
Toda obra de ciencia ficción es hija de su tiempo, y bajo las premisas literarias de este género las circunstancias del momento marcan las características sociotécnicas que moldean a la sociedad en que viven sus autores, como tributarios de la región a la que pertenecen y de las aguas que les ha tocado abrevar.
El conjunto de relatos de Una entidad extraña y otras piezas de teatro para después del futuro de Vidal Medina poseen como trasfondo el rumbo que lleva la actual sociedad tecnificada; enmarcadas bajo un estilo ciberpunk poseen una cierta posibilidad de ocurrir y se convierten en una especie de mapa de futuros posibles.
Como piezas dramatúrgicas poseen un estilo narrativo más emparentado con la tradición del género cuentístico, y poseen notoriamente un estilo de representación de la ciencia ficción que tuvo su auge durante la primera mitad del siglo XX como una forma de anticipar los riesgos de la tecnología atómica del momento, y bajo el contexto actual presentan una posible vida futura y las maneras de vivir y sus riesgos mediados por las nuevas tecnologías digitales.
El ciberpunk es un subgénero de la ciencia ficción que tiene sus orígenes y desarrollo principal en los países de alta tecnología, pero gracias a la globalización y al nuevo fetichismo de las mercancías tecnológicas hoy la influencia de este subgénero se ha vuelto popular en prácticamente la totalidad del planeta, donde en este caso se presenta como un tipo de ciberpunk norestense a la manera de un modelo distópico bipolar donde por fin llegaron (cuando menos) las promesas sobre las maravillas del avance científico y tecnológico, y la supervivencia en un submundo social de tipo skid row (moridero humano) pero tecnificado: el mundo de los olvidados del futuro.
Como obras de ciberpunk, las piezas de Una entidad extraña…muestran como entramado ambiental una sociedad donde predomina la mala vida, y donde el entorno familiar, el Estado y la sociedad han dejado de proteger al ciudadano porque han conformado un medio adverso y en ocasiones peligroso donde se vive bajo una nueva ley de la selva urbana. Aquí el drama humano y sus interacciones prevalecen bajo un entorno de relaciones mediadas por la alta tecnología cibernética.
En Regina quiere detenerse, los protagonistas se ganan la vida generando energía con su actividad física; en Para matar al pato Donald, dos buscadores de agua y reliquias de un pasado que ya no existe exploran un parque de atracciones abandonado y lleno de peligros; Una entidad extraña transcurre en Mentoro, en un Nuevo Texas parte de un futuro Estados Unidos fraccionado, donde el personaje principal es un empleado de televentas que tiene que afrontar una sustitución forzada por un “doble”; en Servicio express un influencer de los medios digitales debe alternar entre dos realidades, la de todos los días y la virtual o imaginada en las redes sociales, a manera de una distopía de los vagos; El hombre que estaba conectado trata sobre una especie de “trasplante” donde un organismo cíborg controla una central de energía nuclear; Después de la lluvia es una distopía de la sequía que transcurre en la zona metropolitana que circunda a un Monterrey del futuro, y describe las andanzas de dos ladronzuelos y la pretensión amorosa de uno de ellos.
Finalmente se encuentran los tecnoteatros, una sección con monólogos breves que proponen un teatro en el espacio virtual, pero que podrían funcionar perfectamente como monólogos teatrales en vivo.
Vidal Medina, Una entidad extraña y otras piezas de teatro para después del futuro, Monterrey, Felina Ediciones, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2024.



