, la cosa no es para tanto. ¿Qué más quieres?

Chalana: ¿Y a quién le importa un mugriento reproductor? Yo hablo de la perla. La negra.

Doña: ¿Cuál…?

Chalana: Los escuché. Se oía como lejos. Como de otro mundo. Luego desperté. Dijeron con claridad: la joya.

Doña: ¡No, Doña Perla! ¡La que te dijimos! La que tuvo un hijo mongolito, el pobre.

Chalana: ¿Quieren volver a empezar? Ya vieron de qué fui capaz por el reproductor, ¿quieren ver por la…?

Doña: No entendemos.

Saca de su bolsillo la ostra abierta y la arroja al suelo.

Chalana: ¿Y esto?

Doña: ¿Qué?

Chalana: Ahí venía. La saqué de entre la basura. ¡Ésa era!

Don: Una más. ¿Nos diste media docena, por qué traes sólo ésta?

Chalana: ¡Porque es la buena!

Doña: En verdad estás chiflado.

Don: Primero un reproductor, ¡y ahora… una perla! ¿Que viene después?

Doña: ¿Un collar?

Chalana: Supe que era especial desde que la puse en su plato. ¡Yo mismo la seleccioné entre el montón! Creí alucinar. Si lo hiciera cada que tengo la sensación, me pasaría días abriendo ostras sin parar. Pero con ésta no me equivoqué, ¿verdad? Con ésta no. Hasta dudé en ponérsela.

La rocola prende sus estrambóticos foquitos.

Chalana: Nadie sale de aquí. Tengo que pasarle báscula. A los dos. ¡Acérquense!

Doña: No.

Expone de nuevo el machete.

Doña: Pero, ¿qué te pasa?

Chalana: ¡Que se desnuden!

El Don y Doña a punto de hacerlo.

Chalana: ¿Dónde la tienen?

La Chalana revisa por encima al Don.

Don: Neta que no sé de qué hablas…

Chalana: ¿Siguen?

Empuja al Don.

Chalana: Va usted, madrecita.

Al Don.

Chalana: Pero a ti no te voy a dejar así, ya me diste un buen descontón, gordo.

La Chalana amordaza al Don a una silla.

Don: (A la Doña.) Por tu culpa. ¡Con esa voz tan chillona! ¡Nunca paras de hablar! ¡Hasta los desmayados despiertas!

Doña: ¿Cómo crees? Fuiste tú quien la mencionó. Quieres arrebatarme todo, ¡incluso en mi cumpleaños!

Chalana: (Al Don.) Dámela, ¡o te daré un calvario de marisquería!

Don: No la tengo, si no, sí. ¡Te lo juro!

Señala con la nariz a su esposa.

Don: ¡MÁTALA A ELLA!

Doña: ¡Qué!

La Chalana voltea a ver a la Doña.

Don: ¡Tiene dinero! Le di un chorro.

Doña: ¿A mí?

La Chalana niega con la cabeza.

Chalana: Los billetes se rompen, la perla no. ¡Es una piedra de fortuna! ¡La voy a derretir y me voy a hacer un buen de anillos!

Doña: Es nuestra. ¡Estaba en nuestro plato!

Chalana: ¡Ni siquiera lo habían pagado!

Don: ¡Te lo pagamos al triple!

Chalana: Ya no. ¡Quiero el contenido neto!

Don: Setecientos… ¡Hasta mil te damos! Los tiene ella. En billetes de cincuenta. Es mi jubilación.

Chalana: Es mía. Ya les dije que elegí una por una del cargamento. Venía ahí. Si hay otras perlas en las demás conchas, ¡también son mías!

Doña: ¡Es como cuando te encuentras una moneda en la calle! ¡Es de quien la abra!

Don: (A la Doña.) ¡Tú sólo sabes abrir las patas! ¡Fui yo quien la destrabó!

Doña: ¡Pero yo pedí los ostiones! ¡Es día de mi santo y cumpleaños y aniversario y todo lo que no me has dado nunca en tu chocarrera vida!

Don: ¡Nomás deja que salgamos de esta y vas a ver!

Doña: Ah, sí… Está vez no. ¡Estoy harta de tus amenazas!

A la Chalana.

Doña: ¡Está en el filo de la ventana! Nos la dividimos tú y yo, hijo. La cortamos. Los dos somos religiosos, ¡no como este pinche hereje! No quiso casarse conmigo por la iglesia, ¡ni siquiera está confirmado el hijo de su puta madre!

Don: (A la Doña.) Si yo aguanté, ¿tú por qué vas de chiva? Me costó la mano.

