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Educar desde el teatro

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Todas las fotos corresponden a la Primera Muestra Teatral de Educación Primaria, coordinada por Mónica Juárez y realizada por la Subdirección de los Programas de Teatro para Niñas, Niños y Jóvenes y Teatro Escolar en la CDMX y La Máquina de Teatro. Fotos cortesía de la compañía La Máquina de Teatro.

Las artes ponen en duda lo que vemos,
ponen en duda nuestras creencias
cuando nos deleitamos con lo que vemos.
Elliot W. Eisner

“El teatro es un acto de subversión, un acto disruptivo que posee la cualidad vital de la ilusión necesaria para sorprendernos o detonar en nosotros el acto de pensar.” Esta idea es muy revolucionaria porque significa que el teatro, las artes en general, ligados al pensamiento tienen algo que nos libera, nos hacen más independientes, más activos y pueden incluso cambiar las coordenadas de nuestra vida.

Filosofía, arte y educación en Grecia

Las primeras escuelas fueron escuelas filosóficas. La idea de la escuela nace en el ámbito de la enseñanza de la filosofía. Era una enseñanza diferente a la actual y las escuelas eran comunidades de aprendizaje en las que no sólo se enseñaba a pensar, sino a vivir.

Etimológicamente, la palabra escuela viene del griego skholè (tiempo libre), palabra ligada al ocio, al juego, a un tiempo que se usa para mejorarse a uno mismo, de modo que la escuela era un espacio comunitario de mejoramiento personal y estaba encaminada a enseñar y a reflexionar con método. Y como el teatro, la palabra escuela comparte la idea del juego, la reflexión, el tiempo libre y el método.

Pero la escuela también es el edificio institucional que se creó cuando la Revolución Industrial hizo obligatoria la escolarización en 1880, y desde entonces hasta la actualidad la escuela (pública-institucional) sigue centrando sus prácticas en la disciplina, el rigor y en la regulación y normalización de los cuerpos de los estudiantes.

Desde entonces, el ordenamiento de la escuela es formar ciudadanos dóciles, disciplinados y productivos; para lo que se diseñan edificios escolares que emulan fábricas, hospitales y cárceles; se organizan aulas, se fijan horarios; se crean espacios donde se legitiman unas conductas y se prohíben otras (como, por ejemplo, que el alumno, para aprender, debe estar quieto, y que el maestro siempre estará al frente): un aprendizaje vertical, en el que por un lado está el que sabe y tiene el poder y por otro, el que obedece y aprende.

En la actualidad seguimos pensando que el alumno debe ser dócil para que se le pueda enseñar. Al mismo tiempo, debe tener buena voluntad e iniciativa para responder a las exigencias que se le imponen para el futuro, no en el presente, sino en su vida adulta; y sobre todo debe aceptar ser educado y autorregularse (siguiendo el modelo panóptico).

A pesar de los cambios sociales, de la transformación vertiginosa de nuestro entorno, el modelo educativo no ha cambiado. Se sigue educando en la disciplina, el rigor y la verticalidad.

Educar desde el arte

No obstante, algunos pensadores, filósofos, pedagogos, docentes y artistas proponen modelos que rompan con esta estructura, que resignifiquen la tarea del docente, preparando al estudiante para un mundo de transformaciones sin precedentes y con incertidumbres radicales. Por ejemplo, ¿qué debemos enseñar a un niño o una niña que le ayude a sobrevivir y prosperar en un mundo visitado por una pandemia? ¿Qué tipo de habilidades necesitará para entender lo que sucede a su alrededor y navegar por el laberinto de la vida? Considerando, además, que es muy probable que lo que se les enseña ahora será irrelevante para su futuro, porque la escuela insiste en llenarlos de conocimientos que no se anclan ni en su entorno, ni cobran significado en su vida cotidiana.

¿Cómo reconfigurar los espacios educativos que se construyeron en el interior de las escuelas bajo la pretensión de reproducir el mundo del trabajo y la realidad social? La transformación de la educación requiere una apertura que implique la aceptación de lo desconocido, lo inesperado, lo imprevisible y la tolerancia como reconocimiento del derecho de que existan ideas y verdades diferentes a la nuestra. En una búsqueda de un mejor tratamiento de problemas prácticos.

