Entre nosotros todo va bien y Arde todo mientras canta, en El Teatro El Galeón Abraham Oceransky del Centro Cultural del Bosque

El pasado 11 de noviembre arrancó la nueva edición del DramaFest, que se ha consolidado como uno de los festivales internacionales de teatro contemporáneo más importantes de la Ciudad de México. El DramaFest nació hace veintiún años con el interés de Aurora Cano y Nicolás Alvarado por promover el intercambio de nuevas dramaturgias entre México y otras latitudes. Este año el festival busca construir puentes escénicos con Polonia y promover el diálogo teatral entre México y Europa del Este.
El Teatro El Galeón Abraham Oceransky (Centro Cultural del Bosque) es la casa que alberga las dos puestas en escena que abanderan el DramaFest: Entre nosotros todo va bieny Arde todo mientras canta. La primera es una reinterpretación particular de Diego del Río del texto de Dorota Maslowska, quien ha ganado el Premio Nike de Literatura, uno de los premios más importantes de la letras polacas. Arde todo mientras canta es una dramaturgia original de Verónica Villicaña, dirigida por Norbert Rakowski, actual director artístico de Jan Kochanowski Theatre en Opole, Polonia.
Entre nosotros todo va bien
Se trata de una comedia ácida que pone el acento en la idiosincrasia de Polonia, sus luces, sombras, sus miedos, miserias, pero también sus esperanzas y fortalezas. La historia comienza con una familia donde tres mujeres generacionalmente distantes (abuela, madre e hija) discuten entre un muladar de vasos de yogurt sobre el hastío que les penetra. La abuela (Paloma Woolrich) vive con el miedo de otra guerra mundial, por su parte la mujer de mediana edad (Pilar Flores del Valle) sufre los estragos de la pesadilla soviética, el hambre y el totalitarismo que marcó su juventud. La niña (María Ibarra Paleta) imagina una Polonia más europeizada a la manera de las grandes capitales de Europa Occidental.
La obra se vale de una estructura episódica y un lenguaje fragmentado. De pronto la comedia doméstica es interrumpida por un cineasta vanguardista que pretende rodar una película llena de clichés: ritmo lento, diálogos «poéticos», estética melancólica y melodías plomizas. También la ficción es penetrada por un show de televisión. La televisión polaca se convierte en una sobreestimulación de ideales trasnochados para consumidores que terminarán comprando los productos de las pausas publicitarias.
La apuesta escénica es arriesgada: hablar de la idiosincrasia polaca, esa tierra de bruma grisácea y complejos históricos, con la familiaridad que geográficamente no compartimos. Sin embargo, Diego del Río apuesta por comunicarnos a través de la condición humana, así, al hablar de algo tan local como los problemas polacos, parece que también estuviese hablando de nosotros, de México. Y ese diálogo trasatlántico se atraviesa con varias carcajadas. Los momentos del snobismo cinematográfico están perfectamente bien traducidos en escena y resultan hilarantes para el público mexicano porque reconocemos esas formas en las cintas proyectadas en la Cineteca Nacional. La parodia no es burla maliciosa, es de una afectuosa ironía.

El elenco de esta obra está conformado por Paloma Woolrich, Pilar Flores del Valle, Anahí Allue, Mónica Jiménez, Nacho Tahhan, Astrid Mariel Romo, Aída del Río, Gerónimo Espeche, María Ibarra Paleta y la musicalización en directo de Nabani Aguilar Vázquez. Aunque Nacho Tahhan y Anahí Allue consiguen arrebatar la mayor cantidad de sonrisas al público, todos los actores se encuentran en un sólido tono de comedia negra que resulta desternillante. La presencia de Aída del Río es fulgurante, aun cuando no sostiene el motor de las acciones, su figura es protagonista. María Ibarra Paleta tiene una prosodia estupenda que consigue transmitir al espectador con absoluta claridad todas las imágenes enunciadas.
Es una obra con categoría de imperdible. Las virtudes de la puesta escena se encuentran por todos los puntos de la complejidad teatral. Valga la sola curiosidad de penetrar en el sentido del humor eslavo para acercarse a este universo de personajes irreverentes y variopintos.
Esta comedia conduce a la carcajada desde una sensibilidad diferente a la que usualmente estamos acostumbrados, por la contaminación anglosajona. Tal vez existe una zona del humor en la que no somos tan distantes los polacos y los mexicanos. Quizá esa zona fue la que hizo que en 1979 el primer Papa polaco de la historia también luciera un sombrero de charro mientras se coreaba ¡Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano!
Arde todo mientras canta
Arde todo mientras canta es una obra de teatro contemporáneo con un alto contenido social que aborda los orígenes del odio y la violencia al interior del núcleo familiar, en un contexto atravesado por el crimen organizado. La historia parece extraída de un álbum de Los Tigres del Norte, pues narra los sucesos violentos de asesinato y secuestro que atraviesan a una familia mexicana.
—¿De dónde vienes?
—Del infierno.
Ese arranque instala de inmediato un tono sombrío y promete un viaje hacia territorios de dolor y memoria. El drama evoluciona episódicamente y dosifica la información con cuidado, complejizando las relaciones entre los personajes y generando un entramado que desconcierta al espectador.
La obra, sin embargo, se adentra con insistencia en la sordidez y la desesperanza, lo que puede dificultar la empatía con los personajes. Esa elección poética, aunque arriesgada, coloca al público frente a un espejo incómodo: la violencia como telón de fondo de la vida cotidiana.
La escenografía minimalista —una sala verde y un comedor amplio— funciona como hábitat simbólico de los personajes, que se desplazan por el espacio como si se tratara de una jungla doméstica, regida por la ley del más fuerte. Las proyecciones multimedia (diseño de Dafne Macías) aportan dinamismo a las transiciones y, hacia el final, un collage de imágenes noticiosas enfatiza la conexión entre la criminalidad externa y la fractura interna de la familia.
En conjunto, Arde todo mientras canta es un montaje que apuesta por confrontar al espectador con una realidad áspera y dolorosa. La dramaturgia tiene la rúbrica de Verónica Villicaña. Su texto fue seleccionado entre más de 90 postulaciones como parte del proceso curatorial del DramaFest 2025. La puesta en escena es dirigida por el reconocido director polaco Norbert Rakowski y el elenco lo integran Claudia Lobo, Hamlet Ramírez, Luz Olvera y Pablo Villegas.

Ambas obras cuentan con un diseño de escenografía de Sergio López Vigueras e iluminación de Sara Alcantar; además del diseño de vestuario de Edyta Rzewuska con la asistencia de Dorota Ziółkowska.
Este tándem escénico se presenta en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky (Centro Cultural del Bosque) hasta el 7 diciembre. Entre nosotros todo va bien está los martes, miércoles y jueves a las 20:00 h y Arde todo mientras canta, los viernes a las 20:00 h, sábados a las 19:00 h y domingos a las 18:00 h. Se recomienda entrada para mayores de 16 años. Las entradas tienen un costo de $150.