Doña: ¡Y a mí la nariz! Lo más bonito que tenía. Todos me la chuleaban. ¿Qué se siente que siempre te lleve la chingada y que luego te vuelva a recoger?

Chalana: ¡Yo sólo quiero la…!

La Chalana intenta alcanzar el filo de la ventana pero no puede.

Chalana: A ver, usted.

A la Doña.

Chalana: Súbase en mi espalda y alcáncela.

La rocola repite la canción de Los Bukis más acelerada.

Chalana: ¡Y no se quiera pasar porque me la surto con todo y tripas!

La Doña usa como peldaño al Chalana, alcanza la ventana.

Don: No se la des, vieja… Huye por ella, salta por la ventana, ¡es nuestro futuro!

La Doña intenta saltar con todo y perla, pero el culo se le atora en el marco.

Chalana: ¿A dónde piensa que va? Ni siquiera cabe, ¡culona!

Doña: ¡Ayúdame, me atoré! No puedo salir… No puedo respirar…

Chalana: Si no respira por el culo, ¡no chingue!

La Chalana la toma por una pierna, hasta que la desatora del marco.

Chalana: A ver, démela ya.

La Doña baja sobre la espalda de la Chalana.

Doña: ¿Pero no me vas a hacer nada?

Chalana: No.

Doña: Nos la dividimos, ¿lo juras?

Chalana: Sí.

Doña: ¿Por Dios?

La Chalana asiente.

Doña: A ver, ¡besa la cruz!

La Chalana hace la cruz con sus dedos y la besa.

Doña: ¡Córtala frente a mí!

Doña: ¿Sabes qué?

La Chalana se acerca más, cojea.

Doña: No te creo.

Chalana: No estoy para oír pendejadas, ¡ME VA A MATAR EL DOLOR DEL DEDO CHATO!

La Doña se mete la perla en la boca como último recurso.

Chalana: ¿Ah, sí?

Voltea al suelo.

Chalana: ¿Y esto?

Encuentra el aro de llaves tirado.

Chalana: ¿No supieron cual era?

Lo toma.

Chalana: Es ésta, la única llave para salir.

Se la traga.

Chalana: A usted ni se le ocurra tragarse la joya, ¡porque aquí nos vamos a quedar hasta que la cague!

La rodea.

La rocola repite la canción de Los Bukis.

Chalana: ¿Tiene muchas agallas, ruca?

El track de Los Bukis se raya.

Chalana: Como pescado, ¿no? ¿Pero sabes cómo se las quitamos? ¿Ha visto cómo se destripan y qué tan rápido?

Saca uno y lo hace frente a ella con pericia.

Chalana: En unos segundos se puede hacer lo mismo con usted, ¿quiere ver?

La Chalana toma dos pescados a manera de chacos y los destroza contra el cuerpo de la Doña entre estallidos de vísceras.

Don: (Finge.) ¡Resiste, mi vida!

A la Doña no le queda sino escupir la perla directo al rostro de la Chalana.

Don: ¡Pendeja, se la entregaste! ¡Escupiste la perla!

Doña: ¡Fue para protegerme!

Don: ¡No con la perla!

La perla rueda por el local.

Don: ¡Alcánzala antes que él, mujer!

La Chalana se abalanza sobre la miniatura rodante.

Don: ¡Agarra lo que sea como arma, vieja! El limón que te guardaste.

La Doña toma el limón de la mesa, se trepa a la espalda de la Chalana y se lo restriega en los ojos.

Chalana: ¡Ya me desgració de por vida! ¡Y yo que la respeté como a mi madre!

La rocola repite la canción de Los Bukis paroxística.

Doña: Ni te pasó nada, se siente peor de lo que es, créeme: ¡con gotas se quita!

La Doña huye hacia algún punto del local.

Don: ¡Desátame, mujer!

Con las manos, la Chalana recorre el sitio y la busca. Arrastra el pie.

Chalana: ¡Aun sin ojos! Conozco este local a tientas, no tardo en hallarla.

El Don señala con la vista a su mujer un punto en donde hay utensilios de cocina. La Doña busca rápido.

Chalana: Estaba lavando cuchillos cuando llegaron…

La rocola repite la canción de Los Bukis enloquecida, tan rápido que parece Alvin y las Ardillas.

Chalana: Están bien guardaditos. Nada va a encontrar.

Don: ¡La pimienta, vieja!

La Doña toma un puño de pimienta de un recipiente y lo lanza al aire, pero en lugar de acertar sobre la Chalana, lo hace sobre su esposo.

Don: ¡Era a él, idiota!

El Don comienza a estornudar de forma histérica. La Doña toma el mantel de la mesa, lo lanza al Chalana y éste queda cubierto.

