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Anadel Lynton

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La maestra nunca alardeó de sus múltiples aportaciones a la danza

Anadel Lynton. Danza UNAM

Falleció la destacada bailarina, coreógrafa, maestra e investigadora Anadel Lynton. Estimada por todo el medio de danza de nuestro país. Identificada por su gran humanidad, la singularidad de su labor dancística y su compromiso social.

Anadel, sencillamente Anadel con un nombre tan fonético y dancístico. Resuena en los años de danza combativa en este país. Significa compromiso vivido de forma espontánea. Nunca la vi con alardes o vanagloriándose de sus múltiples aportaciones a la danza.  Debería mejor decir, las aportaciones a la gente a través de la danza. De ahí su profunda humanidad que le identificaba. Las verdaderas presencias artísticas se forman de cualidades inseparables, lo humano ligado a su forma de ser; la humildad, mujer de trato siempre amable. De fácil su forma de comunicación con la gente, sus compañeros, alumnos y público. Otras de sus cualidades fueron la constante indagación, la generosidad de compartir y el compromiso con la sociedad, elementos que se unían en su práctica artística y de investigación. Y el humanismo, expresado en la visión que tenía del conocimiento, la forma de adquirirlo y compartirlo una forma esencial de vinculación con su comunidad. Y en la forma de crear y expresar la danza junto con otros y para otros.

 Anadel Lynton tuvo la vehemencia de la danza misma, la entrega diaria y tozuda a un anhelo artístico. Un compromiso con los otros, ahí nutría su convicción con la vida y su profesión. De ahí que fue una de las más fervientes realizadoras de la idea de la danza para la comunidad.  Un método que fue desarrollando, el cual ayuda a grupos comunitarios a crear sus propias danzas.

Esta vocación tuvo sus orígenes en su personalidad y compromiso social, en su formación, en las relaciones profesionales y afectivas que fue forjando entre compañeros; además de los momentos históricos que le tocaron vivir y que impresionaron su pensamiento y corazón.

Empezó siendo bailarina y devino en “arteaccionista”. Nació en Estados Unidos en 1938. Tomó clases con Martha Graham, Mary Wigman, José Limón,  Xavier Francis, Alvin Nikolais, Guillermina Bravo y Carlos Gaona.  Bailó en dos importantes agrupaciones de danza de nuestro país. Ballet Nacional de México de Guillermina bravo y fue fundadora en 1966 del Ballet Independiente. Con esta última compañía hay una hermosa fotografía que transmite el aire de libertad de esa época. Son bailarines que posan en diferentes niveles de una escalera de tijera. Ahí está ella a un lado con su cabellera rubia y su juventud entregada a una compañía que crecía convirtiéndose en una opción artística. Como me hubiera gustado verla bailar en ese momento.

Cuentan que ella fue la que encontró un espacio en la calle de Hamburgo de la Zona Roza, el ya mítico Espacio independiente, (ahora convertido en estacionamiento), sede de la agrupación de Raúl Flores Canelo y luego del Ballet Teatro del Espacio. También es significativo resaltar su paso por Tropicanas de Graciela Henríquez.

Esta agrupación según Pierre Alan Baud (Petul): “niega vigorosamente tanto el ideal clásico gisseliano como la danza contemporánea” (1) Mucho de esta actitud conservó Anadel hasta sus arteacciones. Su inquietud intelectual la lleva a estudiar Antropología en la ENAH, con el correspondiente reclamo de su coreógrafo “por no dedicarse las veinticuatro horas a la danza”.  

Anadel también es maestra e investigadora. En1983, es co-fundadora del Centro Nacional de Investigación y Difusión e Información (Cenidi) José Limón. Son múltiples sus aportaciones en este centro, sus participaciones en encuentros, congreso de investigación, su participación en la conformación de ese evento memorioso y a la vez celebratorio de las personalidades del arte que es Una vida dedicada la danza. Conduce el programa: Diálogos de percepciones entre públicos y creadores, una buena idea de comunicación entre artistas y el público después de las presentaciones.  En dónde hay preguntas tan esenciales como las de: ¿Qué vimos? ¿Qué sentimos? y ¿Qué pensamos? También imparte cursos para comprender y llevar a cabo lo que a veces mencionamos sólo como una buena intención: danzar en comunidad. Una necesidad más evidente ahora que tenemos que rescatar espacios públicos y trabajar por la restitución del tejido social mermado como consecuencia de la violencia.