Nadie sabe lo que nos depara el futuro, sin embargo, es inminente que las nuevas tecnologías disruptivas, la robótica y la inteligencia artificial, jugarán un papel trascendental en la vida de los seres humanos; que acarrearán cambios radicales en lo económico, político y social, como los que observamos en la actualidad. Como fue evidente en el periodo de la pandemia, no es lo mismo ser un escolar de una escuela pública que de una privada con acceso a clases en línea, con una familia que cuenta con recursos, con un trabajo y puede pagar el internet, que un infante de una escuela rural que no tiene acceso a todos estos beneficios.


Teatro y educación

Existen muchos aspectos en la definición del término educación: adquisición de conocimientos, habilidades, hábitos, valores y actitudes deseables o productivas dentro de una sociedad, desarrollo personal y social.

Si bien es cierto que al educarse una persona asimila y aprende conocimientos, la educación también implica una conciencia cultural que constituye la entrada al mundo al que las niñas y los niños deberán adaptarse, y mediante ella adquieren las herramientas para lograrlo. Ellas, ellos se van apropiando de esas herramientas mediante su participación en interacciones en las que se construyen representaciones culturales, de tal suerte que la escuela, junto con la familia, forma parte integral de esta aculturación, pues son los instrumentos creados por la sociedad para poner al infante en contacto con los conocimientos y competencias de la cultura.

El proceso educativo se materializa en una serie de habilidades y valores que producen cambios intelectuales, emocionales y sociales en el individuo, que pueden durar toda la vida o sólo un cierto tiempo, dependiendo del impacto de los aprendizajes. ¿Qué dimensiones de relación pueden tener, en este contexto, el teatro y la educación?

Tanto la herencia como el ambiente contribuyen a nuestro desarrollo y ambos factores interactúan. El desarrollo es un proceso gradual y continuo de crecimiento y de cambio. Distintas influencias moldean cada vida, pero donde existen similitudes en las fases del desarrollo podemos aprender de las experiencias de otros.

Urie Bronfenbrenner, en su teoría del desarrollo humano basada en la ecología y la bioecología (1980), explica que dentro del entorno social cada uno de nosotros somos el centro de un sistema de ecosistemas. Pensemos en un niño de 7 u 8 años. Es miembro de un primer microsistema que es su familia, en cuyo seno experimenta una gama estructurada de papeles, de actividades regulares y de relaciones interpersonales (presencia o ausencia de la televisión, de libros, de ordenadores, etcétera). Este niño frecuenta regularmente un segundo microsistema: el aula, donde conoce a otros compañeros y se inserta en una dinámica interactiva diferente: la clase no es el hogar, los papeles, las relaciones interpersonales, la organización y las actividades son diferentes. Los abuelos, los clubes deportivos, el cine, el teatro u otros movimientos sociales constituyen otros microsistemas donde el niño adquiere otro tipo de experiencias.

Estos diversos microsistemas, contextos inmediatos de socialización del infante, transmiten representaciones, valores, normas y patrones conductuales que entrenan en interacción. El conjunto de ecosistemas que se articulan alrededor de una persona forma parte de un microsistema, que remite a las creencias, representaciones, valores, normas y estructuras sociales que caracterizan a una sociedad en su conjunto.

Es aquí donde entra la importancia del teatro, lo que queremos transmitir, los personajes que queremos mostrar, los valores que queremos legar. El género narrativo, y en él el diálogo, es esencial para la cohesión de una cultura y la estructuración de las personalidades individuales. Una historia implica una acción realizada por un agente en cierto marco y a propósito de lo cual se expresan expectativas que pueden ser defraudadas o satisfechas, y también modificadas sobre la marcha. El narrador puede oponer lo que sucedió a lo que podría haber sucedido, solicitando un razonamiento hipotético al espectador.

También puede subrayar las relaciones problemáticas entre intenciones y acciones, y poner en escena la vida interior de otro, ofreciendo la posibilidad al espectador de enfrentar sus propios temores, emociones y dudas a través del otro, a la vez impersonal y próximo. Las obras de teatro también permiten trascender la singularidad de la experiencia individual.

Las obras de teatro responden a una necesidad cultural y psicológica. Reflejan modos de vida y preocupaciones de una época, buscan darle sentido al mundo. Por eso las implicaciones pedagógicas del teatro son evidentes. Establecen los lazos entre el arte y la vida, y contribuyen a desarrollar la personalidad de las niñas y niños y a orientar su vida afectiva.

Así pues, la educación artística responde a una necesidad vital que debe ser, en todos los estadios de su desarrollo, un medio natural de formación para los niños y los adolescentes, porque a través de ella se enseñan los valores y las disciplinas esenciales para su pleno florecimiento intelectual, afectivo y social.

Estas disyuntivas y otras reflexiones sobre una educación que considera el entorno, la importancia de contextualizar el conocimiento y la vida individual, subjetiva de las alumnas y los alumnos, fue revisada con anterioridad por uno de los más importantes teóricos de los Estados Unidos de la educación artística y estética, Elliot W. Eisner, quien en uno de sus libros sobre educación y arte, El arte y la creación de la mente, nos dice que la educación debería tomar el arte como modelo para estructurar prototipos innovadores de enseñanza en el aula: un arte para la educación.

Eisner puntualiza que las artes enseñan de manera diferente y con objetivos distintos, y sobre todo en la práctica, en un aprendizaje activo y significativo. En la enseñanza de las artes, “los estudiantes también aprenden más de lo que se les enseña porque traen consigo su propia historia personal, que interacciona con lo que se les enseña”.[1] Otra virtud de la enseñanza de las artes —considera Eisner— es que establece las tareas de modo que suponen retos para el niño, retos que pueden afrontarse con éxito, con la ayuda de compañeros y docentes.

En la enseñanza de las artes se fomenta el trabajo colaborativo y de reflexión, la cooperación, la autonomía y la comunidad. Se trata de entornos donde los estudiantes aprenden a pensar y a comunicarse como artistas. En el campo del arte, la vida de una clase no suele parecerse a las restantes materias. Los estudiantes participan colectivamente en una empresa común, en el seno de un contexto coral, de comunidad. En palabras de Eisner:

En las clases de arte los estudiantes pueden realizar sus propias actividades en un contexto que ofrece a la iniciativa personal mucho más espacio del que suele darse en la mayoría de los contextos académicos. […] crean una cultura cognitiva que tiene que ver con el desarrollo de actitudes y con el desarrollo de capacidades estéticas y analíticas. Es una cultura que, en forma ideal, reproduce lo que hacen los adultos en su ámbito.[2]

Así pues, el estudiante aprende a pensar estéticamente sobre las imágenes y su creación, sobre los cuerpos y su abstracción, sobre el lenguaje y su comunicación.

Otra cualidad del arte es la flexibilidad de propósito; los objetivos son flexibles y temporales y pueden mutar, no persiguen los fines con firmeza, porque la vida no funciona así, muta; y los imprevistos pueden ser más interesantes y prometedores. El estudiante se deja guiar por la obra. “La flexibilidad de propósito que fomentan las artes puede desarrollar formas de pensamiento y actitudes adecuadas para los problemas que surgen de otros campos.”[3] El arte no sólo permite usar la imaginación, sino que fomenta su uso como fuente de contenido. A diferencia de otras disciplinas, el arte no obliga a decir las cosas como son; el artista y el niño pueden seguir su imaginación, su fantasía. Las artes ponen en duda lo que vemos, ponen en duda nuestras creencias cuando nos deleitamos con lo que vemos. Son lupas que visibilizan lo que nos inquieta, y en sus mejores momentos nos permiten experimentar alegría.

Las artes ayudan a los estudiantes a aprender a prestar atención a las cualidades y sus contenidos expresivos. Y creo que deberían ser el modelo ideal de la educación. Eisner señala que, en la educación formal, no artística, se aprende menos porque las expectativas y las esperanzas que se abrigan no se plasman en la práctica. No se piensa que lo que se enseña al alumno pueda interaccionar con su vida. Él nos invita a pensar en los aspectos del arte que pueden ayudar a los alumnos a ser conscientes de las emociones que les despiertan sus modos de percibir y que les ayudan a afinar su capacidad de discriminar.

La educación artística, cuando es eficaz, tiene repercusiones en la actitud de los estudiantes; estimula el apetito, y éste garantiza que lo que empieza en la escuela, puede continuar fuera de ella.

El arte en general y el teatro en particular, cuando está bien hecho, se dirige al pensamiento y enseña al infante, al joven, al adulto a aprender a interrogarse filosóficamente. La sociedad, cada vez más compleja, necesita personas que reflexionen. El teatro obliga al espectador a detenerse, a mirar, y detona en él las preguntas pertinentes que lo llevan a la reflexión. El teatro nos permite, a través de diversos medios y estímulos, trabajar habilidades del pensamiento en los infantes.

Teatro institucional

Desde la fundación del Instituto Nacional de Bellas Artes (1946), hacer teatro para los estudiantes ha sido un impulso fundamental. En la creación de los primeros proyectos destinados al público escolar, Magda Donato y Clementina Otero reunieron a artistas de diversas disciplinas, figuras destacadas en el ámbito cultural de esa época: Celestino Gorostiza, Lola, Germán y Mireya Cueto, Gabilondo Soler, Jesús Bal y Gay, Carlos Chávez, Blas Galindo, Eduardo Hernández Moncada, Carlos Jiménez Mabarak, Remedios Varo, Julio Prieto, Fernando Wagner, Antonio López Mancera, por mencionar algunos.

Con una política teatral de continuidad, artistas relevantes y funcionarios lograron conformar una organización eficaz para crear y fortalecer uno de los programas de mayor tradición, impacto social y artístico en el país. Un derecho fundamental de los mexicanos. Y aunque cada funcionario en turno, cada compañía teatral, cada artista pedimos, en distintos momentos y con diferentes métodos a las instituciones públicas que garantizaran las condiciones materiales imprescindibles para que el programa continuara, no siempre contó con el presupuesto y las alianzas que tal empresa necesita. Difícilmente, en el mejor de sus momentos, pudo atender con funciones al 10 % de la población de estudiantes de la Ciudad de México, antes Distrito Federal. Pero a pesar de las limitaciones económicas, los variados formatos en los que se presentó y las tácticas implementadas, siempre contó con grupos de docentes, funcionarios y artistas que hicieron posible su permanencia.

En su historia, el Programa de Teatro Escolar fue abiertamente persuasivo, usó sus recursos con propósitos educativos, realizando campañas de alfabetización, salud, higiene y orientación moral, reforzando clases de literatura, historia, geografía. Ofrecía talleres de enseñanza de las artes a docentes, produciendo obras con textos indígenas para atender zonas rurales y creando grandes espectáculos para presentarse en los teatros más importantes de la Ciudad de México, como el Palacio de Bellas Artes, el Auditorio Nacional, los foros del Centro Cultural del Bosque, los teatros del Instituto Mexicano del Seguro Social, de la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal, donde millones de estudiantes de educación básica pudieron ver montajes de gran, mediano y pequeño formatos, con temáticas de la literatura universal y otros textos de contenido social que reflejaban la preocupación de estudiantes y maestros por temas específicos que vivían en sus entornos y en distintas épocas. Amén del beneficio de que los estudiantes lleguen a conocer recintos arquitectónicos que constituyen el patrimonio histórico más importante del país.

Pero también fue irreverente, contestatario, contemporáneo y audaz. Ejemplo de ello son las presentaciones a lo largo de su historia de repertorios complejos: desde adaptaciones de clásicos universales hasta la dramaturgia más contemporánea, como lo expresó Olga Harmony en su columna en La Jornada:

Las rancias cenicientas han querido ser abatidas desde Clementina Otero para ser sustituidas por fábulas más oportunas, lo que en el transcurso de los años se fue dando y ahora, gracias a la sensibilidad de Marisa Giménez Cacho al frente del Programa de Teatro para Niños y Jóvenes, y de Mónica Juárez en el de Teatro Escolar, los prejuicios existentes hasta hace muy poco se derrumban, aunque se tiene cuidado de ofrecer lo pertinente a las distintas edades y los temas a tratar se abren en un abanico cada vez de mayor audacia en contraposición de las tendencias moralinas, que busca lo que interesa al niño contemporáneo. Perla Szuchmacher llegó al extremo y cruzó un puente antes prohibido con su versión del cuento Príncipe y príncipe que trata del matrimonio entre hombres homosexuales de gran éxito de crítica y público.[4]

Las constantes transformaciones de las estructuras políticas, económicas y sociales, obligaron al Programa de Teatro Escolar no sólo a adecuarse, sino a buscar diferentes sistemas de representación. Así, con iniciativas como la del maestro Héctor Azar en 1970, que más tarde tuvo un impulso moderno con Mario Espinosa (1995-2000), el Programa se extenderá, con apoyo de otras instituciones a los estados de la República e incluirá modalidades de múltiples formatos en el Distrito Federal. El Programa no sólo se robusteció y multiplicó, sino que llegó a lugares insospechados: patios de escuelas, casas hogar, albergues infantiles, plazas públicas, comunidades indígenas y agrarias.

Modalidades del Programa

• Escuela al teatro: en ella se coordina la asistencia de escuelas a los distintos espacios de representación.

• Teatro móvil y teatro a la escuela: en la que los artistas y el personal técnico viajan a la escuela para presentar en patios o auditorios puestas en escena.

• Teatro periescolar: en la cual se eligen teatros ubicados en la periferia de la ciudad en donde se presentan, por breves periodos, obras dirigidas a distintos niveles de educación básica, de tal suerte que en cada teatro se atiende a todos los niveles educativos.

• Teatro para estudiantes con capacidades diferentes.

Es importante destacar también que de 1940 a 1981 gran parte de los actores contratados para trabajar en las producciones del Programa de Teatro Escolar del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) eran alumnos de la entonces Escuela de Teatro del inba. Y que del periodo de 1977 a 1982 la asistencia al teatro era gratuita para los escolares; en tanto que, de 1983 a 1987, los alumnos pagaban un peso. De esa fecha a 2015, el costo del boleto fue de cinco pesos.

En 1980, después de fortalecer una alianza y vínculo con los docentes que asistían a las capacitaciones que ofrecía el INBA, y como resultado de ellas, se organiza la I Gran Muestra Teatral de Alumnos de Educación Secundaria. Se inscriben 226 grupos pertenecientes a 23 zonas escolares de las diferentes delegaciones políticas del entonces Distrito Federal.

Educación artística, los niños como creadores

El objetivo general de crear proyectos donde los niños son creadores es propiciar una experiencia estética que parta del imaginario colectivo de la comunidad para potenciar las capacidades sensibles y creativas de los infantes.

El teatro comunitario ayuda a reconstruir la experiencia de vida en comunidad porque desarrolla sus propias normas de convivencia. Las personas que forman parte de un grupo de teatro participan en la construcción de los acuerdos, formas de relación, hábitos, creencias, objetivos y reglas que los mantienen unidos. Esta experiencia propicia el descubrimiento y aprendizaje de nuevas ideas y formas de interrelación humana, que pueden ser dirigidas a un comportamiento cooperativo, propiciando situaciones de responsabilidad, solidaridad y respeto hacia los demás.

El proceso creativo y la disciplina teatral confieren a las personas, y sobre todo a los infantes y jóvenes, un crecimiento interno que les aporta seguridad y asertividad, lo que les permite entender su capacidad personal y sus potencialidades para realizar actividades artísticas, además de adquirir un concepto positivo de sí mismos, colaborar en equipo, relacionarse con su entorno y vincularse con la comunidad.

Para 1989, el entonces Departamento de Teatro Educativo organiza las Temporadas de Teatro Escolar y participa en la coordinación de eventos de Educación Especial, Teatro Amateur, Congresos de Teatro para Niños y Jóvenes en México y Latinoamérica.

En 1990, bajo la dirección de María Elena Martínez Tamayo, el Teatro Escolar funcionó sin presupuesto institucional asignado y sus gastos de producción y operación fueron cubiertos por los cinco pesos pagados por cada estudiante que asistía a las representaciones.

