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En el mar, la vida es más dramosa

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Agua y aceite

Taller de teatro del Centro Universitario de la Costa, presentando RUR, de Carel Capeck, dirección de Alberto Sosa.

Contra todo pronóstico ¡hay teatro en Puerto Vallarta!

Cuando pensamos en Puerto Vallarta, viene a nuestra mente uno de los destinos más cotizados de nuestro país a nivel nacional e internacional, poseedor de un ecosistema majestuoso, playas paradisíacas y atardeceres multicolores que enamoran a cualquiera.

Por supuesto que hay hospedaje espectacular, frutos y mariscos frescos y deliciosos; un clima ideal para matar la sed con una bebida refrescante con o sin alcohol, albercas suficientes para pasar el día entero nadando o flotando bajo los rayos de un sol que nos devuelve el color de nuestra raza de bronce, donde todo es paz y tranquilidad.

Hay paseos en barco, a la montaña, de buceo, paracaídas, extranjeros ávidos de pasión mexicana y encuentros furtivos.

Evidentemente, la vocación turística encarece la vivienda para los locales, quienes, para poder vivir dignamente y desplazarse a sitios lejanos de sus centros de trabajo, deben emplearse en más de una actividad para solventar los gastos básicos, ahorrar un poco y, siendo muy afortunados, comprar un terrenito que se podrá pagar en unos 20 años.

En este entorno, donde la renta de un local —por pequeño que sea— en la franja turística no baja de los 30 a 40 mil pesos si se es afortunado, contra todo pronóstico, una de las actividades más improbables que podríamos imaginarnos existe, ¡y de qué forma!

Hablo, por supuesto, del teatro.

Sí, hay una importante actividad meramente de entretenimiento, sobre todo en la industria hotelera, que es generosamente nutrida por la danza y el circo (en todas las disciplinas que lo conforman), manifestaciones escénicas que trascienden el idioma, ya que no requieren de la palabra hablada.

Pura lógica.

Hasta aquí todo tiene sentido.

Centro Cultural Cuale, al término de la función La Scuola di Mangiare. Fotos:Alberto Sosa.

De alguna extraña manera, el canto del macho cabrío comenzó a escucharse hace unos treinta años por estos lares; primero como un susurro incipiente, con el paso del tiempo comenzó a cobrar forma y a pedir su derecho de alcanzar una voz propia, identitaria, con poéticas de lo más diversas y un fuerte arraigo con este pueblo de pescadores que fue violentado por el cine y lo convirtió en una ciudad cosmopolita con sangre ranchera fluyendo por sus venas.

Su vocación incluyente ha sido caldo de cultivo perfecto para que locales y migrantes (muchos de ellos de la CDMX, cuando era el DF, y Guadalajara, preponderantemente) generen una vasta y rica producción teatral que ha encontrado algunos nichos y ha dominado el Encuentro de Teatro del Interior (evento que aglutina a la comunidad teatral de los municipios de Jalisco que no pertenecen a la Zona Metropolitana de Guadalajara), destacando algunas agrupaciones ya a nivel estatal y comenzando a levantar la mano en el panorama nacional.

Por si esto no fuera poco, como en otras latitudes del país y del mundo, muchos de estos artistas tienen que subsistir con un trabajo convencional que les permita robarle algunas horas al sueño y pedir permisos a sus empleadores para atender esa necesaria, pero incomprendida pasión.

¿Por qué incomprendida? A pesar de que ya existen círculos de sectores que ya buscan actividad teatral para consumirla con cierta frecuencia, el grueso de la población, incluyendo empresarios y autoridades culturales (casi siempre nuevas, ya que cambian cada tres años y, como aún lo sostengo, en el primer año agarran la onda de que se trata; en el segundo, más o menos hacen algo, y en el tercero, ya están viendo a que proyecto se integrarán para la siguiente administración).

Esta continuidad queda, en los artistas, por lo general.

Hoy en día, algunos artistas escénicos locales han unido esfuerzos y conformaron el colectivo Creadores Escénicos de Puerto Vallarta, quienes, entre otras cosas, llevaron a cabo su primera Muestra Municipal de Teatro.

Pero eso es otra historia.

Estén pendientes de las próximas entregas…

Taller de teatro del Centro Universitario de la Costa, presentando RUR, de Carel Capeck, dirección de Alberto Sosa.

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