Estas iniciativas revelan la cualidad de promotora de la danza, pero no entendida como esa idea de la “venta de funciones” o representación de grupos; sino aquella promoción que lleva conscientemente el espíritu de la danza por diversos territorios del conocimiento y propicias experiencias directas. Esta vocación la conduce a formar parte de Danza Mexicana A.C. y a consolidar el movimiento de grupos independientes en los años ochenta.

Así, pese a no pertenecer a ningún de estos grupos, apoya con firmeza las propuestas por hacer mucho más participe a la danza en las tensiones sociales de aquella década.  En estas iniciativas comparte el desarrollo de la danza en espacios alternativos. Colabora en la organización de los encuentros callejeros de danza que hicieron Damac y la Comisión Cultural de la Unión de vecino y damnificados (UVyD) 19 de septiembre, a partir de la conmoción de los sismos de 1985, con un marcado compromiso político-social.

Trabajó en el desarrollo de este proyecto dancístico vinculado con el movimiento urbano popular que incidió sin duda en el cambio democrático en el gobierno de la ciudad de México. También con Damac hace crecer el Día Internacional de la Danza a una manifestación festiva, igualitaria e incluyente desde sus primeras ediciones en el Teatro Ángela Peralta de Polanco hasta el Museo Universitario del Chopo, después de este momento se “institucionaliza” porque pasa a ser organizado por instituciones como el INBA y el Centro Nacional de las Artes.

En Anadel se combinaba un fervor por la danza, para compartirla, pero no como un acto independiente de lo artístico. Ella promovió lo que crea e invita a crear y a participar. Y es cuando resuelve ese cuestionamiento que ella expresaba: “¿Enseñar danza es enseñar técnicas corporales y estilos históricos o es posible fomentar actitudes creadoras y críticas a través de la danza?” (2)

Buscó llevar lo que reflexionaba a sus obras e investigaciones. Muestra de ello son sus “coreografías masivas” dentro de los encuentros callejeros, una de ellas en plena plaza de las tres culturas en Tlatelolco; otra más es Romerías tour que es un rescate de la memoria entrañable de un barrio de la ciudad de México, el de la colonia Roma, a través de desplazamientos coreográficos. Es un acto itinerante que propone la interacción con los vecinos que deambulan por las calles y las personas que realizan el recorrido con los bailarines.

Anadel Lynton siguió bailando sin pregonar su mayoría de edad, sólo comprendiendo las diferentes estaciones de su corporeidad y las posibilidades de la creatividad. Ahonda en el performance y la improvisación. En ella experimenta lo que enseña. De la improvisación afirma: “La experiencia de improvisar, más que “hacer” algo, puede parecer dejar que algo se haga, seguir el dictado de una voz interior, como si el canto, la forma, la idea, la auténtica voz, ya estaba ahí, sólo esperando a ser descubierto, liberado” (3). Y así sucede, en sus obras hay una reflexión profunda que las origina y a la vez comunicación directa con los participantes. Ella misma se transformaba en una mágica chamana en sus danzas por la tierra; nos involucra en la desgracia de asesinatos de Acteal; se involucra en los caracoles zapatistas, una propuesta por llevar justicia a regiones autónomas zapatistas y en donde la cultura está presente en su danza. En estos ejemplos de su labor artística se percibe su visión del arte y la vida. La estrecha relación que deben tener y que no debemos ignorar.  Ella pensaba que el arte y el activismo son una manera de llamar la atención de la sociedad y explicarle qué es lo que está sucediendo a nivel político y social, para generar una mayor conciencia (4) Pero no como una actitud panfletaria, sino por la forma en que se vive y se cree en principios. Así que no fue sorpresa cuando la encontré en Iztapalapa, uno de los territorios con mayor población y problemas sociales del país, presentando la obra: Catastrofistas, esperacistas y valemadristas, por supuesto hablando de lo cotidiano al público, de la situación política y social, que tenía además la oportunidad de participar. 

Anadel sabemos que te seguiremos queriendo por todo lo que nos diste, los aportes dentro y fuera de la danza.  Sabemos que podemos seguir esperándote y que una función no empezará del todo hasta que llegue tu espíritu artístico y tu profunda humanidad.

Anadel Lynton participó en uno de los programas de Vindictas Danza, de TV UNAM.
  1. Baud, Pierre Alan. Una danza tan ansiada, 1987. UAM. México. pág. 147
  2. Lynton Snyder, Anadel. Crear con el movimiento: la danza como proceso de investigación. Reencuentro. Análisis de problemas universitarios (No. 46 ago. 2006).  DCSH-UAM-X, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Programa de Superación Académica
  3. Idem.
  4. Lynton Snyder, Anadel. Conferencia Arte y activismo, dentro del Foro Internacional Prisma en el Centro Nacional de la Artes. Julio 2009.

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