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Ojos de nube

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Esta nueva obra de Berta Hiriart —dramaturga y directora de teatro para jóvenes audiencias— cuenta la historia de Yari, una niña defensora de la naturaleza que enfrenta los prejuicios de los pobladores de la Ciudad de las Chimeneas, quienes están convencidos de que el deterioro ambiental de su región se debe a la mala suerte que la niña les trae por ser albina.

PERSONAJES

Muma

Yari, niña albina

Félix, conejo

Niño 1

Niño 2

Gente de la ciudad

La historia transcurre en:

1) la cabaña de Yari y Muma y sus alrededores,

2) el plantío que ambas cultivan junto a los restos de un río,

3) la Ciudad de las Chimeneas,

4) la calle convertida en río.                                                   

Nota: en el montaje original incluimos imágenes en video, maquetas de los espacios donde ocurre la acción y títeres de mesa, pero cada grupo elegirá los recursos según sus necesidades y su imaginación.

— Prólogo —

Música. Luz bajita. Vemos en la pantalla la Tierra con sus mares y bosques. Entran los actores. Cantan:

¿Dónde quedaron los pinos

que jugaban con el viento?

Antes había un lindo bosque

que los contaba por cientos.

Pájaros, ranas y niños

se la pasaban cantando,

entre las ramas tupidas

o bajo su sombra fresca.

¿Quién los traerá de regreso

a darnos lluvias y sueños?

¿Quién los traerá?, me pregunto,

y sólo contesta el eco.

Salen los actores.

— 1. La historia de Muma y Yari —

Luz sobre proscenio. Muma (actriz) y Yari (títere) juegan escondidillas. Al terminar, se sientan en el borde del escenario.

Yari: Cuéntame otra vez nuestra historia.

Muma: Todo comenzó un día de invierno.

Hacía tiempo que la sequía

pesaba sobre el campo y la ciudad.

Yo andaba atareada con mis plantas

cuando tocaron a la puerta.

Abrí… ¡y no había nadie!

Estaba por cerrar cuando escuché:

Yari: Mu-mu, ma-ma.

Muma: Entonces miré a la tierra y te hallé

en una pequeña cuna.

Maravillada, te tomé en mis brazos:

junto a mi piel morena,

la tuya era más blanca que la leche

o la nieve de las postales.

Yari: ¿Quién me habrá dejado este regalo?, te preguntaste.

Muma: Alguien de la Ciudad de las Chimeneas, seguramente.

La sequía ha traído gran pobreza

y ha sembrado el miedo en los corazones.

Yari: Mu-mu, ma-ma.

Muma y Yari ríen.

Muma: Me tengo que ir, Yari. Nos vemos en la tarde.

— 2. Yari, Félix y el cambio climático —

En la casa de Yari. Ella lee un libro con lentes y lupa. Félix (títere) quiere su atención y Yari lo quita una y otra vez. El conejo salta de sus brazos con intención de escapar por la ventana. Yari va por él.

Yari: ¡Felix!, ¿a dónde crees que vas? Tú y yo no podemos salir a medio día. ¿Cuántas veces te tengo que repetir que nos falta el pigmento que defiende la piel y los ojos de los rayos del sol? Somos al-bi-nos. Ven acá, conejo bonito, ¿quién te quiere? Vamos a acabar el libro. No sé cómo no te interesa si se trata del otro Félix, el niño que fundó el movimiento “Planta una planta”. ¿Sabías que te llamas Félix por él? Soy su fan. Plantó el árbol un millón de la zona donde vive. Muma y yo apenas llevamos 35, pero como ella dice: “Lo poco que cada quien pueda hacer es útil”. ¡No pongas esa cara de indiferencia! ¡Qué calor!

— 3. Escena muda en la plaza de la ciudad: la basura —

Música y sonidos de ciudad. La gente de la ciudad, acalorada, cruza la plaza y la deja llena de basura. Entra la señora de la limpieza barriendo y recogiendo lo que han tirado. De algún sótano, surge un pordiosero. Pasa Muma con su carretilla. Entran el dueño de la fábrica con su celular y el obrero con su dolor de cabeza. Una adolescente corre hacia la escuela. Entra la fotógrafa. Luego de realizar alguna acción correspondiente a su personaje, van saliendo todos. La señora de la limpieza, con su carrito lleno de basura, va a tirarla al sembradío de Muma y Yari.

