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¿Por qué no tengo cama? la nostalgia del rock

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Se presenta los martes en el Foro Shakespeare (Espacio Urgente 2) hasta el 31 de marzo

¿Por qué no tengo cama? Foto: Quique Ávila.

Hacía mucho tiempo que no experimentaba, frente a un hecho escénico, la envidiable sensación de pronunciar: «¡Caramba, cómo me hubiera gustado escribir esta obra!» y esta frase no es producto de un pensamiento ególatra o competitivo; es más bien el suspiro verbal, producto de la fascinación que sentí al observar  la forma condensada y los temas delineados que  protagonizan la dramaturgia de Karen Alicia, en su unipersonal ¿Por qué no tengo cama?

La obra comienza con la actriz (Karen Alicia) recostada sobre una maleta de viaje llena de pegatinas. Posteriormente el personaje adquiere una energía vital que le hace contar desesperadamente una numeración que parece infinita. La protagonista de esta historia es Alma, una mujer milenarista (o millennial) que en 2017 terminó la relación amorosa que sostenía con el hombre al que llamaba «el amor de su vida».

La pregunta incómoda que mueve esta obra es ¿Cuántas camas has tenido a lo largo de tu vida? y antes de que el público pueda responderse a sí mismo, Alma comienza a relatar su vida a partir de las camas en las que ha dormido: el cunero del hospital donde nació, los brazos de su madre, la cama que tuvo de niña en la habitación compartida con su hermana, y un largo etcétera.

La nostalgia del rock noventero penetra a lo largo del drama como una banda sonora que dialoga directamente con su público. Es una conversación sensorial que reactiva la memoria. La música de Tijuana No (emblema como muchas bandas de  las juventudes del fin de siglo) armoniza un momento romántico  y sublime de Alicia, mientras varios de entre el público susurran las canciones discretamente.  El público entonces es un coro musitado que participa también de la ficción. Yo me excluyo de esa participación porque cuando esa música estaba de moda, me encontraba llorando entre mamilas y pañales en lugar de aprenderme la letra de las rolas.

Rodrigo Carrillo Arias realiza la musicalización en directo de la puesta en escena. Él alterna entre piezas grabadas y acompañamiento musical original que toca en su guitarra. El diseño sonoro de esta puesta escena tiene la rúbrica de Dulce Mariel.

Karen Alicia es, además de dramaturga, la directora y actriz de esta puesta en escena. Su trabajo escénico brilla por su energía y honestidad. Transita con aplomo los colores de la complejidad que visten a su personaje: la juventud y su ingenuidad astrológica, el dolor de las nostalgia y, sobre todo, la pasión del amor juvenil. Aquel amor que la mayoría vivimos como si hubiera sido escrito por Goethe en tachas. En la mayor parte del unipersonal existe un contacto franco y directo con el espectador, lo que sostiene toda la narración en un ritmo ágil, dinámico y variopinto.

Entre la gran epidemia de unipersonales que pululan en la cartelera teatral de la  Ciudad de México, ¿Por qué no tengo cama? resplandece como una ventana de sinceridad teatral. No se trata de una obra onanista de flagelación doliente y depresiva, como hay tantas por ahí. Esta obra nos invita a recordar nuestra juventud en tónica de rock, pero también a mirar el futuro con esperanza y fe. 

¿Por qué no tengo cama? Se presenta todos los martes en el Foro Shakespeare (Espacio Urgente 2) a las 20:30 hasta el 31 de marzo. La entrada general tiene un costo de $250. Karen Alicia alterna funciones con Verónica Ramos y Fernanda Aguiar.  La duración de la obra es de 50 min. Y se recomienda para audiencias mayores a los 16 años.

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