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Cuando el telón cae sobre un escritorio

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El analfabetismo en materia teatral de la burocracia oaxaqueña y la postura ética del Grupo Teatral Tehuantepec

Armando Escobedo. Otro día de fiesta. Grupo Teatral Tehuantepec

El teatro no es un adorno de utilería para llenar agendas de gobierno ni un aderezo folclórico para la foto de temporada. Es un oficio riguroso con dinámicas físicas, técnicas y temporales concretas que la burocracia cultural insiste en ignorar.

El caso reciente del Grupo Teatral Tehuantepec (GTT) en el marco de la Guelaguetza no es una historia de victimización ni un lamento sobre las vicisitudes del arte independiente. Es un diagnóstico directo del abismo que separa a los creadores de los administradores públicos. Ante la inoperancia de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (SECULTA), el GTT no pidió concesiones: tomó una decisión de rigor profesional, canceló su presentación de Otro día de fiesta en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO) y devolvió hasta el último centavo.

La ignorancia del oficio: el costo de tratar el teatro como papeleo

Programar una obra no equivale a contratar un servicio de banquete ni a comprar insumos de oficina. Mover a una compañía de un punto geográfico a otro requiere sincronizar traslados, cargas de escenografía, tiempos de ajuste técnico y dinámicas de ensayo.

La gestión iniciada en marzo con la Dirección de Artes Escénicas se entrampó en la dinámica habitual de los procedimientos dentro de las dependencias estatales: rotación constante de personal, dilatación de acuerdos y una desconexión total del área administrativa —encabezada por el Secretario de Cultura, Flavio Sosa Villavicencio— con respecto a las necesidades reales de una producción escénica. Tratar la creación teatral como un trámite secundario del que se puede prescindir hasta el último minuto denota un desconocimiento técnico elemental sobre el hecho escénico.

La incompatibilidad entre la prisa oficial y la precisión técnica

Un montaje teatral exige condiciones estrictas. Modificar fechas para otorgar al público un mejor acontecimiento teatral o requerir material de difusión a tiempo no son peticiones caprichosas; son requisitos técnicos indispensables para garantizar la calidad de la obra.

Liberar los recursos para hospedaje y transporte a solo tres días de la función revela una falla de fondo: la incapacidad del aparato burocrático para comprender que sin logística no hay función. Pretender que una compañía viaje y se presente bajo la presión de la incertidumbre financiera expone una visión miope que reduce el arte a un mero cumplido en un formulario público.

«La dignidad profesional no se negocia al ritmo de los tiempos bancarios de una secretaría. El teatro se sostiene sobre el respeto al público y al escenario, no sobre la resignación ante la negligencia administrativa.»

La devolución de los fondos: firmeza y ética profesional

El depósito extemporáneo realizado por la SECULTA tras la notificación de cancelación no corrigió la falta; solo evidenció el hábito institucional de intentar tapar fallas de planeación con parches de última hora. La respuesta del Grupo Teatral Tehuantepec fue firme: no aceptar la improvisación y reembolsar la totalidad del presupuesto.

Esta acción no nace del agravio, sino del rigor. Es un límite claro frente a la costumbre gubernamental de tratar a los colectivos locales como proveedores prescindibles a los que se les puede exigir profesionalismo sin ofrecer las garantías mínimas para ejercerlo.

El conflicto con el GTT deja una lección para la gestión de las artes escénicas en Oaxaca: las instituciones culturales no pueden ser administradas por burocracias que desconocen las disciplinas que pretenden fomentar.

El teatro regional requiere:

  • Protocolos de contratación especializados que reconozcan los tiempos reales de preproducción y montaje.
  • Garantías presupuestales previas, eliminando la práctica de operar bajo reembolsos o depósitos de último minuto.
  • Servidores públicos capacitados en gestión cultural y logística que requieren las diversas disciplinas artísticas, capaces de entablar una comunicación técnica y de respeto entre iguales.

El Grupo Teatral Tehuantepec fijó un estándar de profesionalismo. Corresponde ahora a las instituciones estatales estar a la altura de las exigencias reales del escenario.

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