— 4. Los niños supersticiosos —

Luz de mediodía. Aparecen dos niños de la ciudad (títeres), arrastrándose por el calorón. Baja música.

Niño 1: ¡Uf, qué calor!

Niño 2: ¡Parece que estamos en el desierto!

Los niños se abanican, se acaban el agua de la botella y finalmente se derrumban en el piso. Muma se detiene al escuchar su plática.

Niño 1: Alguien ha espantado a las nubes.

Niño 2: ¡Nos ha traído mala suerte!

Muma: ¡Qué mala suerte ni que nada!

Es el humo que produce el carbón

de las fábricas,

sumado a la falta de árboles,

que podrían darnos un respiro,

pero ¡no señor!, a fuerza han de cortarlos.

Estudien, chamacos,

en vez de andar creyendo

en supersticiones.

Muma continúa el camino hacia su casa.

Niño 2: ¿Súper qué?

Niño 1: ¿Apariciones?

Ven, hay que seguirla.

Niño 2: Mejor no.

Niño 1: Mejor sí, no seas miedoso.

Los niños siguen el camino que tomó Muma. Sale sonido ambiente de la ciudad.

— 5. Muma y Yari: sobre las supersticiones —

Yari con Félix en su casa. Entra Muma.

Muma: ¡Supersticiones en estos tiempos…!

Yari: ¿Qué son las supersticiones?

Muma: Creencias, inventos de la gente,

explicaciones falsas

de las cosas que ocurren.

Yari: ¿Cómo qué?

Muma: Como creer que te sucede

una desgracia

porque es martes trece,

apareció un gato negro,

pasaste debajo de una escalera

o te vestiste de amarillo.

Yari: Cuando me caí y me lastimé el brazo,

traía mi falda amarilla.

Muma: ¿Sí? Pero no te caíste por eso…

Yari: Bueno, la verdad es que no vi

el escalón, venía sin lentes.

Muma: Eso sí tiene lógica.

¡Anímate!

Cuando baje el sol,

vamos a ir a sembrar.

Yari: ¡Yupi!

Los niños de la ciudad espían por la ventana. Susurran:

Niño 1: ¡Vive con la niña rara!

Niño 2: La que fue un solo día a la escuela.

Niño 1: Le pusimos “Ojos de nube”

y todos le mandamos su nombre

en avioncitos de papel.

Niño 2: No todos.

Niño 1: Ha de ser ella quien trajo la sequía y el calorón.

Tenemos que hacer algo…

Muma y Yari oyen ruido afuera. Se alertan, los niños huyen.

Muma: Debe andar por ahí un tlacuache,

todavía quedan algunos.

Yari: Me pareció que eran ellos: los niños de la ciudad.

Muma: ¿Cómo crees? ¿Qué harían aquí?

Yari: Molestar. Por ellos no quiero volver a la escuela.

Muma: Algún día tendrás que ir.

Hay cosas que yo no te puedo enseñar.

Yari: ¿Cómo qué?

Muma: Como vivir con los demás,

sean como sean.

Yari: Yo vivo contigo, con Félix, con los árboles.

Y así estoy bien.

Muma: Las cosas cambian, Yari,

ya veremos. Vámonos.

Entra música de paseo. Yari se pone un sombrero y lentes oscuros.

Yari: Tú te quedas, Félix.

Si fueras menos travieso,

te llevaría conmigo,

pero no quiero que te pierdas.

¡Imagínate! Se te hace fácil

echarte a correr

y de pronto estás ¡en la ciudad!

O en el basurero donde

te encontró Muma de bebé.

Estabas flaco y perdido.

No encontrabas qué comer

por la mugre sequía.

No, mejor no lo imagines,

ni yo tampoco.

No tardo,

te dejo unas zanahorias.

Salen llevando la carretilla con plantas. Las vemos alejarse hacia el huerto. Se escucha música.

— 6. El robo —

Entra música de misterio. Los niños de la ciudad se acercan a la casa de Muma y Yari. Espían.

Niño 2: Ya no están.

Niño 1: Dicen que salen siempre al caer el sol.

y que nadie sabe a dónde van.

Niño 2: ¿Serán brujas?

Niño 1: Seguro que sí.

¡Pero mira: dejaron al conejo!

Los niños se miran entre sí con complicidad, entran a la casa y huyen con el conejo, que se defiende inútilmente. Se escucha música.

