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Bombarderos

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"Bombarderos" presenta una de las múltiples caras de la violencia y la migración. Última de las piezas seleccionadas y una aportación interesante al llamado a la reflexión que dio origen al Premio Internacional de Dramaturgia y Guion Breves / Teatro por la Dignidad, convocado por Gangsters Films y Paso de Gato.
Foto: Yunming Wang / Unsplash.

Alarma antiaérea. Una radio.

Radio: Alerta ciudadana. ¡Alerta! Se han detectado bombardeos tipo dron, escoltados por otras aeronaves, sobrevolando las costas de Veracruz. La Marina ha logrado interceptar una comunicación que indica una operación de gran escala sobre la Ciudad de México. Se sugiere a la población mantener la calma y buscar refugio inmediatamente. Fin del comunicado. Alerta ciudadana. ¡Alerta!

La alarma antiaérea continúa. Entra Ramón, armado con un rifle. Lo siguen Sandra y Karla. Ramón las lleva al fondo del refugio, se asegura de que estén bien y regresa para cerrar la puerta. Entra Harrison y él mismo cierra la puerta. Ramón, Sandra y Karla lo miran sorprendidos.

Ramón: (Apuntando el rifle hacia Harrison) ¡¿Quién carajos eres tú?! ¡¿Qué chingados quieres, cabrón?!

Karla: ¡Papá!

Sandra: Ramón, cálmate. ¡Ramón!

Harrison se enconcha. Todo es caos. Karla y Sandra contienen a Ramón mientras le suplican que no dispare. Ramón baja el rifle.

Ramón: ¿Quién eres y qué estás haciendo aquí? (Harrison no dice nada.) ¡¿Habla, cabrón?!

Harrison: Harrison… yo Harrison. No hagas daño. Yo Harrison.

Ramón: (Pausa.) ¿Eres gringo? (Ríe.) ¡Me lleva la chingada! Eres gringo.

Sandra: Tranquilo, Ramón.

Ramón: Este cabrón es uno de ellos.

Sandra: Pero nosotros no.

Ramón: ¿Entonces lo dejamos quedarse, después de todo lo que esta gente ha hecho?

Sandra: ¡No vas a matar a nadie, Ramón! Baja el arma. (Ramón obedece.) ¿Cómo se llama? ¿What’s your name?

Karla: Háblale en español.

Harrison: I’m… yo Harrison. Yo hablar español. Yo ciudadano mexicano.

Ramón: (Riendo.) Ni madres que eres mexicano, cabrón.

Sandra: Harrison, no te puedes quedar aquí. No eres bienvenido.

Harrison: Por favor… por favor. Los bombardeos están por comenzar. The bombings, please.

Sandra: No, Harrison. Tienes que buscar otro refugio. Entrégate a la policia militar. Ellos te van a llevar a uno de los campos de concentración.

Harrison: No, no… please. No… Yo soy mexicano. Los mexicanos nacemos donde nos da la chingada gana, ¿no? Yo soy de ustedes.

Ramón: ¡No tienes madre, cabrón! ¿Cómo te atreves a decir eso? ¿Sabes lo que le hizo tu gente a mi hermana en Arizona, hijo de puta? Ciudadana, con papeles, con residencia desde hacía más de 15 años. A ella y a sus tres hijas, ¡mis sobrinas!, en el patio de su propia casa, como perros rabiosos… ¡No te atrevas a decir que eres mexicano!

Harrison: Lo siento. De veras, lo siento. Por favor… Ramón.

Ramón: Saca mi nombre de tu apestosa boca.

Ramón va a encañonar a Harrison, pero Sandra se interpone. Harrison aprovecha para quitarle el arma a Ramón con un movimiento rápido y limpio.

Harrison: (Apuntando el rifle hacia la familia.) That’s enough! Chill the fuck out! (La familia obedece y se arrincona en el otro extremo del refugio.) No pienso hacer ningún daño, por favor. Sólo quiere estar aquí hasta que pasen los bombardeos y después iré en paz, ¿de acuerdo?

Ramón: Baja el rifle, gringo.

Harrison baja el arma y se sienta cerca de Karla con el rifle entre las piernas.

Harrison: No voy a hacer daño. Les prometo… vamos a calmar, ¿ok? Vamos a calmar. (Pausa. A Karla.) Hey… (Saca un paquete de chicles de la bolsa de su pantalón) ¿Quieres… gum?

Karla: Chicles. En México les decimos chicles. Deberías saberlo. Es una de las muchas cosas que tu gente se llevó de mi país para procesarla y ganar dinero.

Harrison sostiene el paquete en la mano. Karla, tras una pausa, toma uno y se lo mete a la boca.

Harrison: Yo vivía por aquí, ¿sabes?

Karla: ¿En la Roma? ¿De veras?

Harrison: Sí, ya sé. Ya sé. Soy un gringo común y corriente. (Pausa.) En verdad me enamoré de tu país. Lo hice mío. Hice grandes amigos aquí. (Pausa.) Fuck Trump, man! En serio. Fuck Trump.

Karla: ¿Por dónde vivías?

Harrison: En calle de Chiapas.

Karla: En “LA” calle de Chiapas.

Harrison: Sí, sorry. En la calle de Chiapas.

Karla: Por ahí paseaba a mi perro. Todo estaba en inglés por esas calles. Les entregamos el país en bandeja de plata y luego ustedes mismos provocaron esta estúpida guerra y nos llevaron a todos entre las patas.

Ramón escucha con atención.

Harrison: (Pausa.) ¿Sabes? Yo también tenía muchos amigos mexicanos en los Estados Unidos. Había pueblos en donde todo estaba en español. A mí no me molestaba. Pensaba que era una oportunidad para practicar (Ríe. Pausa.) Mis amigos mexicanos y yo sólo somos migrantes. Sólo eso. Lo que hacen los poderosos de nuestros países no tiene nada que ver con nosotros. Ellos amaban mi país y yo amo el tuyo.

Karla sonríe tenuemente. Se escucha un zumbido nutrido, como de abejas. Todos se ponen en estado de alerta.

Ramón: Los drones… ¡Al suelo!

Fragor de guerra. Las luces tintinean mientras las bombas caen. Cuando ha pasado el bombardeo todos se incorporan. Están devastados, berreando y temblando… Sandra grita, desgarrada. Ramón ve que el rifle está en el suelo y aprovecha para tomarlo y lo apunta hacia Harrison, de nuevo. Sandra y Karla lo ven como si estuvieran atestiguando un juicio sumario. Silencio.

Sandra: Mátalo.

Ramón: Salgan.

Karla y Sandra salen abrazadas. Ramón se queda con Harrison.

Ramón: El mundo entero les abrió las puertas y ustedes solamente cruzaron los umbrales, y después ahí se dedicaron a hacerlo todo mierda, a puro billetazo. Pero el mundo es responsable por haberlo permitido, por habernos creído eso de que, con dinero, con carros de lujo, con Coca-Cola, McDonald’s y Nike, la vida era mejor. Aunque (Ramón baja el arma), tienes razón, Adriana, mi hermana, sí amaba tu país, porque le dio la oportunidad de hacer una vida que aquí jamás hubiera tenido. Ella, como tú, tan sólo era una migrante.

Ramón le hace un gesto a Harrison con la cabeza, indicándole que se vaya. Harrison sale. Al poco tiempo entra Karla.

Karla: ¿Lo dejaste ir?

Ramón no dice nada. Karla le arrebata el rifle y sale. Desde lejos se escucha un disparo. Después, entra Karla de nuevo. Ramón la mira.

Karla: (Escupe el chicle.) Me cagan los chicles.

Diego Sosa Ortega. Escritor, actor y académico. Tiene un doctorado en Medios Audiovisuales y Drama por la Royal Holloway, University of London. Sus textos se han montado en México, Estados Unidos, Francia, España, Reino Unido, entre otros. 
Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autor en la siguiente dirección electrónica: drsosa.ortega@gmail.com

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