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Óscar Acosta, escenógrafo y actor, celebra 25 años de trayectoria con La tiendita de los horrores

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Encargado del diseño creativo de la escenografía y las plantas para esta obra, habla en entrevista sobre estos trabajos.

El domingo pasado fui invitado a ver la comedia musical  La tiendita de los horrores, que se presenta los fines de semana en el Teatro Hidalgo, en la Ciudad de México, y me llevé una increíble sorpresa al mirar una puesta en escena tan compleja y exigente como divertida y desternillante. Además tuve la oportunidad de charlar con el protagonista de La tiendita de los horrores, quien también es el escenógrafo, Óscar Acosta, pues este año festeja sus 25 años de trayectoria artística. Su vocación artística lo ha llevado por varios territorios escénicos como la interpretación, la escenografía, iluminación, el canto y la dirección vocal, entre muchas otras disciplinas que hacen de Óscar Acosta un artista complejo.

Chantal Andere y Oscar Acosta,actor y escenógrafo.

¿Qué significa para ti festejar este 25 aniversario  con  La tiendita de los horrores?

OA: Ha sido un regalo.  La tiendita de los horrores fue siempre uno de mis sueños, poder interpretar a Seymour; pero también uno de mis sueños más grandes era poder hacer la escenografía, sobre todo las plantas, esos puppets maravillosos que son los verdaderos protagonistas de la historia. Afortunadamente Juan Torres, nuestro productor, confió en mí y me dio esta oportunidad, para poder hacer todo el diseño creativo de la escenografía y, además, realizar con mis propias manos las plantas. Me siento muy agradecido con Juan, por darme la oportunidad de cumplir este sueño.

¿Cómo llevas este binomio entre la actuación y la escenografía?

OA: Teniendo disciplina y con muchas ganas de hacer las cosas. Ambas disciplinas requieren mucho tiempo, mucha dedicación para estar trabajando y llegar a lo mejor posible. Creo que lo he logrado porque, entre el desorden de mi cabeza, soy bastante ordenado. Administro muy bien mis tiempos y he aprendido a calcular cuánto me voy a tardar en diseñar algo. Con La tiendita de los horrores en las mañanas eran nuestros ensayos, con toda la compañía, empezábamos a las 9:30 am y terminábamos a las 3:30 pm y a partir de ahí me dejaban todo el tiempo libre para quedarme en el teatro y ponerme a hacer mis plantitas. Mientras estaba tallando las piezas a mano, porque son esculturas, ponía mis grabaciones y estudiaba mis textos, estudiaba la música. 

La ventaja es que desde niño aprendí a hacer varias cosas a la vez. Duré 15 años en un coro, empecé de niño y acabé ya de adulto. Entre semana estudiaba pintura y artes plásticas en la Academia Vincent Van Gogh. Para mi es natural poder hacer dos cosas a la vez y realizarlas al mismo tiempo. La suerte que aquí tengo es que puedo desarrollar mis habilidades en un solo espacio y al mismo tiempo. Yo lo he podido llevar con disciplina y mucho amor al trabajo, porque es mucha friega, es mucho desaparecerte de casa; pero el esfuerzo y la dedicación valen la pena mirando este resultado.

Sobre el proceso de montaje ¿Cómo actor te es más fácil habitar los espacios que tú mismo has creado?

OA: Si, me ayuda mucho ser actor, para crear estos espacios y tener la conciencia escénica del actor, de lo que necesitamos para movernos y encontrar ese espacio de libertad corporal. Durante los ensayos yo voy encontrando y descubriendo cosas como actor y cuando termino voy a comentar con el director «Oye, fíjate que vi esto en escena y vamos a necesitar poner una escalera», por ejemplo. Un resultado muy padre es que mis compañeros actores me han comentado «La escenografía está muy cómoda. No nos cuesta trabajo subir y bajar. El trazo es lógico para que podamos abrir y cerrar las puertas». Esto obviamente, lo he adquirido con la experiencia y con el tiempo. Es un gran apoyo que yo esté adentro y fuera, porque puedo verlo desde ambos lados.