— 7. Muma y Yari trabajan en el sembradío —

Luz sobre el plantío. Muma y Yari bajan algunos pinos de la carretilla. Muma recoge basura. Yari riega los pinitos sembrados.

Yari: Es bueno que el río no se haya secado por completo.

Muma: Cuentan los mayores

que antes era ancho, profundo,

con cientos de peces…

Nadaban felices,

y también nos daban de comer…

Pero no se acababan, Yari:

ellos comían insectos y nosotros, truchas.

Así es la vida, o así era…

Mira nada más ahora:

¡cuánta basura!

Yari: Paso 1: recoger basura.

Paso 2: llenar cubetas.

Paso 3: regar los pinitos sembrados.

Paso 4: preparar la tierra.

Paso 5: sembrar los nuevos…

Luz de anochecer.

Muma: Es hora de regresar.

— 8. El sueño de Yari —

Yari y Muma en el camino a casa.

Yari: (Canturreando.)

Y va uno y van veinte

y ya cuarenta y cinco

pinitos plantados

en las faldas del monte…

Muma: No está mal.

Tarde o temprano

traerán lluvias

y viento fresco.

Yari: Si nadie nos ayuda,

nos tomará años…

¡Y hay prisa, Muma!

Tenemos que hacer una campaña

como la de Félix…

— 9. ¡No está Félix —

Entran Yari y Muma a la casa y prenden la luz.

Yari: ¡Félix, ya llegué! ¿Dónde andas?

Yari busca al conejo.

Yari: Muma, ¡no está Félix!

Muma: ¿Cómo que no?

La puerta estaba cerrada.

Yari: Ay, no. Tal vez se escapó cuando salimos.

Muma: Vamos a buscarlo.

Muma y Yari salen con linternas. Llueve.

Muma: ¡Félix!

Yari: Félix, por favor, regresa,

¿qué voy a hacer sin ti?

Siguen buscándolo: música, luces y pantalla muestran la lluvia arreciando.

Muma: Vamos a casa, Yari.

Parece que viene una tormenta.

Yari: ¡No voy a dejar a Félix afuera!

Muma: Buscará refugio, los animales

son muy inteligentes.

Yari: ¡Pero él nunca ha vivido una tormenta!

Muma: Tú tampoco.

¡Es el cambio climático!

Se suelta el aguacero con un aironazo. Ya no escuchamos lo que Yari y Muma dicen, pero somos testigos de que discuten hasta que finalmente Muma lleva a Yari a la casa.

— 10. La tormenta se convierte en río —

Continúan sonido, video y luces de tormenta, pero ahora sobre la ciudad. Basta una tela para transformar la calle en río. Aparecen los niños bajo un zaguán con Félix en una jaula.

Niño 2: ¡Está diluviando!

Niño 1: ¡Nunca había visto tanta agua!

Niño 2: ¡Ni viento tan fuerte!

Niño 1: Hay que llamar a mi papá.

(Llama por el celular.)

La señal está cortada.

Los niños se arrinconan asustados.

Niño 2: Ha de ser la furia de la niña Ojos de nube.

Niño 1: No debimos traernos al conejo.

Hay que devolverlo.

Niño 2: ¿Cómo ir con esta lluvia?

Mira la calle,

parece un río.

Y no tenemos barca, ¿o sí?

Niño 1: Vamos al cuarto de cachivaches.

Los niños salen.

— 11. ¿Qué haremos? —

Cambio de luz, baja el sonido de lluvia. Yari y Muma en la casa.

Yari: No sólo perdimos a Félix,

sino el pequeño bosque.

Muma: Calma. En algún momento

saldrá el sol

y veremos cómo salvarlos.

Yari llora.

Muma: ¿Por qué no comenzamos

a planear la campaña?

¿Qué es lo primero

que necesitamos?

Yari: Una carta, un llamado, una invitación a sembrar… ¡Un dibujo!

Muma y Yari hablan y escriben, pero no escuchamos lo que dicen.

— 12. Viaje por el río —

Continúa la tormenta. Los niños en la orilla de la ciudad. Uno de ellos sostiene la jaula de Félix, otro, una llanta.

Niño 1: Una, dos, tres. (Salta.) Ven, no tengas miedo.

Niño 2: Una, dos, ayyyy. (Salta.)

