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Girasoles en la luna, la candidez adulta

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Es una apuesta teatral para sensibilizarnos frente a la violencia de la guerra y volver a apostar por la ternura

Fotos: Adrián Martagón.

Cuando tenía trece años descubrí una de las mejores cintas que he visto: Johnny cogió su fusil(1971), escrita y dirigida por Dalton Trumbo. La película cuenta la historia de un pobre hombre que pierde sus extremidades y gran parte del rostro luego de una explosión en la Primera Guerra Mundial. Aunque las imágenes son perturbadoras, el trasfondo histórico y el discurso lo son todavía peor. Hasta aquel momento nada me había puesto tan rotundamente pacifista, porque hablar de la guerra, de «La gran guerra» era un asunto del pasado, algo que quizás la humanidad ya había superado. A veinte años de distancia el panorama luce muy diferente y las oraciones por la paz vuelven a ser un asunto de imperativo cotidiano.

Girasoles en la luna es una apuesta teatral para sensibilizarnos frente a la violencia de la guerra y volver a apostar por la ternura. Esta obra es producción de la compañía Teatro Lunar y se presentó la semana pasada, en el marco del día del niño, en el Foro Apoco No de la Ciudad de México. Esta obra cuenta la historia de Tristán, un hombre con alma de niño, que busca a sus padres después de que la guerra ha irrumpido en su comunidad. Esta historia se cuenta en formato unipersonal y la dirección apuesta por el estilo de comedia física y clown.

Honorio Israel Ríos Hernández es el actor, dramaturgo y director responsable de esta puesta en escena. Más allá de contar una historia lineal y aristotélica la dramaturgia está apoyada sobre los pilares de la interpretación escénica, las coreografías y el poder de las imágenes narrativas. De hecho, el diálogo es muy precario, suficiente y justo. Como actor, Ríos Hernández es brillantemente preciso, no existe movimiento que escape de su control corporal ni acción ejecutada con languidez. Es evidente que todo su cuerpo está al servicio de la acción, de la escena y del discurso que se pondera.

La obra es colorida por donde se le mire. Los elementos escenográficos están pintados de colores pasteles que inmediatamente recuerdan el mundo infantil que alguna vez perdimos. Sobre el escenario hay una maleta, unos globos, una escalera roja, varias cubetas de aluminio, un gran rehilete como el de los pueblos mágicos, una sombrilla y un caballito de madera. Posteriormente llegarán también una maceta con el protagonista del título: el girasol. Todos y cada uno de los elementos tienen un momento dramático donde dialogan con Tristán, el hombre-niño. Erika López Medina es la responsable del atinado diseño escenográfico.

Mención especial se merece la marioneta híbrida construida con tubos y alambres por Carolina Pimentel. Es un personaje sin nombre que acompaña la historia de Tristán. A través de sus ojos el público es capaz de mirar la profundidad del lugar y el dolor de recibir a «los hombres ametralladora» que llegaron a perturbar la paz e imponer su miseria. La marioneta es absolutamente tierna y sorprende por la presencia que tiene cargada de rareza, sencillez y un gran artificio.

El diseño musical tiene una base de jazz que alterna de pronto con música de Beethoven y The Beatles. Por momentos la música acompaña la historia y los movimientos dancístico del actor, otros solamente ilustra y acentúa las emociones por las que atraviesa el personaje.

La inocencia del hombre-niño está construida sobre varios artificios, algunos más afortunados que otros. Por ejemplo, la ternura y la nostalgia con que Tristán recuerda a los personajes de su comunidad, hacen que este personaje sea entrañable, pues las relaciones humanas se figuran orgánicas, como extraídas de un paisaje musical de Chava Flores. Pero también hay un «rengloneo» constante que limita la expresión verbal del intérprete, y suspende en ambigüedad los propósitos para que el personaje se exprese con esa cadencia verbal.

Esta obra tiene un discurso muy importante para el momento histórico que vivimos. La paz fue solo un sueño del que ya despertamos con estruendo belicista.  Este incómodo momento donde las nuevas generaciones se preparan para la guerra después de años de ser educados en el discurso de la paz. ¿Es posible volver a nuestro estado niño de ternura y sorpresa?

Girasoles en la luna es una producción que ha recibido el estímulo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. En abril de 2024 este unipersonal vio la luz con su primera temporada en el Teatro Universitario Los Jaguares en Toluca de Lerdo, Estado de México. Durante mayo del año pasado tuvo una temporada en el Centro Cultural El Hormiguero de la Ciudad de México. Se invita a seguir las redes de Teatro Lunar (@teatrolunar) para estar al tanto de las próximas funciones…

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