Es interesante. Por primera vez un espectáculo circense estalla en el escenario del Palacio de Bellas Artes.

La “explicación” se rotula de festejos de cumpleaños, ya que se cumplen 90 de la apertura del edificio y 21 de la creación del grupo Cirko de-Mente.
Toda situación artística tiene su componente social y su aspecto técnico – creativo. Generalmente la difusión tiende a equilibrarlos, pero a veces – como en este caso -, los equilibrios son dudosos y se vuelven tema visible. ¿Es una manifestación de cultura popular creando una burbuja al interior de un espacio de supuesto “privilegio” o lo verdaderamente importante es la calidad del espectáculo? Las respuestas son individuales y también los argumentos de defensa de cada postura.
Vale la pena sentarse a hablarlo o hacerlo de pie mientras caminamos, pero no intentar establecer “verdades” (tema nefasto en arte y también en otros rubros), sino sólo aclarando puntos de visión que puedan enriquecer sin quitar al otro, dejándole espacio…sobre todo siendo circo, donde el espacio es lo fundamental.
Por supuesto circo y teatro son estructuras complementarias, y a lo largo de los siglos se han acercado u alejado según el papel que las palabras componían en su interior. Cuando a fines del medievo el teatro creo una dramaturgia verbal, progresivamente el poder intento controlar el discurso y lo “encerró” en la “sala del príncipe” como un privilegio real que tenía como contracara el dominio argumental de la obra y el intento de imponer la suntuosidad, generando un producto “para ricos”, para “gente educada”. Y lo demás quedó en la calle o en estructuras móviles: las celebérrimas carpas circenses.
Hoy , con Luna Eva, dieron un paso hacia los interiores, conservando sin embargo las tareas y la visualización ambiental que han sido habituales. Y allí la voz se incorporó como música en vivo – bella por cierto – acompañada de instrumentos, y el espectáculo retoma los temas tradicionales (payasos, equilibristas, malabaristas, etc.) en donde la comprensión no pasa por lo argumental sino por el asombro. En teatro se maneja la habilidad para las resignificaciones, en circo este llamado indispensable hacia la habilidad debe girar hacia el virtuosismo. El asombro desenmarca al artista hacia la magia de lo imposible para el hombre común. Y le está señalando su potencial como persona, su dignidad y fertilidad artística. Allí nos extendemos hacia los sueños. No se trata de pensar sino de “ser otro”, mostrar su capacidad de metamorfosis. La calidad del material es buena y el conjunto logra momentos magníficos…aunque alguna que otra machita salpique ese cielo en comprensibles tensiones tal vez por el prestigio del espacio. Veinte años de la agrupación da experiencia y capacidad de transmitirla, ahora sólo falta recuperar la seguridad para que nadie intente buscar con la memoria algún que otro parangón internacional. Los rasgos de identidad son fundamentales.
Luna Eva – Dirección: Andrea Pelaez. Integrantes: Andrea Salas, Emiliano Gallardo, Fernanda Palacios, Leonardo Constantini, Nallely Lima y Oscar Oliveros. Diseño de espacio, vestuario e iluminación: Alain Kerriou y Víctor Zapatero. Música compuesta por Juan Pablo Villa, intepretada por: María Emilia Martinez y Andrea Villela.



