Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny

Bertolt Brecht fue un genio artístico que cultivó diversos géneros dramáticos y literarios. Aunque indudablemente su fama como dramaturgo le sobresale, también vale la pena destacar que fue un poeta notable, además de un gran narrador. De entre sus piezas escénicas destaca el libreto de la ópera Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, un texto que es considera un parteaguas en la puesta en escena operística, pues el dramaturgo alemán apuesta por una ópera épica que dialoga con temas como el capitalismo, la corrupción, el hedonismo, el crimen e incluso la fe. Esta ópera fue escrita entre 1927 y 1929 en colaboración con su compositor de cabecera, Kurt Weill (con quien ya antes había trabajado para La ópera de los tres centavos) quien combina ritmos como el ragtime y el jazz con la música clásica y estructuras operísticas.
El domingo 22 de marzo se estrenó en la sala principal del Palacio de Bellas Artes Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, la nueva producción de la Compañía Nacional de Ópera. Esta ópera tiene la rúbrica de Marcelo Lombardero, director argentino que el año pasado asumió la dirección artística de la compañía. El maestro Lombardero es un director escénico que concibe a la ópera como «un género teatral cuyo lenguaje es la música» al mismo tiempo que un espacio óptimo para reflexionar sobre las problemáticas contemporáneas, tales como el abuso y la violencia.
Esta ópera nos cuenta la historia de la fundación y decadencia de Mahagonny. Tres forajidos (Leokadja Begbick, Fatty el contable y Moisés Trinidad) fundan esta ciudad bajo la luna de Alabama. Mahagonny es una ciudad llena de excesos que recuerda la mitológica ciudad de Sodoma o quizás una especia de corrupta ciudad Gótica, en el universo de Batman. Los primeros pobladores de esta ciudad son parias y prostitutas que conviven con un grupo de trabajadores recién llegados de Alaska. Jimmy es un leñador que sucumbe ante una vida de excesos que termina por arrastrarlo hasta la tragedia.
Mahagonny es una especie de oasis en medio del capitalismo yanqui donde parece que todo está permitido. Aunque el barroco ya nos ha demostrado que la apariencia es tan solo un «cauteloso engaño del sentido». En Mahagonny impera la ley del más fuerte, como en el Oeste americano y el desenfreno solo tiene el permiso de la élite que controla el aparato judicial. A diferencia de Sodoma, que recibe la ira de Dios; Mahagonny parece recibir la bendición del diablo (o algún ser poderoso) pues ante una destrucción inminente por un huracán arrollador, el ciclón se desvía milagrosamente y parece proteger así a los habitantes perversos de esta ciudad. Mahagonny pertenece al imaginario de las fantasías luzbelinas y se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: comer en exceso, hacer el amor sin restricciones, boxear hasta la muerte y embriagarse.
«Mahagonny es la historia de una ciudad imaginaria en donde todo está permitido siempre y cuando uno pueda pagar» así lo ha definido el director Marcelo Lombardero.
La puesta en escena es barroca y posmoderna. El elenco dialoga de forma frontal y cercana con el público de la inmensa sala de Bellas Artes, entrando en repetidas ocasiones desde los pasillos laterales. Hay un dispositivo multimedia grandilocuente que a veces funciona como pantalla de televisión donde hay noticias y espectáculos, pero que también recuerda las necesidades ilustrativas que hace cien años Bertolt Brecht tenía con gráficos letreros y un primitivo lenguaje cinematográfico.
La escena es transgresora e irreverente. De pronto el escenario se convierte en un prostíbulo cundido de meretrices y sátiros. Casi es perceptible el tufillo del alcohol y el tabaco, aunque jamás se encienda un cigarrillo en escena ni se descorche una botella de vino. Advierto que se incluyen desnudos y temas no aptos para menores de edad y personas sensibles.
Marcelo Lombardero ha hecho con esta puesta en escena el espectáculo más brechtiano que he visto en México. Respeta la estética grandilocuente y barroca que fascinaba al dramaturgo pero también conserva el discurso crítico que incomodara a propios y extraños desde los días en que Bertolt Brecht y Kurt Weill fueron perseguidos por ideologías totalitarias.
Esta producción es encabezada por el director concertador Srba Dinic, Marcelo Lombardo en la dirección escénica y Luis Manuel Sánchez, director huésped del coro. El elenco está abanderado por los solistas Rosa Muñoz (Leokadja Begbick), Evanivaldo Correa (Fatty), Hernán Iturralde (Moses Trinidad), Hildelisa Hangis (Jeny), Gustavo López Manzitti (Jim Mahoney), Víctor Hernández (Jack), Alejandro Paz Lasso (Bill), David Echeverría (Joe, el lobo de Alaska), Luis Alberto Sánchez (Tobby Higgins) y el pianista Andrés Sarre.
El resto del elenco también está conformado por cantantes del coro de Bellas Artes, quienes interpretan a las chicas de Mahagonny: Edurne Goyarzu, Lucía Salas, Yutsil Romero, Diana Mata, Elizabeth Mata, Jazmín Quintero, Araceli Hernández, Sandra Olivas, Lourdes Beltrán, Belem Rodríguez, Guadalupe López, Mariana Sofía García. De igual forma es elogiable el trabajo de los actores Agustín García, Antonio Soria, Killian Johansson y Gabriel Navarro; además de las bailarinas Marisol Arispe, Iratxe Beorlegui, Yosemit Castro, Ileana Santillán, Paola Gutiérrez, Natalia Moguel, Rocío del Carmen Reyes, Yazel Rojo, Sofía Sánchez y Diana Vizcaya. Además del coro y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes.
Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny es una ópera exclusiva para mayores de 16 años. Aún cuenta con tres funciones más: Martes 24, 20 h; jueves 26 a las 20 h y domingo 29 a las 17 h. Los boletos tienen un costo que va de los $90 (en Galería) y hasta los $1,000 en Luneta principal. Se aplica un 50% de descuento a estudiantes, maestros y adultos mayores al presentar su credencial vigente. La ópera tiene una duración aproximada de 2 horas con 30 minutos y cuenta con un intermedio de 15 minutos.



