Visitar el Corral de Comedias de Almagro, en la Mancha, en España, obligadamente lo pone a uno a reflexionar un montón de cosas; desde las estrictamente antropológicas o técnicas (cómo era el estilo de actuación, cómo se iluminaba, etc) hasta cuestionamientos sobre la propia función del arte dramático hoy.

Escrito por: Jaime Chabaud
José de la Colina pregunta siempre de manera irónica: “¿El teatro…, ese arte que existió antes del cine?” (que también Octavio Paz se atribuía como chiste propio). El corral de Comedias de Almagro es el único que se conserva y que sigue funcionando desde 1628 a pesar de cierres, incendios y otros usos a los que se destinó. A lo largo del Siglo de Oro Español tuvieron una dependencia y/o colindancia con mesones o posadas que daban cobijo a los cómicos no pocas veces protagonistas de escándalos. En el caso del de Almagro, el Corral se construyó dentro del Mesón del Toro y es hoy sede del Festival de Teatro Clásico.
De esas épocas hasta principios del siglo XX, la actividad teatral fue un motor poderosísimo de la convivencia social. En la Nueva España y el México independiente del XIX, los teatros, así como las peleas de gallos, las corridas de toros o los paseos por las alamedas, eran los únicos puntos de encuentro entre las diversas clases sociales. No en balde Nietzsche escribió que muchas veces era más interesante lo que ocurría en la galería que lo que se representaba en escena. Y es que la función social del teatro, además de mover conciencias, ponía en juego las relaciones sociales. Desde el Zaguán hasta la Alojería, el Patio de Mosqueteros, la Cazuela y los Aposentos, el intercambio social transitaba entre el ligue y las miradas de los enamorados, el cierre de tratos comerciales, conspiraciones políticas, planes de asesinato, excomuniones, borrachera y banquetes. Guillermo Prieto, muy entrado el siglo XIX, se quejaba de que en los palcos del Coliseo Nuevo de la ciudad de México se vendían “enchiladas”.
¿Cuál ha de ser la función social del teatro en la actualidad? Por lo pronto me quedo con una frase de mi colega David Olguín: “El teatro hoy le habla a la inmensa minoría”.