A partir de 1991, con José Solé a cargo de la Coordinación Nacional de Teatro, el Programa, además de contar con recursos económicos, estructura un modelo que permanece durante más de 20 años y que se dirige a promover reuniones entre funcionarios de la Secretaría de Educación Pública, docentes y artistas para mostrar, analizar y difundir las obras que forman parte del Programa.

Con Mario Espinosa al frente de la Coordinación Nacional de Teatro (1995-2000), se construye un mecanismo nacional de profesionalización que involucra a actores, directores, diseñadores, institutos de cultura de 22 estados de la República mexicana y que considera seminarios y plenarias que reúnen a diversos artistas en torno a la creación de espectáculos diseñados para infancias y juventudes.

En 1996 se lanza la primera convocatoria pública que invita a los grupos y compañías teatrales a presentar sus proyectos dirigidos a estudiantes de educación básica. Ese mismo año los espectáculos dirigidos a los estudiantes se crean considerando las edades de los infantes y jóvenes. El número de funciones y obras se incrementa y se disminuye el promedio de espectadores por función, diversificando la oferta teatral y procurando un contacto más íntimo entre los estudiantes y el acontecimiento teatral.

A partir de 1999 se puede ofrecer una extensa oferta de obras de interés para los estudiantes, docentes y padres de familia, seleccionadas mediante convocatoria pública, instaurada desde el año 1996.

Y en 2001, además de producir un mayor número de obras de teatro dirigidas a estudiantes, se promueve su difusión y circulación en diversos teatros del Distrito Federal, permitiendo que infantes y jóvenes las puedan ver con sus familias en funciones de matiné los fines de semana.

Se mantiene un repertorio de 23 a 30 obras por ciclo escolar, movilizando, en promedio, a dos mil estudiantes cada día a los distintos recintos donde se desarrolla la vida cultural de la ciudad y coordinando la logística para que las compañías de teatro puedan presentar funciones en los patios, salones, auditorios y gimnasios de las escuelas.

Desde el año 2003 se producen espectáculos especialmente pensados para cada nivel educativo, que consideran la edad de los espectadores y buscan un equilibrio entre el valor temático y artístico, de tal suerte que el Programa no se convierta en una extensión de la escuela, buscando un objetivo didáctico solamente. Educandos y docentes pueden apreciar, a bajo costo, espectáculos que se realizan con el rigor y profesionalismo del mejor teatro. Así, el Programa mantiene una constante presencia en los espacios de las escuelas, con funciones, charlas, talleres teatrales y ciclos de lecturas dramatizadas.

En 2005, el esquema de organización del Programa de Teatro Escolar cambia significativamente, ya que al interior de la sep, la Subsecretaría de Servicios Educativos para el Distrito Federal se transforma en la Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal, planteada como un órgano desconcentrado de la sep que, con impulso renovado y a través de sus direcciones operativas, asume un trabajo de estudio que revisa las proyectos teatrales que se proponen, asiste a las audiciones que se realizan en la selección de montajes que formarán parte del repertorio del Programa y, en comunión con la Coordinación Nacional de Teatro y la Subdirección de Teatro Escolar, es responsable de la difusión y promoción del repertorio al interior de las escuelas, así como de conformar las temporadas y calendarios de escuelas interesadas en asistir al teatro o recibir montajes en sus recintos.

La comisión de docentes, artistas y funcionarios en una organización impecable retoma las modalidades de Escuela al teatro, Teatro periescolar y Teatro dirigido a estudiantes con capacidades diferentes.

Además, el inba logra ofrecer autobuses de manera gratuita a los estudiantes para que puedan viajar de su escuela al teatro. También en circunstancias sin parangón, brinda transporte de mudanza y apoyo de estibadores y personal técnico para que las producciones del Programa que incluyen actores y músicos puedan ofrecer hasta tres funciones en un mismo día en escuelas alejadas del centro de la ciudad de los turnos matutino y vespertino.

