Teatrikando
Nocturno, un monólogo en que oímos y vemos todo

Me sorprendió que saliera de cartelera este excelente trabajo escénico, que reúne los requisitos de bello texto, música, dirección, actuaciones, voces, cualidades coreográficas, separando el flamenco que es otra cosa, que resulta magnífica; escenografía impresionante, incluidas dos albercas, lluvia, video mapping, vestuarios fantasiosos, en una palabra, era una creación redonda. Como la de Hoy no me puedo levantar, que duró más de diez años en cartelera. Nacho Cano, el autor nos tiene acostumbrados a largas temporadas.
Acabo de ver por segunda ocasión Malinche y me volvió a deslumbrar la rápida forma de cambiar escenografías, el vestuario de época que nos permite ver armaduras, reyes prehispánicos, caballeros águila, caballos, bailaores de flamenco; la proyección monumental, sobre la gran pared del Frontón México, de los histriones que están en primer plano, la apabullante pirámide que se divide para dejarnos ver el sol, las noches o el mar. En el agua de los estanques se bautizan, bañan y sumergen las parejas, en una rápida alucinación viva.
Este 2026 acaba de volver a la actividad para continuar su exitosa campaña con esta obra, que ha gustado en México porque exalta la figura de Malintzin.
A doña Marina la bautizaron los hispanos, al no poder pronunciar la r -cuyo sonido no existe en náhuatl- cambiaron el sufijo por tzin, quedando como Malintzin. Tzin era señal de respeto como “señora”. Los hispanos la cambiaron a Malinche porque no existía en castellano el sonido “tz”
Esta mujer nació de buena familia, pero por azares del destino, cae en esclavitud y tiene la oportunidad de estar cerca de Hernán Cortés lo que le permite ser multi lingue (náhuatl, maya, castellano que aprendió rápidamente), desarrolló labor diplomática y una fuerte labor altruista. Dignifica así la obra, a esta dama que estaba un tanto olvidada.
Será la madre de Martín Cortés, primer mestizo de la historia; y muere aproximadamente a los 28 años, lo que hace más gigantesca su inmortal proyección a través de los siglos.
No pretende ser una lección de historia, sino una visión del dramaturgo a esta epopeya de la historia mundial. Magníficas las intervenciones escénicas de todos, principalmente Malinche, Cortés, el jovencito mozo de espadas y el simpático religioso que hace los enlaces, en fin, todos, pues no hay un sólo ladrillo fuera de lugar.
Son casi tres horas las que dura, con 20 minutos de intermedio; en el lobby hay ricas golosinas y alimentos para que usted disfrute todos los placeres: del cuerpo, la mente y el corazón, porque va a salir de Malinche amando a todos los personajes que verá. Muy recomendable.
Nocturno…
Al ver ésta magistral forma de abordar un género tan difícil, tan frecuentado, me vienen a la memoria los trabajos que brotan primero: El diario de un loco en el Teatro Reforma, que vi en varios foros en 1964, en el desparecido Siqueiros, donde disfruté todos los personajes que saltaron de la imaginación de Nikolai Gogol y dirigió Alexandro Jodorowsky. Años después, 2013, vi Cada vez nos despedimos mejor, interpretado por Diego Luna con el texto y dirección de Alejandro Ricaño, donde conocimos al perro ciego que choca con los muebles, en la también extinta Sala Chopin.
Toca su turno a Daniel Giménez Cacho abordar el texto de Adam Rapp, a quien conocemos por la inquietante Blackbird; dirigido por Francisco Franco Alba de quien no puede dejar de mencionarse El curioso caso del perro a la media noche y La Sociedad de los poetas muertos, entre otras de alta calidad. Los del riesgo financiero son Alejandro Gou y Guillermo Wiechers, de quienes sería largo hablar de sus producciones.
Del actor, Daniel Giménez Cacho, se le tiene que recordar por El deseo atrapado por la cola y Las cuatro niñas, ambas de Picasso en 1982, hasta llegar al cine con Bardo en 2022 y la reciente México 86 con Diego Luna. Es muy amplio su historial por lo que se abrevia en exceso.
En la obra Nocturno, es única la suavidad y buen decir del texto, para informarnos que el protagonista es un escritor que ha matado a su hermanita. La forma en que lo piensa nos la dice; y cambia el orden de las palabras para expresar esa idea, hasta que está convencido de que no hay forma de que digan otra cosa, ha acabado con su vida.
Es el relato de una existencia interesante, que va hilvanando poco a poco hasta dar detalles de toda su vida y ve reflejada en los espejos que hay en los laterales, para que no esté solo en sus reflexiones. También verá brotar los tallos de unas plantas acuáticas llamadas Flor de Cardenal, que poco a poco crecen. Impidiéndole el paso y obligándole a dar caminatas en las que nunca repite el rumbo.
No le cuento más, para mantener en el misterio las causas de su incertidumbre, malestar con la vida, deseo y ausencia de amor, de compañía, hasta tener una mano de pianista en la propia.
Una bella narrativa, bien actuada, que le manda a casa con una esperanza vital, ¿se atreverá a escribir una segunda novela? ¿Encontrará el amor? «Entre la obscuridad y el dolor, prefiero el dolor», dice Faulkner.



