La obra, en temporada los fines de semana en Casa del Teatro hasta el 9 de agosto

El filósofo español Gustavo Bueno aseguraba en su artículo La esencia del teatro que «El elemento esencial del Teatro es así el Actor, la persona que está-en-escena: el elemento humano que representa; tal es lo real y auténtico del Teatro. Todo lo demás es elemento subordinado (aunque inexcusable)» y esta frase encontró en mi mente un profundo resonador en el estreno de la obra En el fondo del río. Las actrices Teté Espinosa, Patricia Loranca y Gabriela Núñez son el corazón de esta obra.
La obra expone el conflicto generacional que tienen las mujeres de una familia en el norte de México. La abuela, la madre y la hija han heredado una genealogía de violencia y tragedia con la que tendrán que enfrentarse como si fuese «una maldición en la sangre». El pueblo donde se emplaza esta historia está atravesado por un río, que será el leitmotiv que acompañe a las protagonistas como un espacio para buscar la libertad femenina.
Gabriela Núñez interpreta a la matriarca de esta familia, la abuela Alicia. Su personaje conserva las tradiciones gastronómicas nacionales (se le ve preparar tamales en escena), procura que las fiestas tradicionales (como los quince años de la nieta) se sigan y se cumplan en tiempo y forma. Aunque su credo es, por herencia, católico; su fe se ha protestantizado, un fenómeno muy común en el norte de México por su cercanía con Estados Unidos. Esta abuela es obtusamente fideísta y hace una interpretación a conveniencia de aquello que considera la doctrina de la iglesia.
Teté Espinosa interpreta a dos personajes: Vicky y Anita. Vicky trabaja en el sector salud y es madre soltera y como personaje que se encuentra en el ecuador generacional tiene que, forzadamente, construir un diálogo con una madre que le ha fallado y con una hija con la que aún no existen códigos de lenguaje en común. Anita es hija de Sandra (hermana de Vicky), es una adolescente inquieta que adora bañarse en el río y comparte una estrecha amistad con su prima Romina.
Patricia Loranca interpreta también a dos personajes: Romina y Sandra. Romina es técnicamente la protagonista de esta historia. Es ella la que comienza a contar la historia que al principio tiene el sabor de un cuento propio del realismo mágico. Sandra es la madre ausente de Anita. Su personaje apenas tiene una escena, pero es fundamental conocer su historia para comprender el sino trágico de la familia. En el siguiente árbol genealógico se ejemplifica de una mejor manera la relación familiar:

La actriz Hazel Hamdan tiene una participación breve dentro de la historia. Su personaje sintetiza la voz del pueblo, los rumores que circundan alrededor de la familia y por instantes también supone un desahogo cómico para la historia.
La dramaturgia es un melodrama costumbrista que recuerda la tradición del teatro mexicano. En particular me hizo pensar en la obra Los perros de Elena Garro, que cuenta la historia de Manuela y Úrsula, madre e hija, y cómo se enfrentan a las violentas pretensiones que han sufrido por los hombres del pueblo (plagado de barbarie y superstición) donde viven. El melodrama se apoya sobre sus pilares de algidez sentimental, indignación y problematiza sobre los conceptos morales de justicia y libertad. También existen insinuaciones naturalistas, no solo por la presencia de la naturaleza y los animales; sino por el énfasis que tienen los personajes en la predestinación de su estirpe hacia la violencia.
En el fondo del río es dirigida al alimón por Cynthia Fernández Trejo (la dramaturga) y Valeria Martino. La puesta en escena presenta tres lugares definidos: la casa, el río y un muro al fondo que sirve como pantalla de proyecciones. Las reiterativas transiciones están apoyadas en la proyección de videos cortos donde se observa a niñas jugando en el río, después jugar con muñecas y, básicamente, haciendo las mismas acciones que minutos después vuelven a interpretar las actrices sobre el escenario real. El artificio que busca el efecto sentimental en el espectador es una búsqueda constante de las directoras. Por ejemplo: hay canciones interpretadas a capela que dilatan la acción dramática en una nube de amaneramientos. Estos recursos, y algunos otros, hacen que los 105 minutos que dura la obra sean pesados para la atención del espectador.
En el fondo del río se encuentra en temporada los fines de semana en Casa del Teatro hasta el 9 de agosto. Los sábados y domingos a las 19:00 h. Las entradas tienen un costo de $400 y están a la venta en la taquilla del recinto.