(A Félix.) No te vayas a morir, conejo. Aguanta.

Niño 1: El que se va a morir soy yo,

estoy mareado.

Niño 2: Cantemos algo.

Los niños cantan para darse valor con voces alteradas por el miedo:

¿Dónde quedaron los pinos

que jugaban con el viento?

Antes había un lindo bosque

que los contaba por cientos…

Una ola lanza a los niños fuera del agua. Bajan la luz y el sonido.

— 13. Un mal encuentro —

En la casa de Yari han apagado la luz. Apenas se escucha la tormenta. Tocan a la puerta. Muma prende la lámpara y se asoma por la ventana.

Muma: Son los niños de la ciudad.

Yari: No les abras.

Muma: ¿Cómo no, quieres que les dé pulmonía?

Les abre.

Muma: Entren, criaturas, mírense nomás.

Los niños entran. Yari los ve con resquemor, pero descubre que traen a Félix y corre hacia él.

Yari: (Sacando al conejo de la jaula.)

¡Félix, mi conejo lindo!

¡Lo salvaron!

Gracias, gracias, todas las gracias

del mundo: son mis héroes.

Muma: (Dándoles toallas.)

Tápense,

ahorita les traigo algo

que les va a interesar.

Muma sale.

Yari: ¿Dónde encontraron a Félix?

De seguro en la ciudad.

¿Por qué, Félix, por qué eres

tan desobediente?

Ve tu suerte, si no fuera

por ellos, ¿qué habría sido de ti?

Y yo que creí que no

les caíamos bien.

Los niños se muestran tímidos, avergonzados. Silencio.

Niño 1: Ya que te trajimos a tu conejo,

¿puedes hacer que deje de llover?

Yari: Me gustaría, pero no soy maga,

sólo soy una niña igual que ustedes.

Niños: ¿Sí?

Yari: Claro, ¿qué pensaban?

Niños: Ehh, no, nada.

Yari: ¿Saben quiénes sí pueden ayudar

a calmar el calorón y las tormentas?

¡Los árboles!

Niño 1: Ah sí, ¿cómo?

Yari: Capturan un gas que daña la atmósfera

y liberan oxígeno, otro gas que nos viene muy bien.

Niño 2: Pero ya casi no quedan…

Yari: Ése es el problema.

Bueno, uno de los problemas.

¿Les gusta leer?

Este libro es muy bonito,

explica todo lo del cambio climático.

El niño 2 toma el libro.

Niño 1: Mi papá dice que son inventos

de los que quieren cerrar las fábricas.

Yari: Tal vez no cerrarlas,

sólo dejar de usar carbón.

Cambiarlo por combustibles limpios.

Niño 1: Siempre se ha usado carbón…

Yari: Pero poquito,

¡y había árboles!

Niño 1: ¡Mentiras!

Mi papá dice que es cosa de suerte.

Yari: ¿Que todo depende de…

si aparece un gato negro,

o alguien pasó debajo de una escalera

o se vistió de amarillo?

Niño 1: Sí, sí, sí…

O… si alguien tiene poderes especiales

sobre las nubes…

Yari: ¡Ningún humano tiene esos poderes!

Niño 1: Puede que ningún humano común,

pero sí un ser especial… diferente.

Con pelo y piel y ojos de nube.

Yari: ¿Yo?

Niño 1: (Tomando unas tijeras.)

¿Quién más?

Danos un mechón de pelo:

Si se quema es que eres una niña normal,

pero si no…

El niño 1 se acerca a Yari amenazante, con las tijeras le hace un rasguño.

Yari: ¡Tonto, me lastimaste!

El niño 2 se cubre la cara con el libro. Yari huye de la persecución que el niño 1 continúa.

Yari: ¡Oye, déjame en paz!

En cámara lenta, el conejo salta a morder al niño 1. Lo vemos feroz en la pantalla. El niño 1 grita, todos quedan pasmados.

Yari: ¡Son unos necios!

¡Váyanse, no los quiero

volver a ver en mi vida!

Los niños la miran asustados.

Niño 1: No nos puedes echar,

te trajimos al conejo.

Yari: Sí puedo. No tengo poderes mágicos,

pero puedo escoger a mis amigos.

Félix amenaza al niño 1.

Niño 1: Quiero a mi papá.

Ya vámonos.

Yari: ¡Llévense sus cosas!

