Se trata del simulacro de un evento político

Aunque sigue empleándose en distintos contextos, el performance fue una herramienta artística básicamente convocada durante el siglo XX. Es bastante difícil de definir y tal vez este carácter huidizo para ver clara su imagen es una de sus características básicas, como una cierta vinculación con el público, la implicancia directa del hacedor y un cierto llamado a la improvisación.
Ahora tenemos la oportunidad de ver un ejemplo a través de Ágora 2.0 en La casa de la Paz. Se trata del simulacro de un evento político, una especie de “clase” con una propuesta para la implantación de un nuevo régimen social con minuciosos detalles de organización donde se intentan varias mini intervenciones de los espectadores. Entonces, un escenario, un proyector, un montón de papeles, un par de pantallas con una inscripción que más o menos es “¿qué hago con mis macetas rotas? “, y un actor, profesor, instructor…la multi definible identidad de quien conduce ese encuentro.
Es decir la ambigüedad. Que se define y aumenta al mismo tiempo porque podemos interlocutar con él sin tener claro los bordes del territorio. El argumento es ficción por doble posibilidad: si es una propuesta política está en estado potencial y si es una trama teatral estamos asumiendo un rol actoral incorporándonos a una ficción…Es decir que el campo expresivo se amplia y nos incluye. Como individuo y como grupo, lo que convoca al juego desde perspectivas bien distintas. Discutir el contenido en escena, con sus muchos detalles, es lo mismo que ubicarnos en el papel de Lancelot e intercambiar ideas con el Rey Arturo desde una inconsciente compenetración Stanislawkiana del papel.
Manuel Ulloa es el autor, intérprete, director…en fin el factótum de la obra y se maneja con fluidez, naturalidad y buen tránsito de ese paquete de estímulos. Tal vez podría agradecerse una mayor variación rítmica y tonal para evitar la monotonía que suele emerger de una “clase” tradicional y que tiende a implantar un verticalismo autoritario vestido de afabilidad. Pero dijimos que todo es básicamente ambiguo y ese podría justamente ser uno de los objetivos. Nos parezca o no.
Lo que sí habría que apoyar es una mayor campaña de difusión ya que todas las virtudes se diluyen frente a una sala vacía y los juegos propuestos y las improvisaciones posibles carecen de rebote produciendo una cierta caída al cierre. Es gratis. Algunos grupos de debate podrían nacer de los grupos de estudiantes y gente de teatro. Suerte.

sociedad mexicana por venir. Foto: El Espejo Humeante.