Durante más de ocho años, las compañías teatrales logran dar un mínimo de 100 funciones por ciclo escolar. De lunes a viernes en horarios de las 11:00, 13:00 y 15:00 horas en distintos teatros. Y de lunes a jueves, dan funciones en las escuelas a las 9:00, 12:00 y 15:00 horas.

Se contemplan producciones especiales para maestros y maestras frente a grupo, directoras y directores de escuelas y zonas escolares en las que al finalizar las representaciones se abre un diálogo entre ellos, los actores y directores creativos, con la intención de profundizar en la comprensión de las obras presentadas y analizar lineamientos estéticos y temáticos que les ayuden a difundir los montajes al interior de las escuelas.

Hasta 2014 se producen obras para madres y padres de familia con temas de su interés y se realizan montajes para docentes que se ofrecen de manera gratuita en los teatros del Centro Cultural del Bosque en horarios no escolares.

Durante los ciclos escolares se desarrollan talleres teatrales, pedagógicos, de dramaturgia, muestras de teatro y se conforma un repertorio con una extensa y nutrida oferta de obras, con un catálogo que abarca el patrimonio universal, el teatro nacional, el teatro contemporáneo mexicano y extranjero, temas de actualidad y de interés para las y los alumnos, estudiantes, docentes y padres de familia.

La Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal y el Instituto Mexicano del Seguro Social otorgan recursos al Programa para la realización de nuevas producciones.

Con la Compañía Los Endebles y el Instituto Politécnico Nacional —en la conmemoración de su 70 aniversario—, se diseña un programa de lecturas dramatizadas con el propósito de fomentar la lectura de textos dramáticos, difundir la actividad teatral y extender el Programa a estudiantes de educación superior.

A través de la Dirección de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México, a cargo entonces de Enrique Singer, el Carro de Comedias ofreció funciones en distintas delegaciones de la cdmx con dos producciones: ¡Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maiz!, de Emilio Carballido, y Muerte accidental de un anarquista, de Dario Fo.

Las alianzas lograron sumar esfuerzos con otras instituciones; por ejemplo, psicólogos y educadores del Instituto Mexicano de la Juventud comprometidos con los temas que se abordaban en las obras, nos acompañaban en las funciones para auxiliar, apoyar y orientar a los espectadores que solicitaban información puntual sobre el contenido y tema tratado en la puesta en escena.

En el 2008, con Juan Meliá como director general del Instituto Cultural de León e Ignacio Escárcega como coordinador Nacional de Teatro, se realiza el Primer Encuentro Nacional de Teatro Escolar, que logró reunir en Guanajuato a las compañías y especialistas más destacados cuyo trabajo estaba orientado a la creación de obras para la infancia y los jóvenes. Durante una intensa semana pudimos apreciar el trabajo de dramaturgos, directores y compañías teatrales de Ciudad Juárez, Querétaro, Culiacán, León, Monterrey, Pachuca, San Luis Potosí, Durango, Mérida, Yucatán y Ciudad de México, en los teatros Manuel Doblado, María Grever, Instituto Cultural de León y el Forum Cultural Guanajuato. Y mediante actividades académicas se logró reflexionar y analizar los caminos, visiones y estrategias de trabajo de distintos artistas y funcionarios que han permitido el crecimiento y desarrollo del Programa de Teatro Escolar, como Luis de Tavira, Mario Espinosa, Rodolfo Obregón, Juan Meliá, Fernando Martínez Monroy, Verónica Maldonado, Hugo Salcedo, Rodolfo Arriaga, Fausto Ramírez, Ignacio Escárcega, Rodolfo Sánchez Alvarado, Boris Schoemann, Luis Martín Solis, Perla Szuchmacher, Saúl Meléndez, Perla de la Rosa, Pedro Lemus, Raquel Araujo, entre otros.