Los niños salen con la jaula, las tijeras y el libro escondido por el niño 2.

Yari: Gracias, Félix. Esto queda entre tú y yo.

No quiero que Muma arme un escándalo.

Me basta con que lleguemos al millón de árboles,

O, bueno, a la mitad.

— 14. Ya está la invitación —

Entra Muma con volantes para invitar a sembrar.

Muma: ¿Y los niños?

Yari: Se fueron, Muma.

Muma: ¡Y yo que quería darles la invitación!

Mira…

En la pantalla aparece la invitación, Yari la lee.

Yari: “Recuperemos el bosque perdido.

Hagamos algo contra el cambio climático.

Te invitamos a sumarte a la campaña

“Planta una planta”.

Sábados y domingos al caer la tarde,

junto al río donde había truchas.”

¡Quedó muy linda!

Muma: ¿Y ese rasguño?

Yari se toca la cara y ve sangre en su mano.

Yari: Olvídalo, ahorita me lavo.

Y también olvida a esos niños.

Debe haber otros

que no crean en supersticiones.

— 15. Volanteando —

Música y luz de la ciudad. La gente va entrando atenta a sus celulares. Entra Muma con megáfono.

Muma: Gente de la Ciudad de las Chimeneas,

los invitamos a unirse a la campaña

“Planta una planta”.

Muma reparte volantes. La gente reacciona de distintos modos. Y sale.

— 16. Hay esperanza —

Cae la tarde sobre el plantío. Muma trabaja. Yari ve a la lejanía con desencanto.

Yari: Te dije que nadie iba a venir.

Muma: Mira, por allá viene alguien.

Lentamente, va llegando la gente de la ciudad, menos el dueño de la fábrica, cargando pequeños pinos. Muma y Yari se acercan a ellos, agradecen, reciben los pinos y les entregan palas, costales. No se escucha lo que dicen.

Los niños de la ciudad se asoman desde una loma. El niño 2 lleva el libro.

Niño 2: Vamos.

Niño 1: ¿Con las brujas? ¡Estás loco!

Niño 2: No son brujas, dicen la verdad. Leí el libro y ya entendí.

Niño 1: ¡Traidor, te cambiaste de equipo!

Niño 2: Esto no es cosa de juego,

si no hacemos algo vendrán

más sequías y más tormentas,

como nunca las has visto.

Es de vida o muerte.

Niño 1: ¡No te creo!

Niño 2: Allá tú y tus creencias.

Yo sí voy. Adióóós.

El niño 2 se acerca a Yari, mientras el niño 1 les da la espalda enojado.

Niño 2: Hola, te traje tu libro.

¿Puedo ayudar?

Yari: Sí, toda ayuda es bienvenida. Te toca recoger basura.

Entran música y video. Los actores y los títeres cantan mientras observan en la pantalla cómo la tierra va poblándose de árboles.

Sueño que el bosque renace

tú y yo lo hacemos posible,

sube el verde por los montes

baja el agua por los ríos

Al tiempo que sueño, siembro,

y al tiempo que siembro, canto:

¡en vez de falsas creencias,

cultivemos esperanzas!

Lento oscuro.


Berta Hiriart. Ha publicado alrededor de 40 títulos —cuentos, ensayos, obras teatrales— dirigidos, en su mayor parte, a públicos jóvenes o a personas adultas que escriben o hacen teatro para niños y adolescentes.  
Aunque dirige algunas de sus obras, gran parte de ellas han sido montadas por compañías teatrales de todo México y de otros países.
Fue cofundadora del grupo Circo, Maroma y Teatro y de la Compañía de Teatro para Niños de la Universidad Veracruzana. También codirigió el Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes Telón Abierto.
Su novela Feliz año nuevo recibió el Premio Nacional para Obra Publicada 1994; Adiós, querido Cuco obtuvo el Premio Nacional Obra de Teatro para Niños 2004, y Cartas a una joven dramaturga, el Premio de Ensayo Teatral 2005. En 2021, recibió el Premio por trayectoria de la Asociación Internacional de Teatro para Jóvenes Audiencias (ASSITEJ); en 2022, la Medalla Bellas Artes y en 2024, el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón.
Actualmente es profesora del Colegio de Teatro, de la UNAM y becaria del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse a la autora en la siguiente dirección electrónica: bhiriart9@gmail.com

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