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Pasaportes, el destino monumento

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Le quedan las funciones del 9, 23, 24 y 30 de mayo, en el Foro Fernando Martínez Monroy, en el domicilio de Ápeiron Teatro

Fotos: Adrian Martagon.

Alguna vez te has preguntado ¿Cuál es tu monumento favorito? ¡Cuidado! Tu predilección podría afectar tus decisiones. En la Ciudad de México existen monumentos en honor a la Revolución, a la Independencia, a la madre, a los niños héroes, a la raza, al caminero, a unos indios que con el tiempo se pusieron verdes, y así la lista sigue entre absurdos e incómodos monumentos, como el del perro callejero o el de la costosa Suavicrema. Con agrado o repulsión estos monumentos forjan el paisaje del cotidiano capitalino y quizá sus representaciones afecten el destino de quienes les admiran…

Pasaportes, obra original del dramaturgo veracruzano Tony Ortiz, nos cuenta la historia de tres personajes que pasan lista frente a los monumentos de las ciudades que habitan, y que resuenan con su búsqueda personal. Claudia es una joven actriz mexicana que persigue el sueño americano y a su llegada a Nueva York contempla con embeleso la estatua de la libertad. Carmen es una madrileña que viaja a la Ciudad de México en busca de su independencia sexual, cuando se encuentra «el ángel» que custodia Paseo de la Reforma sus anhelos encuentran cierta materialidad en la imagen de aquella victoria alada. Por último, Carlos viaja a Madrid tras el deceso de su madre para realizar «algo chingón de su vida» y ahí se encuentra con la Puerta de Alcalá  y el niño que cautiva su atención es aquel que representa la fortaleza, con su lanza y su escudo.

Los personajes de esta comedia están atravesados por el dolor de un duelo insuperado, pero también los deseos de salir adelante y «petarla» frente a la adversidad. Son entrañables porque están construidos de un material honesto y vulnerable con el que todos podemos empatizar. Ahí se encuentra la gran riqueza dramatúrgica de Tony Ortiz: en la complejidad psicológica y la enorme libertad que respiran sus personajes. Si bien la forma narratúrgica desprende un aroma «dosmilero», el valor del montaje se sostiene en la acción dramática; en el hacer de los personajes que termina por imponerse al diseño.

La dirección de esta obra lleva la rúbrica de Esteban Montes Miranda, director de la compañía Ápeiron Teatro. Su mirada analítica comprende que el centro neurálgico de la obra está en los personajes y por consiguiente en los actores. Hay un tono sólido en el que se enmarcan los tres actores y por el que fluyen con gran destreza a veces acentuando más el humor y otras la melancolía. La propuesta espacial tiene predilección por el desplazamiento estridente en el escenario que, por momentos, contrasta con la naturaleza íntima del texto, donde el estatismo y la sutileza parecen sugerir otras posibilidades de potencia escénica.

El elenco está conformado por Ximena Macías, quien interpreta a Claudia, la actriz; Monserrat Figueroa quien hace de Carmen, la española y Mario Alberto Moreno que interpreta a Carlos, el chilango que «imagina cosas chingonas». Además de estos tres personajes principales, todos los actores interpretan a otras personalidades que se cruzan por los destinos de los protagonistas. Ximena Macías es una actriz que brilla por su versatilidad corporal, pues en cuestión de segundos adquiere la corporalidad, el habla y, sobre todo, el ritmo de cada personaje que interpreta. Monserrat Figueroa tiene una fuerza en el escenario espectacular, que sería mayúscula si conservara con mayor firmeza el acento y la cualidad de sus personajes extranjeros. Por su parte, Mario Alberto Moreno pone los acentos de comedia en esta obra, la vulnerabilidad moral que imprime en sus personajes, hace de estos ridículos, pero entrañables.

El músico Rafael Rivera es el responsable del diseño sonoro de esta puesta en escena. La puerta de Alcalá  en voz de Ana Belén y Víctor Manuel prologa la obra y se interrumpe exactamente en el coro, que resuena únicamente en la mente de los espectadores que recordamos aquella melodía con sabor añejo. Solo se vive una vez, es más que una canción de Mónica Naranjo, es filosofía de bolsillo, es pulsión vital en las negras noches de estos personajes. La base musical de Pasaportes son el pop y la balada en español.

Agustín Lara compuso Madrid, Granada y Valencia sin haber pisado España. Sus notas tienen la idealización de los sueños veracruzanos que confundieron conversaciones de turistas sobre calles y barrios de Madrid en tertulias bohemias y cabarets. Todo viaje es una idealización guajira que se derrumba en cuanto el periplo comienza y en ese mismo momento se forja el recuerdo.

 Los personajes de Tony Ortiz son quijotes que un día, cansados de su rutina, salen en busca de la aventura. Claudia, Carmen y Carlos no se dan de bruces contra molinos, sino frente a tres monumentos: Independencia, Fortaleza y Libertad. Y, como el Caballero de la Triste Figura, emprenden fatigados el segundo viaje: el regreso a casa. Una vuelta que no significa fracaso, sino experiencia.

Pasaportes se encuentra en su recta final, le quedan todavía seis funciones: 2, 3 y 9, 23, 24 y 30 de mayo. Los sábados a las 18:30 y los domingos a las 18:00 h. La obra se presenta en el Foro Fernando Martínez Monroy, en el domicilio de Ápeiron Teatro: Dr. José María Vértiz 1054. Los boletos están disponibles en la taquilla del teatro y a través del WhatsApp 5540591841.

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