No son pocos los artistas que se ven obligados, por circunstancias sociales o personales, a vivir como en una carrera sobre cornisas. Es el caso del sueco August Strindberg, dramaturgo relevante del siglo XIX/XX, enfermo de esquizofrenia según sus contemporáneos, prolífico y talentoso, pero con frecuentes crisis en el espectro político, de pareja y sexual.

Escrito por: Bruno Bert
Una de sus obras más conocidas y exitosas fue La señorita Julia, y sobre ese material acaba de estrenarse, con la Compañía Nacional de Teatro, una versión con el nombre de Juan y Julia nunca supieron cómo, con la dramaturgia de Juan Carlos Franco y la dirección de Daniel Giménez Cacho. La estructura básicamente es la misma, y también los personajes, jugando con habilidad sobre el texto original (obsesivo, clasista, machista y más), volviendo el espacio y las acciones parte de un discurso donde las palabras parecen abandonar el plano de lo conceptual, para volverse un combate más allá de la lógica, en un mezclarse de objetos y acciones permanentemente hirientes para todos los que intervienen: el absurdo individual está visiblemente entramado con una sociedad cerrada, dañina y enferma.
Un noble (que no vemos, pero se muestra omnipresente a través de los valores que impone: el poder), una hija, absolutamente trabada por los vericuetos de ese mismo poder; un criado, envuelto en la contradicción de ser hombre (el que “usa los pantalones y toma las decisiones” al decir del actual Papa), pero sirviente, y su “novia”, una criada como espejo de clase, dependencia y auto sometimiento.

El primer desafío es escapar del realismo/naturalismo no negándolo sino resignificándolo, tanto sea en lo que hace a la apariencia inmediata de las situaciones, así como el tejido de entre éstas y los objetos. Recuerdo una puesta de ya muchos años de Ingmar Berman, la cual mantenía una relación de amor – odio con la obra de Strindberg, donde la cocina (ámbito protagónico), se ubicaba en un semi subsuelo, bastante propio de la arquitectura burguesa/rica de aquel tiempo, potenciando el afuera – adentro, el consiente – subconsciente, la fuente de la antropofagia social e individual.
Excelente propuesta del director con la alianza de Anabel Altamirano, para vincular tiempos que tracen una frontera difusa entre aquel del escritor sueco y el del público contemporáneo, aquel de la representación y el de la significación.
Muy interesante también la labor de los tres actores: Allan Uribe Villarruel (Juan), Cecilia Ramírez Romo (Julia) y Nara Pech (Cristina), que bajo una mano hábil, como la de Giménez Cacho, mantienen una palabra-cuerpo en un ritmo variante, como el aliento de los que comparten un combate. Sin embargo, creo que ahora debiera venir una etapa de maduración: es un producto estrenado, pero en proceso. Supongo que con el paso de las funciones llegará a ser más disfrutable en relación con nuestra contemporaneidad.

Juan y Julia nunca supieron cómo
Basado en La señorita Julia de August Strindberg, con motivo del 175 aniversario de su nacimiento
De: Juan Carlos Franco
Dirección: Daniel Giménez Cacho
Intérpretes: Cecilia Ramírez Romo, Alan Uribe Villarruel y Nara Pech
Sala Héctor Mendoza de la Compañía Nacional de Teatro. Del 30 de mayo al 23 de junio de 2024. Jueves y viernes 20:00 horas, sábados 19:00 horas y domingos 18:00 horas. Entrada libre con reservación previa al correo: publicos.cnteatro@inba.gob.mx



