La desaparición de programas y hasta de dependencias de la Secretaría de Cultura Federal ha recrudecido la inobjetable vulnerabilidad del ecosistema cultural mexicano.

Escrito por: Jaime Chabaud
Éste, el ecosistema, se construyó a lo largo de décadas de trabajo de los agentes culturales y artistas a costa de mucho sudor y sacrificio. Hoy está quebrado y urge un recuento de los daños. La sensación general con gobiernos priístas, panistas y ahora morenistas es que siempre andamos “pagando porque nos alquilen”. El movimiento No Vivimos del Aplauso puso de manifiesto casi desde principios del sexenio que tampoco con el gobierno lopezobradorista la relación artistas-estado iba a ser buena. No dimensionábamos que iba a ser catastrófica al grado que los propios senadores de Morena propusieran -como hicieron en fechas recientes- modificar la Ley Federal del Trabajo para proteger a los artistas a los que se detectó en grave vulnerabilidad y prácticamente sin derechos laborales. Sin duda lo ha hecho muy bien la Secretaria de Cultura Alejandra Frausto, cumpliendo obedientemente con el encargo.
Otro de los programas en vías de extinción del gobierno federal en el ramo es el PAICE (Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados) que pasó de tener en el sexenio anterior 600 millones de pesos a 20. ¡¡¡20 millones de pesos para todo el país, para todos los Estados y Municipios!!! Ni de a un millón por Entidad Federativa. “Es que era una robadera”, repetirá la Frausto una y otra vez con lo cual excusa a su Secretaría de la vigilancia de la aplicación de los recursos. Y no es que le falte razón: en el pasado los gobiernos Estatales y Municipales se servían con la cuchara grande en el apetitoso banquete del PAICE. Unas veces para verdadera y necesaria infraestructura, y otras, no pocas, para la típica Casa de la Cultura o Museo que después no tendría ni encargado ni presupuesto para operar por los siglos de los siglos hasta caerse a pedazos. Otra vez, la aplanadora pasó por encima de los justos pagando por los pecadores. Porque, hay que recordar, la convocatoria del PAICE se creó “con el objetivo de fortalecer la infraestructura cultural para disminuir la desigualdad existente en el desarrollo cultural”. Se dirige a gobiernos Estatales y Municipales, a Universidades y a Organizaciones de la Sociedad Civil (lease: grupos de artes escénicas independientes o gestores culturales). ¿Han detectado dónde estaba la “robadera”?
Con la casi anulación del Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), en este sexenio se construyó prácticamente nada a manos de organizaciones de la sociedad civil (OSC). Con los 20 millones que dejó Fraustro para su operación, en nada se avanzó en 6 años aunque el dispendio en el proyecto de Los Pinos (que seguimos sin saber bien a bien qué es) continuó inexorable con subejercicios que, se dice, se desviaron a la construcción del Tren Maya. Sea verdad o no, la ausencia de vigilancia empujó al máximo mando de la cultura de México a decidir dónde era una “robadera” y qué se debía exprimir de la exigua naranja del presupuesto para que quedara para los megaproyectos, siempre criminalizando a las OSCs cuyo delito suele ser que hacen rendir un peso en tres.
Si recordamos que antes de mocharle 580 millones de pesos al PAICE se construyó, por ejemplo, el primer centro cultural dedicado en exclusiva para infancias La Titería, que estará cumpliendo 10 años desde que recibieron en comodato el terreno en Coyoacán y empezaron con una carpa; y hoy goza de envidiables instalaciones para atender a infancias y adultos. Veremos que no hubo ni desperdicio ni robadera y sí en cambio un dinero perfectamente invertido en pro de la cultura de este país. Otro ejemplo maravilloso es el Teatro El Rino de San Luis Potosí en donde el gobierno del Estado puso el terreno y gracias al PAICE se construyó una de las mejores Cajas Negras de esa región del país que no sólo da funciones de su grupo fundador sino que recibe a otras compañías de toda la República. Decenas de proyectos de infraestructura de colectivos de la OSC han tenido que irse a dormir el sueño de los justos.
Proyectos como Casa Reforma que recupera una casa del siglo XVII en pleno centro histórico de Guadalajara en 6 años de nuevo PAICE sólo recibió 1,200,000 que evidentemente alcanzó para un avance modesto, insuficiente. Con lo que se gasta cada vez, la señora Secretaria Frausto, en demostrarse a sí misma que su barco insignia de Cultura Comunitaria no es un fracaso en el Auditorio Nacional, alcanzaría para construir completito un Teatro Caja Negra en zonas vulnerables del país. Ya llevaríamos 10 teatros estupendos ahí donde hacen falta.