Las producciones del Programa de Teatro Escolar participaron en festivales nacionales e internacionales de teatro para niños, niñas y jóvenes, formaron parte de las actividades de los maratones de teatro para niñas, niños y jóvenes, así como en el Festival de Teatro para Niños Y Jóvenes A Trote, en las Muestras Nacionales de Teatro. Tuvieron también presencia en las distintas ediciones de la Feria del Libro Teatral, en el Festival de Teatro de Calle de Tárrega, España, y particularmente, por la voluntad e intensa labor por difundir el teatro para infancias de Boris Schoemann —director artístico de Los Endebles—, se llevan las producciones del Programa de Teatro Escolar y del Teatro para Niños, Niñas y Jóvenes, a continuación enumeradas, a diversos encuentros y países del mundo:

El puente de piedras y la piel de imágenes, de Daniel Danis, se presenta en: el Meyerhold Center, de Moscú en 2007; en el Festival Internacional Kijimuna Festa, de Okinawa, Japón, 2006, y en el Festival Mundial de las Artes para la Juventud, Montreal, Canadá, 2005.

La historia de la oca, de Michel Marc Bouchard, se presenta en: Festival Mundial de las Artes para la Juventud, Montreal, 2005.

Un campo, de Louise Bombardier, se presenta en el Festival Internacional Kijimuna Festa, Okinawa, 2011.

Los cuervos no se peinan, de Maribel Carrasco, asiste al Festival Internacional Les coups de Théâtre, Montreal, 2014, y al Festival Internacional Méli’Mômes, de Reims, Francia, 2015.

• Kiwi, de Daniel Danis, presentada en el Teatro del Centro, Montevideo, Uruguay, 2014, y en El Kafka, Buenos Aires, Argentina, 2014.

Una marcada diferencia del Programa que se hizo y se sigue haciendo en el antes Distrito Federal y el que se realiza en los distintos estados de la República mexicana es que cada obra se elige, crea y produce para edades muy específicas. El Programa trabajó para siete niveles educativos de educación básica:

– Educación inicial: maternal, niños de 0 a 3 años.

– Educación preescolar: niños de 4 a 6 años.

– Educación primaria que son niños de 6 a 10 años

– Educación secundaria: adolescentes de 12 a 15 años.

* Educación especial, de todos los niveles.

– Programa para maestras normalistas.

– Dirección general de servicios educativos Iztapalapa, proyecto que incluye todos los niveles, y mantiene una administración independiente.

El Programa en la Ciudad de México mantuvo 23 obras por ciclo escolar en su calendario, porque ofrecía un abanico de temas y textos variados, un repertorio amplio que le permitió estar en distintos escenarios, en las 16 delegaciones de la ciudad, y que ofrecía la posibilidad de ver un montaje espectacular de gran formato y otro destinado a aforos reducidos, para 15 o 20 espectadores.

Durante más de 70 años, millones de niños mexicanos han podido ser espectadores de una realidad escénica de calidad. Y como lo señaló Mario Espinosa al inicio de su gestión como Coordinador Nacional de Teatro: “Hacer de la cultura parte del bienestar social, de la salud de una nación, es parte de una política social que ve a la cultura como una pieza de ese todo que define la calidad de vida de los habitantes de una nación”.[5] Colaborar en la formación de públicos del presente y del futuro, crear empleos entre profesionales del teatro, ayudar a la profesionalización, no sólo en términos de empleo, sino de capacitación en los distintos lugares del país donde se hace teatro, participar en la red o movimiento nacional de teatro a partir de un Programa nacional, no es algo que pueda lograr una persona, ni siquiera una institución, para levantar un Programa con estas características se necesita la suma de muchas voluntades.


[1] Elliot W. Eisner, El arte y la creación de la mente [en línea]. Disponible en: <https://archive.org/details/eisner-e.-el-arte-y-la-creacion-de-la-mente.-el-papel-de-las-artes-visuales-en-l/page/n83/mode/2up>.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Olga Harmony, “Mamá corazón de acero”, La Jornada [en línea], sección Cultura, 11 de noviembre de 2010. Disponible en: <https://www.jornada.com.mx/2010/11/11/cultura/a06a1cul>.

[5] Mesa realizada en el Primer Encuentro Nacional de Teatro Escolar (León Guanajuato, 2008), «Teatro Escolar desde una perspectiva histórica: logros y perspectivas».


Mónica Juárez. Estudió Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Durante 16 años fue subdirectora del Programa de Teatro Escolar en el Distrito Federal. Actualmente forma parte de la Compañía Nacional de Teatro.

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