Memoria en el asfalto se presenta los sábados y domingos hasta el 15 de marzo en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico

Memoria en el asfalto es el refugio que una persona se construye para enfrentar la pérdida de su todo. Al igual que miles de personas, el protagonista de esta historia elabora escenarios alternativos: las múltiples posibilidades en las que el hecho fatídico discurrió, en las que todo sigue igual, como si ellos no se hubieran ido. Estos ejercicios de la imaginación transitan entre el arrepentimiento, el llanto, la rabia, la atribución de culpas y las decisiones que jamás llegaron a concretarse. Ya sea por azar, por infortunio o porque la violencia tuvo un objetivo claro, hoy esas personas son desaparecidas y la incertidumbre las convertirá en ausencias que quizás nunca regresen al abrazo de los suyos.
En este contexto, Aldo Martínez Sandoval narra la historia de un joven que ha perdido al amor de su vida en las calles de la Ciudad de México. Desafortunadamente, no se trata de un hecho aislado, sino de una experiencia que se ha vuelto tristemente común: ella salió a trabajar y no volvió. Su partida no dejó únicamente un vacío en el departamento, sino que rompió con un vínculo que parecía inquebrantable y desarticuló por completo la vida del protagonista.
El dramaturgo construye un texto que oscila entre lo frenético y lo desesperado, los actos que añora y los remordimientos que grita. Tras la pérdida, el personaje emprende un recorrido por las calles multiculturales de la Ciudad de México, un espacio urbano que lo devora mientras él se aferra al recuerdo de ella y a la posibilidad de encontrarla. Con cada paso y gesto de Carlos Ordoñez, el espectador se sumerge en la intimidad de la pareja: sus conversaciones en una tortería o el recuerdo de la primera cita, momentos que cimbran esa memoria contenida en el asfalto. En una ciudad en constante transformación, atravesada por miles de cuerpos y de historias, la obra encuentra un remanso para escuchar el dolor, la tristeza, la alegría, el amor y la confidencialidad de esta relación.
De ahí emerge una empatía profunda con las vidas amorosas de quienes habitan y transitan el centro: encuentros fugaces, sonrisas compartidas, instantes de disfrute cotidiano en las circunstancias más inverosímiles, como si el tiempo se suspendiera lo suficiente para permitirnos habitar —aunque sea por un segundo— esas calles y esas memorias. Memoria en el asfalto vuelve así al punto de partida: el refugio íntimo ante el dolor de quien ha perdido su todo.
El Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico resulta un espacio idóneo para la obra. La cercanía física entre actor y público convierte al espectador en parte del circuito emocional de Carlos Ordóñez. El actor recorre el camino de un personaje que se resiste a aceptar la pérdida, aun cuando la realidad insiste en lo contrario. En su mirada se proyecta un anhelo persistente: el deseo de recordar la primera sonrisa que ella le regaló. Para él, la historia aún no ha terminado; quiere transformar su realidad para no sentir que a su corazón le hace falta más de ella. El espectador, a apenas unos pasos de la acción, habita ese departamento y observa de cerca la búsqueda incesante del personaje.
El texto de Martínez elude una temporalidad lineal y opta por saltos constantes entre estados emocionales, intensificados por las acotaciones que Ordoñez lee y encarna con desesperación. Daniela Parra, directora de la puesta en escena, comprende con precisión este dispositivo y, con pocos elementos, logra que el movimiento escénico dialogue orgánicamente con la dramaturgia. Un par de bancas acompaña la escena y Ordóñez las utiliza como puntos de descanso paradójicos: pausas en las que la mente permanece inquieta y el rostro muestra el grito del duelo. El cuerpo mismo se transforma con la pérdida, se deforma todo aquello que se creía estable.
La puesta se complementa con una serie de videos grabados en primera persona que acompañan el trayecto narrado, reforzando la sensación de desplazamiento físico y emocional que atraviesa toda la obra. El escenario se vuelve, según el momento, refugio para evadir lo sucedido, calle con nombres de países por la que el personaje corre desesperado, o espacio de resignación silenciosa. Un espacio para no olvidarla.
Memoria en el asfalto se presenta los sábados y domingos del hasta el 15 de marzo en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico




