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Querétaro, feliz, feliz, feliz

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Crónica de una censura

Mi reino, mis reglas.

El bufón del Rey Lear de Shakespeare

El teatro dirigido a los niños tiene el encanto de un espectador libre de filtros y en cuya mirada aún no se detiene la censura de lo que cree saber.

Hecho

En el marco de la celebración del Día del Niño, la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro, el pasado 27 de abril del 2024, en las instalaciones del Centro de las Artes (Ceart), nos invitó a quienes formamos la compañía de teatro Avatares a dar una función, en el espacio conocido como la Velaria, de la obra El príncipe feliz, feliz, feliz, adaptación del cuento clásico de Oscar Wilde, dirigida por mí, y que inició de forma puntual a las 12:00 pm. Siendo las 12:50, la señora Marcela Herbert Pesquera, titular de dicha dependencia, decidió detener la función porque le pareció que era muy política y los niños no debían ver eso…

Antecedentes

El 9 de abril recibí una llamada del personal de la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro para invitarnos a dar una función el sábado 27 de abril en las instalaciones del Ceart de la obra El príncipe feliz, feliz, feliz. Así que mandé una carpeta con la información de la obra, video y costo. El 15 de abril me confirmaron que había sido aprobada y me programaban para el día 27 de abril a las 12:00 h en la Velaria del Ceart, con motivo de la celebración del Día del Niño.

Cuando pregunté ¿por qué El príncipe feliz, feliz, feliz?, me comentaron que la señora Marcela Herbert la había pedido ex profeso. Yo pensé que habían leído la carpeta y visto el video. Esta obra se había presentado en el Festival Internacional de Artes Escenicas de Querétaro 2023, en la Muestra Estatal de Teatro 2024, en la celebración del Día Mundial del Teatro 2024; todos ellos eventos organizados por la Secretaría de Cultura del estado, en donde un jurado conformado por gente de la comunidad, de la Secretaría de Cultura y alguien de la comunidad teatral nacional determinan si merece participar por cumplir con distintos puntos para poder ser incluida. Además de que, en todas sus participaciones, la obra siempre fue vista y programada como una obra para niños y niñas de 5 años en adelante.

El día del evento llegamos pasadas las 10:00 am y preparamos todo para la función. Había poca gente, pocos niños para ser un evento tan grande, gratuito (pagado con nuestros impuestos). Había puestos donde regalaban pizzas, hot-dogs, dorilocos, helados, carne tártara (sí, carne tártara), aguas de concentrados, bolsas de palomitas, algodón de azucar y bolsas de dulces… Pensé que tal vez les daria un coma diabético a más de un niño o mamá, pero era lo que había, así como talleres de pintacaritas y manualidades… Aún no sabía por qué nos habían elegido; queria pensar que a esta administración le interesaba mostrar una obra de teatro y no un show de entretenimiento como regularmente ocurre en estos eventos, pues pareciera que los funcionarios piensan que es lo que debe hacerse para que todos sean felices, felices, felices…

Faltando 20 minutos para iniciar la función, llegó la señora Marcela Herbert, acompañada de su nieto y se sentó en las gradas de la Velaria, sin saludar. Después de un rato, me acerqué, la saludé a ella y al nieto (muy pequeño, tal vez de 3 o 4 años). La señora Herbert me preguntó si en la obra salian animalitos, a lo que respondí que sí, supuse que se refería a los personajes zoomorfos de la obra, de la que ella tenía antecedentes, pero que la pregunta era para interesar a su nieto. Seguí con mi labor. A las 12:00 dimos inicio…

Iniciamos

La obra dura 70 minutos. El montaje está dirigido a niños y niñas de 5 años en adelante principalmente. Esta adapatación tiene una carga política muy evidente, desde el título. En el cuento se habla de la aristocracia, aquí se habla de los gobernantes, sobre todo del tipo que viven en palacios y son felices, felices, felices, y todos los días nos dicen que vamos muy bien, que todos somos felices. Son tiempos electorales, lo sé; la obra es politicamente incorrecta, tambien lo sé, pero todos sus valores y propuesta están por encima de lo anterior. Además, la vida es para tomarla con sentido del humor… Eso no lo calculé, en la Secretaria de Cultura de Querétaro no existe el sentido del humor.

Tengo 30 años dedicándome al teatro y creo que he aprendido algunas cosas. Podía sentir al público interesado en la función, los actores dando todo de sí, mucha energia… Pero, de pronto, una voz me llama, una señora de unos 70 años se presenta (no recuerdo su nombre) y me dice, cito: “Esta obra es muy politica, los niños están aburridos, queremos algo más alegre; por qué no le dices a tus actores que canten y bailen…”. Sólo la miré y dije algo así como “No”, y seguí en lo mío. Minutos depués vi a la señora Marcela Herbert haciéndome gestos, muy enojada, diciéndome que la obra no era para niños que la parara. Le dije que sí es para niños. Me preguntó si ya había terminado lo político y le dije que sí. Se vuelve a sentar. Unos minutos después, me hablan de la Secretaria para decirme que la señora está muy molesta y quiere parar la obra. Llega la directora del Ceart, Sheila Caballero, y me dice amablemente que están atrasados con el programa y que por favor pare la función. Le digo que venga la señora Herbert y ella y paren la función. Por supuesto que no fue, y la directora del Ceart, por órdenes, detuvo la función. Vi la cara de los actores: no entendían qué pasaba. Esa expresión no se me va a olvidar nunca. Supongo lo que sintieron cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando: dan un anuncio de que hay otras actividades e invitan al público a pasar a otra parte. El público se muestra confundido, no entendían qué pasaba, algunos fueron al escenario y pidieron a los actores fotografiarse con ellos, lo cual hicieron de muy buena gana. La señora Herbert salió a toda velocidad evitándome. Gente de la Secretaría, de forma muy honesta, comenzó a disculparse conmigo, aduciendo que era por cuestiones del contenido político y que se podían meter en un problema ya que estabamos en veda… Y a mí qué, ellos nos invitaron, pidieron la obra y la censuraron de la peor manera…

Conclusión

Yo me puedo tragar mi orgullo y mi enojo, al final los funcionarios van y vienen, unos más malos que otros, otros con mejores intenciones y otros que ni siquiera terminan su gestion por negligentes; pero la gran mayoría serán olvidados y relegados al rincón de la historia, y nosotros nos quedamos dando la batalla, desde nuestra trinchera, creando contenidos y viviendo lo que creemos es la vida.

Pero hoy, aquí y ahora, la titular de la Secretaría de Cutura del Estado de Querétaro piensa que los niños y niñas son incapaces de comprender una historia como El principe feliz, que hay temas que hay que ocultarles, que hay que envolverlos en una burbuja como al príncipe del cuento y que la cultura es mero entretenimiento, sobre todo las artes escénicas, las cuales despreciay no comprende. Una gestión que pasará al olvido, cuya intolerancia e ignoracia están rebasando los límites; no es posible que una persona como Marcela Herbert siga en su puesto cuando hay denuncias de violencia laboral, escándalo de despilfarro de dinero, contrataciones de amigos con pagos absurdos, con un aplastamiento a los artístas locales y una incapacidad absoluta para estar en ese puesto.

La censura es lo último que puede haber en la gestión de un funcionario de este o cualquier nivel; la censura es para tiranos y despotas, y ésos no tiene cabida en esta sociedad. Por dignidad y salud para la cultura, debería renunciar y dejar a alguien capaz en su lugar.

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