La Chalana saca su machete por entre el mantel y lanza tajos al aire.

Doña: ¡Me diste!

Don: ¡Con lo que sea, mujer! ¡Achú!, ¡toma lo que sea! ¡Achú! Agarra un tenedor.

La Doña encuentra un tenedor, se le echa encima al Chalana atrapado entre el mantel.

Chalana: Era mía… mía…

La Doña lo picotea por todos lados hasta que éste cae.

Don: ¡En los ojos, mujer…! ¡Los ojos!

La Doña clava el tenedor en donde intuimos están las cuencas de los ojos.

Chalana: (Bajo el mantel.) ¡Más fácil pasa un camello por el ojo de una aguja, que un rico por el Reino de los Cielos! ¡Ya se chingaron! Con la perla, se acaban de condenar al infierno, ricos pero bien infelices, sodomitas laguneros…

La Chalana deja de moverse.

Don: ¿Ya está? ¿No respira?

La Doña limpia su propia sangre.

Don: Bien, ¡ahora suéltame!

La Doña no se le acerca.

Don: ¿Qué haces? Yo te dije qué hacer.

Doña: ¿Pero quién lo hizo, como siempre?

Don: Y precisamente por eso me la vas a dar.

La rocola repite la canción de Los Bukis, ahora alentada.

Don: Si no, voy a la esquina de la casa, donde vive el judicial ese, tú sabes, y le voy a decir lo que acabas de hacer, matona.

La Doña ve el pez espada en la pared.

Don: Cuando venga aquí, el judas va a encontrar el cadáver y te van a refundir en Santa Martha Acatitla, entre lenchas y liendres, créeme… A menos que…

Doña: … ya sé qué quieres.

La Doña desclava el pez.

Don: ¿Qué haces?

La Doña se echa para atrás.

Don: ¿También te vas a robar el pez espada?

La Doña toma vuelo.

Don: Oye, espera, si no es para tanto… Acuérdate de la playa, las estrellas, el metate. ¡Nuestro amor es la verdadera perla!

Afuera del local se escuchan pasos. El Don grita y pide ayuda. La Doña le satura la boca con servilletas.

Doña: Sólo voy a repetir esto una vez y espero te quede claro…

La Doña usa el pez espada como ariete contra su esposo.

Doña: ¡ES MÍA!

Se lo clava. El Don queda al centro del local atravesado por el inmenso pez.

Doña: ¡O te mataba yo o el hambre! Al menos da las gracias. No cabe duda, siempre perteneciste a la fulanada, bien me lo decían en el barrio.

La Doña comienza a desangrase. Toma la perla y la aprieta en su puño.

Doña: Mira nada más, manchaste mi luna negra… Ya está toda enrojecida… casi purpúrea… ¡Sí que me está gustando esto de hablar como gente bien! Ser rico te da más palabras a tu léxico, como magia.

Chupa la perla hasta aclararla.

Doña: Y ahora, ¿cómo salgo?

Se ve la herida.

Doña: Ni es tan grave, está peor mi cesárea. ¿Y si pido ayuda…?

Se sienta en el suelo.

Doña: Pero no, me la van a quitar. Mi mulata. Mi negro encanto.

Se desangra más.

Doña: Mejor espero a que…

Cae. De su mano inerte, la perla rueda por el local hasta quedar en algún rincón percudido.

La canción de Los Bukis va concluyendo, uno ya se la sabe de memoria.

Náusea completada.

Epílogo

La Ostra gigante cae y destroza el piso.

Ostra: Un soplo de arena en mi interior. Accidental. Un defecto. Entre mil una. Como engranaje de la Fortuna.

Se come todo lo que hay dentro del local.

Ostra: ¡Soy de las tantas fábricas de Dios! Él tiene mil sucursales y franquicias en este Universo. Un monopolio en constante expansión. Dios invade la Nada. Y a Dios no se le quitan sus cosas. Porque el pinche Dios, ¡es muy, pero muy envidioso!

Eructa.

Oscuro.

Ciudad de México, 2007

Richard Viqueira ha obtenido distinciones, reconocimientos y premios tanto como director, dramaturgo y actor. Entre sus obras originales están: Dios juega videojuego y yo soy puto Mario Bro$, Psico/Embutidos, El evangelio según Clark Kent, Vencer al Sensei, Desvenar, Cine Z, Monster Truck, Umbilical, Monster Truck, Careo (unipersonal anónimo) y Hombruna. Ha ganado tres veces el premio a Mejor Teatro de Búsqueda: 2022, 2018 y 2006 (APT).

Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autor en la siguiente dirección electrónica: r_viqueira@yahoo.com.mx

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