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Distopías contemporáneas en Extinción, espectáculo de flamenco experimental  

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Séptima colaboración de estudiantes del DESAEP de la UV.

Con Extinción, Erika Suárez Cía. de Danza cumple 25 años de creación dentro del flamenco experimental. Foto: INBAL.

«El cielo cae sobre nuestras cabezas», escribió Davi Kopenawa en el libro La caída del cielo. Palabras de un chamán yanomami. El escritor indígena, líder de la etnia Yanomami del norte de Brasil, habla sobre la cosmopercepción de su pueblo, en la que rezan, cantan y bailan para que el cielo no acabe con la humanidad. Distopía. La naturaleza permanece. No hay invasión alienígena. El fuego no cae del cielo, es provocado por quienes devastan la naturaleza. 

Existe una correlación entre el texto de Kopenawa y el espectáculo Extinción, donde la bailaora, directora y coreógrafa Erika Suárez utiliza el lenguaje poético para transmitir la idea de un mundo al borde del colapso. Crea una imagen de naturaleza/caos, aunque el desorden que propone está presentado con una bella estética.

Al comenzar la pieza, en el escenario hay una luz difusa. A lo lejos, Suárez toca algo que parece una planta colgante. En cuclillas, se relaciona con ese objeto. Al levantarse comienza un movimiento con los pies, en una mezcla de flamenco y danza contemporánea. Aunque la sensibilidad que muestra es muy bonita, los movimientos denotan que algo no está bien. Luego, la artista rasga un saco que cuelga y deja caer arena sobre el suelo. El cielo cae sobre su cabeza. 

A medida que la obra transcurre, al fondo aparecen un mar y una escenografía elaborada con materiales plásticos que hace referencia a los desperdicios acumulados en los océanos. Basura, basura, basura acumulada en la era del capital.

Erika Suárez sale de escena y, de repente, ese mar empieza a tomar forma humana. Cuatro figuras emergen de esas aguas. Son las bailarinas Noelia Rojas, Thayra Sentmanat, Lola Salinas y Rebeca Rojano, con partituras de trazos corporales a nivel suelo. Se enredan en las aguas de plástico. Agonizan como peces fuera del agua. 

Envueltas en plástico, las bailarinas inician un frenesí de movimientos y rasgan sus ropas. Destaca la composición musical de Sebastián Rojas Gutiérrez. Muy bien lograda, la música acompaña la danza en un hiato, en el caos, en una antropofagia del poder que destruye el mundo. 

La música se detiene abruptamente y queda la sonoridad de los cuerpos y del plástico. Al mismo tiempo, se escucha el zapateo flamenco. El efecto sonoro es imponente. El cielo cae ruidosamente sobre el espectador.

Lo más lindo de la banda sonora son esos momentos de “silencio” que dan lugar al sonido de los cuerpos en el suelo, al golpeteo de los pies, a la música que se hace corporalmente. Las artistas no necesitan palabras para transmitir lo que sucede. La dramaturgia se desarrolla en y a través del cuerpo. Es como escuchar la respiración del espectáculo. Los cuerpos están allí presentes, con un tono firme y un latido que reverbera en el escenario. Extinción es un espectáculo que también palpita.

Esta propuesta escénica muestra un mundo a punto de convertirse en polvo. Mientras, los poderes institucionales (gobierno, medios de comunicación, bancos, entre otros) capturan las presencias, mantienen el tiempo como si fuera un enemigo, sea en el tráfico, en el trabajo o en la vida cotidiana. Su poder destroza cada parte del mundo que conocemos. 

Sin embargo, en la coreografía de Erika Suárez la preciosidad estética resulta contradictoria con el tema propuesto. Ello debilita el discurso. Por ejemplo, durante la segunda mitad del espectáculo, las bailarinas llevan bolsas de desperdicios y esparcen botellas plásticas por el espacio. Pero todo está muy limpio y cuidado. Hace falta más caos y suciedad para que Extinción sea coherente con el mensaje que quiere transmitir. 

Actualmente se producen muchos trabajos escénicos que abordan la distopía y temas relacionados con el cambio climático. No obstante, en muchos, la naturaleza parece distante. La humanidad olvida que también es parte de ella y que sin ella no hay vida. Basura, basura, basura y un cielo a punto de colapsar. 

Hacia el final de Extinción desaparece el ritmo frenético. Suárez vuelve a quedar sola en el escenario. Baila sobre los restos que están en el suelo. Al fondo, una proyección recuerda a un agujero negro que puede atraer y consumir la materia cercana. Nada escapa de él. Así concluye, este eco en el espacio/tiempo donde el cielo cae sobre nuestras cabezas.

Extinción

Dirección: Erika Suárez.

Coreografía: Erika Suárez y Mijaíl Rojas.

Intérpretes: Érika Suárez, Noelia Rojas, Thayra Sentmanat, Lola Salinas y Rebeca Rojano.

Diseño escénico: Chacho Guerra.

Diseño de vestuario: Joel Ruiz.

Composición musical: Sebastián Rojas.

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