
En el largo aliento escénico que se nutre del presente y la memoria de las comunidades, Morelos es una sede para un teatro que ha madurado y estrechado los lazos de comunidades en amenaza permanente por la violencia, los cotos territoriales de la delincuencia y el narcotráfico.
Desde el anclaje municipal, pasando por la inscripción estatal y federal, se tejen y destejen las seguridades de una lucha estética, histórica y política a partir de la creación y reflexión de una dramaturgia viva que se escribe al pie de lo que se podría llamar una comunidad de espíritus conformada por el pueblo en los distintos municipios que cubren las acciones de Mulato Teatro.
Fuera de la monotonía de los lugares comunes navideños, colocan como reflexión de fondo a Emiliano Zapata y a Francisco Villa, que se encontrarán en ese territorio de la imaginación que es el Mictlán para cerrar el año, poniendo sobre la escena un armado fino de reflexión histórica y política, plena de humor y agudeza intelectual.
Desde Tlaltizapan, donde está el Centro Cultural Mulato Teatro, hasta Yautepec, donde está el foro Artha, se presenta una de las obras más recientes de Jaime Chabaud, Por los bigotes de mis tompiates, bajo la dirección de Ismael Rojas, en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro y Mulato Teatro que introduce a los actores comunitarios Ángeles Martínez y Martín Ocampo y, por la CNT, a Ernesto García; en el diseño musical a Alberto Rosas, Nadia M. en la escenografía y vestuario, a Oscar Santín en la iluminación y en la asistencia técnica a Juan Sebastián Chabaud Castillo.
A través del programa En compañía de la Compañía, la CNT busca dialogar con “las poéticas, políticas, modelos de producción y metodologías de trabajo de otras compañías en el interior del país”, además de colaborar con la descentralización de la producción artística en el país, para poner a prueba muchos elementos que no serían posibles sin la solvencia de una compañía local como la CNT que se suma a las exigencias de estabilidad.
Este 2025 ha sido uno de los más desafiantes para la cultura federal. Cada estado del interior del país ha dejado de recibir muchos de los estímulos que permitían que una gran comunidad de artistas resistiera a las dificultades económicas y laborales de los miembros de sus grupos. Las formas de producción han encontrado formas que la imaginación de cada grupo ha permitido. Ese ha sido el caso de esta compañía que tiene a la actriz, productora y escritora Marisol Castillo como eje de la actividad sustantiva de la compañía, quien conduce también uno de sus montajes más divertidos y aleccionadores ¿Quién secuestró el año viejo?, escrito por Ismael Rojas y Jaime Chabaud, que se presenta este fin de semana para cerrar así un año fecundo para la veinteañera compañía.

Chabaud e Ismael Rojas imaginan que este año secuestrado no deja que llegue enero, y diciembre se prolonga al 32, 33 y 34, con los problemas que produce la interrupción de la regularidad, de lo cíclico, de la ritualidad, poniendo en evidencia todo lo que articula la vida, desde la vitalidad hasta la corrupción y el abuso de poder en manos de los políticos al estilo de Rius (quien falleció en Tepoztlán, Morelos). Es una puesta en escena profesional y de largo aliento, con un elenco vigoroso de más de una docena de actores, resultado del taller de sensibilización. Un teatro que apuesta por la sobrevivencia, la dignidad, la proliferación de un arte comunitario que reseñamos aquí a propósito de Tilicos y flacos, estrenada en noviembre pasado y en referencia al Mictlán, nuevamente con la sabiduría escénica del joven Ismael Rojas y el experimentado Jaime Chabaud, para celebrar Día de Muertos, todo esto enmarcado en el Primer Festival Internacional Afroescénico, a principios de este año que ya se extingue y que esperamos reencontrar en 2026.
*Texto publicado originalmente en el suplemento La Jornada Semanal en la sección Arte y pensamiento como parte de la columna del autor: La otra escena, 21 de diciembre 2025.