Al mirar por primera vez La tiendita de los horrores da la sensación de ser un espacio muy pequeño. Apenas inicia la función parece que la escena se expande ¿Esta idea de expansión es premeditada?

OA: Sí, justamente como lo mencionas, era la sorpresa que yo quería generar con estos espacios que se recorren y se abren. En otras partes del mundo La tiendita de los horrores se presenta en teatros más chiquitos y la escenografía es prácticamente del tamaño de la tiendita de nosotros. No hay nada más. Acá la premisa fue que toda la gente que cabe en el Teatro Hidalgo (800 personas aproximadamente) debe tener una buena isóptica; buscamos que la escenografía fuera más grande y espectacular. Existe un mecanismo giratorio que hace que el escenario avance. Ese mecanismo es bastante complejo. Mientras el escenario está girando se desplaza sobre su riel hacia adelante, hasta su posición con mucho cuidado para que no choque con las paredes. Eso hace que la gente se sienta dentro de la tiendita. 

Esto fue parte de mi idea original y a Juan le gustó cuando se lo propuse. También mi propuesta fue hacer las plantas más grandes. Tenemos la planta más grande de Latinoamérica, estamos segurísimos. El objetivo es provocar la sensación de que el espacio está invadido por la planta, que apenas y puedes caminar por la tienda y que la planta ya te robó tu espacio. 

Los actores interactúan con la planta gigante con bastante confianza. Suben y se mueven dentro de ella con mucha seguridad ¿Cómo diseñaste ese mecanismo para que fuese seguro para ustedes?

OA: Todo el diseño de las plantas lo hice yo, las realicé con mis manos. Desde la más pequeña hasta la más grande. Para el mecanismo de la planta cinco, que es la más grande, es más grande que un Volkswagen; me asesoré con el ingeniero Mario Alberto Gómez, que es quien hace toda la mecánica teatral. Tuvimos muchas juntas entre él y yo. De la planta más chiquita que yo hice, el prototipo, fue el modelo para la planta más grande. Es un mecanismo muy cuidado. Está realizado con una estructura de PTR, que es prácticamente indestructible. Tiene un mecanismo de pistones hidráulicos, contrapesos y una tijera gigantesca operada por dos personas. Está tan bien cubierto todo que no alcanzas a percibir cómo funciona todo el mecanismo. Estamos muy seguros en este dispositivo, cuando nos subimos, es como subir a una plataforma móvil que nos sangolotea con flexibilidad; pero nosotros por dentro estamos muy seguros. Después de casi un año de temporada ya lo tenemos dominado.

¿En qué género insertarías La tiendita de los horrores

OA: Nosotros la tenemos como una comedia de ciencia ficción de humor negro. Los personajes están llevados a la farsa. El dentista (Juan Fonsalido) está en un tono de farsa absoluta. Aunque nosotros estamos aterrizados en algo «más real» convivimos con una plantita que no existe, y sería imposible que existiera. El humor ácido que manejamos se burla de la sociedad. A la distancia de su estreno en los 80, todavía sigue vigente este tema; haces conciencia de los excesos, del maltrato, del abuso ¿Hasta dónde puedes llegar con tal de conseguir tus sueños sin ser consciente de lo que estás haciendo? ¿Hasta dónde permites que te maltraten o maltratas tú? Es una comedia que te deja pensando al salir.  Es una historia que toca temas sensibles con un humor ácido y oscuro.

Existe entre algunos teatristas un prejuicio a ver versiones anteriores de la obra que están montando. He escuchado que algunos directores dicen “no vean  la película para no viciarse” ¿Coincides con este pensamiento o crees que deben revisarse todos los referentes para enriquecer la creatividad?

OA: Yo rompí «la regla». Creo que esas decisiones de «no  ver» pueden conducir a cosas increíbles; pero en este caso, es una obra tan conocida a nivel mundial, que la gente que la vio tiene en mente la típica planta carnívora. Este proyecto lo tratamos de hacer desde hace tres años, hasta que se logró. En ese tiempo yo fui a Nueva York y vi la obra, estudié todos los mecanismos de las plantas, todo lo que se puede encontrar en internet. Vi la película muchas veces porque justamente quería capturar esa esencia que la gente recuerda cuando ve una película que impacta: las texturas, los ambientes, los elementos que se usan y son clave. Estudié muchísimo. 

Como actor me sirvió ver las diferentes versiones de «los Seymours», porque cada ser humano tenemos una personalidad distinta, y aunque podemos entrar en la piel de un personaje, lo vamos a interpretar de manera distinta, todos tenemos una esencia diferente. Estuve viendo y seleccionando cosas que me gustaba. Todo este trabajo de estudio me llevó a este resultado de la estética de la tiendita, donde se respeta el ambiente original que el autor quiso expresar, pero con mi estilo de diseño. En cuanto  a las plantas, busqué desarrollar una estética que no fuera exacta a la de la película, pero que sí te remontara a ella. En realidad no tienen nada que ver. Nosotros no pagamos derechos de réplica, todo fue creación mía. Eso me llevó a definir esta estética redondita. En lo personal me gusta investigar qué se está haciendo en otros lados, para poder competir con ellos.

Fotos de la producción.

En México existe una riquísima tradición musical, teatral y cinematográfica. Gran parte del cine de la Época de Oro es musical, la comedia ranchera es un género muy apoyado en la música vernácula. En el teatro existen grandes nombres como José Luis Ibáñez o Manolo Fábregas que, sin duda, cimentaron el terreno del teatro musical en México ¿Cómo se inserta tu trabajo en esta genealogía de creadores musicales? 

OA: Yo me identifico mucho con esta «genialidad», en el buen sentido de la palabra, lo digo de la manera más respetuosa, hacia el maestro Manolo Fábregas y sobre todo la señora Fela Fábregas. Tuve el placer de trabajar muchos años con ella y decir que fue mi amiga. Fue una familia que yo admiré muchísimo. Ellos de la nada, con el ímpetu y las ganas de traer el teatro musical a México, y de que la gente fuera a los teatros, ellos hacían todo. Si ya no había quién pudiera coser los botones del vestido de la reina, estaba la señora Fábregas cortando y cociendo y ella iba y compraba las telas. El señor Manolo dirigía, producía, se subía a escena y cantaba. Yo impulsaría a los jóvenes a que se atrevan a hacer las cosas que les gusten, todas las que sean, siempre y cuando se preparen. No a ser un improvisado que puedas poner en riesgo algo. Si te vendes como bailarín y no bailas, vas a provocar un accidente. Pero si uno estudia y se prepara… no hay por qué no hacer las cosas. ¿Dónde está la regla de «No puedes hacer más de tres cosas»? Sí sabes hacerlo ¿Por qué no? Yo me identifico mucho con el señor Manolo Fábregas porque él se atrevió a decir «Yo puedo hacer todo esto» y así llegó hasta Broadway. Doña Fela también, ella producía, pero también estaba en la taquilla, le encantaba ir de compras de producción. Con el paso del tiempo se hicieron de su equipo de trabajo. Yo tengo gente que me ayudó a hacer toda la costura de las lianas, que me apoyaron en toda la pintura escénica. Me gustaría dejar una huella muy importante, que admiren tu trabajo, que vean que sí se pueden hacer las cosas y que se acuerden que alguien pudo hacer esas plantitas.

Finalmente Óscar Acosta recordó con satisfacción la noche del estreno y elogió el talento de todos sus compañeros en escena. El elenco de la obra está integrado por grandes intérpretes como Chantal Andere, Juan Fonsalido, Sergio Jurado, Jair Campos, Crisanta Gómez, Felipe Álvarez, Scarlett Chico, Enrique Maddox, Leonora Enríquez, Itzel Gaitán y Alexa Hidalgo. Además de orquesta en vivo. 

La tiendita de los horrores se presenta en el Teatro Hidalgo todos los fines de semana hasta el 26 de octubre.  Sábados 17:30 y 20:30 y los domingos a las 17:30. Los boletos están disponibles en Ticketmaster y en las taquillas del recinto.

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